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Javier Ceballos, médico deportivo: «La playa cansa porque el cuerpo realiza un trabajo metabólico enorme»

Esa sensación de agotamiento que te invade después de un día en la playa… La conoces demasiado bien, ¿verdad? Llegas a casa con la toalla llena de arena, pocas ganas de ducharte y una única obsesión: el sofá.

Crees que ir a la arena es sinónimo de relax total, de desconexión absoluta. Pero tu cuerpo tiene otra opinión, y no precisamente la que esperas. ¿Por qué ese templo de reposo veraniego te deja más cansado que un día de trabajo intenso?

El secreto detrás de tu fatiga post-playa

Es una paradoja que todos hemos vivido. Carmen Gutiérrez, directora de la Escuela de Cine y Televisión de Cantabria, lo tiene claro: aunque tenga la playa del Sardinero a un paso, no se acerca si después le espera una tarde de oficina. «Porque la playa cansa», confiesa. Y nosotros, ¿cuántas veces hemos sentido lo mismo?

El secreto que explica esta fatiga veraniega lo desvela Javier Ceballos, un médico deportivo con años de experiencia y antiguo facultativo del Racing de Santander. Él lo deja claro con una frase que cambiará tu percepción del verano:

El cuerpo humano no está de vacaciones cuando estás en la playa, sino que realiza un trabajo metabólico enorme.

La termorregulación: el termostato interno que no descansa

La primera razón es un mecanismo imprescindible para la supervivencia que opera en silencio: la termorregulación. «Cuando la temperatura ambiental aumenta, la prioridad del organismo es mantener la nuestra estable alrededor de los 37 grados», explica Ceballos. Y eso, amiga mía, no es gratis.

Incluso si estás inmóvil bajo la sombrilla, tu cuerpo está trabajando para no sobrecalentarse. El hipotálamo, el termostato de nuestro cerebro, detecta el exceso de calor y ordena dilatar los vasos sanguíneos y activar la sudoración. El corazón tiene que trabajar más, el flujo sanguíneo hacia la piel aumenta… Todo esto consume energía y produce una sensación de fatiga, incluso antes de mover un dedo. (Sí, nosotras también estamos sorprendidas del trabajo invisible de nuestro cuerpo).

La deshidratación sutil: un enemigo oculto

La segunda razón es una trampa aún más sutil: la pérdida constante de líquidos. Aunque estés quieto y tumbado, pierdes líquido de manera continua debido al calor, la brisa y la sudoración. Esta deshidratación, por ligera que sea, obliga al corazón a trabajar más intensamente para bombear la sangre.

La exposición a temperaturas elevadas, especialmente con alta humedad, puede provocar varios trastornos por calor. Desde calambres musculares hasta agotamiento y, en casos graves, golpe de calor. La fatiga, el mareo, la debilidad o el dolor de cabeza son algunos de los síntomas. Y atención: los niños pequeños y las personas mayores son los más vulnerables a este error de percepción del descanso.

El sol: agresor silencioso y activador inmunitario

La tercera razón tiene que ver con nuestro gran protagonista estival: el sol. Más allá de las quemaduras visibles, los rayos ultravioleta generan estrés oxidativo y pueden dañar las células de la piel, activando una respuesta inflamatoria. «El sol actúa como agresor y el sistema inmunitario responde», dice Ceballos.

Como parte de este proceso, nuestro cuerpo libera moléculas mediadoras de la inmunidad, como las citocinas, que también están relacionadas con la sensación de fatiga que aparece durante algunas infecciones. Son señales que favorecen el cansancio y obligan al organismo a descansar para reparar los daños. El sol, sin que te des cuenta, pone tu cuerpo en alerta máxima.

Más allá del relax: la playa como un entrenamiento inesperado

Y como si todo esto fuera poco, no debemos olvidar que la playa no es tan pasiva como parece. Antes de poner el primer pie en la arena, ya puedes haber acumulado cansancio por dormir mal debido al calor o los cambios de horarios. Y madrugar para encontrar buen lugar, ya ni hablemos.

Después viene el traslado de sombrillas y neveras (un esfuerzo oculto para los que llevamos una vida sedentaria), los paseos, los baños, los juegos con los niños o actividades como las palas o el frisbee. Incluso caminar por la arena exige mucho más esfuerzo del que imaginamos. Un estudio italiano estimó que requiere casi el doble de energía que caminar sobre una superficie compacta. «Tienes que sacar continuamente el pie porque se hunde y eso requiere mucha más energía», recuerda Ceballos.

Los trucos definitivos para no agotarte en la arena

Ceballos, que pasa buena parte de sus días jugando a las palas, ha desarrollado su propio «método». Él no está más de dos horas, dos horas y media como máximo. Así, con esta información imprescindible, podemos aplicar sus trucos definitivos para disfrutar de la playa sin caer rendidos:

La primera regla es hidratarte antes de sentir sed. «Cada hora un sorbo de agua es fundamental». Olvida las falsas soluciones: el alcohol y los jugos azucarados deshidratan más. «Yo tomaría agua y alguna bebida con electrolitos, con sodio y potasio, pero sin azúcar o no excesivamente azucarada», aconseja.

Mi consejo es claro: bebe agua cada hora, incluso si no tienes sed, y evita el alcohol y los jugos azucarados.

Además, subraya otra regla de oro: evita las horas de máxima intensidad solar. Las peores son entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde. También recomienda no hacer comidas copiosas (desvían más sangre hacia el estómago), utilizar una protección solar adecuada y hacer pausas periódicas a la sombra. El consumo de playa, como todo, con moderación.

La factura del cuerpo: por qué te agotas al día siguiente

¿Y si te sientes aún más agotado al día siguiente? Es completamente normal. Ceballos lo justifica diciendo que los procesos de reparación celular, la recuperación de la hidratación y el restablecimiento del equilibrio interno requieren tiempo. «Es la factura que te cobra el cuerpo», sentencia. (Y no nos gustan las sorpresas en nuestra cuenta).

Ahora que conoces este secreto imprescindible, tu manera de ir a la playa no volverá a ser la misma. Estás a punto de aplicar un cambio definitivo a tus días de playa. ¿Cuál de las recomendaciones de Ceballos pondrás en práctica hoy mismo?

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