Tiene solo 24 años y vive de las redes sociales. Quizás no sería relevante si no añadimos que crea los contenidos en catalán y que el tema del cual habla es, siempre, la lengua catalana. Es la ‘Filòloga de Guàrdia’, Aida Roca, una joven lingüista de Pallaresos (Tarragonès) que se lanzó a hacer videos sobre el catalán durante la pandemia para aclarar las ideas a todo aquel de su entorno que discutía con ella sobre lengua sin saber lo suficiente.

Y este domingo, día de Sant Jordi, se lo pasará de sol a sol firmando ejemplares de su libro, En nom de Punkpeu Fabra, un manual desenfadado pero riguroso para aclarar dudas, romper tópicos y vencer prejuicios. dice cosas punkies, como por ejemplo, que no hace falta que nos preocupemos tanto de la ortografía y, en cambio, cuidemos más la gramática: menos diacríticos y más pronombres débiles. Y lo primero que hace es un reconocimiento al seguidor que le dio la idea para el título del libro el día que le dijo «eres toda una Punkpeu Fabra».

¿Te imaginabas que acabarías viviendo profesionales de tus videos sobre lengua?

Podría decir que estoy cumpliendo un sueño, pero no sería verdad porque ni me pasaba por la mente. Yo pensaba que aquellos videos hacía falta que existieran, mi objetivo no era hacerlos yo, sino que existieran. Había un vacío que se tenía que llenar y pensé que yo tenía herramientas para intentarlo. Después llegó el encargo del libro y empezaron a salir otros proyectos, videos para la Universitat Rovira i Virgili, charlas. Iba aplazando pedir plaza como profesora de instituto y al final me hice autónoma y ahora puedo decir que me dedico a esto.

Define ‘esto’. Eres influencer?

Influencer del catalán. O dicho de una manera más larga, una tía que se dedica a dar chapas sobre lengua catalana en las redes y, vete a saber por qué, genera cierto interés. Mi objetivo es que los conocimientos que yo tengo sean accesibles y entretenidos.

¿Por qué elegiste el nombre de ‘Filòloga de Guàrdia’?

Inicialmente, mi canal se llamaba ‘Coses sobre el català’, pero parecía el nombre de un programa de TV3 de los miércoles por la noche. Pensé que lo tenía que cambiar porque era poco personal. Elegí Filòloga de Guàrdia porque era una cosa que me decía mi padre porque por casa siempre les explicaba de donde vendían palabras. Y si decían un castellanismo también se lo decía. Y mi padre decía ‘en casa tenemos una filóloga de guardia’. Y es bastante representativo de lo que soy, porque cuando hablo con alguien me cuesta bastante no analizar como dice las cosas, qué formas lingüísticas usa…

¿Y se lo dices?

Normalmente no. Sobre todo en cuanto a correcciones o los castellanismos, procuro morderme la lengua, porque si corriges demasiado a la gente caes mal.

¿Tienes inputs sobre cómo te ve el mundo académico?

No me he visto nunca mucho en el mundo universitario porque es muy cuadriculado y yo siempre he querido explorar. Ya me pasaba como alumna, que cuando encargaban un trabajo proponía alternativas. Esto a veces se me premiaba y a veces no caía bien. Y ahora los profesores más abiertos de mente están contentos de cómo me va, otros quizás han admitido que no iba tan mal y otros piensan que esto de ‘Punkpeu’ Fabra es una perversión. Pero me han salido propuestas laborales del mundo académico, por lo tanto, interpreto que hay un sector que está de acuerdo con el que hago. Pero también tengo ‘haters’ académicos.

Cuando decidiste empezar a hacer tus videos, para llenar el vacío que veías, ¿era con la intención de dirigirte a los jóvenes?

No pensaba en ninguna edad. Yo me había encontrado debatiendo sobre lengua con personas de edades muy diversas, y lo único que quería era que estas personas pudieran acceder a un contenido clarificador. Y cuando hago los videos no pienso en un target concreto, sino en personas que estén interesadas en la lengua. Me he encontrado seguidores de 10 años y de 13, pero también los hay jubilados. Las estadísticas de mis redes dicen que el grueso de seguidores lo tengo entre los 18 años y los 35 años, pero supongo que esto no es por el tipo de contenido que hago sino por la gente que frecuenta las redes.

Aida Roca, filóloga y
Aida Roca, durante la entrevista con El Món sobre su libro ‘En nombre de Punkpeu Fabra’ / Mireia Comas

¿No te preocupa especialmente la conexión de los jóvenes con la lengua?

Yo tengo un entorno de amigos principalmente catalanohablantes y son bastante conscientes de la necesidad de mantener la lengua. Pero sí que veo, quizás en gente más joven, cuando voy a dar charlas a institutos en diferentes zonas de Cataluña, que hablan mucho en castellano en los pasillos, y creo que es por falta de referentes. En estas edades tampoco es natural estar implicado en una causa social como la defensa de la lengua. Se están construyendo y tiran de referentes que ya no son los padres, sino gente que ven a través de una pantalla. Y esta gente normalmente habla en castellano, sea en series o en las redes, donde los creadores de contenido suelen ser castellanoparlantes o cuando menos hablan en castellano. 

¿Y tu contenido no contribuye a romper esta tendencia?

Algunos videos en esta dirección hago. Pero la mayoría se dirigen a gente que ya tiene interés por la lengua. Yo no tengo el perfil idóneo para ser el referente que necesitan los más jóvenes, que es más bien de personas del tipo de Ibai Llanos o Dulceida, gente que hablan más de todo. Yo no hablo de mi vida personal, por ejemplo, si no es para explicar anécdotas que acabaran llevando al tema de la lengua. Lo que intento es conseguir que la gente se anime a hacer contenido en catalán.

O sea, que tu objetivo seria más bien conseguir que Dulceida, que es catalana, haga videos en catalán.

Sí. Quizás la Dulceida ya es un pez muy gordo que no creo que cambie, porque ya tiene una comunidad castellanohablante enorme. Pero querría hacer ver a la gente que empieza que el catalán permite dedicarse a las redes.

Una de las cosas ‘punkies’ que dices en el libro es que muchos lingüistas se refieren a Pompeu Fabra como ‘el Mestre’. Lo dices en tercera persona. ¿Tú no te referirías a él así?

Quizás me he referido a él así alguna vez, pero con más sarcasmo que otra cosa. Obviamente, no se me ocurre desmerecer el trabajo de Pompeu Fabra, es imprescindible lo que hizo. Pero él mismo dijo que lo que había hecho se tenía que ir revisando periódicamente y que podía haber errores. Y si la lengua se puede simplificar, él pensaba que se tenía que hacer. Fabra estaría a favor de la nueva norma de acentos diacríticos. Hablamos de una persona que quería eliminar todas las haches para simplificar la ortografía del catalán. Modificar la ortografía para que sea más accesible no es hacer que la lengua sea menos rica. Al fin y al cabo, la ortografía de nuestra lengua ha ido variando a lo largo de los siglos hasta que la fijó Fabra hace menos de 150 años, y no podemos decir que los autores que escribían hace más de 150 años tuvieran un catalán menos rico. Ramon Llull, Ausiàs March, Jacint Verdaguer no tenían un catalán menos rico que la actual…

Más bien al contrario, ¿no?

Si tenemos que decir algo, seria más bien al contrario, sí.

¿Por qué se ha sacralizado la figura de Pompeu Fabra?

Supongo que necesitamos un pilar muy gordo porque nuestra lengua ha vivido épocas muy convulsas. No hace tanto que se acabó una dictadura de la cual el catalán salió muy castigado, y seguramente tuvimos la necesidad de reivindicarnos como lengua importante, y hay la sensación de que la normativa es lo que da prestigio a una lengua. Hay la idea de que si no tienes diccionario no eres una lengua. Y Fabra es nuestro dios porque nos hizo un diccionario que nos permite decir que somos una lengua. Supongo que en cierto momento estaba bien cogerse a este pilar, pero quizás ya hemos superado esta fase.

En el libro te muestras una firme defensora de los coloquialismos en la guerra contra los castellanismos.

Es muy importante distinguir entre catalán coloquial y castellanismos. El catalán coloquial no es incorrecto, es coloquial y punto. Es el catalán de los registros informales, el que tendríamos que consumir más en nuestro día a día. Y entran palabras como ‘naltros’, ‘dingú’, ‘radere’. Palabras que se han formado dentro del catalán, aunque no se hayan incluido en la normativa, que es un modelo de lengua artificial que solo se tendría que consumir en espacios formales. Al otro lado, están los castellanismos, que directamente no son catalán. Son castellano disfrazado de catalán. Por ejemplo, si coges la palabra ‘peató’ parece catalana, porque le has quitado la ene final. ‘Peatón’ sí que suena claramente castellano, pero ‘peató’, no tanto. Es cómo si la palabra se hubiera puesto la chaqueta del catalán. Pero no es catalán. En catalán decimos ‘vianant’. 

Distingues entre castellanismos de peligro bajo, mediano y alto. 

Es la manera que me ha parecido que es más fácil de explicar. En el grado de peligro bajo hay las palabras que te marca un corrector automático, como ‘peató’. El grado de peligro mediano es para palabras que ya no marca el corrector porque existen en catalán, lo que pasa es que si las usamos como en castellano es un castellanismo. Por ejemplo, ‘assentar-se’ no es sentarse, sino quedarse a vivir en un lugar. Y después hay los de grado de peligro alto, que son los sintácticos. Esto consiste en coger una estructura del castellano y llenarla con palabras catalanas, por ejemplo ‘tenir que’ en lugar d’’haver de’, o ‘donar classe’ en lugar de ‘fer classe’. En este caso, una estructura castellana se ha puesto la chaqueta del catalán y ha quedado camuflada. Cuanto más complicado es identificar el castellanismo, más peligroso lo considero. Un enemigo cuanto menos lo veas, más peligroso es. Y los castellanismos podrían hacer que el catalán cada vez sea más castellano y que en el futuro se convierta en un dialecto del castellano. Y esto es un peligro que no queremos correr. Creo.

Aida Roca, filóloga y
Aida Roca tiene solo 24 años, vive en el Tarragonès y se hizo «influenccer de catalán» durante la pandemia / Mireia Comas

En cambio, los anglicismos, que están entrando con mucha fuerza, no te preocupan.

Para empezar, diría que el 98% de los anglicismos que tenemos son de grado de peligro bajo, son léxicos, y si los pones al corrector te los detecta. Y tampoco tenemos una cantidad tan grande en comparación con los castellanismos. No hay el riesgo de que el catalán se convierta en un dialecto del inglés.

Una de las cosas que dices y que tú misma consideras más ‘punkies’ es que no tenemos que sufrir tanto por la ortografía. Pero se tiene que saber. ¿Donde ponemos la línea?

La ortografía es importante porque si nos la saltamos del todo llegaríamos a no entendernos. Pero no nos tenemos que flagelar y, sobre todo, no tenemos que flagelar a una persona que se ha dejado un acento o que ha puesto una hache de más o de menos. Porque estamos maltratando más la lengua si nos dejamos un pronombre débil, que quizás no hace daño a la vista porque te lo puedes dejar y no cometer ningún error ortográfico, que si alguien escribe ‘hem dic Jordi’, con hache. Sobre todo, no nos podemos creer mejores que una persona que no domina la ortografía igual que nosotros. Vivimos en una especie de supremacía ortográfica. La ortografía determina un tipo de escala social, y te ubicas más arriba o más abajo según los errores ortográficos que eres capaz de identificar en un texto de otra persona o en un cartel.

En el fervor por la ortografía incluyes los acentos diacríticos, que ya me has dicho que Fabra habría estado de acuerdo en reducirlos…

Es que había muchas incongruencias. Por ejemplo, no podías acentuar ‘mans’, que es lo derivado de ‘mà’, y, en cambio, tenías que acentuar ‘óssa’ como derivado de ‘ós’. Ahora solo han quedado 15 monosílabos y es todo mucho más claro. Estoy preparando un video sobre acentos diacríticos para hablar extensamente del tema, igual que hace un año hablé del lenguaje no sexista. Es un tema que genera muchos quebraderos de cabeza, a la gente la inquieta y opina sin tener suficientes argumentos. Sencillamente, quiero poner sobre la mesa todos los problemas que tiene una opción y la otra. Y que la gente opine libremente.

No rehuyes los temas polémicos o más bien los buscas?

No los busco expresamente, pero tampoco los evito. De hecho, los temas polémicos hacen crecer el número de seguidores. Pero no es lo que busco. Lo que sí que tengo claro es que cuando abordo un tema de estos tengo que ir con pies de plomo y tener las cosas muy claras, no dejar rendijas. Cuando hice el video sobre lenguaje sexista creo que lo conseguí, porque me aplaudían gente de los dos extremos. Mi objetivo no es conseguir que la gente piense de una determinada manera, sino que tenga todas las herramientas necesarias para pensar cómo quiera.

Reivindicas el registro coloquial, como la mayoría de lingüistas, por no decir todos, actuales. La cuestión es ¿de dónde sacamos los coloquialismos que estamos sustituyendo con castellanismos o anglicismos? Porque los de tradición catalana son vistos como anticuados. Es el que pasaría con ‘xaró’, que es lo que en castellano se llama ‘hortera’.

Yo no perdería la esperanza respecto a la posibilidad de recuperar palabras, porque la normativa de Fabra permitió recuperar ‘bústia’, ‘lleixiu’ y ‘lloc’, cuando la gente decía ‘puestu’. Con escolarización se hizo. Por lo tanto, se pueden recuperar estas palabras, pero se tiene que hacer progresivamente. No podemos hacer lo que se intentó hacer con los doblajes de ‘Bola de drac’, con un catalán que no es real. Se pasaron con los ‘baliga-balaga’ y los ‘òndies’. Nos alejábamos demasiado del catalán real. Yo propondría la recuperación de palabras que se han perdido pero gradualmente. Porque, si en una misma frase o durante cinco minutos haces aparecer quince palabras que el público no usa, quizás se sobresatura. Si parecemos robots hablando no conseguimos nada. 

Tu libro, aparte de útil, es divertido. ¿El catalán necesita diversión?

Sí. Nos hemos aferrado tanto a la necesidad de tener prestigio que nos hemos olvidado de cosas sencillas como el humor. Tenemos que hacer más series como ‘Plats bruts’. Y yo personalmente soy muy fan del humor, me gusta reír y no me gustan las películas de miedo. Y en mis redes intento conciliar el gusto por el humor con la divulgación de la lengua. De hecho, he oído decir a pedagogos que riéndonos nos oxigenamos y esto facilita el aprendizaje. También tenemos cierta atrofia con los chistes y el prejuicio de que un chiste en castellano es más gracioso que en catalán y en castellano andaluz todavía más. Necesitamos reír más en catalán.

Aida Roca, filóloga y
Aida Roca está convencida que al catalán le hace falta una buena dosis de humor / Mireia Comas
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