“¿Por qué no funciona la escuela? Porque no tiene las condiciones para funcionar y porque los maestros no están preparados”. Así de categórica y crítica es Pilar Benejam, una pedagoga educada durante el franquismo –y a pesar del franquismo– que supo entender los pilares básicos de la educación. Inquieta por la situación escolar en nuestro país, es capaz de desgranar las soluciones que para ella podrían resolver el “fracaso” del sistema. Porque el sistema ha fracasado y los de la vieja escuela creen entender las causas de este fracaso total.

Pilar Benejam –una menorquina que vive frente a la calle de Rosa Sensat en Barcelona– suma 80 años y tiene una apariencia física frágil. Los buenos maestros siempre engañan con las apariencias… Esta fragilidad se diluye cuando se explica, cuando argumenta y contraargumenta por qué hemos llegado a donde hemos llegado y quién es responsable. Quien busque corrección política tendrá que leer otra entrevista.

¿Vive usted justo al lado de la calle de la pedagoga Rosa Sensat. ¿Eso es una casualidad o deriva profesional?

[Sonríe]. Es una casualidad. Compramos este piso sobre plano, sin saber aún el nombre de las calles. La gente del ayuntamiento de Barcelona se encargó de la Vila Olímpica. Una temporada cada uno. Cuando Marta Mata se ocupó le puso a una calle Rosa Sensat. Yo me encontré viviendo justo enfrente y ahora todos se ríen. “–Y, chica, ¿tú dónde vives? –En Rosa Sensat. –Te pasas un poco, ¿no?”. [Ríe]. ¡Qué casualidades!

Rosa Sensat representa en este país la renovación de la pedagogía durante las primeras décadas del siglo XX. Una renovación que se consolidó durante la república y que luego el franquismo barrió. ¿Qué le parece ahora todo aquel esfuerzo?

He estudiado un poco eso. Desde el siglo XIX siempre hay esta lucha entre conservadores y liberales o progresistas. En los últimos años del franquismo se retomó el hilo de esta nueva pedagogía como reacción contra el régimen. Cuando se instauró el nuevo Estado de Franco cualquier intento en este sentido era obviamente imposible. Los nuevos brotes de resistencia comenzaron a insinuarse a finales de los años cincuenta. Aquella reacción tenía mucho mérito porque era un momento muy difícil. Pero las condiciones ya eran muy diferentes de los años de la posguerra inmediata. Algunos partidos políticos se recuperaban y comenzaban a trabajar, había un sector de la Iglesia que preparaba el Concilio Vaticano Segundo y que nos protegió mucho, había también algunas escuelitas privadas con directoras que habían sido alumnas de los centros de la república. Incluso con algún caso, como Alexandre Galí, que habían sido profesores… Toda esta gente fue formando núcleos que tuvieron el gran acierto de comunicarse entre ellos y de unirse. Algo que ahora no pasa.

El gran problema es que ahora tenemos algunas escuelas que funcionan y algunos maestros que funcionan, pero cada uno no se mueve de su lugar, no forman un grupo de presión o de propuesta alternativa importante. En aquellos años del franquismo se reunían para abordar un problema diferentes escuelas y se fueron uniendo, uniendo, uniendo… En muchas cosas coincidían y en otras, no. Pero en lo que era fundamental sí que estaban de acuerdo. Estaban de acuerdo en que la escuela era muy importante, que tenía que ser para todos, que debía enseñar a pensar, que debía enseñar a dialogar, que debía formar gente coherente entre lo que dices y lo que haces. En estas ideas básicas estaban de acuerdo. A raíz de aquellas reuniones se formó la Escuela de Maestros Rosa Sensat. Y este es un punto básico. A mi parecer, el punto más importante de la educación es la formación del profesorado. La formación del profesorado es básica para la salud de la democracia.

Dice que todas aquellas escuelas que planteaban alternativas contra la ideología del franquismo se unían y que ahora no lo hacen… Fue Manuel Vázquez Montalbán quien dijo aquello de “Contra Franco vivíamos mejor”…

[Sonríe]. Unirse en aquel momento era fácil porque en los puntos fundamentales todos estaban de acuerdo. Es aquello de las tres ideas básicas que desde la Revolución Francesa han inspirado todos los movimientos de izquierda: la libertad, la igualdad y la participación. Luego había diferencias, por ejemplo, de tipo religioso, aspectos como la coeducación…

Me hace pensar en las diferencias que podía haber entre centros y maestros de inspiración cristiana y la gente del PSUC…

Se ponían de acuerdo en la cuestión educativa. Después, la cuestión política era diferente. El franquismo unió mucho a la izquierda. Ya lo sabes, antes de la dictadura los diferentes partidos luchaban entre ellos… La dureza de la dictadura los unió en lo fundamental. Eso fue el punto más importante.

Ha hablado antes de la formación de los maestros como el punto más importante de la educación…

Para mí es lo más importante de todos.

Durante el tardofranquismo la escuela de maestros Rosa Sensat, la Escuela de Verano, algunas iniciativas más, iban dirigidas a formar maestros…

También lo hizo la república. Todos los que han querido hacer una reforma en educación seria siempre han dicho que el punto fundamental es la formación del profesorado.

Y ahora que esta formación es un grado universitario y que los maestros están valorados como no lo habían estado nunca, ¿se forman bien?

En primer lugar, le diré que yo creo que no están valorados. Sí, hacen una carrera universitaria. Lo hemos conseguido y nos ha costado mucho. La Ley Moyano de 1857 definió cómo debían ser las escuelas normales. Debían enseñar a leer, a contar, a escribir con caligrafía, con letra gótica… Eso [ríe] entonces era muy importante. Estas cosas. Todo eso y la doctrina cristiana, el catecismo, y la historia sagrada, que había que saberse muy bien. De aquello a una carrera universitaria… quiere decir que se ha hecho un camino. Un camino largo que ha costado mucho. Pero la universidad nunca ha querido la escuela de maestros…

¿La universidad nunca ha querido la escuela de maestros?

Nunca la ha querido ni nunca la ha valorado. Cuando entramos con la ley general de educación del 70 aquello era una diplomatura de dos años. Después se transformó en lo que conocemos como Magisterio. La universidad nos recibió con mucho recelo. No tenía ningún interés en tener una escuela de nivel secundario. Nosotros queríamos una escuela universitaria, no por el hecho de que fuera universitaria, sino en calidad de conocimientos y de preparación. Además, que fuera democrática, donde los profesores y los alumnos intervinieran en el claustro. La queríamos del más alto nivel.

Pero no entiendo que la universidad no los quisiera…

Nos recibió con mucha indiferencia. Tuve que demostrar que estábamos a su altura. En la primera junta de gobierno a la que fui como directora –directora sobre el papel, porque intentábamos hacerlo todo entre todos– allí todo eran señores que no me hicieron ningún caso. En la segunda reunión me preparé muy bien el orden del día. Cuando el rector pidió si alguien quería tomar la palabra, dije que yo. Como me lo había preparado bien, expuse nuestras necesidades bien expuestas y ellos se me quedaron mirando como diciendo: “¡Esta sabe hablar!”. [Ríe]. A partir de ese momento no tuve ningún problema. Tenías que demostrar que estabas a su altura.

Pilar Benejam, pedagoga. Barcelona 22.10.2025 | Mireia Comas
«Desde mediados del siglo XIX todo lo que ha funcionado bien ha durado muy poco» | Mireia Comas

¿Qué ha pasado desde el 72 para que hoy día usted constate que los maestros no están bien preparados?

Desde mediados del siglo XIX hasta ahora cuando se ha hecho algo que funciona bien, es alternativa y es progresista y adecuada, dura muy poco. La Escuela de Maestros en el momento en que entramos a la universidad funcionaba bien. Venían del resto de España a ver cómo lo hacíamos. José Gimeno Sacristán y Ángel Pérez dijeron que era la única escuela de maestros que funcionaba en España. Trabajábamos mucho. Para que las cosas funcionen hay que trabajar mucho. Duró ocho años. Después se integró a Pedagogía, que se la comió.

¿Y eso fue un problema?

El gran problema de la universidad es que los profesores que entran para formar maestros no han estado nunca en una escuela. Este es el problema. Tienen en la memoria, si acaso, la propia experiencia como alumnos. Han trabajado mucho, saben mucho, publican mucho, investigan mucho, pero no tienen la práctica de la escuela. Cuando terminé las tres carreras que he hecho, sin haber aprendido nada porque estudié en los años cincuenta y aquello era un desastre, vi que me habían preparado muy mal. Era ayudante de la escuela de maestros del Estado, la Normal, y había oposiciones y me podía presentar. Cuando vi cómo funcionaba la Normal dije: “Yo no puedo formar maestros si antes no soy una buena maestra”. Y me fui a la Costa y Llobera, donde Enric Lluch buscaba una profesora de Geografía. Entré a una escuela y estuve trabajando allí seis años a tiempo completo. Cuando después entré a la universidad un día a la semana siempre llevaba a los alumnos, me los llevaba a la escuela, yo daba la clase y ellos me ayudaban. Es decir, la relación entre teoría y práctica es necesaria. Pero cuando se juntaron Pedagogía y Psicología, que ahora forman la facultad de Pedagogía, allí no daban ningún valor a la práctica.

Los maestros que hoy salen de la universidad…

Salen muy mal preparados. Quizás, de conocimientos, tienen. Conocimientos teóricos. La gente de Psicología y Pedagogía sin duda son muy válidos en su materia, pero no en la formación del profesorado. Para formar necesitas, en primer lugar, saber mucho, porque para enseñar tienes que saber mucho la materia. Pero también tienes que saber cuáles son las piezas clave. Sobre esas piezas clave tienes que ir construyendo el conocimiento y tienes que enseñar a los alumnos a continuar construyendo cuando tú ya no estás. Enseñar a pensar. Y para conseguirlo tienes que estar muy preparado. Yo siempre digo que los maestros tienen que hacer una carrera universitaria, pero no como la que hay ahora. Soy muy crítica.

Un maestro debería hacer, por ejemplo, arquitectura.

Arquitectura o letras o ciencias o música… lo que sea. Pero no solo eso. Se necesita una cultura general previa amplia. Amplia. Aquel plan de estudios que definió Joan Maluquer, que hice yo, con dos cursos comunes en la universidad, era buenísimo. Hacíamos letras, sí, pero también hacíamos historia, geografía, filosofía, arte… Un poco de todo. Y entonces tenías una cultura general amplia. Ahora ya no tienen eso, ni en el bachillerato. Hay un bachillerato artístico o de letras o de ciencias. Ahora se especializan muy pronto. La gente tiene una cultura que mira el mundo por un agujero.

El problema ahora es, además, que el objetivo más importante para los maestros es que los niños sean felices.

Yo creo que la gente es feliz cuando trabaja bien y a gusto. Las tres cosas fundamentales de la educación son enseñar a pensar, enseñar a dialogar y actuar después en coherencia con lo que piensas. Enseñar a pensar es defender algo…

Previamente, tienes que saber algo.

¡Claro! Porque, si no, ¿qué es lo que piensan? Tienes que saber mucho para enseñar a pensar a través del conocimiento.

Pilar Benejam, pedagoga. Barcelona 22.10.2025 | Mireia Comas
«Para enseñar tiene que haber una cultura general amplia» | Mireia Comas

¿Y qué pasa ahora que cuando los adolescentes terminan la formación primaria y la secundaria no saben nada de nada?

Porque se especializan enseguida en una sola cosa. Y profundizan solo en una pequeña cosa. Por lo tanto, miran por un agujero. Además, cuando se especializan hay que saber cómo estudian esta especialidad también. Para enseñar tiene que haber una cultura general básica amplia. Tienes que saber qué es el románico, qué es el gótico, qué es no sé qué, aunque seas de filosofía o de economía. Y después tiene que haber una especialización en docencia. Una especialización teórica y práctica. Nosotros hicimos un plan de estudios para Madrid que era esto. Primeramente, una cultura general básica amplia y después saber que esta cultura es un producto social que se hace a lo largo del tiempo. Que esta cultura va evolucionando y va cambiando. Por lo tanto, solo puede enseñar aquel que siempre aprende. En la cultura las cosas van cambiando. Quien quiera enseñar tiene que amar mucho aprender, estudiar. Tiene que disfrutarlo. No tiene que dejar nunca de estudiar. Un maestro no puede dejar nunca de estudiar.

Usted ha hablado de la renovación pedagógica. Ahora una renovación muy valorada entre nosotros es el Método Montessori. ¿Lo encuentra bien, este método?

Maria Montessori hizo una aportación. Otra cosa es la aplicación. El juego dentro del juego, saber manejar formas y colores, está muy bien. Pero no es solo eso. Montessori aportó algunas cosas, pero no todas. Doy mucho valor al juego Montessori, pero se tiene que complementar con el juego original. Con lo que hacen los niños espontáneamente, no tan preparado. El juego es creativo. El juego Montessori es un sistema preestablecido. Conductista. Está muy bien, tiene que estar, pero, además, tiene que haber la creatividad. Darles cuatro cosas y que los niños hagan algo. Hablamos de las primeras edades.

Todo es muy creativo, sí, pero luego resulta que no se enseña nada…

¡Es que eso es evidente! ¡Es evidente que se tiene que enseñar!

¡Pero no pasa!

No pasa porque yo creo que no se enseña bien. Fundamentalmente, porque los maestros no están preparados. Cuando me preguntan cuál sería la primera cosa que yo haría para intentar arreglar todo esto siempre digo: “Cambiar la formación del profesorado”. La república ya lo hizo. No tenemos que inventar nada. Siempre se inventan la sopa de ajo. Las cosas más importantes en educación están dichas. Lo que pasa es que se tienen que contextualizar porque el tiempo pasa y evoluciona la ciencia y la técnica. Sobre todo, la técnica ahora.

¿La memoria debe seguir siendo importante?

¡Por supuesto! ¡Sin memoria no sabríamos nada! ¡Atención! Una cosa es repetir como un loro y otra… Le llaman memoria a repetir algo que se ha oído igual. Eso se ha hecho siempre cuando ha habido una dictadura o un gobierno de derechas. Ellos tienen la verdad y tú la repites. Eso no es memoria. Eso es repetición. Si no tuviéramos memoria, ¿cómo combinarías tu conocimiento e ideas? ¿Cómo sabrías algo? Tú memorizas cosas, después las juntas con otras, las neuronas se juntan y entonces haces conocimiento. Porque el conocimiento es siempre la combinatoria de ideas. ¡La memoria es fundamental! Yo ahora, que tengo ochenta años, ya la pierdo, no me acuerdo de los nombres y me sabe muy mal. Eso es memoria factual, porque la memoria de la que yo te hablo es la argumentativa. Para argumentar necesitas combinar muchas variables.

El esfuerzo, un cierto sacrificio, la autosuperación, ¿son conceptos válidos todavía?

Hoy en día se ha puesto de moda esto de las emociones. Las emociones y la felicidad de los niños. Bien. Yo creo que son más infelices que nunca. Lo que da la felicidad no es el tanto da igual –perdona por la expresión, pero así me entenderás–. Pueden hacer lo que quieren, no se les puede contrariar, no les puedes decir que ya basta, porque eso les destruye la autoconfianza, la no sé qué. Puedes hablar con cualquiera de mis alumnos. Aprendían mucho pero con sentido y con coherencia. Te explican el clima, pero entienden por qué hay estos aguaceros. Entendían por qué hay sequías. Cuando el alumno entiende algo y participa las cosas funcionan. Hay que explicar conceptos importantes, relacionados entre ellos y discutiendo y hablando con los alumnos.

El valor de la disciplina…

Las normas. Tiene que haberlas, porque nosotros somos personas sociales. No vivimos solos. Vivimos con otras personas. Para la convivencia se necesitan normas. Pero tienen que ser razonables, discutidas y aceptadas.

¿Y aplicadas o no?

Aplicadas.

¿Aplicadas con medidas sancionadoras?

No dándote una bofetada, no gritando al alumno. Argumentando. “No lo vuelvas a hacer…”.

¿Y si lo vuelven a hacer?

Si lo vuelven a hacer… Lo que hacía la república con alumnos más grandes era explicarles que allí no podían estar. Pasaban a unas clases especiales para que gente especializada en psicología los convenciera. Para ayudar al maestro a volverlos a integrar.

Dos realidades que complican la tarea de los maestros. El sistema es inclusivo y junta en un mismo nivel a alumnos con dificultades cognitivas con otros que no las tienen. Esto baja el nivel medio, porque no hay suficientes equipos de apoyo.

La integración para mí fue un disparate muy grande. Siempre lo he dicho. La integración masiva y hecha desde arriba. Yo estoy de acuerdo con una idea esencial, que es la igualdad. Es decir, en una clase puede haber gente que capta las cosas inmediatamente y gente que le cueste más. La educación necesita tiempo. Hay muchos chicos que necesitan tiempo. Cuando educas y enseñas algo hay quienes lo captan inmediatamente y hay quienes necesitan que lo repitas y lo vuelvas a repetir. Cuando lo repites tienes que hacerlo de otra manera para que no se aburran los que ya lo han entendido, pero la idea básica tiene que ser la misma. Puedes poner en la misma clase, entonces, chicos muy inteligentes, que tienen una inteligencia natural, y niños que les cuesta aprender. Ahora, esta integración de ciegos, de mudos, de niños con síndrome de Down, esto es una integración hecha de una manera muy bestia, y perdóname la palabra. Esto ha hecho que las escuelas no puedan funcionar. Un maestro no puede funcionar así.

Las cosas se pueden hacer cuando tienes los medios adecuados para hacerlas bien. Se necesita mucho capital humano. Si tú quieres integrar a un ciego, necesitas a alguien que lo atienda, que conozca el sistema Braille. Antes había escuelas para ciegos y escuelas para mudos, para chicos con síndrome de Down. La gente que llevaba la clase estaba especializada en aquella realidad. No con la idea de separar. Con la idea de que eso era lo que necesitaban los niños. No es posible poner a un ciego en una clase en la que se aprende a leer y escribir. Si eres sordo, por ejemplo, ¿qué haces mientras todos hablan? Las cosas se tienen que hacer para que vayan mejor, no para que vayan peor. Ahora, si tienes un profesor al lado de un niño ciego y lo integras a la clase…

Pilar Benejam, pedagoga. Barcelona 22.10.2025 | Mireia Comas
«Un niño ciego necesita una atención específica porque tiene un problema físico»| Mireia Comas

Si tienes un profesor al lado de cada alumno así, los tienes que poder tener. Y al final, no sé hasta qué punto esa persona se incluye en el grupo o vive otra realidad…

La idea de juntar a los niños, de no hacer diferencias, que se acepten unos a otros y que sean iguales es la que debe ser. El problema es que se piensan que ser ciego es algo… No. Es una carencia física. Hay quienes son inteligentísimos. No tiene nada que ver. Sencillamente, tienen un déficit físico. La valoración de ese niño no es una valoración negativa. Puede ser un niño mucho mejor que el mejor que tienes en clase. Pero necesita una atención específica porque tiene un problema físico.

El segundo factor que señalan los responsables de los centros es que, según donde, durante el curso pueden llegar muchos nuevos alumnos de otros países que no reciben la atención y la acogida necesarias por falta también de recursos… Podríamos llamarlo “inclusión forzada”.

Mi idea es que cuando viene una persona de fuera debe ir a una clase especial, porque el lenguaje es la base de la estructura mental. Sin el lenguaje, no aprendes nada. No para separarlos, no, precisamente para integrarlos. Para poder integrarlos después. En cuanto a estos chicos y chicas que vienen de fuera, te aseguro que con un trimestre –quizás un curso– tendrán suficiente, lo entenderán todo bien. Quizás no hablarán muy bien. Pero entender, poder seguir una clase y poder seguir lo que dice la gente y hablar con los otros niños, sí.

De eso, se llamaban aulas de acogida, pero ahora muchos directores de centro se quejan de que entran a las clases directamente.

Ahora entran directamente… es que una cosa es la idea, que puede ser muy buena, que todos vayan juntos, que todos se conozcan, que todos se ayuden… ¡Muy bien! Estoy de acuerdo. Pero después viene la segunda parte. ¿El ideal es posible? O tienes que hacer todo lo que puedas para que a la larga sea posible. Se necesita un capital humano, una dedicación económica y una formación del profesorado que no tenemos. Y como no tenemos, estos niños y niñas, si se integran así, fracasan. Fracasan y hacen fracasar a los demás. Esta es una de las razones por las que los maestros están tan desanimados, porque no pueden. Tienen que integrar también a los chicos con grandes dificultades de actitud, niños que alborotan la clase, que pegan a los demás y que no sé qué… Muchos de ellos necesitan primero que alguien los quiera, porque son niños que vienen de unos ambientes determinados. Una clase en la que los preparen y una buena maestra que sea, además, una asistenta social. Una maestra que los cuide y que los ame…

La escuela tiene que hacer entonces todos los papeles. La sociedad le delega quizás demasiadas funciones…

Todas las funciones. Pero no se trata de determinar qué conviene al ministerio o al departamento, sino qué conviene a los niños con problemas. Qué conviene que hagan. Y entonces hacer una escuela para estos niños. Y cuando se pueda, hacia la otra. Los podemos juntar en aquellas actividades que pueden compartir. ¿Que se pueden juntar para cantar en clase de música? Muy bien. ¿O para hacer deporte?, también.

Esta idea de la segregación es la que denuncia y combate la izquierda…

Pero es que hay un momento en que no se pueden integrar. Se deben atender por separado con la idea de que cuando se pueda los debemos integrar. En todo aquello que sea posible reunirlos antes, agruparlos, pero solo en lo que sea posible.

Se quejan los maestros de que cada vez hay más niños problemáticos, agresivos, violentos… Muchos tienen miedo.

Están muy desanimados y no disfrutan dando clase. Encuentro que este es el gran problema. La enseñanza no funciona, los rendimientos totales son muy bajos. En lectura, en escritura, en comprensión, en todo. La escuela no funciona porque no tiene las condiciones para funcionar. Y después, porque los maestros se preparan muy mal. Pero yo digo una cosa. A mí también me prepararon muy mal. Y tuve que aprender. Porque cuando tienes una profesión tienes una responsabilidad.

Pilar Benejam, pedagoga. Barcelona 22.10.2025 | Mireia Comas
«¿Qué le conviene a ese niño? ¿Repetir o no repetir?» | Mireia Comas

¿Un alumno debe pasar curso cuando suspende tres, cuatro o cinco asignaturas?

Es que yo creo que un alumno no debe suspender ninguna asignatura.

¿Y si las suspende?

Debe hacer un poco de recuperación. En verano o lo que sea. Y volverlo a intentar en septiembre. Y si no puede ser, si es necesario, debemos mirar qué le conviene a ese chico. ¿Qué le conviene? ¿Repetir o no repetir? Hay chicos que son inmaduros. Si son inmaduros o muy inmaduros, quizás sí que les conviene repetir. Hay otros que no, que quizás ese año han tenido un problema familiar…

Eso ya se había hecho siempre…

Yo creo que la referencia para hacer una cosa u otra es preguntarnos qué le conviene al alumno para que pueda formarse y ser una persona como nosotros entendemos que deben ser las personas, capaz de pensar con criterio, capaz de dialogar con los demás, capaz de hacer algo coherente en la vida… ¿Qué conviene a estos chicos? ¿Les conviene juntarse o separarse? La experiencia que se ha hecho de juntar todo ha ido muy mal. Porque los chicos no se han integrado, han fracasado, y los maestros se han desanimado muchísimo.

Aún otro problema, el mareo administrativo. Muchos maestros se quejan del tiempo que tienen que dedicar a trámites administrativos y a llenar papeleo.

¿Sabes cuál es el problema? Hay muchos en educación, de problemas, pero este es fundamental. La gente de Madrid, la del ministerio, la que hace leyes y dicta normas, son gente de Psicología o Pedagogía que no han estado nunca en una escuela. Una vez que tenían que hacer una ley me llamaron a mí. Fui a una reunión solo. No me volvieron a llamar. [Ríe]. Pensé que era raro que no me hubieran llamado más, pero luego concluí que no era nada raro.

¿Todo esto tiene solución o no la tiene? Ahora la Generalitat, después de los últimos resultados de las pruebas PISA, dice que lo quiere arreglar…

Los resultados de PISA son de vergüenza. Esta gente, estos que hacen las leyes y las normas, hacen cursillos a los maestros y les dicen tonterías, lo hacen todo con buena intención. Nunca he creído que sea gente malvada. No. Son personas que saben mucha pedagogía, mucha psicología, mucha cosa, que publican mucho en revistas de impacto en inglés, y todo eso está muy bien. Cuanto más sepas, mejor. Tanto de teoría como de práctica. Pero, si no han estado nunca en una escuela, ponen unas normas y unas leyes fabricadas para ellos. Con investigación y todo eso, pero que no están adecuadas a la práctica. La práctica es enseñar a pensar, a escribir, a saber leer, a entender lo que lees. Tienes que enseñar a la gente que les guste mucho, mucho, mucho, trabajar, estudiar, conocer cosas nuevas, entenderlas. Yo no creo que debamos enseñar a los chicos lo que les interesa. No, no. Lo que tienen que aprender les debe interesar porque tú haces que les interese.

Le vuelvo a hacer la misma pregunta. ¿Esto hay manera de cambiarlo? ¿Tiene solución?

Creo que en este momento la sociedad no tiene ningún interés en que el pueblo piense. ¿Qué mueve a la sociedad en estos momentos? El dinero. El dinero y el poder.

En el caso de los niños, la sociedad, así en general, lo que quiere es que no les den problemas…

Con la irrupción de la nueva tecnología hay un gran movimiento para que la gente más espabilada –los que entienden bien esta nueva tecnología, la inteligencia artificial y todo eso–, estos se enseñen bien y progresen. Y luego hay otra gente –ya lo dicen– que cobrarán el sueldo básico, el sueldo mínimo, pero que vayan de viaje, que no molesten. Esto va así. Hay un sector que tiene mucho poder actualmente.

Ponemos encajarlo, este sector, entre la derecha clásica más reaccionaria. Pero ¿qué pasa con la izquierda clásica? Multiplica los errores, los de siempre, y todavía es capaz de añadir nuevos.

Creo que la izquierda está desorganizada. Además, hay muy poca. Para enseñar bien tienes que dejarte la vida y tienes que creértelo. Para formar a los alumnos hay dos ideas muy importantes, básicas. Una es la dignidad de toda persona humana. Crees o no crees. Todos –los que se salen muy bien, los que no tanto, los que tienen problemas–, todos merecen una atención. La segunda es que una buena escuela es básica para la salud de la democracia. Si los alumnos no están formados para que sepan pensar con criterio –ahora le llaman críticamente, el pensamiento crítico, porque siempre acaban inventando alguna palabra nueva–, mal. Esta expresión –pensamiento crítico– me hace reír. Hay quienes no es crítico. Tienes que entender por qué llueve. Y eso al margen de que lo hagas críticamente o no. A la hora de pensar en soluciones, puedes pensar críticamente, porque esas soluciones pueden favorecer unas opciones u otras. Pero el pensamiento no siempre tiene que ser necesariamente crítico. Yo puedo disfrutar leyendo El Quijote, ¿y qué crítico ni qué historias? ¡Se inventan unas cosas! Otra: ahora dicen que se debe enseñar por competencias. ¡Siempre lo hemos hecho!

Ahora, ¿qué se enseña? Los nuevos alumnos entran a la facultad para formarse y se les valoran las publicaciones y la investigación. Para hacer publicaciones necesitan hacer inventos. Hacen muchos. Pero lo que es fundamental en educación ya ha sido hecho. Lo que no está hecho es aplicarlo. [Ríe].

¿Los niños deben aprenderse de memoria la tabla de multiplicar?

Les será muy útil. La memorización es buena, pero después está el proceso para memorizar. Antes cuando queríamos saber que cinco por dos son diez, cogíamos diez palitos. Y eso nos permitía saber por qué cinco por dos son diez. Entender el porqué de las cosas es importante.

Todo esto nos lleva a la inteligencia artificial…

Para mí es una herramienta. Todas las herramientas nos han ayudado mucho a hacer trabajo. Si se saben utilizar bien… Hay que dar a las cosas el valor que tienen. Quiero pensar que esto es una novedad y que la gente se dará cuenta de hasta qué punto hace el tonto. La inteligencia artificial puede sustituir una enciclopedia, pero después tenemos que pensar por nosotros mismos. ¿O no? ¿Quién maneja la inteligencia artificial? ¿Qué ideas nos transmite? Eso no es de fiar. Ahora como nunca todo esto demanda una buena escuela.

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