Las pruebas externas que realizan periódicamente los alumnos catalanes se han convertido en un examen para la Generalitat. Hay muchas: algunas organizadas por el Departamento de Educación y otras internacionales, como las conocidas pruebas PISA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que a menudo generan un terremoto en la consejería. Las últimas, de hecho, terminaron con la destitución del presidente del Consejo Superior de Evaluación (CSASE), Carles Vega. La consejera Anna Simó (ERC) no lo reemplazó; prefirió iniciar la transición hacia la Agencia de Evaluación y Prospectiva de la Educación, que nacía con personalidad jurídica propia. Es decir, que debería ser más independiente. Su primera gran tarea, las pruebas de final de etapa, se han comenzado a realizar en los institutos esta semana.

La gran novedad es que las pruebas dejan de ser censales. Es decir, no las han pasado todos los alumnos, sino que se han reducido los participantes a partir de una muestra de 5.700 alumnos de final de etapa (4º de ESO). Los exámenes evalúan las competencias en lengua catalana, castellana e inglesa, y en matemáticas y ciencia y tecnología. A diferencia de otras épocas, tampoco se habla ahora de competencias básicas: las preguntas de nivel “básico” se combinan con otras de nivel “estándar” y se reserva un 25% del cuestionario a cuestiones de nivel “elevado”. Tampoco corregirán el examen los docentes del centro, sino otros externos.

“Buscamos que cada prueba tenga un sentido. Las de final de etapa no son formativas, sino informativas, para hacer un análisis de cómo está el sistema”, explica a El Món la directora de la Agencia de Evaluación y Prospectiva de la Educación, Núria Planas. A diferencia de las pruebas de diagnóstico, con alumnos de 4º de primaria y de 2º de ESO, en este caso “no hay margen” para revertir la educación del niño, que cierra un ciclo educativo. “Las que hacemos a mitad de cada etapa sí son para todos los alumnos, porque también buscan dar evidencias a los centros y ayudarlos a formar o reformular la pedagogía del centro”, remarca Planas.

La directora de la Agencia de Evaluación y Prospectiva de la Educación, Núria Planas | Albert Hernàndez Ventós (ACN)

El profesor de pedagogía internacional Enric Prats (UB) aprueba los cambios, aunque hace énfasis en la necesidad de una buena muestra. “Son como las encuestas electorales. Si están bien hechas, puedes tener una buena radiografía, pero nunca será tan exacta como el escrutinio de unas elecciones, que agrupa a todos los votantes, uno a uno”, comenta. El sociólogo Xavier Bonal (UAB) también ve “más exactas” las pruebas censales, pero recuerda “el costo económico y de gestión” que supone para la institución y la “sobrecarga burocrática” que genera en los centros. Una tercera voz, la del colaborador de El Món Xavier Díez, maestro de primaria e historiador con veinte años de servicio en la USTEC, ve las nuevas pruebas como “uno de los cambios más relevantes” de los últimos años y exige “transparencia” y que se realicen con una muestra “aleatoria”. 

Desde la Agencia, Núria Planas explica los detalles: “La muestra se basa en cuatro ítems. El primero tiene en cuenta el nivel de complejidad: hay cuatro estamentos de complejidad, en función de los datos socioeconómicos de la zona –el capital económico de las familias, básicamente. El segundo ítem tiene en cuenta la titularidad del centro; el tercero, el territorio que abarca; y el cuarto, cómo de grande es la escuela. La muestra se elige de forma aleatoria una vez se ha tenido toda esta complejidad”.

Estudiantes de secundaria haciendo la prueba de final de etapa | Albert Hernàndez Ventós (ACN)

¿Y después de las pruebas, qué?

Más allá de las pruebas internas, la nueva agencia también tiene la misión de realizar estudios y análisis de tendencias y retos del sistema educativo catalán para “anticipar” futuras necesidades. Es la gran cuestión y una de las principales críticas que los expertos hacen al departamento estos años. “Las pruebas se han convertido en un dolor de cabeza de todos los consejeros, y eso es síntoma de muchos años de malas decisiones”, comenta Díez. El docente, ahora recién jubilado, considera “catastróficos” los últimos resultados –sobre todo de PISA, los peores de la historia– y cree que los cambios impulsados solo tendrán efecto “si se toman decisiones a posteriori”. 

Bonal coincide en que los últimos resultados “denotan una caída de nivel”, pero excluye a los docentes de la ecuación. “Está cambiando el perfil sociodemográfico, hay mucha más complejidad social en las aulas”, dice el sociólogo. Prats añade la “diversidad de trastornos” que hay en las clases, cada vez más amplia. Todo ello, sin más recursos, tal como han denunciado los docentes en las últimas huelgas

Los resultados de las pruebas que se han realizado esta semana llegarán dentro de medio año. “Nuestra tarea también es medir, interpretar, analizar los datos; ver cuál es el rendimiento del alumnado y en qué ámbitos hay más retos”, remarca Planas, que, además de directora de la agencia, también es catedrática de matemáticas y docente de la UAB. Eso sí, lanza una advertencia: “Nosotros podemos hacer sugerencias, pero tampoco somos el departamento”. 

Alumnos con ordenadores en un aula de un centro educativo de Cataluña. La manera como se ha hecho la digitalización de las aulas es una de las críticas de los sindicatos / ACN
Alumnos con ordenadores en un aula de un centro educativo de Cataluña | ACN

Sobrecarga de pruebas

Las pruebas de final de etapa, que acaban de realizarse, se suman a las de diagnóstico –a mitad de etapa– y a las de expresión oral. Las tres, en manos del departamento. Los centros también realizan otras evaluaciones relevantes como las PIRLS, que evalúan la comprensión lectora en 4º de Primaria; las TIMSS, para las ciencias y matemáticas, o las ICILS del ministerio, que evalúan las competencias digitales. Sin olvidar las famosas PISA (Programme for International Student), que se realizan cada tres años y todos las miran con lupa. En líneas generales, una sobrecarga de exámenes que asusta a los maestros –por la burocracia– y pone en alerta a los expertos. 

No son comparables: las pruebas del departamento tienen una función de control interno; las externas, como las PISA, tienen una clara voluntad homogeneizadora. Cada país tiene su modelo, y un mal resultado en las PISA, con la mala propaganda que eso conlleva, te obliga a cambiar el sistema”, opina Díez. “Pero la consejera Esther Niubó (PSC) enseguida encargó un informe a la OCDE cuando vio los malos resultados”, recuerda Prats. “Todos los gobiernos tienen una fijación enfermiza por las PISA”, añade. “Tenemos que leer los resultados de las pruebas teniendo en cuenta que hace cuatro décadas teníamos una sociedad analfabeta. Para los niveles de lectura, yo me compararía con Senegal, no con Francia o Dinamarca”, concluye.

“Podrían ponerse de acuerdo a nivel internacional”, complementa las reflexiones Bonal. “Es importante tener un buen sistema de evaluación, tanto del alumnado como del profesorado, pero últimamente tendemos a una pedagogía que prepara a los alumnos para las pruebas y no debería ser así”, sentencia el experto, que pone de ejemplo el País Vasco: “Tienen pruebas bienales y universales”. En este sentido, pide encontrar el “equilibrio” para no “sobrecargar” los centros.

Preguntada por esta sobrecarga, Núria Planas admite que uno de los encargos que tiene la Agencia de Evaluación es “ordenar” el sistema técnicamente “para que no haya duplicidades”. Sin embargo, recuerda que la mayoría de las pruebas son diferentes y pide “avanzar en la cultura de la evaluación”. En este sentido, asegura que “sería erróneo” poner en el mismo saco todas las pruebas y extraer conclusiones erróneas. “PISA no evalúa currículos, sino habilidades; las que hemos pasado ahora, sí”. El próximo septiembre, tendrá los resultados de las nuevas pruebas y el reto de asesorar a un departamento cuestionado por la caída del nivel en las aulas.

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