Este lunes, la jornada 21 en el juicio contra los Pujol Ferrusola ha comenzado con mal pie. Los dos abogados del Estado se han equivocado de sede y a las diez de la mañana se han dirigido a San Fernando de Henares y no a la sede de Madrid de la Audiencia Nacional. Resultado, el juicio ha comenzado más de media hora tarde por esperarles. Una situación que no ha hecho ni pizca de gracia al presidente del tribunal, José Ricardo de Prada, ahora que empezaba a domar el dragón del caos de esta larga vista oral.

Tanto ha sido así que el primer testimonio de la mañana ha sido a tres bandas entre la abogada Ana Bernaola –que representa a uno de los empresarios acusados, Alejandro Guerrero–, el instructor policial del caso –el inspector 89140– y, de manera activa, el presidente del tribunal. El magistrado se ha remangado y ha marcado a la letrada y al testigo. El juez ha mostrado una faceta que aún no había emergido, reprendiendo a los abogados y al testigo de una manera mucho más desinhibida que en otras sesiones.

Todo parecía que al tribunal le supiera mal que continuara la carnicería que sufrió el instructor policial durante la anterior tanda de sesiones. De hecho, el presidente del tribunal ha tenido que admitir la evidencia: «Hemos constatado que el testigo no nos aporta datos muy concretos». Un aviso a navegantes para informar a los letrados que se ha dado cuenta de los agujeros negros de la instrucción, que con los interrogatorios aún se han hecho más abismales con respuestas que se introducían con el verbo «presumo». Con esta premisa ha pedido perfilar los guiones para evitar «el efecto erizo» del testigo, es decir, que aún se cierre más y se transforme en refractario.

El inspector Álvaro Ibáñez, en el último tramo del interrogatorio/QS
El inspector Álvaro Ibáñez, en el último tramo del interrogatorio/QS

‘Kungfu’ en la sala

Una nueva doctrina con un delicioso kungfu jurídico, procesal y penal entre defensas, testigos y el presidente del tribunal. El juego de preguntas, subterfugios, utilizando todos los recursos con golpes cortos, intensos y rápidos para salir del radar de Ricardo de Prada, hoy especialmente sensible. En el caso de Carles Monguilod –defensor de Gustavo Buesa, otro de los empresarios acusados–, el magistrado le ha cortado las alas desde el principio. Ha corregido las preguntas, las ha reformulado, ha considerado alguna impertinente, ha mantenido corto al testigo, ha pedido concisión en las respuestas y ha recordado que solo se debe preguntar sobre hechos y no sobre «interpretaciones».

Una orden que no ha arrugado a los letrados que, en el caso de Bernaola, ha elevado protesta recordando que los informes del inspector Álvaro Ibáñez están elaborados con más interpretaciones que hechos. Y Monguilod ha hecho repensar la postura del juez cuando le ha recordado que sus órdenes podían implicar indefensión porque con el ministerio fiscal fue mucho más generoso en su interrogatorio. Entonces el presidente del tribunal ha levantado el pie del acelerador, pero no lo ha quitado del todo y no le ha permitido recordar «la animadversión» confesa del policía hacia los acusados.

El magistrado ha recriminado al letrado de Buesa que interrogara como si hiciera un informe, pero Monguilod ha mantenido la posición con la misma firmeza que lleva la raya del peinado. Ha sido lo suficientemente hábil para hacer admitir al testigo que «podría haber cometido algún error formal» en sus atestados y que había utilizado como fuentes los medios de comunicación, y lo ha dejado en evidencia cuando le ha preguntado qué tipo de delito de corrupción –de los ocho tipos que recoge el Código Penal– habrían cometido su cliente y no ha sabido responder. El juez ha tenido que volver a llamar al alto a Monguilod, admitiendo que el «tribunal ya sacará conclusiones».

Una imagen del tribunal de la 21ª jornada del juicio a los Pujol
Una imagen del tribunal de la 21ª jornada del juicio a los Pujol

«Una afirmación extraña»

El tercero en tomar la palabra ha sido otro veterano de los tribunales, José María Fuster Fabra, que defiende a Josep Mayola. El letrado ha comenzado usando una de sus muletillas habituales, la expresión «fíjese«, que pronuncia con un tono astuto y un punto gracioso. Fuster Fabra ha anunciado al tribunal que recortaría su interrogatorio porque, al fin y al cabo, todo el pescado estaba vendido. Aun así, no ha perdido la oportunidad de afilar el lápiz y terminar de recortar la credibilidad de los atestados. La intención era aclarar cuál era el delito antecedente que generaba los ingresos para después blanquearlos, que según la tesis policial era el «dominio fáctico total de las instituciones por parte de Jordi Pujol Ferrusola».

En este marco, Fuster Fabra le ha preguntado si creía que Jordi Pujol Ferrusola tenía influencias en administraciones dirigidas por ICV, por el PSC o incluso, por el PP, como la Confederación Hidrográfica del Ebro. Su respuesta ha sido, con paradinha incluida, «sí». La respuesta ha sido sorprendente y ha hecho sonreír a buena parte de los asistentes en la sala. Fuster Fabra, con ironía, le ha dicho: «Es una respuesta ‘extraña'». Una calificación que ha compartido el magistrado diciendo que «le puede parecer extraño, pero es la respuesta que ha dado». El interrogatorio ha proseguido, pero con el tribunal dando por hecho que la instrucción tiene más de especulación que de hechos concretos.

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