Después de que el tribunal haya decidido hacer caso a los médicos forenses y exonerar al presidente Jordi Pujol del juicio contra su familia por el dinero que tenían en Andorra, se ha reiniciado la vista oral. Un momento muy esperado porque una vez practicada la prueba documental, han comenzado las declaraciones de los acusados. El primero en sentarse en el estrado ha sido el hijo mayor del expresidente, Jordi Pujol Ferrusola, quien, de hecho, ha sido el protagonista de las 31 jornadas celebradas hasta ahora de la vista oral. Con una actitud segura, se ha sentado en el estrado acompañado de un grueso de carpetas, que ha consultado en contadas ocasiones. El primogénito del presidente ha informado al tribunal que respondería, de momento, a las preguntas del fiscal. Dejando la puerta abierta a la posibilidad de no responder a la abogacía del Estado.
El fiscal del caso en la vista, que no de la instrucción, Fernando Bermejo, ha iniciado el interrogatorio señalando al acusado que no «sufriera por si hacía alguna catalanada» porque «sabía catalán». En cualquier caso, Bermejo ya había avisado que su interrogatorio sería maratoniano, preguntando negocio por negocio y factura por factura. Pujol ha contestado con una oratoria solvente a cada pregunta, ofreciendo detalles de cómo se gestaron las operaciones y cómo hizo los negocios. Asimismo, ha radiografiado cómo fue que recibió la herencia de su abuelo advirtiendo que también les enseñaba caminos para «huir de España hacia Francia» por si las cosas «políticamente» iban mal. «No iba desencaminado porque en el año 1981 hubo un golpe de Estado», ha recordado.
En este sentido, ha remarcado que su trabajo consistía en trabajar con «información privilegiada» de futuros negocios y de poner en contacto compradores y vendedores. Por eso, cobraba a través, fundamentalmente con dos empresas Iniciatives del Marqueting y Project Màrqueting, una para «ideas» y la otra para proyectos. En cualquier caso, Jordi Pujol Ferrusola ha ido explicando al detalle cómo hacía los negocios y cómo le llegaba la información. A pesar de decir algún nombre, a petición del fiscal, al final se ha negado a pronunciarlos porque el juicio es «una trituradora y destroza a quien sale». Con el vaso de agua en la mano se ha dirigido al tribunal y le ha espetado, con tono de alegato, que «llevamos 15 años de trituradora» en referencia a la investigación judicial contra los Pujol Ferrusola.

La «herencia»
Jordi Pujol ha sido prolífico explicando el origen de la «herencia» de la que tuvo conocimiento a raíz de una reunión familiar cuando Florenci Pujol, su abuelo, falleció. Un encuentro en el que Joaquim Forn les comunicó que «se había preocupado para que no les faltara de nada». Les había dejado 140 millones de pesetas en dólares y con «láminas opacas», es decir, fondos emitidos por Estados y grandes corporaciones. De hecho, ha recordado que había una carta donde se explicaba la herencia y ha justificado que no haya ningún documento oficial porque «era dinero opaco».
En cualquier caso, ha querido aportar «contexto» y ha relatado que tanto el abuelo Florenci como Josep Ferrusola, padre de su madre, les enseñaban caminos para marchar hacia el exilio en la «Catalunya Nord, para ustedes Francia». Además, ha subrayado que «El abuelo no paraba quieto» con los negocios y que había hecho muchos. La gestión de la herencia, en un principio, estuvo a cargo de Delfí Mateu, colaborador y amigo de su abuelo. Posteriormente, por Joaquim Pujol y en última instancia este le ordena tomar la gestión de la herencia, que lo hará en el año 1990 hasta que lo reparte equitativamente entre sus hermanos y su madre. En última instancia, el hijo mayor del expresidente ha negado rotundamente que su padre emitiera el comunicado de la existencia de la herencia a raíz de la denuncia de Victoria Álvarez, su expareja, que incentivada por la policía patriótica lo denunció en la Audiencia Nacional.
Los negocios
Una vez interrogado por la herencia, el fiscal ha avanzado que seguiría el esquema del escrito de acusación. Es decir, negocio por negocio. El fiscal, respetuoso, ha numerado cada operación casi factura por factura. Jordi Pujol no se ha achicado. Al contrario. Al fin y al cabo, ha hecho como su comparecencia en el Parlamento, pero de manera más serena y más cuidadosa con las formas. Punto por punto, ha ido explicando y detallando cada operación con rotundidad. Ha descrito cómo llegaba a conocer la «información privilegiada» con la que negociaba. También, las operaciones de riesgo, o las compensaciones de dinero entre socios y amigos, con quienes había hecho negocios, y que el fiscal consideraba que eran turbios o escondían comisiones de las constructoras.
Una por una, ha justificado cada operación y cada factura, radiografiando los antecedentes, los clientes, los importes y las plusvalías. Pujol Ferrusola ha mostrado una memoria encomiable, -quizás también es una herencia de su padre- así como una habilidad para vender neveras en el Ártico y ha defendido su papel como intermediario, facilitador o mediador a cambio de comisiones a éxito. Según Pujol Ferrusola, hasta el año 1996 no hacía ningún contrato, solo de palabra. Pero, después, a raíz de un engaño en México, haría contratos pero solo con la gente que no conocía, para el resto estarían sujetos a la norma del valor de la palabra dada.
Además, ha detallado que su exesposa, Mercè Gironès, también acusada, lo tenían todo al 50%, -como ahora las sociedades y el patrimonio- como una especie de pacto verbal cuando se casaron. Ahora bien, a raíz de su separación vivieron una «reestructuración patrimonial». «Fue una separación muy traumática, si quiere le explico, fíjese que desde entonces no nos hemos hablado más», ha comentado al fiscal que le ha contestado que no era necesario. En cualquier caso, sí que ha subrayado que las cuestiones fiscales y bancarias las llevaba su esposa y él las ventas. «Tanto es así que cuando nos separamos no me abrieron ni la puerta del banco», ha ironizado. Su abogado, Cristóbal Martell, al llegar a las tres horas de declaración ha advertido al tribunal que notaba a su cliente cansado. El fiscal ha añadido que ahora entraría en las cuentas andorranas. Ha sido entonces que Pujol Ferrusola ha apostado por dejarlo para mañana porque «sería un palizón». Así se ha suspendido la declaración hasta mañana a las nueve de la mañana y, esta vez, ya sin la intérprete de catalán que ha pasado la mañana en la fría sede de la Audiencia Nacional de la calle Límite de San Fernando de Henares.

