Una de las perlas que ha dejado la 22ª jornada del juicio contra los Pujol Ferrusola ha sido la declaración de Joan Pau Miquel, el exconsejero delegado de la Banca Privada de Andorra (BPA). A pesar de ser un testigo compartido por la acusación y parte de las defensas, Miquel ha detallado la dinámica de los movimientos bancarios de Andorra entre los años 90 del siglo pasado y 2012. Pero, más allá de afirmar y concretar cómo funcionaban las fundaciones offshore y cómo se protegían de las filtraciones, ha relatado cómo y dónde fue la primera advertencia de la policía patriótica para obtener información sobre la familia Pujol Ferrusola en Andorra, así como de Artur Mas y Oriol Junqueras.

En concreto, fue el dos de junio de 2014. Casualidad, el mismo día que se llevó a cabo otra operación de Estado, el anuncio de la abdicación de Juan Carlos de Borbón como monarca español, tras diferentes escándalos. Una casualidad que podría tener una explicación como una operación para tapar el caso Corinna Larsen y las investigaciones en Suiza sobre las comisiones irregulares de la corona. De hecho, así lo apuntó Eugenio Pino, exdirector adjunto operativo del Cuerpo Nacional de Policía, con un mensaje de WhatsApp destinado al exsecretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez.

De hecho, la policía patriótica había iniciado la operación Catalunya como operación Pujol. El objetivo primordial era encontrar información financiera comprometida de la familia del expresidente. En esta conversación, a la cual ha tenido acceso El Món, Joan Pau Miquel habla en su despacho con Celestino Barroso, quien entonces era inspector de policía y agregado de Interior en la embajada española. Es decir, un cargo con inmunidad diplomática, como ya hizo saber el gobierno español cuando se le pidieron explicaciones desde el Congreso de Diputados. Barroso antes de ser destinado a Andorra, había estado en Barcelona. Y debe declarar este miércoles en la Audiencia Nacional.

Joan Pau Miquel, durante su declaración/QS
Joan Pau Miquel, durante su declaración/QS

Un encuentro a través de un amigo común

La reunión llega después de un prólogo que poco a poco se ha ido cosiendo a través de la investigación de la justicia andorrana en la causa que se sigue contra Mariano Rajoy y la cúpula de Interior por atacar la soberanía del Principado; las declaraciones en el juicio en la Audiencia Nacional contra los Pujol y los diversos audios y documentos publicados sobre la trama de la operación contra el Procés. En un principio, Rosa Castellón, secretaria del consejo de Administración de la BPA, recibe un mensaje de Bonifacio Díez, alias Boni, ex agregado de Interior en la embajada de España en Andorra. Díez, en aquel momento, era uno de los colaboradores más estrechos del comisario Eugenio Pino en el marco de la dirección adjunta operativa, el cuartel general de la policía patriótica.

Boni pide a Castellón –lo admitió en su testimonio en la Audiencia Nacional– que los propietarios de la BPA, los hermanos Higini y Ramon Cierco, hablen con alguien de Madrid. “Tienen que ver a unas personas en Madrid, aconséjales que colaboren. Si no, las cosas no irán bien”, le advierte. Castellón recibe el mensaje a través de su marido, quien conocía trabajadores de la embajada, y advierte a Joan Pau Miquel.

El mismo dos de junio, Cierco recibe a Celestino Barroso en la sede de Indústries de Muntanya, la sociedad principal del grupo Cierco. El policía comienza a explicarle una historia sobre el banco que el empresario no terminó de entender ni ver clara. Así que le recomendó que hablara con el consejero delegado de la BPA. Higini Cierco avisó rápidamente a Miquel. La recomendación era que atendiera a “el enviado de la embajada española” y que tuviera cuidado, porque no era agua clara. O, como lo calificó este martes, encontró que era una figura «anómala».

La sede de las industrias Cierco, donde Barroso tuvo su primer encuentro con Higini Cierco/QS
La sede de las industrias Cierco, donde Barroso tuvo su primer encuentro con Higini Cierco/QS

«Depende de ustedes que quede en nada»

Pocos minutos después, llegó Celestino Barroso a la sede del banco. De hecho, llegó con uno de los coches de Higini Cierco. Según la declaración de Castellón ante la justicia andorrana, vio a Barroso esperando en la recepción del banco y lo recibió Joan Pau Miquel, quien había preparado una grabadora en su despacho por si acaso. La conversación comienza por parte de Barroso, quien le explica que ha llevado a Cierco un «mensaje de Madrid». Barroso va al grano y le explica que la BPA se encuentra en una inspección del Banco de España y que hay una empresa americana dispuesta a hacerse cargo. «Depende de ustedes que quede en nada, que se pare la inspección… siempre que accedan a algo que yo no sé».

Joan Pau Miquel pregunta a Barroso quién es exactamente, y este le explica que es subinspector en jefe de policía y agregado de Interior en la embajada. El CEO de la BPA le pregunta entonces si el mensaje y el encuentro son «oficiales». Barroso se hace el desentendido y le dice que «lo deje entrecomillado». Miquel pide saber con quién debe verse o reunirse. Y es en esta respuesta donde le comenta el riesgo de que le den un «golpe de hacha» al banco, pero agrega que se puede paralizar «siempre que accedan» a hacer lo que se les propone. En todo caso, le recomienda que hagan lo que les pidan para que «no les machaquen» el banco. Miquel le replica que «en esta vida siempre te pueden machacar».

Conversación entre Joan Pau Miquel y Celestino Barroso, donde le empieza a proponer la idea de dar información a cambio de que no le hagan un hachazo al Banco
Higini Cierco, máximo accionista de la BPA, y Joan Pau Miquel, el CEO de la entidad/ACN
Higini Cierco, máximo accionista de la BPA, y Joan Pau Miquel, el CEO de la entidad/ACN

«¿Con quién he de hablar?»

La conversación continúa. Joan Pau Miquel le pregunta con quién debe hablar. Barroso se hace el despistado y dice que transmitirá a quien le ha encomendado esta información. Comienzan a preparar si la reunión debe hacerse en Madrid o en Andorra, o incluso en Barcelona. Barroso le comenta que ya valorarán si lo que le dicen del Banco de España que los está inspeccionando es creíble o no. Miquel se lo toma con ironía y le responde que estará «encantado de hablar con quien sea, se conoce gente interesante». Barroso se anima y le comenta que si se puede detener que intervengan el banco siempre será una manera «más fácil».

Miquel, sin embargo, le replica que tanto la BPA como su filial Banco Madrid cumplen con la normativa. De hecho, le remarca que el Servicio de Prevención de Blanqueo de Capitales les ha hecho una inspección que ya está terminando. Barroso va al grano y dice que ya está bien y que «transmitirá que están dispuestos a hablar» y deja en el misterio quién le da el mensaje y quién maneja la operación. «Tampoco pregunto», afirma Barroso. Se pasan los teléfonos. Joan Pau Miquel se encontraría al cabo de pocos días con Marcelino Martín Blas, alias Fèlix. Celebrarían tres encuentros, aún queda por aclarar quién dio la información que salió publicada en El Mundo, el 7 de julio de 2014.

Fragmento de la conversación entre Celestino Barroso y Joan Pau Miquel donde le detalla cuestiones sobre la petición de información que le propondrán desde Madrid aprovechando la amenaza de la inspección del Banco de España/QS

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