«El debate se ha servido, pero no ha terminado de hacerse porque posiblemente ahora no es el momento», «hay que reconocer que, al menos, es capaz de poner el debate sobre la mesa» o «está bien iniciar debates, pero deberían consensuarse con la dirección». Estos son algunos de los comentarios recogidos entre las filas de ERC sobre la apuesta de su líder en Madrid, Gabriel Rufián, para movilizar una especie de frente federal de las izquierdas del estado, sin mucho más detalle, ante el hecho de que las encuestas vislumbran un tsunami de la derecha extrema y la extrema derecha.
La propuesta no ha tenido éxito, porque formaciones como EH Bildu, por ejemplo, han declinado la idea -al menos en términos electorales- y la dirección del partido también ha cerrado la puerta a la propuesta, tal como sentenció la secretaria general de la formación, Elisenda Alamany. «El mejor antídoto es apostar por proyectos de izquierda arraigados en nuestro país y no decididos desde Madrid», argumentó la número dos de Oriol Junqueras. Aun así, para evitar especulaciones, Alamany insistió en que a pesar de la negativa a la propuesta, si es por el partido, Rufián será el candidato en unas elecciones españolas.

Lo que dice el entorno de Rufián: «Es un debate que tensa las costuras del partido»
“Yo soy catalán, independentista, republicano, y Cataluña vota diferente… pero quien crea que el fascismo se frenará en su frontera se equivoca mucho”, afirmaba esta semana Rufián en una entrevista a El País. Por otro lado, en Televisión Española se jactaba de que gracias a su idea “por unos días se habla de lo que hará la izquierda, y no de Ayuso, Abascal y Feijóo”. «De hecho, es una idea», aseguran fuentes de su entorno más directo en Madrid, consultadas por El Món. «Si se afina bien el oído, no ha abogado por un frente de izquierdas y que nadie renuncie a sus siglas, solo pide que la izquierda se ponga las pilas ante la amenaza que llega», remarcan las mismas fuentes. «Es evidente que plantear estos debates tensa las costuras de los partidos y los saca de la zona de confort, pero lo que se avecina obliga a las izquierdas a hacer algo», añaden. «Lo que se avecina son políticas como las de Donald Trump, con ilegalizaciones, redadas, deportaciones masivas, cierre de medios de comunicación o detenciones masivas. Si no hacemos nada, la historia nos juzgará», razonan. «Sabemos que abrir esta propuesta es abrir un melón y el riesgo mediático y político que conlleva porque es un debate que hay mucha gente que no tiene ganas de hacer», agregan.
Lo que se dice dentro del partido: «No hay nada estratégico detrás de la propuesta de Rufián»
Desde el partido, comparten en cierta manera el diagnóstico, pero discrepan en lo que sería el tratamiento. De hecho, recuerdan que Rufián defendía posturas como «salir de las sedes de los partidos e ir a las calles». «Una opción que él mismo ha ido desescalando», destacan fuentes del partido. «Es evidente que sin sedes y sin partidos, sin organización, se pierde fuerza ante la ofensiva del enemigo», sostienen desde Calàbria. «La potencia sin control no sirve de nada, los partidos deben ser estructuras fuertes y con conocimiento de su entorno», añaden. De hecho, es una opinión expresada en voz alta por la misma secretaria general del partido, que el lunes defendía «la izquierda arraigada en el país».
Por otro lado, en otro plano, desde ERC recuerdan que «no hay nada estratégico detrás de la propuesta de Rufián». «Son ideas que deja ir aprovechando su impulso mediático, pero no hay una concordancia en la estrategia de los republicanos», aducen. De hecho, ERC ahora se enfoca en reforzar su capilaridad territorial, con el proyecto Llavors. Es decir, encuentros territoriales con la militancia que toman el pulso a la profusa estructura regional, comarcal y local de los republicanos en todo el país. Unos espacios donde parece que ya se ha pasado página de las tensiones internas y que ahora procuran reforzar ideológicamente y dar más cobertura a los alcaldes y concejales del partido.
La abstención para aprobar la ley de multirreincidencia de Junts
Un ejemplo de que Rufián no es un verso libre, ni tampoco una franquicia de la formación en Madrid, ha sido la abstención esta semana de los republicanos en la proposición de ley para intentar frenar la multirreincidencia. Una iniciativa de Junts que ha implicado un debate interno denso en los republicanos, entre sectores supuestamente más inclinados a la izquierda, como la vicesecretaria de Mundo del Trabajo, Laura Pelay o el senador Joan Queralt, que apostaban abiertamente por el no, y los alcaldes de poblaciones que reclaman más atención a sus demandas en seguridad, que o bien querían una abstención o un «sí crítico», haciendo valer la fuerza de ERC para obtener el compromiso de llevar más jueces a Cataluña. De ahí cierto viraje, incluso, en el discurso de Oriol Junqueras, con la «Cataluña de los diez millones» o reforzando el mantra de que «la seguridad es de izquierdas».

Respuestas de todos los colores
La propuesta de Rufián ha tenido respuestas internas más allá de las oficiales de la dirección de la formación. Desde su entorno admiten que se han encontrado de todo y «con alguna sorpresa». Por ejemplo, de militantes de federaciones alejadas de Barcelona que «no ven mal abrir el debate», otros que piden explicaciones sobre «la oportunidad de las palabras de su portavoz en Madrid» y otros que, si bien son «refractarios en primera instancia, una vez puesto el contexto, rebajan la animadversión, pidiendo que hay que vigilar con algunas propuestas».
Otros, como miembros del Colectivo Primero de Octubre, se oponen a cualquier idea de este tipo. El mismo Xavier Martínez, líder de la corriente crítica, advertía a Rufián desde su cuenta en la red X: «Compañero, te recuerdo que no estás en tu escaño para ir por libre sino en representación de unos ciudadanos que votamos las siglas ERC».
Alguna incomodidad, pero sin que peligre su silla
Otros ven que haría falta más focalizar el trabajo en el día a día de los trabajadores de Cataluña. De hecho, algunos destacados militantes de la Federación del Baix Llobregat lamentaban que, por ejemplo, no estuviera presente en la manifestación del pasado sábado por la tarde contra el caos de Rodalies, cuando sí estaban otros miembros del grupo en Madrid o la dirección casi al completo, así como históricos como Joan Tardà o el exconsejero Josep Huguet.
Por otro lado, sí ha habido quien ha mostrado cierta incomodidad por entender que la reflexión de Rufián no se había acordado, o al menos, avisado a la dirección. Pero sí hay una cierta sensación de «explosión controlada». «Nadie pone ahora en duda que él sea el candidato o vaya con las siglas de ERC, si quiere ser el candidato lo será», subrayan las mismas fuentes que también ven bien la osadía de abrir un debate de este tipo.

¿Y España?
De hecho, buena parte del debate se ha iniciado por actos donde Rufián ha sido invitado con Òscar Matute, de EH Bildu, o Emilio Delgado, de Mas Madrid. Dos convocatorias que han estimulado el entorno mediático. Desde la visión española, la oferta de Rufián tampoco se ha terminado de entender. Por un lado, la ministra de Sanidad, Mónica García, y el de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, aplaudieron el “debate” abierto por Rufián, pero recordaron que ellos fueron los primeros, porque Sumar ya hace tres años que activó esta fórmula. Un sistema que, según Sumar, hizo posible la reedición del gobierno progresista tras las elecciones de 2023.
De todas maneras, Rufián no se deja vencer a la primera, porque inmediatamente replicó que no veía esta unión «incompatible» con su propuesta de unir las izquierdas. Desde los pasillos del Congreso, incidía que hace «meses» que defiende la propuesta de unir los esfuerzos de esta parte de la izquierda del PSOE, por lo cual sería «un cafre» si ahora criticara la alianza de estas cuatro fuerzas. Para Rufián no afrontar la posibilidad de articular las izquierdas para detener a la extrema derecha sería poco menos que «negligente». De momento, el debate en su partido ha sido controlado, pero sí creen que su portavoz en Madrid tiene la cola de paja.

