«Fue una manifestación de reencuentro». Esta es la reflexión de uno de los miembros más destacados del secretariado nacional de la ANC sobre la manifestación del pasado sábado contra el caos de Rodalies. Una manifestación que fue convocada tanto por la entidad independentista presidida por Lluís Llach como por el Consell per la República a la cual se sumaron partidos políticos como Junts, ERC y la CUP, sindicatos como la Intersindical u organizaciones como Òmnium Cultural o el Ciemen.
El hecho de que la manifestación fuera un éxito de participación a pesar de la contraprogramación de otra marcha por los mismos motivos esa misma tarde –con mucho menos seguimiento–, ha alborotado el gallinero del movimiento civil independentista, que parecía dormir el sueño de los justos. La ANC se reivindicó como una entidad capaz de generar una movilización organizada en pocos días y enfrentándose a cierta propaganda contraria a su convocatoria tachándola de política. Y el Consell de la República, bastante sacudido políticamente, se sintió cómodo en su papel de partner de la ANC.
La partida ganada de la manifestación que otorgó al independentismo el liderazgo de la protesta contra el caos de Rodalies ha alimentado un rumor que ya hacía días que corría entre los asociados y miembros de las dos entidades. Al fin y al cabo, muchos de sus liderazgos locales o territoriales comparten militancia en los dos organismos. Y es lo que miembros de las dos entidades describen en El Món como la posibilidad de llevar a cabo una «fusión fría». Es decir, no crear más plataformas ni asociaciones ni entidades y aprovechar las que ya están establecidas para «repartirse bien los papeles» y que cada una asuma unas responsabilidades determinadas «sin pisarse». El debate en la ANC llega en un momento en el que, tras la marcha de los críticos, la entidad prepara para el mes de abril la renovación del Secretariado Nacional y una nueva hoja de ruta que deberá aprobar la asamblea general ordinaria.

Un movimiento que va de abajo hacia arriba
La posibilidad de unir fuerzas entre las dos entidades surgió de las bases de sendas organizaciones. Sobre todo, de la demarcación de las comarcas de Girona, Empordà, Catalunya Central y la Catalunya Nord. De hecho, ya habían organizado algunos actos donde participaban miembros de las dos entidades. “Al fin y al cabo, muchos comparten desacomplejadamente el doble carnet”, añaden fuentes consultadas de las dos entidades para El Món.
Ahora bien, esto no significa ninguna reconversión ni ninguna OPA entre las dos entidades, sino que cada una “alimente sus economías de escala”. Así, el objetivo sería especializar la ANC en la “movilización permanente” y aprovechar su “estructura logística y de conocimiento” y, por otro lado, dejar al Consell un papel institucional. “Por ejemplo, en la acción exterior, dejar el rol más institucional de representación del exilio al Consell y la movilización a la ANC”, señalan las dos fuentes. “No es necesario duplicar tareas, ni actos, ni informes, ni estudios. Se puede trabajar conjuntamente respetando los terrenos donde cada uno puede actuar con más comodidad”, insisten.

Una “fusión fría”
De ahí nace el concepto de “fusión fría” o de unión temporal de empresas (UTE), dos conceptos de proyectos empresariales que suponen unidad de acción con especialización de cada participante. Es decir, establecer “mecanismos de coordinación constantes entre las dos entidades” para abarcar más espacios y más público. De esta manera, la ANC tendría más margen para preparar acciones de “movilización permanente” y el Consell podría alcanzar una “representatividad política más directamente relacionada con el Primero de Octubre”. De hecho, el Comité de Estrategia y Discurso de la ANC, en su informe de gestión, ya proponía «evitar superposiciones entre unos y otros, distribuyendo y especializando las funciones».
Por el momento, esta idea ha sido rumorología de las últimas semanas entre cuadros territoriales que proponían a los politburós de sendas entidades empezar a hablarlo. A día de hoy, la idea va tomando forma pero aún no se ha hecho formalmente ninguna propuesta, si bien en la asamblea general de la ANC uno de los puntos de la hoja de ruta ya apuntaba esta colaboración. Cabe decir que muchos de los activistas de la ANC eran y continúan siendo refractarios a una “simbiosis demasiado fuerte” con el Consell, tras la crisis que ha vivido el organismo que debía representar al exilio con el caso de Toni Comín y los problemas políticos que ha sufrido. Pero la opción gana peso tras la debilidad de la Asociación de Municipios por la Independencia y del hecho de que Òmnium haya virado su estrategia de confrontación, según el punto de vista de fuentes consultadas.

Suspicas del Consell y el dinero
Hay miembros de la ANC que quieren esperar a ver resultados con la gestión de Jordi Domingo. Un proceso que ha resultado largo y que aún no acaba de verse con suficiente credibilidad en buena parte de la biosfera independentista. Es por ello, que, por el momento, desde la Asamblea prefieren iniciar un “proceso controlado de colaboración”, como ocurrió el sábado. De hecho, la manifestación contra el desorden de Rodalies era la primera prueba de fuego de este entendimiento que hasta ahora solo se había registrado a pequeña escala, a nivel local y territorial o sectorial.
“Las dos entidades tienen entre sus filas convencidos, críticos o, incluso, gente que allá donde va enreda, y es por eso que hay que tener cuidado a la hora de tomar decisiones estratégicas”, reflexionan activistas de la Asamblea y del Consell. Una circunstancia que complica mucho cualquier decisión porque supone mover una maquinaria interna muy rebuscada, compleja y densa. «Poco a poco y buena letra», indican las mismas fuentes, que quieren aprovechar el cosquilleo de «reencuentro» pero también quieren evitar que el arroz se pase.
A todo esto hay que añadir los problemas económicos de las dos entidades, que les hacen ir justos de recursos. La caída de ingresos de la ANC, que tendrá que subir las cuotas, es peccata minuta ante la crisis financiera y laboral que ha sufrido el Consell de la República. En este sentido, cabe recordar que la entidad presidida por Domingo tuvo que hacer un plan de rescate y de suspensión de pagos para salir de la crisis de deuda que padecía, siguiendo los criterios de una auditoría y de un plan de viabilidad económica que se ha cumplido al pie de la letra. «En estos tiempos que vamos justos de tropas y los bolsillos no están llenos, más vale no duplicar gastos», argumentan como última razón, muy pragmática, los defensores de la conexión ANC y Consell.

