La indignación por el desastre de Rodalies se la ha adjudicado el independentismo desacomplejado. La Asamblea Nacional Catalana, la ANC, ha ganado la partida de las manifestaciones de este sábado y ha demostrado que, a pesar de los elementos, las críticas y los boicots indirectos, todavía tiene capacidad de movilizar en pocas decenas de días a miles de personas.  Las dos manifestaciones convocadas este sábado en Barcelona eran una prueba de fuego. El independentismo ha salido sin ninguna ampolla y la manifestación supuestamente despolitizada ha salido escaldada.

Las cifras de participación y el volumen ocupado de calles ha sido demoledor. Incluso la Guardia Urbana, un instrumento de información política muy sutil, ha certificado con números esta percepción. Según la calculadora de la policía de la capital, dirigida por el proto-socialista Albert Batlle, la ANC ha reunido a 8.000 personas y, en la otra marcha, un total de veinte entidades y cien asociaciones, solo 3.000. Las cifras de los organizadores hablan de 30.000 asistentes en el caso de la Asamblea y, curiosamente, las plataformas de usuarios se atribuyen 40.000, lo que, más allá de las grandes diferencias habituales entre las cifras policiales y las de los convocantes, invierte totalmente las proporciones captadas por los testigos y por la misma Guardia Urbana. Además, la de la ANC partía del monumento a Rafael Casanova, en la Ronda Sant Pere, y pasaba por Via Laietana, hasta llegar a la plaza Sant Jaume. La de plataformas de usuarios salía de la estación de Francia, subía por Via Laietana y terminaba también en Sant Jaume, en un recorrido mucho más corto. La Via Laietana ha dado fe de la gran diferencia de participantes. El duelo lo ha ganado el independentismo.

Manifestación por un transporte público de calidad. Barcelona 07.02.2026 | Mireia Comas
La manifestación por un transporte público de calidad convocada por la tarde por más de un centenar de entidades y colectivos de usuarios. Barcelona 07.02.2026 | Mireia Comas

Dos manifestaciones para dos culpables

Sin ninguna duda, era un súper sábado para calcular quién salía a la calle y dónde situaba cada uno el problema de fondo de Rodalies. Por un lado, una manifestación matinal sobre la tesis de que el desastre de Rodalies es una premeditación de España para arrinconar a Cataluña hacia el pedregal de la decadencia. Una consecuencia más de la dependencia española y un enorme argumento para reivindicar la independencia. El presidente de la ANC, Lluís Llach, no ha dudado en plantarse en la plaza Sant Jaume y pedir expulsar al gobierno de Salvador Illa por “botifler”, además de “sucursalista, mentiroso e ineficaz”.

Por otro lado, la manifestación de las “plataformas de usuarios” buscaba ser una protesta alejada del independentismo y centrar las críticas en la gestión de Adif y Renfe con Rodalies. “Sin trenes no hay futuro” ha sido el lema, muy sencillo, de esta marcha, con el objetivo de esquivar la relación entre el problema del caos de Rodalies y la dependencia de España. La convocatoria hecha para el mismo día que la anunciada días antes por la ANC y el Consell de la República la hacía chirriar en relación a las intenciones de la protesta. De hecho, había generado una notable controversia por la sensación de «contraprogramación» para neutralizar y arrollar al independentismo descarado de la ANC y el Consell.

Manifestación por un transporte público de calidad. Barcelona 07.02.2026 | Mireia Comas
El presidente de ERC, Oriol Junqueras, la secretaria general del partido, Elisenda Alamany, y la diputada republicana Ester Capella, en la manifestación de este sábado por la tarde, que contraprogramaba la de la ANC, que se ha hecho por la mañana | Mireia Comas

Dos manifestaciones y muchas diferencias

Más allá de la gran diferencia que separaba las dos manifestaciones cabe destacar otras. En primer lugar, la manifestación netamente independentista solo tenía dos convocantes, una presencia masiva de todo el estado mayor de Junts, con su secretario general, Jordi Turull, así como de la CUP, con un buen desembarco de Dani Cornellà, Xevi Pallicer o Pilar Castillejo, al frente y un apoyo discreto de Òmnium, la Intersindical, la JNC, que no se encontraban en la cabecera, donde sí estaba, por ejemplo, la expresidenta del Parlament Carme Forcadell. En cambio, el presidente de Òmnium, Xavier Antich, sí que ha llevado la pancarta de la cabecera de la manifestación de la tarde. Y por la mañana casi se podía afirmar que los agentes de la Brimo estaban más cómodos en la protesta que la comitiva de la entidad soberanista.

La de la tarde, en cambio, la convocaban veinte asociaciones y firmaban el manifiesto más de un centenar de entidades, además de disfrutar de una concertada potenciación mediática. Entre los apoyos se contaban los de Òmnium o la Intersindical. ERC, con pancarta propia, ha desembarcado con toda la dirección, con el presidente, Oriol Junqueras, y la secretaria general, Elisenda Alamany, al frente. También estaba la CUP, con pancarta propia y con Non Casadevall y Xavier Pellicer, y los Comuns, con David Cid y Andrés Berrio como representantes del politburó postcomunista. Junts también ha participado con varios nombres, como su presidenta en el Parlament, Mònica Sales, pero hábilmente han abandonado la convocatoria.

Pero, posiblemente, el error estratégico de otra convocatoria para disminuir el independentismo ha tenido un efecto boomerang. De entrada, a pesar de la supuesta despolitización, la manifestación de la tarde también ha tenido una vistosa presencia de esteladas y de carteles contra España. De hecho, trabajadores de Òmnium repartían pequeñas pancartas donde se leía «independencia». Ahora bien, lo que ha sorprendido a varios manifestantes ha sido la presencia de CCOO y UGT con banderas pero poca tropa. Un dato que ha despertado todo tipo de suspicacias, porque si las dos grandes centrales sindicales tocan el silbato todavía tienen capacidad de sacar a algunos miles de personas a la calle. Señal de que no tenían mucho interés en que la manifestación fuera un éxito.

La indignación continúa

El sábado de manifestaciones, pues, ha dejado un saldo favorable al independentismo. La convocatoria que presentaba a España como la causa del desorden de Rodalies y la mala gestión del Gobierno del PSC –a pesar de tener, sus primos hermanos en la Moncloa– ha tenido más adeptos. Rodalies ha servido para encarar una especie de reencuentro con la movilización independentista que no ha olvidado, como se ha podido escuchar con las consignas, ni el 1-O ni el «A por ellos«.

De hecho, la Prefectura del Cuerpo Nacional de Policía de Via Laietana ha sido el escenario de los momentos de más tensión con lanzamientos de botes de humo, cohetes de verbena y latas, así como de la retirada por parte de jóvenes encapuchados de las vallas de protección que habían colocado los Mossos d’Esquadra para proteger la sede de la policía española. Hasta el punto de que una dotación de las Unidades de Intervención Policial del CNP se ha equipado con el equipo de ataque y dos escopeteros por si la situación se descontrolaba.

Manifestantes de la marcha de la mañana retiran las vallas frente a la Prefectura Superior de la Policía Nacional, en la Via Laietana / Quico Sallés

Vale decir que la presencia policial también ha sido un medidor del fracaso de la manifestación de la tarde. En la manifestación de la mañana, los Mossos d’Esquadra y solo había dos furgonetas del ARRO en la Prefectura del CNP, unidades de protección, y dos de la Brigada Móvil, altamente especializada en orden público, en Foment del Treball. En cambio, el despliegue policial en la manifestación de la tarde ha quedado exagerado por la multitud de dotaciones desplazadas debido al hecho de que las fuentes de la Comisaría General de Información de la policía de la Generalitat había hecho cálculos, erróneos, de mucha más participación. En definitiva, un día de manifestaciones en el que la R4 hasta Terrassa todavía iba absolutamente desbordada de pasajeros.

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