El relato de la «Andalucía maltratada» frente a una «Cataluña privilegiada» no es nuevo ni aislado, forma parte de una tradición estratégica que se intensifica en cada ciclo electoral. Esto ha hecho que el anticatalanismo se haya consolidado como un activo que, históricamente, ha dado rédito electoral. En la carrera hacia las elecciones andaluzas de este domingo, 17 de mayo, el tablero político andaluz ha vuelto a situar la relación entre el Estado y Cataluña como uno de los grandes motores de movilización, sobre todo para el PP y Vox que, según expertos consultados por El Món, utilizan este tipo de mensaje para captar al votante que duda entre las dos opciones. El candidato del Partido Popular a la reelección como presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha diseñado una campaña que, entre otras cosas, tiene un relato directo: cada euro para Cataluña es un euro que se pierde para un hospital de Sevilla o para una carretera de Jaén. Andreu Paneque, doctor en Ciencias Políticas y profesor en la UOC, y el profesor de ciencia política de la UB Jesús Palomar coinciden en que el anticatalanismo es una herramienta política altamente rentable y estratégica para PP y Vox en el contexto de las elecciones andaluzas, y los dos analistas remarcan que este discurso no se basa en datos racionales, sino en la movilización de las emociones y la creación de un relato de confrontación.

Durante la precampaña y la campaña que se ha cerrado este viernes, este tipo de mensajes han sido diversos. En una entrevista en Espejo Público el pasado 21 de abril, Moreno Bonilla utilizó la red de Rodalies de Cataluña como arma arrojadiza. A pesar de las críticas internas en Cataluña a una red que acumula incidencias y está sumida en el caos, el popular se permitió afirmar que «se quedaría con Rodalies mañana mismo», argumentando que «en Cataluña están conectadas las 4 provincias y con una extensión de casi 1.000 kilómetros, y nosotros no tenemos ni en las ocho provincias y las tenemos absolutamente deterioradas». «Lo que se ha hecho con Andalucía en materia de infraestructuras es para llevarlo a los tribunales», sentenció. En el inicio de campaña en los Jardines de Murillo, Moreno lanzó una predicción apocalíptica para las arcas andaluzas: afirma que después del 17 de mayo, el gobierno español «cederá la recaudación íntegra de los impuestos a Cataluña», un argumento que utiliza para pedir un «gobierno fuerte» que impida que los andaluces dejen de ser iguales a los catalanes.

Los mensajes contra Cataluña también han centrado parte de los dos debates de candidatos que se han hecho durante la campaña. Moreno ha acusado directamente a María Jesús Montero, candidata del PSOE y exvicepresidenta del ejecutivo español, de conceder privilegios al independentismo catalán, y también vasco, solo para que Pedro Sánchez pueda seguir en la Moncloa. El argumento central que ha utilizado es que cualquier pacto con Cataluña se hace a costa de la financiación que «corresponde» a los andaluces. Manuel Gaviria, el candidato de Vox, no se ha quedado atrás y, subiendo la apuesta del mensaje de Moreno, ha acusado al PSOE de pagar el «chantaje de los separatistas». Su discurso ha llegado hasta el punto de afirmar que para los socialistas españoles «un catalán vale más que un andaluz». Ante estos mensajes anticatalanes, el PSOE y Montero se han defendido a contrapié, ofreciendo datos y recordando que Andalucía ha recibido más financiación -5.700 millones– y más condonación de deuda –19.000 millones– de lo que el mismo PP había pedido, intentando demostrar que el «agravio» es una construcción electoral y no una realidad.

El candidato de Vox a la Presidencia de la Junta, Manuel Gavira, durante un acto público / Europa Press

El anticatalanismo deja en segundo plano cualquier propuesta electoral

Para el experto Andreu Paneque, este fenómeno responde a una «nacionalización» de la política española donde se utilizan elementos propios de comicios estatales en el ámbito regional y subraya que el PP busca alcanzar la mayoría absoluta apelando a «este elemento más emocional a través del anticatalanismo para captar a esos votantes que aún tienen que decidir si votan al PP o a Vox». Según Paneque, la estrategia es clara: «Dame un enemigo y así ya tendré a mis amigos a mi lado». Este discurso se basa en una dicotomía emocional muy potente. «Si tú apelas a la emotividad o, en este caso, al odio es mucho más sencillo que no intentar convencer a la ciudadanía» con propuestas programáticas, sentencia, y señala que es mucho más fácil captar el voto indeciso a través de las emociones, a través del populismo, que del programa. Palomar, por su parte, también comparte esta idea y añade que aún funciona la percepción de una «Andalucía maltratada frente a la Cataluña privilegiada», y argumenta que esta visión tiene raíces sociológicas profundas, a menudo vinculadas a la inmigración de hace décadas, generando la «idea irracional» como si Cataluña tuviera alguna «deuda histórica» con Andalucía.

Paneque coincide en que el PP utiliza este «silent issue» –término que hace referencia a un tema que actúa como un motor de fondo que condiciona el voto y el estado de ánimo del electorado– para evitar debates sobre la gestión directa y centrarse en las comparaciones con Cataluña. En este escenario, las promesas de mejora de los servicios públicos andaluces quedan en segundo plano ante el agravio comparativo. La irrupción de Vox ha cambiado las reglas del juego, forzando al PP a endurecer el mensaje para no perder votantes en el bloque de la derecha. Paneque advierte de la dificultad de esta competición porque ser más radical que el radical es complicado. Por su parte, Palomar describe una especie de retroalimentación donde ambos partidos buscan ver «quién acaba diciendo la más grande» para captar al indeciso que duda entre las dos papeletas. En esta ocasión, la diana se ha fijado en la figura de María Jesús Montero. Palomar apunta que el PSOE ha pecado de «ingenuo» en presentar una candidata que el PP puede vincular directamente con los pactos estatales con el catalanismo. El relato de la derecha es contundente: Montero y el PSOE son quienes «están poniendo en peligro el estado español porque sus socios son los catalanes».

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompaña a la candidata a la Presidencia de la Junta, María Jesús Montero en un acto de la campaña electoral / Europa Press

«Flores» contra «armas de destrucción masiva»

Ante estos ataques, el Partido Socialista ha intentado responder con datos y gestión, una estrategia que los analistas consideran poco efectiva en una campaña electoral. Paneque es tajante: «Flores, sonrisas y datos no ganan a un arma de destrucción masiva», ya que el PP, además del anticatalanismo, también está apelando a los andaluces porque el PSOE y los independentistas están «poniendo en peligro» la nación española. Así, y según, los expertos, los datos solo sirven para reafirmar a los ya convencidos, y es muy difícil arrastrar a aquellos indecisos que dudan si votarte o no. Palomar, por su parte, señala que Montero puede ser la mejor candidata que el PSOE tiene en Andalucía, pero también remarca que los socialistas pueden haber pecado de «ingenuos» porque también es «la mejor candidata para que vayan contra ti», en referencia al papel relevante que tuvo con el «financiamiento singular» durante la etapa anterior como vicepresidenta y ministra de Hacienda del gobierno de Sánchez. En cualquier caso, concluye que, mientras el PSOE se dedica a defenderse, pierde el control del relato porque Montero «no está hablando de su programa electoral, sino que todo lo que dicen sus rivales en las urnas es mentira». Está bien que se defienda, pero entonces no está hablando de sus propuestas. «Quien se defiende, normalmente es más fácil que le marquen tres goles», afirma, recordando que en política, quien tiene la pelota y el relato es quien realmente manda en el terreno de juego electoral.

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