Trama rusa del Proceso, operación Volhov, operación Troya, diez mil soldados rusos… Todo es posible entre Cataluña y Rusia, incluso, en la época del oasis catalán con el presidente Jordi Pujol como inquilino de la Casa dels Canonges. Así lo detalla en una jugosa anécdota Jesús Conte, un gran reserva del periodismo de Cataluña que acaba de publicar un libro a medio camino entre las memorias y la historia contemporánea, que tiene mucho de manual de periodismo y que examina las arriesgadas relaciones entre los periodistas y el poder político o económico. Es el libro A les dues bandes de la trinxera (Trípode, 2025), que tiene de subtítulo un sugerente aviso: Medio siglo entre la política y la comunicación.

En el libro, de lectura rápida y entretenida, Conte (Barcelona, 1954) narra con destreza los hechos más destacados de su actividad periodística, sin ocultar los fracasos y sin destacar vanidosamente sus éxitos -que los tiene, y muchos. Esboza su paso por el periodismo como redactor y también en el ámbito de la comunicación corporativa como jefe de prensa del presidente Jordi Pujol, de 1998 a 2003, y de CDC, de 1983 a 1987, y como consultor privado de comunicación con el sello ConteBCNComunica. Años y años de oficio que permiten relatar con honestidad hechos preeminentes de la política, el periodismo y de la sociedad catalana.

La portada del llibre de Jesús Conte, A les dues bandes de la trinxera (Trípode,2025)
La portada del libro de Jesús Conte, A les dues bandes de la trinxera (Trípode,2025)

De Rusia a EE.UU.: momento de inquietud por unos misiles… que estaban «oxidados»

Conte confiesa algunas de las experiencias vividas en momentos de alta tensión política o en momentos históricos de Cataluña de los últimos cincuenta años. Detalles que ayudan a imaginar el gran concepto de la política, alejada del actual hacer, marcado por el mensaje rápido, los argumentarios, Instagram y el famoso relato. Ahora bien, todo ello sin ninguna intención de romantizar el pasado, hasta el punto que alguna parte del libro parece una denuncia de maneras de hacer dudosas, tanto de los políticos como de los periodistas.

Más allá de la vida periodística, el autor nutre el libro de anécdotas divertidas, perspicaces y que, a menudo, disparan con bala. Sin ánimo de hacer ningún spoiler, uno de los recuerdos más interesantes es sobre el apoyo inequívoco del Gobierno de Jordi Pujol a la intervención de la OTAN en el sangriento conflicto de los Balcanes. El periodista rememora que el entonces vicecónsul de Rusia, Alexandre N. Sporykine, se quejó porque «el presidente Pujol era una persona muy influyente que se equivocaba apoyando a la OTAN». «Un apoyo que en Cataluña podría romper la paz social», le advirtió el diplomático ruso.

Ante el aviso, Conte le replicó al vicecónsul si le estaba «insinuando que los misiles rusos apuntaban a Cataluña». Un comentario al cual el diplomático no respondió. Conte, que no las tenía todas consigo, transmitió la información al consulado de EE.UU. Los norteamericanos, siempre pragmáticos, tranquilizaron al entonces jefe de prensa de la Generalitat, asegurándole que «estuviera tranquilo, porque los misiles estaban oxidados».

Acto de homenaje a Jordi Pujol en Castellterçol / Mar Martí / ACN

Pujol y el intento de explicar Cataluña a España desde Cataluña

El autor, que lleva ya más de 20 libros en su haber, aprovecha para revelar secretos como un encuentro secreto, donde para participar había que tener una palabra clave, para rehabilitar socialmente al presidente Pujol tras la confesión de la herencia. Un acto, previsto en el Teatro Poliorama, que no se llegó a celebrar a petición expresa del expresidente. También regala detalles de cómo es vivir en el war-room del Palau de la Generalitat y sus códigos o cómo se vive una campaña electoral por dentro.

Así, confiesa cuál era la expresión en clave cuando el presidente se entrevistaba en secreto con alguien en Madrid, o el consejo que dio Antonio Pedrol Rius, una especie de decano de los abogados de toda España, a Pujol para que no entrara en el gobierno español, ya que consideraba que no valía la pena «tener una parcela y pagar toda la comunidad».

En cuanto a la gestión de la información, el libro apunta cómo se cuecen las campañas de promoción de una noticia desde las empresas, o cómo han cambiado las costumbres y las maneras de llegar al público, o los fracasos históricos de intentar hacer entender en Madrid qué es Cataluña. Vivencias llenas y repletas de nombres propios que no disimulan ni miserias ni vicios de funcionamiento, pero que al mismo tiempo suponen un bálsamo para captar la importancia del momento, del contexto y, sobre todo, de quién da la información más que la información en sí. El libro tiene un punto de audaz y, con menos de dos horas de lectura, les puede hacer un gran servicio: ver el entramado de cómo pueden ser las cosas y tener herramientas para, en los tiempos que corren, que no les den gato por liebre.

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