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«No es necesario pedir perdón por querer que el catalán y el hecho catalán continúen estructurando una vida colectiva». Esta es una de las conclusiones de Dani Cetrà, politólogo, investigador Ramón y Cajal en Ciencia Política en la Universidad de Barcelona, en una de las conferencias más interesantes, intensas y con más profundidad que se han vivido en la 58ª edición de la Universidad Catalana de Verano, la UCE, que el domingo 23 cerrará sus puertas en Prada, el Conflent. Curiosamente, Cetrà ha pronunciado una clase magistral en el marco de las jornadas de pensamiento de la Fundación Josep Irla, el think tank de ERC, que, bien mirado, va mucho más allá que los nuevos postulados de la dirección de su partido sobre identidad que sus líderes han expresado en la misma edición de la UCE.

Al fin y al cabo, Cetrà, es uno de los investigadores sobre el nacionalismo más respetados por la academia y que se ha ganado la fama de desacomplejar el debate político con la ayuda de la rigurosidad académica. Dos condiciones que le permiten transformar los debates que los políticos plantean con el eufemismo y el presentismo, en debates sólidos que superan la prueba de fuego de cualquier tesis, la prueba del falsacionismo. Teniendo presente esto, Cetrà plantea reivindicar el nacionalismo para reconstruir la nación y propone herramientas concretas para revertir lo que se llaman marcadores de la pérdida de pulmón del independentismo: «la minorización lingüística y la inseguridad nacional».

De hecho, Cetrà ha aportado en su clase magistral oxígeno al discurso político habitual que huye como un conejo de conceptos como el nacionalismo y la identidad. Su teoría, sin embargo, ha comenzado a calar sobre todo en los cuadros jóvenes de ERC y que han obligado al politburó de Calabria a hablar de identidad y de nación y, paralelamente, a guardar en el armario la peligrosa idea de tratar la catalanidad como «una realidad puramente administrativa residencial», sin tener presente ni la lengua, la cultura, el imaginario colectivo o una manera social de entender el mundo a través del «centralizado del hecho catalán» que se ha «erosionado» en los últimos años. Teniendo siempre presente que las «culturas nacionales tienen valor moral» porque otorgan un «contexto cultural compartido», «un marco de construcción vital» así como «instituciones, memoria y continuidad». En total, «la nación te la haces o te la hacen».

Dani Cetrà, en un momento de parar la oreja a uno de los oyentes de su clase magistral/Josep Maria Montaner/UCE
Dani Cetrà, en un momento de parar la oreja a uno de los oyentes de su clase magistral/Josep Maria Montaner/UCE

«Asertividad y apertura»

La fórmula expresada por Cetrà parte de dos conceptos: «asertividad» y «apertura» ante los dos retos contemporáneos que sufre la nación. Por un lado, la minorización lingüística -el declive en el uso del catalán, sobre todo en franjas de jóvenes- con el entendimiento de que la lengua se convierte en un marcador de identidad nacional. Y, por otro lado, «la erosión de la centralidad del hecho catalán»; es decir, una hegemonía nacional de entender la sociedad y los valores que ahora entra en competencia con la española como demuestra el nacionalismo banal de la selección española y que, por las circunstancias políticas y los poderes del Estado, el hecho catalán no tiene capacidad de seducir.

Dos factores generados por tres causas. En primer lugar, las herramientas limitadas que ofrece el Estado español como el régimen simétrico de cooficialidad donde solo una lengua debe ser la conocida o las competencias en inmigración que no permiten gestionar la acogida desde un prisma catalán. En segundo lugar, la transformación demográfica que es una causa estructural y no presentista. Y, en tercer lugar, el debilitamiento de los canales clásicos de construcción nacional, como, por ejemplo, que ya no hay series como Plats Bruts que reúnan a toda la audiencia, o la pérdida de fuerza del asociacionismo, o porque no tenemos ejército (un conflicto une) o no poder competir en competiciones internacionales así como diversas decisiones judiciales en contra en cuestiones como la lengua.

El doble esquema de Cetrà/QS
El doble esquema de Cetrà/QS

«La nación la haces o te la hacen «

El politólogo propone responder a los dos retos sin negar los problemas, sin repliegues y sin una deriva de conversión en una minoría. De ahí que proponga la asertividad y la apertura. En cuanto a la asertividad, propone ser «claros en la voluntad de continuidad, una posición cívica y política de ser una nacionalidad», por eso recomienda «no adoptar el vocabulario del nacionalismo» porque es «un error que no podemos permitirnos como nación y, además, no significa un giro identitario». «Es legítimo defender la continuidad nacional», insiste.

En este sentido, recuerda que la academia y la bibliografía concluyen que «las culturas nacionales tienen valor moral porque proporcionan contexto cultural, marco de construcción vital y memoria e instituciones. En este punto también remarca que es «legítimo defender la continuidad lingüística». Por eso, defiende que es necesario combatir las «relaciones de poder asimétrico» -como el sistema asimétrico de lengua en España- porque «la nación o la haces o te la hacen«. Por eso subraya que es necesario «afirmar sin complejos y sin manías la voluntad de continuidad nacional» y «no asumir la minorización como inevitable y mantener la lengua» por eso propone mantener una «expectativa de incorporación lingüística para quien se establece en el país».

Por eso, no se puede tratar la catalanidad como una «realidad puramente administrativa residencial», de ahí que razone que es necesario «incrementar el grosor de la catalanidad». «Si en Cataluña lo reducimos a ser administrativo no tendremos ninguna diferencia con Murcia», ha añadido. En este sentido, remarca que es necesario «defender discursos y políticas nacionalistas en clave de continuidad». Pero esto, no quita que la asertividad la complemente con «apertura» como «concepto de mantener la comunidad nacional accesible a quien se quiere incorporar». «La pertenencia no depende del origen, no exige una identidad única y permite identidades múltiples pero presupone alguna forma de incorporación a una vida colectiva compartida», ha argumentado. «Una nación fronteras, pero son porosas» y el catalán es un «recurso que permite incorporarse al nosotros». «La lengua es una buena herramienta de adscripción nacional, la piel no se cambia, la lengua se puede aprender», ejemplifica.

«Círculo vicioso y círculo virtuoso»

Cetrà, como buen académico, dibuja dos esquemas precisos. En una fase, el círculo vicioso que implica una «nación minorizada que hace la pertenencia más difícil de adquirir puede proteger mejor su núcleo, pero reduce su capacidad de reproducirse». En cambio el círculo virtuoso supone, que la nación minorizada que mantiene la pertenencia abierta e incorporativa puede ampliar su comunidad de hablantes y reforzar su capacidad de reproducirse».

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