La Panadella es un lugar emblemático. El hotel, el restaurante, la cafetería y el punto de encuentro que no tiene cerraduras. Una parada y fonda habitual cuando el tráfico rodado en Cataluña era una aventura y el país no estaba saturado de conductores que iban por el carril del medio. Un lugar, en una curva de la A-2, que el escritor Francesc Canosa define con la metáfora del check point Cataluña, es decir, el paso fronterizo entre el país y las afueras del área metropolitana de Barcelona.

Este lunes, sin embargo, ha sido el punto de inicio de una revuelta controlada de los alcaldes que quieren detener la vorágine de lo que ya se conoce como Barcelunya, es decir, el desequilibrio entre la poderosa y autoorganizada área metropolitana de Barcelona y el resto de la nación. De ahí que La Panadella sea el título de la declaración que más de un centenar de alcaldes y concejales, de casi todos los colores, incluso del PSC, han aprobado y firmado en un conclave celebrado en este punto emblemático de la geografía y sociología catalana.

«Sin el resto del Principado, sin el resto de la nación, Barcelona no solo pierde la esencia, sino que pierde toda capacidad de competir globalmente», asegura el documento aprobado por los electos locales. «Queremos que Cataluña sea un país equilibrado, que genere bienestar a todas las catalanas y catalanes», inician el manifiesto, que reclama más gobernanza para el resto del país y que no se construya una nación a «dos velocidades».

Una imagen del conclave de La Panadella en el encuentro de este lunes
Una imagen del conclave de La Panadella en el encuentro de este lunes

«Pilares básicos de la nación»

Después de horas de debate y de reunión, han acordado un texto donde constatan que «todos los municipios de Cataluña, más allá del área metropolitana de Barcelona, hace tiempo que sufrimos una situación injusta, un infrafinanciamiento crónico que está distorsionando los pilares básicos de la nación catalana y que condiciona la calidad de vida de nuestra ciudadanía«. «Queremos dejar de ser el traspaís, reivindicamos que somos País, con las mismas condiciones y capacidad de decisión», aseguran.

En este sentido, advierten que «el asimétrico crecimiento demográfico» que vive Cataluña, que es «positivo en las ciudades y negativo en la mayoría de pueblos pequeños, el envejecimiento de la población, la crisis de infraestructuras y la debilidad de los servicios públicos genera una desigualdad de oportunidades en las diferentes comarcas del país». Una circunstancia que convierte a Cataluña, según los alcaldes, en «un país desequilibrado y con poca cohesión interna».

«Un país donde la capital, Barcelona y el área metropolitana van a un ritmo y el resto parece desconectado», añaden. «Desafortunadamente, esta región capital rige muchas de las decisiones que afectan al resto del país, tomadas desde un despacho a muchos kilómetros de la realidad», critican. Asimismo, el manifiesto reprocha que «no se tienen en cuenta las realidades y la idiosincrasia de cada una de las comarcas de Cataluña».

Gestionar el país

El manifiesto, sin embargo, reconoce «la necesidad de que la región metropolitana tenga una gobernanza regional propia, con un presupuesto, unas competencias y un territorio bien delimitado». «Creemos que es muy adecuado que como región tenga su capacidad de tomar las mejores decisiones para afrontar sus retos de futuro», remarcan. De hecho, definen Barcelona como «una metrópoli, una ciudad global» pero advierten que precisamente lo es «porque es la capital de Cataluña».

«Sin el resto del Principado, sin el resto de la nación, Barcelona no solo pierde la esencia, sino que pierde toda capacidad de competir globalmente», remarcan. Por eso, los alcaldes exigen el «mismo trato de gobernanza que el área metropolitana», porque, según argumentan, «más allá de esta, ni las diputaciones, ni las veguerías ni las comarcas tienen suficiente fuerza para dar cobertura a las necesidades de la ciudadanía».

«Desequilibramos el país, ya que tenemos una Cataluña a dos velocidades», avisan. Así, aseguran que «no puede ser que el 50% de los catalanes y catalanas vivan en menos del 5% del territorio, en el área metropolitana; como tampoco puede ser que en un 30% del territorio viva solo el 2% de la población, como en los Pirineos». De ahí que exijan una gobernanza propia «como la AMB, que dote de presupuesto y de competencias al resto del país». El objetivo es «combatir la Cataluña de dos velocidades» para mantener «una nación cohesionada en la diversidad». Y recuerdan que todas las democracias modernas cuentan con «diferentes niveles de gobernanza para acercar las decisiones a la ciudadanía». «No hacerlo, es ir hacia atrás», sentencian.

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