Los Estados Unidos e Irán continúan, a pesar de las constantes declaraciones del presidente Donald Trump, en un callejón sin salida. Los representantes estadounidenses han volado este fin de semana a Islamabad, donde hace dos semanas llevaron a cabo unas negociaciones de paz infructuosas, para intentar desbloquear la situación y evitar los estragos económicos a largo plazo del cierre del estrecho de Ormuz. Ya sin margen de maniobra, la Casa Blanca ha agotado el cartucho de la tregua indefinida, consciente de que las amenazas de Trump han tenido poco efecto en las posiciones del liderazgo iraní. Casi dos meses después del inicio de la ofensiva, sin embargo, Washington no está más cerca de una paz duradera: aunque las autoridades de Teherán han viajado a la capital paquistaní, han desmentido cualquier «reunión entre Irán y los Estados Unidos». «Las observaciones iraníes serán transmitidas a Pakistán», declaraba el portavoz del ministerio de Exteriores Esmaeil Baqei en un tajante mensaje en sus redes sociales.

Washington ha activado los perfiles que suelen llevar la palabra de Trump al ámbito internacional: el enviado especial para Oriente Medio, Steve Witkoff, y el asesor y yerno del presidente, Jared Kushner. Coincidirán en la capital paquistaní con Abbas Araqchi, el ministro de exteriores de los ayatolás, que se ha desplazado en una visita oficial para reunirse con su homólogo en Islamabad, Moshin Naqvi. La delegación iraní, sin embargo, no ha mostrado intención alguna de encontrarse con los enviados del presidente estadounidense. Por las vías oficiales, de hecho, el departamento internacional del país dirigido por Mojtba Jameneí solo se ha dirigido al ejecutivo paquistaní. En una publicación en sus redes sociales, Araqchi ha declarado esperar «con interés las fructíferas conversaciones» con Naqvi, que acerquen la «paz y la prosperidad a la región». Todo ello, sin hacer referencia alguna a los aliados de Trump, que han viajado con la intención de «mantener conversaciones directas» con sus homólogos iraníes, según ha asegurado la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Levitt.

Donald Trump parla als mitjans de comunicació abans d'enlairar-se amb el Marine One des de South Lawn de la Casa Blanca. uropa Press / Contacto / Jen Golbeck
Donald Trump habla a los medios de comunicación antes de despegar con el Marine One desde South Lawn de la Casa Blanca. Europa Press / Contacto / Jen Golbeck

Una posible «oferta» de paz

Desde Washington, Trump ha insistido en que las conversaciones de paz desmentidas por Teherán no solo están previstas, también van por buen camino. Según explicaba a los micrófonos de la agencia Reuters el pasado viernes, los negociadores iraníes estarían preparando una «oferta» de paz para «satisfacer las demandas» de los Estados Unidos. No ha aclarado, sin embargo, con quién negocian sus contactos, ni si los interlocutores son personas autorizadas por el régimen. «Estamos negociando con la gente que manda ahora mismo», se limitó a explicar. Sin ninguna salida inminente, a Trump solo le queda alargar el alto el fuego y confiar en que la economía global podrá soportar los agravios causados por el cierre de Ormuz durante los próximos meses.

El estrecho, cabe recordar, permanece cerrado, ahora por las autoridades de ambos países. El bloqueo impuesto también por los Estados Unidos ha vuelto a inflamar el sector petrolero, con el crudo disparado un 16% en la última semana, por encima de los 100 dólares el barril. A pesar de la tregua, solo cinco barcos comerciales pudieron atravesar el paso de Oriente Medio -que concentra el 25% de todo el tráfico petrolero global, y es el único estrecho del mundo sin una alternativa viable- el pasado viernes, una cantidad ínfima si se compara con los más de 130 buques al día que circulaban antes de la guerra. En paralelo, Israel continúa su ofensiva sobre el Líbano, que viola los términos del acuerdo de paz temporal a ojos de Teherán. En un encuentro en la Casa Blanca, las autoridades de los dos países decidieron extender una tregua durante tres semanas, aunque la presión del gobierno de Benjamin Netanyahu no se ha detenido del todo, hasta el punto de que el ejército libanés declaró la pasada semana seis asesinatos a manos de las fuerzas armadas israelíes.

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