L'escapadeta
Ni Cadaqués ni Calella: el pueblo costero de la Costa Brava con un castillo medieval que parece la costa italiana

El estrés de la gran ciudad nos está consumiendo y el cuerpo pide a gritos una escapada. Todos buscamos ese rincón mágico para desconectar el fin de semana, pero acabamos en los mismos lugares de siempre haciendo colas interminables.

Existe un destino idílico que parece sacado de una postal del norte de Italia. Un lugar donde el tiempo se detuvo hace siglos y que, por increíble que parezca, se mantiene al resguardo del turismo de masas que colapsa otros puntos de la costa.

Hablamos de Pals, una joya medieval fortificada situada en el corazón de la comarca del Baix Empordà. Este municipio se alza sobre una colina rodeada de llanuras verdes y campos de arroz, ofreciendo una de las panorámicas más espectaculares de toda Cataluña.

La máquina del tiempo de la Costa Brava

El origen de este recinto amurallado se remonta al siglo IX, aunque su época de máximo esplendor llegó durante el gótico. (Sí, te sentirás dentro de un capítulo de Juego de Tronos en cuanto cruces su arco principal).

La gran icono del perfil de Pals es la Torre de las Horas, una imponente estructura románica de 15 metros de altura. Es el único vestigio que se conserva en pie del antiguo castillo medieval, destruido durante la guerra civil catalana en el siglo XV.

Caminar por su barrio viejo, conocido como El Pedró, es una experiencia puramente sensorial. Las calles empedradas, los arcos de medio punto y los detalles florales en las fachadas de piedra dorada justifican por qué fue declarado Lugar Histórico en 1973.

El acceso en coche al núcleo antiguo está completamente restringido para los no residentes. Te recomendamos dejar el vehículo en el aparcamiento gratuito de la entrada y llevar calzado cómodo para afrontar las subidas.

El mirador donde se abrazan el mar y la montaña

El punto culminante de la visita es, sin duda, el Mirador Josep Pla. Desde este balcón natural, bautizado en honor al célebre escritor ampurdanés, se contempla la llanura del Empordà en toda su extensión.

Las vistas alcanzan hasta las mismas Islas Medas, este paraíso de la biodiversidad marina que emerge en el horizonte del Mediterráneo. Es el lugar perfecto para ver la puesta de sol mientras la luz tiñe de oro las piedras milenarias del pueblo.

Pero la experiencia en esta localidad no es únicamente visual, sino también gastronómica. Los restaurantes locales dominan el arte culinario de la zona con un producto estrella que cuenta con denominación de calidad propia.

El arroz de Pals se cultiva de forma tradicional en los campos inundados que rodean el municipio desde el siglo XV. Probar un buen arroz a la cazuela en cualquiera de sus tabernas góticas es un peaje obligatorio para el paladar.

Cómo llegar y evitar las aglomeraciones

La conectividad es otro de los puntos fuertes de este destino desconocido por el gran público internacional. Se encuentra a tan solo 130 kilómetros de Barcelona, lo que permite un trayecto en coche de poco más de una hora y media.

Si viajas desde Girona, la distancia se reduce a 45 kilómetros por carreteras secundarias rodeadas de paisajes prepirenaicos. (Un ‘road trip’ corto que ya te relaja antes de bajar del coche).

Para aprovechar al máximo la magia del lugar, el secreto de los viajeros expertos es llegar antes de las diez de la mañana. A esta hora el pueblo duerme, la luz matinal es perfecta para la fotografía y las calles están vacías para ti solo.

La temporada de primavera y el inicio del otoño son los momentos ideales para visitarlo, evitando el calor sofocante de julio. Además, la agenda cultural de la zona se reactiva en estas fechas con ferias de artesanía tradicional.

Las plazas hoteleras en el interior del recinto amurallado son muy limitadas debido a la estricta ley de conservación histórica. Las reservas para pernoctar en sus casas rurales góticas suelen agotarse con semanas de antelación.

No dejes que te lo cuenten el lunes en la oficina de siempre. Prepara una mochila ligera, carga la batería de la cámara y regálate este respiro medieval que tu salud mental está pidiendo a gritos desde hace meses.

¿Nos vemos este fin de semana perdiéndonos entre callejones de piedra?

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