Albert Sánchez Piñol (Barcelona, 1965) ha decidido poner todo su talento en un doble desafío. Escribir una novela que sea una continuación de Moby Dick y, además, vincularla con el desastre político del Proceso independentista catalán. No solo ha superado el desafío, sino que el resultado es extraordinario. Después del naufragio (Univers Llibres, 2026) es una novela tan cautivadora como necesaria. Una clase magistral de realismo mordaz. Una fábula política entretenida, crítica y espejo de unos años que han vuelto a marcar el país. Es el Proceso desmenuzado por una de las mejores plumas contemporáneas. Leerla no les llevará mucho tiempo y vale la pena, porque entre sonrisas, personajes muy familiares y aventuras inesperadas, Sánchez Piñol radiografía con Moby Dick y el barco Lònia nuestra historia reciente, donde todos se pueden ver reflejados.

¡Nunca, nunca, nunca habría pensado que una fábula política pudiera ser tan divertida!

Es que si no, nos hartaremos de llorar y tampoco es eso. Y, obviamente, creo que había elementos muy tragicómicos. ¡Ni una colilla en el suelo! Como dice el libro. Además, yo creo que hay un género literario que se ha practicado poco, que es la fábula literaria como se ha hecho en otros países y otras culturas. Creo que aquí el Polònia ha cargado un poco con que la sátira política diera el salto a la literatura. ¡El tema político ya es historia! Fue en 2017 y lo que cuento, básicamente, es el Proceso, hasta 2017.

De todos modos, vincular el Proceso de 2017 con hacer una segunda parte de Moby Dick es un ejercicio brutal.

Yo toda la vida había querido hacer la continuación de Moby Dick. Esto no me viene de ahora. Para mí era un referente de muchas cosas. Considero que es una novela de aventuras troncal, dentro del género de aventuras y que va más allá, porque te enlaza la cuestión, el elemento fantástico, con una naturalidad… Además, te habla de lo imposible. Solo hablando de Moby Dick podríamos estar hasta mañana. Fíjate que es rarísimo que un país como Estados Unidos generara Moby Dick, porque es un país de frontera interior. Y, en cambio, Moby Dick sucede en el mar. Y no hay ninguna novela del Lejano Oeste que se haya consagrado como tal. La cabaña del tío Tom es crítica social, y Lo que el viento se llevó es muy curioso porque comienza y termina hablando de la historia del país, está hablando del pasado y no de la frontera. En cambio, Moby Dick, que fue un fracaso comercial, en vida del autor. Creo que ya he vendido más libros de Después del Naufragio que Melville. Estoy en contacto mediúmico con él por todos estos elementos…

¿Contacto?

La gente comete el error de hacer versiones de Moby Dick. Pero si te fijas, estructuralmente hablando, el protagonista y el antagonista quedan libres, intactos, flotando o sumergidos en el mar, y Ismael es recogido por un barco en el mismo lugar donde está Moby Dick. ¿Qué pasa aquí? Podrías decir perfectamente que no ha terminado, que la historia continúa. Ahora lo puedo hacer. Lo que me hizo que esto se implementara, que ganara una tercera dimensión, que fuera trigonometría literaria, es poner dentro el Proceso. Y cuadraba. Cuadraba perfectamente. Porque yo siempre digo que mi novela es la más fantasiosa y la menos imaginativa.

¿Y entonces?

Me han dado el guión literario hecho. Los personajes y los eventos que ocurrieron en este país hasta 2017. También te tengo que decir que dejé leer el original a unos amigos norteamericanos y me gustó mucho lo que me dijeron, porque significa que la fábula es mucho más flexible de lo que parece. Ellos veían a Trump y Demócratas y Republicanos peleándose mientras veían al monstruo. O sea, para ellos también era válida una lectura política del libro. Pero yo, como catalán, lo hice pensando en nosotros, obviamente. Además, no lo escondo, porque me parecería cobarde. Eso de usar el símbolo para evadir la responsabilidad. ¡No, no, yo digo las cosas como son! Cualquiera lo puede entender.

Además, se ve solo con las descripciones de las primeras páginas de los personajes.

Son ellos. Estuve preguntando a gente que los conoce.

Que quede claro son Junqueras-Puigdemont.

Eso es clarísimo, que es así. Todas las páginas no son de traslación exacta. De hecho, Mel es la libertad guiando al pueblo. No hay un individuo, una persona real detrás. Pero sí, sí, son ellos. Creo que es una versión de lo que son ellos. A ver, entre nosotros o lo poco que he visto, creo que se puede decir que para mí Jon Quer, sin hache, (Junqueras) tenía menos profundidad, como dramática, en cambio, el otro, si te fijas, hay una página terrible hacia el final de la novela que para mí supera a Ahab. Porque Ahab es sencillamente un hombre rencoroso y vengativo. Pero, bueno, Berg es el hombre, siempre será el hombre que pudo matar a Moby Dick y no lo hizo. ¿Cómo cargas con eso? Debe ser una carga interior terrorífica. Aquel momento que dice, no, no, no, mata, no claves el arpón, el miedo, porque nos matará gente, nos matará la nave. Como personaje tiene gancho. Tiene mucha fuerza eso, mucha fuerza. Porque él lo hizo. Si, en lugar de siete segundos, se hubiera lanzado hacia adelante, no sé qué habría pasado, pero cosas diferentes, ¿no? Es lo que hace. El guion literario es este. No mates a Moby Dick, ahora que está agónica. Habíamos ganado, ¡las calles eran nuestras! ¡Ni Pekín se atrevió a matar a nadie en Hong Kong! Ah, es que nos matarán… Tenían ese miedo, ya lo sé. Las consecuencias no se pueden arreglar políticamente o históricamente, pero literariamente se pueden hacer, se pueden crear cosas. Me extraña que no haya más.

Albert Sánchez Piñol, escriptor. Barcelona 16.04.2026 | Mireia Comas
Albert Sánchez Piñol, escritor. Barcelona 16.04.2026 | Mireia Comas

Al menos explicarlo literariamente. De hecho, hay un personaje aquí que es la base del triángulo, que es la tripulación.

Es claro, hay un personaje colectivo. ¡Lo tuve clarísimo! Me venía bien porque, al mismo tiempo que era una continuación de Moby Dick, el Proceso hacía que fuera una novela inversa a Moby Dick. Moby Dick es la historia de un loco que embauca a una tripulación sensata hacia lo imposible. Aquí es al revés, es una tripulación exaltada que manipula el poder jerárquico para hacer algo que es imposible, que ellos lo saben, además. ¿Cómo fue? No nos dijeron la verdad. Decían que lo tenían todo preparado… ¡y no tenían nada! Una de las causas de la catástrofe fue la pugna dentro de las élites catalanas. Y eso sirve para vertebrar la novela. Es la pugna entre estos dos que impide decir la verdad, y eso no puede ser. Al menos tenían que decirla. Si quieren ir hacia el abismo, hagámoslo. Pero no lo dijeron hasta el último día.

Ismael es quien señala esto.

Porque viene de luchar contra Moby Dick y él sabe y ve hasta qué punto es un estado enloquecido. Es un personaje muy curioso porque realmente no tiene vínculo con nuestra realidad. Pero fíjate que es quien acaba empuñando el arpón. Tienes que entender que, para los novelistas, este arco evolutivo del personaje es formidable. El tío que se pasa toda la novela diciendo que no podemos matar al monstruo es el que está a punto de matarlo. Acaba loniado -miembro de la tripulación del Lònia-, porque acaba acatando las órdenes del capitán. Pero es que nosotros también lo hicimos. Hay un momento en que Ismael dice: ‘¿por qué no clavé el arpón, a pesar de todo?’. Pues seguramente porque la tripulación también estaba obedeciendo. Nadie de la tripulación dijo ‘no, no, tira adelante’. Es que quizás deberíamos haber desbordado esa capitanía y no lo hicimos. Porque si lo hubiéramos hecho, el desorden habría sido tan monumental que seguramente habría habido otro resultado. Hace poco leí que la Revolución Rusa se pudo llevar a cabo porque todos los dirigentes bolcheviques estaban en Siberia o en el exilio. Si hubiera habido algún dirigente político, habría dicho ‘no, no, paremos ahora y podremos negociar’. No se negocia nada, nunca, con Moby Dick, porque es Moby Dick. Y Moby Dick es España, es el estado profundo y el otro, el más emergente y el más profundo, y está en todas partes. Y queda como es, como una malignidad. Hay una continuidad, creo, con Melville.

¿Una continuidad?

Se ha idealizado mucho con el simbolismo de Moby Dick. En la novela queda clarísimo que es una fuerza imbatible con la que no hay diálogo.

Ni estrategias, ni nada…

Lo tienes que matar. Embiste. Puedes acariciarla, pero ella te embestirá. Incluso, Ismael encuentra algunos atractivos en la cosa colosal. Pero al final, al fin y al cabo, te dice que es un monstruo que apesta y que, si puede, te devora. Ostras es que me lo ponían de broma para hacer una pequeña novela.

Y que sobrevive a continuos arpones que lleva clavados desde hace años.

Este espectáculo de los arpones clavados y todo eso. Me lo pasé bien, muy bien y muy mal, escribiendo la novela. No entiendo que no se haya hecho antes, pero quizás por eso existimos, para hacer lo que no se ha hecho.

¡Ahí está el truco! Uno de los mantras es que el Proceso había nacido de abajo hacia arriba y cuando, por un factor externo, la tripulación conoce a un personaje que ha conocido a Moby Dick y se emocionan. Y los dos jefes callan con aquello tan nuestro de «nuestro mal no quiere ruido».

Exacto. Es eso. Es un proceso democrático, que no tiene por qué ser felicísimo, pero que va de abajo hacia arriba y que arriba hacen surf, por decirlo de alguna manera. Lo encabezan, porque saben que les va el cargo, pero que no lo hacen de una manera entusiasta, sino que se están dirimiendo entre ellos de quién es la responsabilidad y quitándose las responsabilidades de encima.

Me decía que había dejado el manuscrito a sus amigos norteamericanos y que se vieron reflejados. No me gusta utilizar este concepto y menos delante de un antropólogo, pero ¿hay una cierta cultura occidental que nos hace actuar con los mismos parámetros?

La tripulación, mientras tiene la sensación de que los oficiales son de su cuerda, los siguen. Pero no es así. No es así, porque no tienen la intención real y dedican más esfuerzos a ocultar su intención real de no ir contra Moby Dick, y la pugna es entre ellos. Pero es intentar tener contenta a la tripulación. El poder político es lo que hace. En realidad, en Occidente la democracia es eso. O sea, cuando los de arriba no hacen lo que la gente de abajo quiere, realmente caen. ¡Es que es así, eh! Pero entonces eso te obliga a unas cosas detrás de la cortina que de alguna manera dan miedo, Y así le fue a Lònia. Nunca se sublevaron. La tripulación de Lònia no se subleva. Mientras les digas, vamos por Moby Dick, mientras digas que tienes el mismo objetivo, te seguirán. Pero es que no es verdad. No se los deberían haber creído. Pero ¿qué otra opción tenían? Claro, es que la metáfora es perfecta. Porque los hemos votado, es nuestro oficial, estamos de acuerdo con ellos, y ellos dicen que nos están llevando donde queremos, pues confiamos en que lo harán. Porque son gente de orden. Por eso es una revolución terroríficamente efectiva. Porque no son cuatro alborotadores de la periferia social. Son el núcleo troncal. Pero esta gente no se subleva.

Albert Sánchez Piñol, escriptor. Barcelona 16.04.2026 | Mireia Comas
Albert Sánchez Piñol, escritor. Barcelona 16.04.2026 | Mireia Comas

Pescando atunes, son gente que no quiere problemas…

Quieren algo muy grande. Se ilusionan. Lo que no entiende Ismael es que este factor endógeno crea algo que él no quería, que es ilusión. Esta gente gris que se dedica a pescar atunes de repente tiene ilusión. Fíjate que hay un momento en que encuentran un gran atún. Y Ismael les dice: ‘¿Pero no iban por Moby Dick?’. Y responden que han encontrado un atún muy grande y ya está. Pero claro, entonces es cuando Moby Dick se carga el atún y demuestra que manda por Moby Dick. Es que lo mismo Moby Dick lo hace inducido. Si no llega a matar al atún, se van a casa. Es muy tragicómico.

Hay elementos tragicómicos. Pero es un realismo mordaz que contrasta con otra novela suya Victus, como si los catalanes fuéramos otra cosa

¡Sí! Éramos otra cosa, tío. Además, todas las crónicas de la época, de antes y después, te lo dicen: es gente con la que no terminan diálogos. O sea, te la clavan. Son unos tipos catalanes. Buscas xilografías o lo que quieras, los catalanes dan miedo. Los catalanes son indomesticables. Todos tienen armas de fuego. Además, es un país escabroso, porque todos son valles aislados y las tienen controladas… El conflicto entre mar y costa interior, entre ricos y pobres, el conflicto entre Francia y España, entre Cataluña y España… Eran gente conflictiva. Las masías eran fortalezas en miniatura. No solo para luchar contra el frío y el calor, sino contra los bandoleros y gente que te atacaba. Todo el mundo estaba armado. Quien se acercaba, le disparaban. Y de eso pasamos a una domesticación que creo que tiene que ver con el proceso industrial. Básicamente con las fábricas. Las fábricas domestican mucho a la gente. Les dan los horarios, las jerarquías… Aunque la clase obrera catalana ha sido tradicionalmente más revoltosa que otras. Pero creo que son demasiadas derrotas. Los pequeños burgueses son muy malos revolucionarios. Y esta es la tripulación. O sea, la sociedad que defiende Barcelona en 1713, que vota a unos representantes que dicen ‘vamos a la guerra’, es muy diferente de esta que vota a unos oficiales que les mienten descaradamente. Trescientos años cambian muchas cosas.

Pero, además, son incluso indulgentes. Una vez saben, o son mínimamente conscientes, de que les han engañado. Es algo extraordinario.

Sí, sí. Al final hay esta crisis, cuando queda volteada la nave, que también es un simbolismo. Flota, pero dada la vuelta y unos quedan en la isla de los Mejillones y el otro yace dentro de la ballena, y lo peor de todo es que no lo sabe. Ha sido devorado por la ballena. No puedes dialogar. Ha sido una derrota estrepitosa. No sé si nos recuperaremos de esta.

Y Moby Dick continúa viva y haciendo de las suyas.

Y, además, ahora Moby Dick está alejada de la nave porque no le causa problemas. Pero da miedo, da miedo. Es que es una gentuza terrorífica este Estado. Es que todavía tienen la Guardia Civil, la Legión, pero es que hoy día su arma son los jueces. Ya no necesitan el ejército, ni la Guardia Civil. Además, no les sirve de nada porque no pueden matar gente. Ya se ha visto, en Hong Kong no han matado gente. ¿Cómo van a matar a esta gente? Imagínate, en el corazón de la Unión Europea, que pasaran blindados por encima de la gente. No lo habrían hecho nunca. Y por eso estaban asustados, porque Europa los había desarmado. Y se dieron cuenta de que la última trinchera eran los jueces. Gandhi te explicaba qué era la resistencia pacífica. Y no era eso. No es dejarse golpear.

Ir tú.

Ocupar el aeropuerto, o el gobierno civil, o lo que sea. Entonces los obligas a pegarte. Como pasó en el aeropuerto. Pero, claro, aquello era algo desvertebrado. No había un poder político que lo dirigiera. Realmente no sé si estamos hablando de la novela. ¡Estas son las virtudes de la novela!

Pero cuando se intenta atacar de nuevo a la ballena, unos cuantos, posiblemente miembros de la tripulación que todavía se lo creían, precisamente porque no hay poder político y se va al aeropuerto, es el mismo poder político que dice, corran a casa. Vuelve a pasar dos años después.

Bueno, es que son oficiales, son gente de orden. No creían. No creen en estas cosas. Creo que se desvincularon todos. Muy claramente. Waterloo y ERC, de todo esto no querían saber nada. Es que fue una pena sacrificar todo este impulso. También entiendo que en ese momento se toman decisiones. Pero no veías la voluntad de ir todas. No puedes ir a la guerra con un brazo atado.

Albert Sánchez Piñol, escriptor. Barcelona 16.04.2026 | Mireia Comas
Albert Sánchez Piñol, escritor. Barcelona 16.04.2026 | Mireia Comas

Hay cosas que solo pasan en la realidad.

No he tenido que inventar prácticamente nada. Hacía esfuerzos por agregar cosas que no fueran reales, para que no fuera tan estricto. Porque al fin y al cabo es una novela para que también la pueda disfrutar cualquiera que no sea catalán… Pero, hombre, creo que Melville me excusaría de haber incorporado algo que él no hizo. Y es que el original es muy masculino. Y, a cambio, hay una mujer, que es la arponera. Es un personaje que es la libertad guiando al pueblo. Hay algunos elementos de fantasía porque no es una radiografía trasladada. Es de esas novelas que he escrito porque creo que alguien las tenía que escribir.

Moby Dick ha sobrevivido a dos novelas y a dos barcos. ¿Cómo debería ser la nueva tripulación y la nueva capitanía para que, bajo tu criterio, de una vez se pueda vencer a Moby Dick?

Creo que las estrategias que se han utilizado para matar a Moby Dick no han resultado, por lo tanto, busquemos unas nuevas. Y creo que estos ataques fulgurantes no funcionan, que es una carrera de larga distancia. Quizás por agotamiento… Como ejercicio intelectual deberíamos mirar una cosa y es que los españoles analizaron el 1 de octubre como era, un hecho político en clave militar. Nosotros ahora un hecho político también deberíamos analizarlo en clave militar. Fíjate que hay doctrinas de los militares sobre cómo se enfoca y resuelve una guerra.

¿Cuáles?

Curiosamente, hay una que ha sido muy popular entre los ejércitos durante mucho tiempo, que es la teoría de la batalla decisiva. Esto tiene poco que ver con el libro, pero te lo explico. La teoría de la batalla decisiva es la que practicaron los prusianos desde el siglo XVIII. Como estamos rodeados de ejércitos enemigos tienen que hacer guerras rápidas y efectivas, y que no tengan tiempo de unirse contra ellos. Y eso les vale hasta la Segunda Guerra Mundial, es la famosa Blitzkrieg. Con una batalla, los derroto. Fíjate que nuestros dirigentes tenían en la cabeza, inconscientemente, la doctrina de la batalla decisiva. El 1 de octubre tenía que ser eso. En un día lo resolvemos todo. Porque será un día tan decisivo con la derrota que infligiremos al Estado que tendrá que negociar las condiciones de liberación de Cataluña. Y no. No porque esta teoría, en la práctica, fracasó. Entonces, lo que tenemos que mirar es cuál sería la doctrina alternativa para aplicarla a un contexto político en lugar de militar. Entonces, si la doctrina de la batalla decisiva fracasó, busquemos otras.

¿Cuál?

¿Cuáles triunfaron? Bueno, la doctrina Ho Chi Minh. Una doctrina que no pensaba en clave de batallas decisivas. Al contrario. Solo pensaba que cada batalla nos tenía que servir para dejarnos en una situación mejor que la anterior. Solo por eso. Y luego un periodista francés le preguntó a Ho Chi Minh: ‘¿Pero usted cómo piensa derrotar al imperio francés y al imperio americano con cuatro campesinos?’. La respuesta fue: ‘¡No tengo ni idea!’. Pero al menos fue honesto con su pueblo. No les dijo ‘lo tengo todo preparado’, sino ‘tenemos que organizar la resistencia’. Es lo que siempre he pensado que se debería hacer aquí. Y eso lo debería vertebrar la sociedad civil. Otra lección que podemos aprender. Los líderes están atrapados en el parlamentarismo.

Están en esa cabina de mando del Lònia.

Exacto. Y cuando das el paso de entrar y salir hay una diferencia. En la Marina, la realidad te invade en el mundo marítimo. Porque está la borda y la cubierta. Y más allá está el mar. Si no entiendes eso, no lo gestionas bien, caes al agua. Pero dentro de la cabina, cuando entras, eres capitán. Y ya piensas de otra manera. La política parlamentaria es la no-política; política es lo que pasó en el Proceso porque pasaba en la calle y era la sociedad la que se movía. Cuando entras dentro del Parlamento, te encierras allí dentro y entras en una lógica que no te llevará a ningún lado, en términos de revolución, sea cual sea la revolución, que implica un proceso de liberación nacional. Lo he visto. Los políticos te dicen qué pueden hacer para volver a exaltar a la gente. Pero ¿cómo quieres exaltar a la gente si estás aquí negociando? ¡Es que es terrorífico cómo la gente se deja abducir! Mira, ayer estuve en Més 3/24, y tuve que esperar una hora allí escuchando a los tertulianos, que, por otro lado, nunca los habría escuchado. Fue terrible. Estuvieron 20 minutos solo hablando de la gestión de los aeropuertos. Ni uno de tres, dos eran independentistas, y ni uno se le ocurrió plantear cómo sería esto si fuéramos independientes. Y ya está. Mira qué diferencia… Madre de Dios, hablaban de no sé qué, de un concierto… Pero ¿de qué me estás hablando? Además, no te lo darán. ¿Que no lo saben? Pero pasan tiempo allí… Solo podemos hablar de cuál sería el modelo desde fuera del sistema.

Albert Sánchez Piñol, escriptor. Barcelona 16.04.2026 | Mireia Comas
Albert Sánchez Piñol, escritor. Barcelona 16.04.2026 | Mireia Comas

Es olvidar Moby Dick

Moby Dick es peligrosa. Por lo tanto, tienes que tener una serie de estrategias para combatirla bien pensadas. Pero tiene que ser la gente, creo yo. Lo que pasa es que falta fe. Falta fe. ¿Cuánto tiempo tardó la gente en recuperarse del 39 o del 1714? Es que esto ha sido abrumador. A veces la represión triunfa. Mira, los militares tienen una frase muy buena. Solo estás derrotado cuando crees que estás derrotado. Y es verdad. El problema es que yo veo que nos consideramos derrotados. Porque no vemos salidas, es verdad. No hay horizonte, pero dentro de la ballena… ¿a dónde quieres ir? Pero claro, cuando todos los partidos políticos asumen este marco, ¿qué quieres que haga la gente? Es que volver a encenderlo desde abajo… Y otra cosa es cómo de caínita es este movimiento independentista, cómo la gente se odia. Echo de menos que viendo este desastre no haya una cierta capacidad de unificar energías. No lo entiendo. Los escoceses están llegando más lejos con el Scottish National Party. Entiendo que se pacte con el adversario sí, pero con el enemigo no. No puedo entenderlo. Es que la política se ha convertido en un comedero.

Conviven con Moby Dick

Piensan en ser cola de sardina, no cabeza de león. Es que no tiene más. Pero lo que frustra es que, después de todo este esfuerzo inútil que lleva a la melancolía, no están pensando en eso. Están dentro de una lógica española. Es que no lo puedo decir de otra manera. Están conviviendo con Moby Dick… Y siempre están con el espantapájaros que viene a la extrema derecha. Solo hacen lo mismo que están haciendo ahora, pero gritándolo a cuatro vientos. La represión continúa. No hay más represión, porque no hay más resistencia.

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