Tai Fati (Barcelona) es actriz y esta temporada ha sorprendido con una de las tramas más potentes de la serie diaria de TV3 Com si fos ahir. Bajo el papel de Aina, una joven estudiante del máster donde da clases Salva (Ernest Villegas), la confianza entre alumna y profesor se desdibuja y acaba sacando a la luz una situación de abuso de poder. El Món habla con la actriz barcelonesa sobre la oportunidad de formar parte de la serie diaria de TV3, sus experiencias en el mundo de la interpretación y las dificultades del sector siendo joven.
¿Cómo llega al mundo de la interpretación?
Siempre había hecho teatro en la escuela y con 12 o 13 años le dije a mi madre que quería hacerlo seriamente. Después me apunté a hacer teatro en Eòlia para hacerlo de una manera más enfocada, para gente que se quería dedicar a ello.
¿Tenía claro que quería dedicarse a la interpretación?
Sí, me gustaba mucho interpretar, era un lugar donde me sentía cómoda, un espacio donde me daba igual cómo era yo.
¿Desde muy pequeña?
Cuando eres pequeño no tienes ni idea de lo que supone, quieres hacerlo porque te lo pasas bien. Sientes cosas cuando estás actuando, es una manera diferente de comunicarte, de vincularte con la gente, te genera nuevas emociones y engancha un poco.

¿Es complicado vivir de la interpretación?
Es muy complicado vivir de la interpretación porque es muy inestable. La gran mayoría de la gente no tiene el privilegio de saber que tiene un trabajo después. Son meses que, cuando estás en un proyecto, sobre todo hablo mucho de teatro, estás día a día con esa gente, creas una familia, pero es efímero. De repente cuando acabas el proyecto hay un vacío, por eso la gran mayoría de los actores y las actrices tienen segundos trabajos.
¿En la televisión es diferente?
Sí, y más, por ejemplo, en un proyecto como es Com si fos ahir, que es una serie diaria. La diaria tiene algo de teatro también, porque como es rápido no tienes tiempo. Está muy bien pasar por una serie diaria porque te espabila, te hace ser resolutivo.
Ha estado en un proyecto como ‘Un cuento perfecto’ dentro de una plataforma como es Netflix. ¿Cómo recuerda esa experiencia?
Un cuento perfecto me llegó porque previamente estuve en Madrid grabando Zorras, que fue mi primer proyecto audiovisual con un cierto rol protagonista. En Un cuento perfecto tenía un personaje secundario. Es muy diferente estar en un proyecto desde el inicio que ya comienzas a conocer a todos, a ir y rodar dos o tres días porque ya hay una familia creada.
En ‘Zorras’ tenía un papel protagonista en una serie que explora la sexualidad y la libertad femenina. ¿Cómo recuerda este rol principal y la experiencia?
Zorras fue un proyecto que me ha cambiado personalmente. Un proyecto que estuvo muy cuidado desde producción, donde yo físicamente tenía mucha exposición porque tenía el cuerpo más disidente de la serie y eso me ayudó mucho a quererme, a valorarme. También hay cierto síndrome del impostor, lo que había sido tu sueño de toda la vida se convierte en realidad, pero ya no es un sueño, es tu día a día. A mí me fue muy bien para desmitificar el oficio.
¿Le ha dado miedo equivocarse?
Pienso que cuando yo deje de amar esto o deje de sentir lo que siento, pues hasta aquí.
¿Nota al público cuando está actuando?
Se nota, por ejemplo, ahora en el musical que estoy haciendo, empezamos y ya sabemos decir si hoy el público está un poco adormilado, o hoy el público no respira. Estás hablando con tu compañero, conectando con él, pero sabiendo qué está pasando a tu alrededor. Sufres mucho a veces cuando no estás satisfecha con tu trabajo, pero sabes que mañana hay otro día y nunca es tan grave.

¿Se considera autoexigente?
Depende. Creo que es algo que se va aprendiendo. Pueden pasar mil cosas en el teatro porque está vivo y lo que es guay es saber resolverlo.
Hablaba de sentirse disidente en su papel en ‘Zorras’. ¿Siente que tiene cierta responsabilidad en este sentido?
En mi caso es complicado porque tengo dos cosas que me caracterizan: soy negra y tengo un cuerpo no canónico, y era una de las cosas por las que apostaba Zorras también. Cuando era pequeña no veía ningún cuerpo como el mío en la tele y cuando hice Zorras y me escribieron algunas chicas diciendo ‘qué bien poder ver un cuerpo como el suyo en la tele’, fue muy importante.
¿Cómo llega la propuesta de trabajar en ‘Com si fos ahir’?
Estuve haciendo una obra de teatro el año pasado en el Teatre Nacional que se llamaba Marie, la roja y era una dramaturgia que hacía Carles Mallol. Creo que vino Sònia Sánchez, la directora de Com si fos ahir a ver la función, y supongo que le debió interesar el trabajo que hice. En verano me llamaron directamente para ver si quería hacer un personaje que era Aina y habían pensado en mí. Fue una propuesta directa.
En ‘Com si fos ahir’ ha interpretado el papel de Aina en una trama muy intensa que ha compartido con Salva (Ernest Villegas). ¿Sabía que su historia sería así?
No, me iban diciendo poco a poco, porque los guiones te llegan cada quince días, sabes tal vez qué pasa cada dos capítulos, pero no sabes cómo irá la trama. Al inicio me explicaron que sería un personaje nuevo, que era muy importante porque sería con Salva. Ernest Villegas me ha abrazado muchísimo, ha sido muy cómodo trabajar con él. Pienso que ha sido una trama complicada porque los límites son muy sensibles, me lo dijeron mucho al inicio. Querían que Aina fuera un personaje con las cosas muy claras, pero, aun así, como la vida misma, una persona por mucho que tenga las cosas claras, el abuso de poder está ahí. Ha sido una trama que han querido hacer asimilar poco a poco para que se entendiera.
Al final eran pequeñas cosas que se iban convirtiendo en una montaña más grande…
Para los guionistas y para la directora era muy importante que se entendiera bien porque querían dejar muy claro que solo sí es sí. Hay un espectro muy amplio de posibilidades y a veces es muy complicado poner unos límites.
¿Cómo ha preparado el personaje en una trama en la que se trata un tema delicado como es una situación de abuso de poder?
Fue complicado, sobre todo a partir de la escena del coche. Tanto Ernest como yo queríamos que se entendiera muy bien cuando de repente una persona traspasa las líneas de la confianza, cómo esas líneas se difuminan.
Es un tema complicado que hoy en día todavía pasa
Quieres que sea un reflejo, que esté bien y que tenga más profundidad. Intentar que sea un poco más como pasa en la realidad, que poco a poco como una hormiguita se va haciendo más grande.

¿Cuál cree que es el mensaje que quería compartir la serie con esta trama?
Que las cosas a veces no son tan fáciles, que son complicadas y que en el ámbito de actitudes, podemos cambiar y ser incoherentes. Que a veces hacemos cosas que la gente no espera.
También el hecho de que Marta (Sílvia Bel) se pusiera del lado de su personaje…
La última escena con Marta fue muy bonita, ella me dice: ‘si quieres denunciarlo ya, estamos juntas’. Se mostró lo que querían desde el inicio, que lo lograron. Después, como en la vida misma, habrá gente que piense que fue culpa de Aina y otros que no.
¿Hay algún proyecto que sea un sueño?
¿Sabes qué me está pasando? Que estoy haciendo las cosas que nunca habría soñado. Me estoy dejando sorprender mucho por lo que me llega y por lo que he podido hacer. Y creo que es una de las cosas por las que me está gustando tanto cómo estoy iniciando mi carrera. Mi sueño cuando era pequeña era hacer lo que estoy haciendo ahora.

