La pretensión del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, de acabar con la inmersión lingüística en Cataluña –una propuesta que ya había hecho en el pasado– ha reabierto el debate político y las reacciones del Gobierno, partidos catalanes y entidades contra el candidato popular a la presidencia del gobierno español no se han hecho esperar, pero los expertos en sociolingüística y los sindicatos educativos ponen el foco en una realidad previa e incómoda: la inmersión lingüística generalizada hace tiempo que es una falacia en los centros escolares catalanes. Para los analistas consultados por El Món, el primer paso para entender la situación actual es reconocer que el modelo de inmersión real nunca se ha aplicado de manera universal en Cataluña. Además, el análisis de fondo revela un sistema fragmentado y marcado por la ambigüedad legal, la desidia administrativa y el uso predominante del castellano en los patios.
El filósofo y sociolingüista Jordi Martí Monllau expone que, por un lado, la inmersión implica un determinado programa de enseñanza de lenguas, que se da en determinadas circunstancias, y que no se aplica de forma universal en la escuela catalana, pero señala que «la inmersión ha existido siempre muy poco, y poco a poco las iniciativas de irla implantando donde era necesario han ido decayendo». «Ahora, si entendemos por inmersión la escuela en catalán, la escuela que vehicula en catalán, no ha existido nunca», recordando que aunque hubo un momento de crecimiento y se llegó lejos en la etapa de primaria, este horizonte «no se llegó nunca tan lejos ni de lejos en secundaria».
En la misma línea, el filólogo y docente Gerard Furest señala que «hemos confundido lo que significaba inmersión» –definida como una «metodología profunda, profunda e intensiva de una lengua minorizada»– con un «modelo de conjunción lingüística». «Inmersión es una metodología profunda e intensiva de una lengua minorizada, y lo hemos confundido con la latinización, que decimos siempre, y con la conjunción», puntualiza, y también se muestra muy crítico con la inspección educativa porque no actúa. Furest sentencia que hablar de una inmersión general en Cataluña hoy en día es «un unicornio» con el cual «hace 30 años que nos engañamos». «No hay un proyecto lingüístico único vehicular en todo el país. Y eso que no haya un único centro vehicular es lo que hace que la inmersión, como tal, no exista», concluye.

«Ambigüedad» en las normas
Esta desconexión se explica, según Martí Monllau, por un marco legal históricamente subordinado: «pretender que la ley catalana diga que la única lengua vehicular de la escuela es el catalán choca con una comunidad lingüística en el Estado que tiene todos los derechos», lo cual obliga a redactar las normas con una «ambigüedad» que después se traslada a los proyectos educativos que elabora cada centro y que en ningún caso son homogéneos. Ante esto, Furest advierte que nos encontramos en una situación en la que somos «minoría lingüística en tu propio país» y donde la administración a menudo «no actúa, porque no quiere problemas». Ambos expertos remarcan la «trampa» fijada en el Estatuto y la ley de Educación, que establecen el catalán «la lengua normalmente empleada como lengua vehicular y de aprendizaje del sistema educativo». Este adverbio, según Gerard Furest, «condiciona todo el régimen lingüístico de las escuelas de Cataluña» porque «quiere decir que esto puede tener excepciones». «La inmersión es legal, pero no es obligatoria en todos los centros. Nosotros nos hemos autoengañado», dice.
La respuesta de los sindicatos ante la amenaza de Feijóo
Ante la propuesta del PP –calificada por organizaciones sindicales como la «típica respuesta catalanófoba» de su partido–, tanto la USTEC como la Intersindical rechazan frontalmente la amenaza y alertan de sus consecuencias. Ambas organizaciones coinciden en señalar que el supuesto bilingüismo mencionado por los populares supondría la “práctica desaparición” del catalán como lengua de uso de la escuela en Cataluña. “Si el castellano ocupa el 50% de las horas, el catalán ocupará un 30% o menos, porque también se deben contar las lenguas extranjeras”, señala el portavoz de la Intersindical, Marc Martorell.
Por su parte, Robert Pastor, portavoz de USTEC en Girona y miembro de la secretaría de lengua, advierte que el modelo propuesto por Feijóo supondría el «golpe definitivo» a un sistema que tampoco es real en la actualidad, denunciando que «no siempre se respeta los proyectos lingüísticos de centro y algunos docentes niegan el derecho a los alumnos, sea por desidia o por inacción». Hay quienes creen que tienen libre disposición para decidir el idioma en que imparten clase y otros se adaptan al idioma dominante del entorno”, detalla Pastor. Martorell, igual que Furest, prefiere hablar directamente de «conjunción lingüística» antes que de inmersión, describiendo el modelo actual como «generalmente bilingüe» y «no inmersivo».

El modelo catalán dibuja un ideal en el que el catalán se sitúa como el hilo conductor de los diferentes espacios de la escuela, pero la realidad en las aulas choca frontalmente con este objetivo. Plataforma per la Llengua analizó a inicios de esta década las comunicaciones espontáneas que había en centros de las 35 ciudades más pobladas del país y solo detectó un 14% de conversaciones íntegramente en catalán. Más de un 30% de las escuelas analizadas tenían el castellano como piedra angular del patio, sobre todo en entornos del área metropolitana. Los sindicatos constatan esta realidad y proponen, como es el caso de USTEC, alternativas que impliquen fomentar “patios activos” con actividades dinamizadas en catalán. La Intersindical también pide actuar sobre cinco ejes, entre los que destacan un banco de recursos que compita con las plataformas audiovisuales hegemónicas o la recuperación de más horas de lengua y literatura catalana.
Salidas de futuro: del debate en los consejos escolares a la red de escuelas catalanas
Ante este escenario de regresión y de falta de control legal, los expertos plantean alternativas complejas. Gerard Furest propone abrir un «debate público sobre qué creemos que es la inmersión porque no hay consenso de qué es la inmersión» y trasladar la propuesta a tantos consejos escolares como sea posible para poner el tema sobre la mesa sin tapujos: «Igual que el 1 de octubre, autodetermínate: tú quieres esto en tu centro, sí o no?». Según Furest, esto permitiría una «inmersión a doble velocidad» donde los centros con un consenso real lleven las riendas y arrastren al resto.
Por su parte, Jordi Martí Monllau plantea un escenario estructural basado en una red explícitamente catalana: «Que hubiera centros adheridos de forma explícita a una red de escuelas que se presenten como escuelas catalanas, donde la lengua vehicular es el catalán», lo que permite que las familias puedan elegir sin la ambigüedad de los documentos actuales y evitando que la lengua dominante continúe ganando terreno. Paralelamente, los sindicatos reclaman alternativas prácticas como «patios activos» dinamizados (USTEC), un banco de recursos audiovisuales competitivo y la recuperación de horas de lengua (Intersindical), mientras que Profesores de Secundaria se suma a otra reivindicación histórica y pide descondicionar el C1 de la ESO al considerar que se ha «vaciado de contenido».
En todo caso, y teniendo en cuenta el marco legal vigente, los sindicatos ven la inmersión como el mejor modelo para la escuela catalana. Y, con matices, piden fortalecerla ante otros modelos que no generan unanimidad. Pastor tilda de “estrafalaria” la apuesta por una doble red y mantiene el propósito original de un “sistema único” con “una sola línea en catalán” en todo el país. Martorell, menos tajante, cree que el modelo actual invita a reflexionar sobre él, pero pide creerse antes que el marco legal actual permite llegar a una “inmersión real” en todo el país.
