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Àngel Casals (Barcelona, 1963) es catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona. Y prestar atención a lo que explica demuestra su capacidad de reflexión, estudio y, sobre todo, de divulgación. Nombre imprescindible de los cursos de Historia en la Universidad Catalana de Verano (UCE). Este año, la 58ª edición, tampoco ha fallado. Un curso dedicado a la memoria y cómo, si no estamos atentos, pueden apropiarse de la historia otras historiografías no centradas en Cataluña. Ha explicado la memoria de Fernando el Católico. Una figura controvertida y aprovechada por el nacionalismo español y por cierta parte de la historiografía aragonesa. Un monarca al que los catalanes, a pesar de su importancia, parece que no le hemos prestado mucha atención. Nos lo explica, como siempre, de manera comprensible y clara.

-Profesor, Fernando el Católico, … deduzco que ha sido vilipendiado, digámoslo así, por dos historiografías, la española y la catalana.

Sí, es así. Quizás el término vilipendiado por la historiografía española tampoco sería tanto porque para la historiografía española vive ignorado. Cuando se construye el discurso histórico nacional-español se coloca a Fernando en una línea secundaria respecto a Isabel, y queda como una especie de asistente, ayudante, como el ejecutor de la reina, que es la verdadera organizadora de todo.

-¿Y por parte de la catalana?

Por parte de la historiografía catalana, lo que ha pasado es que en Fernando se ha hecho la encarnación de toda la crisis del siglo XV. Entonces Fernando aparece, de manera lógica, como la culminación de los desastres del Compromiso de Caspe, del conflicto de los Remensas, la Guerra Civil catalana… Todo acaba culminando en la figura de Fernando el Católico. Y, por tanto, en Castilla es un personaje menospreciado, y en Cataluña es un personaje más o menos mal visto. Aunque es cierto que la historiografía catalana ha hecho un esfuerzo importante por recuperar la figura del rey, más allá, incluso, de la versión más rosada de Vicens Vives. Hemos intentado buscar una visión más ecuánime de lo que había sido todo el reinado de Fernando.

-Historiográficamente, ¿cómo valora su reinado?

Fernando gobierna en una época muy difícil. Debemos decir que tenemos un país que sale de una posguerra, la guerra de los 62-72, que sale absolutamente arruinado. Cataluña no estaba arruinada antes de la Guerra Civil. La idea de que Cataluña había entrado en un período de crisis larguísimo, desde la Peste Negra, hoy en día la historiografía no lo escribe. Básicamente, lo que hunde al país es una guerra civil de diez años. A partir de este momento, el proceso de recuperación se debe hacer en unas condiciones extremadamente desfavorables.

-¿Por qué?

Porque, claro, debemos decir que Cataluña no solo ha perdido una guerra civil, también ha perdido su papel de cabeza y casal de la Corona de Aragón. Ha perdido la hegemonía dentro de la Corona de Aragón. El drama es que no la ha ocupado nadie más. Es decir, aunque la historiografía aragonesa dice que en el siglo XV es Aragón quien, desde Caspe, lidera la corona, eso no es verdad, y Valencia aún menos, que sí se convierte en la capital económica pero que no es la capital política del país. Por tanto, la Corona de Aragón, en el siglo XV, se encuentra sin dirección política. La dirección política siempre la había tenido la oligarquía catalana. Un ejemplo que lo explica fácilmente es que, cuando muere Juan I, se nombra como heredero a Martín I. Pero Juan I tenía hijas. Y ¿quién nombra a Martín I como heredero de Juan I? Los consejeros de Barcelona y los diputados del General. Aragón y Valencia no lo discuten. Cuando muere Martín I, ni los consejeros de Barcelona ni los diputados del General, ni las Cortes catalanas que estaban reunidas son capaces de ponerse de acuerdo en quién debe ser el rey. Y, a partir de ese momento, se pierde esta capacidad de liderazgo que se había mantenido, y ya no se recuperará nunca más.

El profesor Casals en un momnet de les seves classes a Prada/Josep Maria Montaner/UCE
El profesor Casals en un momento de sus clases en Prada/Josep Maria Montaner/UCE

«El fin de la Corona de Aragón es consecuencia de la falta de liderazgo de los catalanes»

-¿Acaba la Corona?

Por tanto, de alguna manera, el fin de la Corona de Aragón es también consecuencia de esta falta de liderazgo de los catalanes, de esta incapacidad de Cataluña para mantenerse como cabeza de la Corona de Aragón. Por eso, Fernando es un rey que se encuentra como cabeza de una corona en la que no tiene sectores políticos muy seguros sobre los cuales apoyarse. Puede tener el apoyo de toda una serie de gente que, curiosamente, cuando los observas de cerca, son personas socialmente muy poco importantes.

¿Cómo quién?

Los hombres de confianza de Fernando son conversos, las familias Cavalleria, Sanchis, Velázquez Climent, Santángel… Algunos nobles de la Corona de Aragón, o catalanes, que durante la Guerra Civil han sido perseguidos por la Generalitat, en el caso de los Recasens, o personajes que han perdido la guerra, como en el caso de los Gualbes. Curiosamente, la base de poder de Fernando, la gente con la que él se asesora para gobernar la Corona de Aragón son, de alguna manera, outsiders de la oligarquía global. Claro, evidentemente, no rompe con ella. Pero cuando observas quiénes son los otros hombres de confianza de Fernando ves que son parientes suyos: su sobrino, Juan de Ribagorza, que es miembro de la familia Trastámara; su primo, Enrique Fortuna; la familia Enríquez, a la que hacen casar con los Cabrera para introducirlos como parte de la nobleza catalana… Es decir, Fernando debe organizar una estructura de poder a partir de personas que no sean los tradicionales que han estado gobernando Cataluña. Y eso también explica el ascenso de algunas familias como los Cardona. Para entendernos, aquellas familias que, en el siglo XV, entre servir a la Generalitat, o servir al rey, eligen servir al rey, son los que acaban ganando. En estas circunstancias, además, Fernando debe enfrentar retos muy importantes.

-¿Cuáles?

Uno, que es el de la ruina económica del país. Por eso, Fernando puntualmente monta una política mercantilista, de tipo proteccionista, con la idea de reflotar la industria catalana, que no lo consigue, porque, digamos, la industria catalana está muy abajo. Por otro lado, intenta sanear la hacienda pública. La Guerra Civil la ha pagado el Consejo de Ciento y la ha pagado la Generalitat que ha generado unas deudas que se encuentran en manos de deudores privados catalanes, muchos de ellos, básicamente todos, que quieren recuperar sus capitales. Deudores que aceptan este intervencionismo real, este control sobre la Generalitat y sobre el Consejo de Ciento. En 1488, Fernando II, aquello, da un golpe de estado, bloquea la elección de los diputados del General y los nombra él mismo para hacer un plan de viabilidad para que la institución pueda pagar sus deudas. Poco después hace lo mismo en Barcelona, 1493. Con la misma intención. Por tanto, esta política que los historiadores románticos del siglo XIX dicen que es una prueba del autoritarismo real, es una intervención real pactada con la parte de la oligarquía catalana que tiene un montón de dinero por cobrar de las instituciones, y que si no hay una intervención del rey, no sabe si cobrará. Aparte de que el mismo rey también tiene interés en causar problemas. Pero esa es una historia. Y por otro lado está el problema remensa.

-Los ignorados

Los remensas que son los grandes olvidados y los grandes traicionados de la propia monarquía. Los remensas de la guerra civil catalana… luchan a favor de Juan II con la esperanza de que eso suponga la liberación de la remensa y de los malos usos, y ven que eso no ocurre. Y no será hasta 1486, después de un segundo levantamiento remensa, que Fernando el Católico de alguna manera cumplirá con la palabra de su padre y de su tío, que es buscar una solución definitiva al problema remensa. Pero tampoco es la solución que exactamente querían los remensas, que reclamaban una abolición de los malos usos, y Fernando solo les da una redención de los malos usos.

Vaya reinado

Es un reinado muy complejo, porque, además, es el momento en que Francia, que ya ha salido de la crisis de la Guerra de los Cien Años, aparece como gran potencia continental y amenaza las posiciones de la corona de Aragón en Italia. Es el momento, también, además, en que el Imperio Otomano está cerrando el Mediterráneo Oriental, y por eso Fernando intenta la conquista en el norte de África para crear elementos de contrapeso. Por tanto, es uno de los momentos culminantes de la historia europea de la Edad Media, y el rey, digámoslo así, para usar un término de Trump, tiene muy pocas cartas, en principio, para jugar, ¿no? Pero las que tiene las juega muy bien, eso sí.

Fotograbat d'un retrat de Ferran II de Catalunya-Aragó/Fons Gabriel Casas/Arxiu Nacional de Catalunya
Fotograbado de un retrato de Fernando II de Cataluña-Aragón/Fondo Gabriel Casas/Archivo Nacional de Cataluña

«No es un héroe»

-O sea que podía ser un personaje controvertido, pero como gobernante tampoco era tan malo.

Lo que pasa es que era un gobernante muy pragmático. El problema de Fernando es que no es un héroe. Aquí, en el curso, hemos hablado de Jaime I. ¡Jaime I, un conquistador! Además, él escribió una crónica, pero Fernando II nunca escribió nada. Es un gobernante pragmático, que algunas de las cosas que hace nos pueden parecer graciosas, pero yo no sé si se puede admirar a una persona así.

-Explique, explique

Por ejemplo, cuando recupera el Consejo de la Cerdaña, en 1493, lo hace a partir del Tratado de Barcelona, firmado con Francia. ¿Por qué los franceses devuelven el Consejo de la Cerdaña? Porque Carlos VIII de Francia quiere conseguir de Fernando el Católico la neutralidad para poder conquistar Nápoles. El rey de Nápoles es un primo de Fernando el Católico, situémonos. Entonces, el Tratado de Barcelona es un tratado de alianza entre Francia y Fernando el Católico, en el cual se dice que solo hay una causa que puede romper con este tratado y es que se produzca un ataque contra el Papa. El Papa, en ese momento, es Alejandro VI, papa Borja. Tomemos un mapa: Si tú vas por tierra, desde Francia a Nápoles debes atravesar los Estados Pontificios. Cuando el rey de Francia sale de Roma y está en Nápoles, Alejandro VI alega que lo han agredido. Fernando dice pues ya podemos romper el tratado, y añade que no solo ya no somos aliados, sino que ahora estamos en guerra. Así, diez años después, Fernando el Católico tendrá el Consejo de la Cerdaña y también tendrá Nápoles. Y eso era lo que admiraba a Maquiavelo porque entendía que Fernando distinguía perfectamente lo que es la razón de estado de la razón moral. Aquello de que un político no puede comportarse como una persona normal. Y eso parece que Fernando el Católico lo entendía muy bien.

-¿Y cómo es que desde la historiografía española se apunta que la Corona de Aragón fue indispensable para la creación de España, a pesar de tener un papel secundario de Isabel, y sea el momento cero del nacionalismo español… Eso de Isabel y Fernando, el espíritu impera

Debemos tener presente que la historiografía española se construye sobre un relato, que hoy día científicamente está muy discutido, que es el de hay una España que es la España visigoda que ya es España… porque ya está unificada… da igual que esta gente no sean católicos hasta el siglo VI, da igual que sean una minoría… Da igual, ¡aquello es España! Y llegan los moros que ocupan la Península, a partir de entonces, ¿qué hay? ¡La Reconquista! Pero todo esto admiten que no se hace a partir de un poder político unificado, sino de la creación de centros políticos de poderes diversos que son Aragón, Cataluña, Asturias, primero y después, Castilla y León, y más tarde, Portugal… De esta manera, son más eficaces en su trabajo pero, sin olvidar nunca, que es un único espacio de poder y de un único espacio nacional. Así esta idea, casi milenarista y determinista, que hay el proceso final, por lógica, que debía ser la unificación otra vez de todos… Que, además, cuadra muy bien, porque una vez se expulsan los moros, caray, ¡ya volvemos a tener unificada la Península! Es un relato muy potente. En este sentido, la historiografía española atribuyen a Fernando e Isabel como los que ven que ha llegado el momento y que lo culminan. Este es un relato que funciona muy bien, siempre y cuando, como pasa siempre, no te fijes en los detalles.

-Díganos algunos

En su crónica, Hernando de Pulgar explica que una vez conquistaron Granada, el Consejo de Castilla les dijo ¿y por qué no tomáis el título de rey de España? Y Fernando e Isabel dijeron que no, que no lo querían, que preferían continuar siendo reyes de Castilla, de Aragón…

¿Por qué?

Porque la monarquía continuaba siendo plural. Una monarquía compuesta. Isabel no era reina. Es decir, lo que muchas veces la historiografía también obvia es que Fernando sí que es rey efectivo en Castilla, porque así lo fijan las capitulaciones matrimoniales de 1469. Y lo que también obvia es que Isabel no es reina efectiva en la Corona de Aragón porque Fernando ya se cuidó de que Isabel no pudiera gobernar en la Corona de Aragón, donde es estrictamente reina consorte. Punto. No tiene ninguna función. No es verdad que sea una unión entre iguales. El hegemónico es Fernando, porque en una dinastía quien manda es el miembro masculino. Fíjate que a la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra, hija pequeña de Fernando e Isabel, se le dice Catalina de Aragón, que era su apellido. Fernando e Isabel nunca se hicieron llamar Trastámara a sí mismos. Fernando era de Aragón e Isabel, de Castilla. El apellido Trastámara es el nombre del condado que el rey Alfonso dio a su hijo bastardo y a partir de aquí todos los hijos fueron Trastámara porque la historiografía ha asumido darles este nombre pero ellos, a sí mismos, no se lo decían.

-¡Pero le han llegado a decir que Fernando fue el rey que imaginó España!

Sí. Ese era el título de una exposición que se montó en Zaragoza en el año 2016, y que tiene que ver mucho con la visión aragonesa de Fernando.

-¿Cuál es esa visión?

El pensamiento aragonesista, si se le puede llamar de esta manera, ha construido una identidad aragonesa que, obviamente, debe ser compatible con la identidad española. No pueden colisionar, ¿no? Porque eso es el racionalismo bien entendido, ¿no? Y entonces, ¿qué hacen? Dicen, a ver, nosotros, ¿qué aportaciones hacemos? Primera aportación, ¡la corona de Aragón! Es decir, se dice corona de Aragón porque ellos eran el grueso, lo importante; y, segundo, la figura de Fernando. Es decir, de alguna manera, la idea de una determinada historiografía aragonesa, muy tradicional, conservadora, es la que Fernando es la representación del pensamiento político aragonés. La culminación de un pensamiento político aragonés basado en el pactismo y que tiene su máxima expresión en el compromiso de Caspe. La idea de que, ante la posibilidad de una guerra civil en la corona de Aragón o una desmembración de la corona de Aragón, los aragoneses fueron capaces de imaginar la solución del compromiso de Caspe, que es la culminación de esta idea pactista. Y Fernando el Católico es el hijo de toda esta corriente política. Y, por tanto, Fernando es el que ofrece una visión de España mucho más completa y acabada que no pasa a saber.

-Fernando, para los aragoneses, clave para Aragón y España?

¿Cuál es la gran contribución de Aragón a la construcción de España de Fernando? Es el arquitecto y los planos. Pero no la materia, porque eso lo pone Castilla, pero el resto, sí, lo pone Aragón. Y de esta manera se hace posible hacer compatible un pensamiento aragonés reivindicador de una determinada realidad aragonesa con la existencia de España. Insisto en que no toda la historiografía aragonesa es así. Porque hay otra parte de historiografía aragonesa que insiste más en la parte compositiva de la relación entre Aragón y la monarquía. De un Aragón que, como Cataluña, tiene sus propias libertades, que desarrolla su propio sistema político, y que, de la misma manera que los catalanes chocan en 1640, ellos chocan en 1591, con el hecho de las Alteraciones de Aragón, la ejecución de Juan de Lanuza, la ocupación manu militari que Felipe II hace del Reino y que acabará con las reformas constitucionales de Tarazona de 1592, que, de alguna manera, desactivará una parte de la capacidad de resistencia de las instituciones aragonesas ante los reyes. Y a partir de aquí cambia todo. Claro, hay una idea que seguramente tiene mucha verdad, que es que dentro de los territorios de la corona de Aragón hay una primera fase en todos los territorios que es una fase compositiva. Es decir, Aragón se enfrenta a la corona o a la monarquía de 1591, como Valencia lo había hecho 70 años antes con las Germanías, y como Cataluña lo haría en 1640. O Mallorca, también. Todos son derrotados. Y de esta derrota ¿qué nace? De esta derrota nace, por parte de las clases dirigentes de cada reino, la idea de que no deben luchar contra la monarquía, sino que deben competir entre ellos por los favores de la monarquía. Y pasan del conflicto a la cooperación.

Àngel Casals, en un moment de l'entrevista/Josep Maria Montaner/UCE
Àngel Casals, en una imagen de archivo/Josep Maria Montaner/UCE

La revisión de Vicens Vives

-Llegamos a Jaume Vicens Vives, que hace una revisión de su figura, comparativamente con lo que habían hecho, por ejemplo, Víctor Balaguer, etcétera, aunque estos defendían que había llevado a cabo una interesante política social

Vives parte de la idea de que la clase dirigente catalana, esta clase que en Caspe no se ponen de acuerdo, o cuando muere Martín I no se pone de acuerdo para elegir un rey, que llevan al país a una guerra civil en 1462… es una clase que fracasa siempre que intenta practicar políticas maximalistas. Cuando toma la vía del arrebato vamos por el despeñadero. Esta es la idea de Vicens y, hay que recordar que escribe su tesis doctoral durante la Segunda República, leída en este contexto, se entiende muy bien la tesis. Vives lo que dice es, bueno, ¿quién es el que endereza una Cataluña en crisis? Un hombre fuerte, una autoridad fuerte, que está dispuesto a imponer la autoridad sin por eso vulnerar el sistema constitucional catalán. Si no, al contrario, actualizarlo. Contra, si conviene, contra la propia voluntad de los gobernantes del país. Esta es la idea. Es decir, la idea de Vicens es que los catalanes tienen éxito cuando pactan y fracasan cuando eligen las vías radicales.

-Tenía este argumento para varios episodios…

Por ejemplo, ¿cuál es la generación heroica de Vicens? La del 1901. Prat de la Riba, los que hacen la Mancomunidad… ¿Cuál es la generación negativa? La del 1931. Porque es la generación radical, frente a la generación posibilista. Claro, eso él lo escribe en los años 50, con lo cual lo que hace es explicarle a los burgueses de la época, a los que fundan la editorial La Selecta, los que fundarán más adelante Òmnium Cultural, los que intentan buscar espacios para el Congreso Eucarístico, todo eso, lo que les dice es sí, sí, vuestra vía es la buena, porque es la vía del pacto con las herramientas que son posibles. La prueba es que, al final, Vicens acaba proyectando el resurgir catalán en Josep Tarradellas. Y hay una relación intensa entre Vicens y Tarradellas porque era la figura que podía representar eso. De hecho, ¿qué hace Tarradellas cuando viene? Pacta lo que es posible pactar con el gobierno de Adolfo Suárez. ¿Y quién es discípulo, por ejemplo, de Vicens? Jordi Pujol, que muchísimas veces, lo reivindica, aquí en Prada mismo, lo hizo.

-¿Vincens Vives marca la agenda?

La política catalana de la segunda mitad del siglo XX ha estado muy imbuida de esta línea ideológica de Vicens. Pero Vicens no es el ideólogo, es quien lo expresa, pero que es la línea de gente como Jordi Pujol, como Carles Ferrer Salat, el Círculo de Economía…. Entonces, lo que nos podemos preguntar es si esta vía de la confrontación ya es una vía agotada y, por tanto, hay que pensar otra cosa, o si, como algunos predican, lo que hay que hacer es volver otra vez a la vía pactista en la que estábamos. Claro, que eso tiene que ver con que se debería repensar la historia de Cataluña. Posiblemente, ¿no? Pero, digamos eso lo dejamos para el futuro.

-¿Nos queremos poco los catalanes a Fernando?

Yo creo que la cuestión no es querer o no querer. Entiéndeme qué quiero decir. Creo que lo valoramos poco. Yo creo que es uno de los reyes importantes de la historia de nuestro país y que es importante para entender la historia de nuestro país. En bueno y en malo. Tanto por una cosa como por la otra. Y, por tanto, que lo debemos valorar más y lo debemos entender más. El problema es que muchas veces, y esto es algo que nos ha pasado más de una vez, lo que acabamos haciendo es comprando el marco historiográfico español en lugar del propio. A nosotros nos dijeron durante el franquismo eso de Isabel y Fernando, el Espiritu impera y «monta tanto tanto monta«, que entonces automáticamente ya no miras nada más. Y no ves que hay una historiografía catalana y que hay una lectura catalana de Fernando. Es que muchas veces el problema de los catalanes es que leemos nuestra historia a partir de la historia española, en lugar de forma autocentrada. Esto nos perjudica más que otra cosa.

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