Berto Romero se ha mostrado de lo más cómodo en la entrevista sorpresa que ha concedido al programa que tiene Silvia Abril en la 2Cat. La confianza entre ellos se nota después de tantos años de amistad, un ambiente de buen rollo que ha permitido que el invitado sacara a la luz algunos aspectos desconocidos de su vida privada. ¿Por ejemplo? Que haya dicho que tiene «muchas manías» y que esto hace complicada la convivencia con él: «No es fácil convivir conmigo, la verdad es que no. Cuando empiezas a salir con alguien, deberías ir directamente a hablar de las miserias. En mi caso, yo no puedo orinar si alguien entra al baño y soy muy sensible al ruido«.
Lo peor de todo es que, con los años, estas manías han ido empeorando: «En casa somos muchos y muy ruidosos, cada vez me cuesta más. Siempre me ha molestado, pero ahora ya es algo…». Ha lamentado, entre otras cosas, que cree que la secadora está demasiado cerca de la televisión: «Empiezas a ver una película y piensas… bien, a ver cómo el secador de pelo esta noche. Por mi sensibilidad, sí que siento cómo centrifuga mientras estoy viendo la tele. Para la sensibilidad de la otra gente de casa, pues no».

Berto Romero triunfa, desde hace muchos años, como uno de los humoristas con más trabajo en televisión. Ahora bien, él no es de esos que se consideran graciosos. De hecho, reconoce que le costó mucho entender que hacía gracia todo lo que hacía: «Un día, mi madre me envió a la tienda a comprar queso. Yo era muy pequeño, tendría cinco o seis años, así que fue muy clara cuando me pidió que comprara 100 gramos de queso cortado finito».
Una vez allí, el dependiente habría cortado el queso demasiado grueso y eso puso nervioso al pequeño Berto: «Estaba en la tienda, llena de gente y le dije que mi madre quería el queso cortado finito y no rallado. No lo hice con la intención de ser gracioso, pero toda la tienda riéndose diciendo que qué gracioso el niño de Carmen. Le dijeron que me diera unos caramelos y salí de allí pensando que allí había pasado algo».

El regalo más asqueroso de Andreu Buenafuente a Berto Romero
Berto y Silvia Abril están unidos por su relación con Andreu Buenafuente, un trío «sin haber explorado la vena sexual» que hace muchos años que se conocen. El humorista le ha reconocido a su amiga que siempre le dio «mucho respeto» hablar con su marido, ya que él ya era «una institución» cuando empezaron a trabajar juntos: «Para mí era una barrera la admiración que sentía hacia él. Recuerdo que en el programa nos mostrabamos como supercolegas, pero fuera de cámara yo casi no me atrevía a hablar con él«.
Con los años, sin embargo, acabaron teniendo mucha confianza y ahora hacen un montón de cosas juntos. Berto considera que la clave en su larga amistad ha sido que sean muy similares, pero a la vez lo suficientemente diferentes. Han encontrado un equilibrio, aunque también reconoce que es peligroso que ambos sean cómicos porque, a veces, llevan las bromas demasiado lejos. Esto lo refleja la anécdota que ha sacado a la luz, el regalo envenenado -y asqueroso- que recibió hace un tiempo de su amigo: «Andreu empezó a dejarse larga una uña del pie y a mí me ofendía, le decía que era desagradable de ver y él prosiguió con la broma porque le hacía gracia».

La cosa es que Andreu Buenafuente acabó dejándose la uña extremadamente larga solo para fastidiarlo. Y, un día, Berto recibió un paquete en casa: «Cuando lo abrí, me encontré la uña larguísima. No os engaño cuando os digo que era de ancho como un dedo». Poco después, Andreu Buenafuente ha entrado en directo en una videollamada que ha aprovechado para mostrar en pantalla cómo está ahora su uña.

