De prisa y corriendo, Julia ha saludado a una amiga camino al examen de matemáticas. «Ponme una vela, por favor», le ha dicho casi sin detenerse. Ambas son de Barcelona y llegan con «confianza» a la selectividad. Culminan tres días seguidos de exámenes en la Universidad de Barcelona después de un mes intensivo de estudio, no en el instituto sino en la biblioteca. Su caso no es ninguna excepción, muy pocos alumnos participan de las clases de repaso que organizan los docentes de bachillerato. «En mayo ya está todo el temario hecho y la mayoría de los alumnos no participan de las sesiones de repaso», confirma el presidente de la asociación de directores AXIA, Jordi Satorra. Según sus cálculos, tres cuartas partes del alumnado no asiste a las clases que se hacen antes de la selectividad.
Un grupito del instituto Cultural (Badalona) confirman lo mismo. Son cuatro, sentados en una mesa y con apuntes llenos de gráficas. Ninguno de los cuatro ha pisado últimamente el instituto. En otra universidad, en el campus de Poblenou de la Pompeu Fabra tampoco hay fieles a las clases de repaso. De un grupito de veinte adolescentes, solo uno, Pol, ha ido. «Éramos tres o cuatro de una clase de veinte y tantos alumnos», detalla. «En casa cuesta más ponerse y, en nuestro caso, no habíamos tenido tiempo de dar todo el temario de algunas asignaturas y yo he preferido que me lo expliquen», continúa. A su lado, Eric ha repasado en casa. «Creo que son clases en las que no se hace nada, he ido saliendo bien en los trimestrales y tenía los apuntes; para mí, no hay color, es mejor que cada uno siga su ritmo en su casa», sentencia.

En el tercer grupo, todas chicas del Instituto Caterina Albert (Barcelona), los argumentos son los mismos. «Cuesta más en casa, pero nos hemos juntado en la biblioteca y así nos forzábamos a estudiar», comenta Tania. «Los profes sí que nos decían de ir, que es mejor; los padres no, al menos en mi caso, porque sabemos que soy aplicada», remata la explicación. Satorra, de la asociación de directores, insiste en la importancia de ir: se profundiza en aspectos clave, algunos recurrentes, año tras año; o en el modelo de las pruebas. «En nuestro caso, hemos enviado correos a las familias recordando la importancia de estas sesiones», detalla.
Las huelgas no han afectado a los alumnos de bachillerato
Prácticamente ninguno de los alumnos dice haberse sentido perjudicado por las huelgas. Solo Joel, alumno del instituto Cultural. «Posiblemente, podrían haber hecho huelga antes o haber esperado», comenta. El sindicato Profesores de Secundaria admite que los docentes de bachillerato han hecho menos huelga, si bien matizan que no tienen datos segmentados por ciclos. En todo caso, preguntados por este diario, reconocen tener la «sensación» de que muchos han decidido no hacerla cuando había exámenes o recuperaciones, sobre todo. Algunos centros, añaden, han cambiado las fechas de exámenes y evaluaciones para no hacerlas coincidir con las paradas.
Satorra no lo ve tan claro. «No creo que se haya tenido en cuenta, el docente que ha querido hacer huelga la ha hecho», declara el director de centro. En todo caso, suma una nueva voz en contra de quienes acusan al profesorado de perjudicar a los alumnos. «Solo se han hecho cinco huelgas en mayo. Los alumnos, durante todo el curso, han hecho muchas más huelgas por motivos muy diversos, algunos no vinculados a la educación, como la defensa de la causa palestina», argumenta. «Objetivamente, claro, son horas de clase que se pierden», matiza. «Puede ser que haya centros que no hayan dado todo el currículum», añade. «Ahora bien», continúa, «no tiene nada que ver con las huelgas». «Deberíamos preguntarnos con profundidad por qué pasa esto», reflexiona.

Sí que han tenido más incidencia las huelgas de los profesionales de las bibliotecas, activa durante la selectividad. «Que las bibliotecas estén cerradas en plena selectividad y con temperaturas extremas es la expresión de un problema estructural: estamos desinvirtiendo en los equipamientos que sostienen el derecho a la educación y la cohesión social del país», ha declarado a la ACN el presidente de la asociación de familias (aFFaC), Jordi Carreras. Los bibliotecarios han iniciado una parada indefinida desde el 26 de mayo, con afectaciones notables en Barcelona, pero también en otros puntos del país. El primer día, solo abrieron tres bibliotecas de la capital.

