La política española se ha adentrado en un escenario de confusión absoluta. La entrada esta semana de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en la sede central del PSOE para requerir información sobre la exmilitante socialista Leire Díez, la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y el goteo constante de escándalos de corrupción han llevado la presión sobre el gobierno español a cotas difícilmente sostenibles. Con poco más de un año de legislatura por delante, el presidente Pedro Sánchez se enfrenta a un clamor que exige un adelanto electoral inmediato ante una atmósfera asfixiante donde el fango político ya comienza a llegar a la nariz de los ciudadanos. No obstante, haciendo oídos sordos a este cerco mediático y judicial, el líder socialista se ha atrincherado en la Moncloa apelando al «interés general» y mostrando la determinación de agotar el mandato. Esta postura abre una duda crucial sobre si es una estrategia de supervivencia viable o, por el contrario, la antesala de un colapso irreversible del ejecutivo español, donde Sumar lo califica todo de «vergüenza» pero al mismo tiempo dice que la coalición, por ahora, no está en peligro.

Socios de la investidura empiezan a pedir elecciones a Sánchez

El verdadero nudo gordiano de esta crisis está en el Congreso, donde se hace evidente la debilidad parlamentaria del gobierno español. Lejos de la supuesta cohesión que dio origen al bloque de investidura, las exigencias de los diferentes grupos ya han abierto vías de agua profundas en la gobernabilidad. Formaciones como la de Carles Puigdemont ya no ven factible agotar la legislatura, y Míriam Nogueras ya ha dejado claro que su partido no está en Madrid “para poner y quitar gobiernos”, en referencia a una posible moción de censura, pero que, aun así, no esperan «nada más que no sea que el presidente Sánchez convoque elecciones». También el líder del PNV, Aitor Esteban, ha dado la legislatura por terminada. «Ha llegado a su fin», ha dicho, y ha pedido al líder del PSOE que reflexione y disuelva la cámara con un adelanto electoral. «Pensar que llegará el verano, que tendremos un Mundial y que las circunstancias cambiarán a partir de septiembre… eso no lleva a ninguna parte», ha advertido.

La secretaria general de Podemos, Ione Belarra, por su parte, ha alertado de que la situación del ejecutivo de Sánchez comienza a ser «absolutamente insostenible» ante las «sospechas de corrupción» que planean sobre el PSOE, pero ha advertido que «hacer elegir a la gente entre la corrupción del PSOE y la del PP es un error catastrófico». «Ya lo hemos vivido en el pasado y yo creo que no deberíamos repetirlo. Si salimos de esta será con más izquierda, con una izquierda fuerte», ha concluido Belarra. ERC, de momento, ha evitado posicionarse a favor de un adelanto electoral y su líder en Madrid, Gabriel Rufián, –que promueve una alianza de las izquierdas a la izquierda del PSOE– ha dejado claro que los republicanos prefieren ver cómo avanzan los acontecimientos, pero se han fijado como línea roja que se descubra que ha habido financiación ilegal del PSOE. «Nosotros sacamos a Rajoy por montar una trama de financiación irregular de su partido, pediríamos elecciones si pasara lo mismo con el PSOE. Es lo más coherente, hasta que no haya un Gürtel del PSOE», ha rematado.

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, durante el acto de la constitución / Eduardo Parra (Europa Press)

Sánchez, entre la guerra de trincheras y el fuego amigo

Analistas consultados por El Món coinciden en que la política española está sumida en un caos absoluto donde la coherencia brilla por su ausencia y hacer pronósticos a largo plazo resulta inviable. No obstante, se extrae la clara conclusión de que el atrincheramiento de Pedro Sánchez obedece a razones de estricta supervivencia personal, sin olvidar el aforamiento judicial del cargo que ostenta. Así, Juan Carlos Monedero, profesor de Ciencia Política de la Complutense de Madrid y fundador de Podemos, interpreta la crisis como una guerra de trincheras donde la resistencia es legítima ante el cerco de la derecha, mientras que Fernando Jáuregui, veterano de la información política española y colaborador de El Món, advierte que el factor determinante no será la voluntad del presidente, atrincherado en seguir hasta el final como sea, sino el fuego amigo de un PSOE aterrorizado en el ámbito territorial, con municipales y autonómicas en lugares clave para los socialistas como son Castilla-La Mancha y Asturias el próximo año, y el hecho de que cada vez tenga menos apoyos entre los socios de investidura.

Posible punto de inflexión en septiembre

Jáuregui avizora un horizonte político «insostenible» para Pedro Sánchez, marcado por un profundo desgaste institucional y una crispación interna que, a su parecer, imposibilitan la continuidad de la legislatura basándose en el puro sentido común. El analista califica de inauditos los recientes registros de la UCO. Ante esta crisis, Jáuregui atribuye el atrincheramiento del jefe del ejecutivo español a una mezcla de necesidad de supervivencia política —para conservar los aforamientos— y la «síndrome de hubris», o del poderoso, una patología de soberbia que, advierte, suele conducir a un abrupto final político. «Todos los que han tenido el síndrome de hubris han acabado muy mal. Creo que si Sánchez continúa así, acabará muy mal», avisa.

El periodista señala que es imposible ahora mismo hacer un análisis coherente y sitúa septiembre como un mes clave. En este sentido, señala que Sánchez «no puede agotar la legislatura» y advierte que la amenaza de un desastre del PSOE en los comicios municipales y autonómicos puede provocar que en el inicio del curso parlamentario haya una rebelión territorial de barones y alcaldes del PSOE para exigir a Sánchez un adelanto electoral para no perder más representación territorial. «Le pedirán que haga el favor de anticipar las elecciones lo antes posible y no celebrarlas después de las municipales y autonómicas de mayo, del próximo año. Porque entonces sí que puede ser una catástrofe», alerta.

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, durante un pleno extraordinario en el Congreso / Ananda Manjón (Europa Press)

Una «debilidad enorme»

Juan Carlos Monedero sostiene que la situación actual ha provocado que la debilidad de Sánchez sea «enorme», y marca el fin de un «enamoramiento» político después de emerger nuevamente el PSOE defensor del bipartidismo y, por tanto, «de la corrupción». Aunque los socios de investidura ya no ven factible agotar el mandato, el analista justifica que el presidente español haga «oídos sordos a este cerco». Monedero dice que «en un momento tóxico, prevalecen los análisis tóxicos, es decir, los del mero interés partidista», pero expone que «nadie sensato quiere dar paso a un gobierno con Abascal de vicepresidente, pero tampoco pueden explicar a sus votantes que están sosteniendo un partido que hace aguas, incluso, sabiendo que todos estos ataques forman parte del ánimo golpista del PP que convoca a sus jueces, periodistas y medios para acorralar a Sánchez».

Para el profesor de Ciencia Política, ante toda la presión política el líder socialista «se atrinchera» y no encuentra razones para tirar la toalla por el hecho de que «menosprecia a todos los demás políticos» y piensa que los que podrían sustituirlo «no son mejores que él». Además, recuerda que el PP tiene una veintena de casos judiciales abiertos y que Vox «ya está haciendo aguas tanto por los casos de corrupción como por las purgas internas y la amistad con Trump». «Sánchez sabe que no ha hecho las cosas bien, pero también que no lo quieren echar por eso», añade Monedero, que considera que el objetivo primordial de la resistencia de Sánchez es ganar «tiempo», «su bien más preciado» a estas alturas. Según él, el jefe del ejecutivo español confía ciegamente en que «solo con tiempo se podrá salir del pantano tirándose de los pelos hacia arriba», esperando un golpe de efecto en una «montaña rusa» política donde siempre existe la posibilidad de que ocurra «algo que te salve».

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