El caso Andic sigue jugando la guerra del relato. Este viernes ha tenido un nuevo capítulo. Jonathan Andic, hijo del fundador de Mango y procesado por la muerte de su padre, Isak Andic, se habría interesado por una terapia de simulación de caída en la montaña. Según ha difundido La Vanguardia, una profesora de inglés ayudante de la terapeuta de los Andic, Maria Julia Lüderwaldt, consistía en simular que lanzaba por un barranco a un familiar al que odiaba. Precisamente, Isak Andic perdió la vida por una caída en el camino de las cuevas del Salnitre, en la montaña de Montserrat mientras hacía senderismo con su hijo.
Más allá de que fuentes cercanas al caso recuerdan que a Jonathan Andic «no le hacen falta profesores de inglés», su defensa no ha dejado de negar «con toda contundencia» que se interesara por poner a alguien al borde de un precipicio. No ha ido más allá porque «sin notificación oficial de la declaración de la colaboradora no es posible pronunciarse» con concreción y rebatir la información. Ahora bien, sí consideran que estas revelaciones son una «merma evidente del derecho a la defensa del investigado, cuya presunción de inocencia se ha vulnerado desde el mismo día de su detención». En definitiva, una muestra más de una instrucción que desde el minuto cero se ha puesto en duda porque solo enfatiza los indicios, que convenientemente interpretados, favorecen la incriminación.
De hecho, fuentes cercanas al caso, esta supuesta terapia que estaría en manos de los investigadores responde al «sesgo continuo» al que está sometida la investigación y a lo que la defensa califica «efecto túnel de la instrucción». Es decir, los razonamientos, las conjeturas y las disquisiciones valorativas de los investigadores que llenan el sumario y que tanto la jueza instructora, Raquel Nieto, como la fiscal del caso, Teresa Yoldi, trasladan sin crítica ni enmienda al sumario. Un efecto que hace dar vueltas sobre sí mismo los razonamientos de los investigadores. Es el caso de una extravagante diligencia de investigación sobre la «incongruencia horaria» del senderismo por Collbató. En este sentido, la defensa ya presentó un escrito ante la Audiencia de Barcelona reclamando ordenar una instrucción que pervertía el principio incriminatorio con la búsqueda de indicios, que no pruebas, de la supuesta culpabilidad del primogénito del empresario textil y que refutaba o debilitaba la tesis incriminatoria de la instrucción.

«La ucronía policial»
Uno de los ejemplos era el uso policial de dos testigos principales del caso. Los dos excursionistas que encontraron a Jonathan Andic en estado de shock poco después de la caída. Dos personas que, para los investigadores, pasaron de “muy relevantes a no necesarios». Pero a medida que se analizan los atestados de la instrucción, el sesgo policial incriminatorio aún se hace más evidente en otros indicios aportados, como la famosa huella, o una interesante «ucronía policial», así como las descontextualizaciones de los mensajes entre padre e hijo, un claro sesgo por selección, y, de rebote, las valoraciones interpretativas de la policía que pueden llegar a rozar la frivolidad.
Si se analizan punto por punto los indicios incriminatorios, cabe destacar lo que fuentes cercanas al caso describen como «ucronía policial». Es decir, las conjeturas de los investigadores sobre un pasado que no existió. Un ejemplo de lo que se considera en términos judiciales, «el sesgo interpretativo y una investigación asimétrica». Para entender esta crítica a la instrucción hay que revisar un informe policial titulado como “Diligencia de incongruencia horaria”. En este contexto, hay que recordar que el accidente tuvo lugar el 14 de diciembre de 2024. El atestado destaca que la primera fecha propuesta para la caminata era el viernes 13 de diciembre. Una fecha que razonan en base a los mensajes intercambiados entre el padre y el hijo. Isak Andic, sin embargo, pidió posponer la excursión al día siguiente. De hecho, consta un whatsapp donde se lee “Buenos días Jony, cuando
quieras me llamas para la salida”.
Aunque la salida del 13 se suspendió, la policía la incorpora al atestado «de Incongruencia horaria», porque cuestionan la hora de salida de casa, las siete y media de la mañana. De hecho, consideran que es una hora «inadecuada para iniciar una actividad de senderismo de montaña, por la ausencia de condiciones de luz suficientes en la ruta para hacerla con seguridad». El razonamiento de los Mossos se lleva a cabo aportando datos del Observatorio Astronómico Nacional, del Ministerio de Fomento, sobre las horas de salida y puesta de sol en España durante el año 2024. En esta línea destacan que el crepúsculo civil del día 13 comenzó a las 7.38 horas y finalizó con la salida del sol a las 8.09 horas. Por lo tanto, los policías consideran que es demasiado oscuro para ir de excursión por Collbató. Ahora bien, la policía olvida un detalle crucial que desarma este informe y es quién propone la hora de salida.

El padre manda
Curiosamente, la «Diligencia de incongruencia horaria» olvida que Jonathan, tanto para el día 13 como para el día 14 -día del accidente mortal- deja en manos de su padre la hora de salida hacia Montserrat. Los mensajes son rotundos. Concretamente, un whatsapp del hijo al padre al mediodía del 11 de diciembre preparando la salida del viernes: «Vamos a la hora que quieras, me hace mucha ilusión poder estar solos y hablar tranquilamente contigo, así que la hora no tiene importancia, ya me la confirmarás tú! Gracias».
En síntesis, el atestado incluso incorpora una «reflexión» policial con tono de conclusión sobre un pasado alternativo que nunca llegó a producirse, una ucronía. Fuentes del caso, lo definen como una «conjetura sobre la conveniencia de salir de casa a una hora u otra en un día en el que ni siquiera se produjo el accidente, con la clara intención de señalar una supuesta premeditación«. El sesgo interpretativo con datos «asimétricos». Esto es, por un lado, apuntan que el hijo quiere salir cuando todavía es oscuro pero se omite que es el hijo quien deja al padre que elija la hora de salida.
En definitiva, este informe es un ejemplo más, que se añade a los de los excursionistas o la huella encontrada, que tiene un informe aparte, de lo que se puede calificar de «deseo incriminatorio de los Mossos», después de que se cerrara el caso como un accidente. El objetivo, y será una de las claves del caso si llega a juicio, es denunciar que los investigadores -con la connivencia del ministerio fiscal y la instructora- intentan establecer que Jonathan quería «salir de noche como base de una supuesta intención homicida, pero olvidan una parte de la información importantísima». Además, en cualquier caso, fuentes de la defensa consultadas por este diario se apresuran a subrayar que «no habría ninguna incongruencia en salir a las 7.30 o a las 8.09 horas, en lo que resulta una divagación absurda con pretensiones incriminatorias».

