Por un lado, evitar la repetición de los disturbios y el saqueo del pasado 24 de octubre y, por otro, considerar cómo prevenir y pronosticar este tipo de fenómeno nuevo. Estas son las tareas que se ha impuesto la Prefectura de los Mossos d’Esquadra para afrontar el efecto Blocus, o más bien, «el efecto espejo de una parte de Blocus», como prefieren explicarlo fuentes de la policía de la Generalitat. Con el entendimiento de que por ahora, y a diferencia del fenómeno que nació en Francia con las protestas estudiantiles, lo que ocurrió en Barcelona no tiene una vocación ni un objetivo político y social. De hecho, la única semejanza es el saqueo y el vandalismo de alta intensidad de las imágenes que circulaban por internet.
De ahí que los Mossos hayan decidido afrontar la urgencia pero también evaluar a fondo el nuevo fenómeno emergente, que queda fuera del terreno que hasta ahora utilizaban para la prevención y la detección de movimientos que ponen en riesgo la seguridad del espacio público. Es decir, los procesos de análisis e investigación habituales en los que hasta ahora eran las amenazas preeminentes: el yihadismo, el supremacismo blanco, la extrema derecha o la izquierda revolucionaria. Incluso, se plantean si es necesario cambiar el chip para evaluar las amenazas y preparar mejor y desde otra perspectiva los dispositivos de seguridad pública. Esto es, repensar cómo afrontar y valorar el nivel de amenaza con nuevas fórmulas más eficientes para diseñar los dispositivos y una nueva seguridad pública.
Un dispositivo para Barcelona y otro para el resto del país
En cuanto a la urgencia, Mossos ha dividido Cataluña en dos atendiendo el nivel de amenaza o de riesgo: Barcelona y el resto del país. Así, han puesto la capital catalana en un nivel 4 sobre 4 -es decir, manifestación «combativa con acciones delictivas»-. Un nivel al cual no se llegaba desde las protestas por el encarcelamiento de Pablo Hasél en el año 2021. El resto del país, en las diversas convocatorias -Igualada, Lleida, Badalona, Mataró, Platja d’Aro, Girona, Tarragona, Reus, El Vendrell, Terrassa o Blanes- está en un nivel dos, que indica posibilidad de disturbios. En todo caso, «las zonas donde prevén acciones se blindarán con un control muy activo e intensivo», sobre todo en el transporte público. De hecho, han preparado cuatro fases de actuación que comenzarán a las 3 de la tarde hasta que consideren que se pueda entrar en «fase de normalización». Ahora bien, los Mossos admiten que, como ha ocurrido en varias convocatorias de esta semana en la red, puede ser que las de este sábado queden en nada. «Nos podemos encontrar con una sorpresa: que no haya nadie», señalan fuentes de la policía.

¿Seguro que es Blocus?
Una de las premisas de las que parten los analistas de los Mossos es que, aunque la convocatoria del sábado pasado llevaba este nombre, no es lo mismo que el movimiento Blocus que se ha vivido en Francia, donde había «ideología detrás». Así, creen que solo replican la parte final de las manifestaciones y los altercados franceses con el saqueo y la pelea urbana. Un fenómeno que los Mossos sostenían que se acabaría replicando en Cataluña pero no con la intensidad que se llevó a cabo ni con la cantidad de menores sin antecedentes que participaron en él. «No es un movimiento organizado, no es una organización, pero sí que tiene patrones organizativos, no hay una organización extremista, es un extremismo violento, no se reivindica nada», apuntan las mismas fuentes, que aprovecharán la información de los identificados para establecer patrones.
En esta línea, y siguiendo el primer perfil de Tik-Tok que alertó a la policía, se han dado cuenta de que el fenómeno tenía unas características comunes, como la convocatoria por redes, una enorme viralización y una cartelería burda hecha con inteligencia artificial muy poco coherente con las proclamas que anunciaba. Uno de los puntos más investigados por los Mossos son los vídeos de jóvenes encapuchados y con objetos robados en Francia, publicados con la intención de lograr viralidad y que han contribuido a extender el fenómeno. En este escenario, el cuerpo ha situado también el fenómeno del FOMO, el miedo a quedarse fuera de la comunidad y la búsqueda de la notoriedad, como un acelerador del Blocus.

Estrategia híbrida, gamificación e injerencias extranjeras
Uno de los puntos de conexión de los Mossos con sus bases de datos y el nuevo fenómeno es que hace más de cuatro años que observan el uso de los chats de determinados videojuegos para radicalizar menores, como GTA y Roblox. Es decir, la «gamificación» de la protesta. Aunque sospechan que los «reclutadores de Blocus» utilizan esta vía, -como ocurre con la violencia nihilista- aún no tienen suficientes indicios para poder confirmarlo. Tampoco terminan de ver que sea una estrategia híbrida, aunque es una hipótesis de trabajo.
Los Mossos tampoco descartan la posible injerencia extranjera. En este sentido, enumeran como estados proclives a este tipo de acciones Rusia, Corea del Norte, China o Marruecos. Todos con sistemas calculados de “desestabilización”, y también mencionan el contexto del conflicto con Israel, con la guerra de Gaza y el posicionamiento del gobierno español y catalán. También es una línea de trabajo, pero, eso sí, la policía de la Generalitat recuerda que quien tiene competencias en materia de injerencia extranjera son el CNI, el servicio de Información de la Guardia Civil y la Comisaría General de Información del Cuerpo Nacional de Policía.
Esto no quita que los Mossos estén en coordinación con «otras inteligencias extranjeras amigas», o que estén trabajando a través del Centro de Inteligencia Contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) para poder cerrar los perfiles de redes que difunden las convocatorias y dejar algunos vivos para «no quedarse a ciegas». Es decir, utilizan la Unidad Nacional de Coordinación de Internet (UNCI), activa desde 2018 para retirar contenidos terroristas o extremistas, para solicitar el cierre de canales que incitan a la violencia. De momento, las plataformas tecnológicas han aceptado las peticiones sin la intervención de ningún juez y se han cerrado cuatro canales de Telegram. El más grande tenía más de 3.000 miembros y acumulaba miles de interacciones.

El dispositivo en Barcelona
El dispositivo para este sábado se ha planificado conjuntamente con la Guardia Urbana de Barcelona. También se ha contactado con Bomberos, el Sistema de Emergencias Médicas (SEM), el Ayuntamiento y los servicios de seguridad privada para coordinar las actuaciones y retirar posibles materiales susceptibles de ser lanzados. También prevén activar un Centro de Coordinación (CECOR) en el complejo Egara -sede central del cuerpo- y uno en Barcelona. En paralelo, los Mossos mantienen el contacto con el Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB) por cuestiones relacionadas con la asistencia letrada. El cuerpo ha añadido que está coordinado con la judicatura y la Fiscalía.
También hay dos coincidencias, la noche de la castañada y el partido del Barça en el Camp Nou, que se jugará a las nueve de la noche. En cuanto a la castañada, la policía llevará a cabo controles “muy selectivos” con especial atención en la detección de elementos de pirotecnia. Si decomisan piedras, petardos, herramientas o aerosoles puede ser un argumento para retirar una máscara. En cuanto al partido, los Mossos admiten que puede “tensionar” el cuerpo, pero han asegurado que los efectivos destinados al partido no harán disminuir la contundencia del dispositivo contra Blocus. No obstante, han apuntado que los agentes del entorno del campo del Barça podrían moverse en caso de que fuera necesario, una vez comience el partido.
El dispositivo tendrá cuatro fases y se incidirá en el control preventivo e intensivo. La primera comenzará a las tres de la tarde y se centrará en la prevención en el transporte público, con controles en las estaciones de tren, también las de fuera de Barcelona, en los puntos de llegada a la ciudad y en el metro. “La mayor parte de los detenidos el 24 de octubre pasado procedían de la primera corona metropolitana”, recuerdan desde el cuerpo. En segundo término, se ampliará la prevención a las zonas de influencia de las convocatorias, tanto en el interior como en el exterior de los transportes. En cuanto a la tercera, será a merced de la evolución de la situación y se activará si se detectan concentraciones de personas que comienzan a provocar disturbios o si aumenta el número de participantes. En este escenario, el cuerpo pasará a una situación de “máxima alerta” y hará las detenciones que considere necesarias para evitar que se repitan los hechos del sábado pasado. La cuarta fase se alargará hasta que se hayan completado todas las diligencias policiales y las personas detenidas, tanto mayores como menores de edad, pasen a disposición judicial. Una fase de descompresión.

