Cataluña vive una crisis ferroviaria sin precedentes desde hace dos semanas. El accidente mortal de Gelida ha evidenciado el mal estado de la red de trenes del país y ha puesto en alerta a agentes políticos, sociales y administrativos. El mal estado del servicio llevó al Gobierno a suspender el funcionamiento de toda la red de Rodalies, y hasta ahora aún no se ha podido recuperar la normalidad. De hecho, tal como ha anunciado Renfe este viernes, no se prevé que los trenes del país vuelvan a funcionar como es debido -aunque antes tampoco lo hacían- hasta el mes de abril. Si las previsiones se cumplen, pues, la crisis ferroviaria se habrá alargado, como mínimo, tres meses. Rodalies se ha llevado la peor parte del golpe, pero la crisis también ha salpicado de lleno el servicio que justificaba la marca AVE, acrónimo de Alta Velocidad Española. Adif ha pactado con las tres compañías que operan este servicio -Renfe, Ouigo e Iryo- que el trayecto que conecta Barcelona y Madrid sea 25 minutos más largo hasta final de año.
La decisión, que de entrada debía ser por solo unos días de esta semana, se ha tomado en el marco de las actuaciones de mantenimiento que está llevando a cabo la empresa gestora de las infraestructuras para garantizar el buen estado de las vías. A pesar de que los pasajeros entienden este ralentizamiento del trayecto, la decisión no ha sido del todo bien recibida. «Los trenes salen tarde sistemáticamente, y ahora el viaje será 25 minutos más largo… Que digan lo que quieran, pero esto de alta velocidad tiene poco», exclama Anna en conversación con El Món mientras hace cola en la estación de Sants para coger el tren que se dirige a la capital española. Debe ir, como mínimo, una vez a la semana por trabajo, y cree que estos cambios en el servicio le supondrán un gran dolor de cabeza. «Al principio pensábamos que sería solo una semana, pero tendremos que estar así durante todo un año», lamenta la usuaria habitual de los trenes de alta velocidad.
En la zona de alta velocidad de la estación de Sants se forman cada mañana colas más largas de lo habitual, ya que muchos de los pasajeros prefieren pasar los controles de seguridad con mucha antelación para evitar encontrarse con sorpresas de última hora. Y esta escena se reproduce durante los momentos de máxima afluencia del día. Es decir, alrededor de las tres de la tarde, momento en que las personas que hacen jornada reducida salen de trabajar, y pasadas las seis de la tarde. «Prefiero venir más temprano y tener que esperar que apurar al máximo, porque alguna vez me he encontrado que me han cancelado el tren a última hora», comenta Júlia, que espera que llegue el operario de Renfe para validar el billete del tren que la llevará a Girona, otro de los principales destinos de los usuarios que toman la alta velocidad en la capital catalana. Normalmente, con un buen funcionamiento, el trayecto entre Barcelona y la capital gerundense es de 38 minutos, pero entre las demoras y el mal estado de las vías, que obliga a los trenes a ir más lentos, el trayecto se alarga hasta los 50 minutos de media. Poco menos que el mismo trayecto por carretera.

Inquietud entre los usuarios habituales de Girona
En Girona se respira un ambiente un poco más tranquilo que en la estación de Sants. A pesar de que las colas son más cortas y el tiempo de espera ligeramente menor, la inquietud de los pasajeros es muy palpable. «Intentamos organizarnos entre nosotros, porque es la única manera de no perder dinero con todos los cambios que hay siempre«, comenta Dani. De hecho, muchos usuarios que usan diariamente la alta velocidad para ir hasta Figueres o a la capital catalana a trabajar se han organizado a través de un canal de Telegram en el que se actualizan sobre el estado del servicio. «Es la única manera que tenemos para estar al día de lo que pasa, porque las aplicaciones tampoco dan toda la información», añade el usuario. Esta es una práctica cada vez más común entre los pasajeros que usan habitualmente la red ferroviaria que conecta el país ante la falta de información sistemática de Renfe.
Incluso, ante la poca fiabilidad de los trenes de alta velocidad y del conjunto de Rodalies, algunos usuarios se han planteado organizarse para alquilar conjuntamente un autobús que los llevara de Girona a Figueres -y viceversa-, costeándose ellos mismos los trayectos. Finalmente, sin embargo, la opción ha quedado descartada. El problema, sin embargo, para los usuarios consultados es que este tipo de iniciativas, por mucho que no se acaben llevando a cabo, tengan que salir de los mismos pasajeros en lugar de la administración. Por eso, reclaman «responsabilidades políticas», una reunión con Renfe y que se ponga un tren lanzadera que haga el trayecto entre Figueres y Barcelona «que evite los retrasos acumulados» con los convoyes que hacen trayectos largos. De momento, sin embargo, según aseguran, no han obtenido ninguna respuesta de la administración a sus reclamaciones.

Preocupación por la huelga de maquinistas
Ante la constante incertidumbre sobre el funcionamiento de la red de Rodalies y los trenes de alta velocidad, ahora los usuarios también tendrán que enfrentarse a tres días de servicios mínimos por la huelga de maquinistas que se producirá del 9 al 11 de febrero. Durante estos tres días, además de los trenes que circularán por decreto de la Generalitat, Renfe también mantendrá el servicio alternativo por carretera que ya está funcionando. A pesar de los servicios mínimos decretados, los pasajeros enfrentan con mucha preocupación los tres días de huelga: «Si ya tenemos un tren comprado que ahora quedará afectado por la huelga, ¿nos reubicarán o perderemos el billete? ¿Qué pasará si uno de los trenes que sí que tiene que salir, acaba cancelándose?», se pregunta Marta, que explica que ya tiene el billete comprado para el lunes a las cuatro de la tarde para volver de Barcelona, uno de los trenes bloqueados por las protestas de los sindicatos de maquinistas.
En concreto, según el documento de servicios mínimos emitido por la administración, los trenes que quedarán bloqueados de la alta velocidad que conecta la capital catalana con Girona son el de las 9.32 horas de la mañana, el de las 15.54 horas de la tarde, y el de las 23.05 horas de la noche. En cambio, de Girona a Barcelona, quedarán afectados el de las 13.30 horas, el de las 17.32 horas de la tarde y el de las 17.49 horas. El resto de convoyes previstos para esos tres días sí que circularán. Ahora bien, las previsiones no frenan las preocupaciones de los usuarios. «Yo no me acabo de creer nada. Teóricamente, los trenes deberían funcionar siempre, pero ya hemos visto que no es así», afirma, con resignación, Dani. La crisis sin precedentes de Rodalies ha dejado el país paralizado ferroviariamente, afectando también a los miles de usuarios que usan los trenes de alta velocidad para ir a trabajar o a realizar cualquier otra actividad del día a día. Y, de momento, el calvario de tomar el tren en Cataluña aún continuará unos cuantos meses. Las perspectivas no son buenas.

