Los médicos también van a la huelga. El aumento de la población y la falta de recursos ha colapsado un sistema que abusa de la vocación de los profesionales sanitarios, resumen los sindicatos, críticos con un convenio que, entre otros motivos, no reduce como desearían las guardias de 24 horas. Así han bautizado los profesionales un sistema que una vez a la semana empalma la jornada ordinaria con la custodia de las noches, es decir, la jornada diaria (de 8 a 15 horas) con una guardia de 17 horas (de las 15 h a las 8 h del día siguiente). “Si tienes guardia, son 24 horas constantes de tomar decisiones importantes. En casa saben que al día siguiente es mejor darme órdenes que preguntarme qué quiero hacer. No puedo tomar ninguna decisión más, por banal que sea”, explica Álex Mayer, médico internista del hospital Pere Taulí de Sabadell.
El Món reúne a Álex, representante de una nueva generación de médicos, con Mercè Güell, veterana cirujana de Sant Joan de Déu (Manresa). “Se aprovechan del hecho de que somos profesionales vocacionales, pero, a la hora de tratarte, lo hacen como asalariados”, apunta la cirujana, nostálgica de otras épocas en que “las guardias eran guardias”. “El concepto, como tal, ha desaparecido”, dice ahora. La doctora apunta que ya no hay margen para dormir unas horas ni tampoco aquella espera en un despacho deseando que no pase nada. “Ahora empiezas la guardia con las urgencias saturadas”, apunta con resignación.

El número de guardias depende de la dotación de médicos de que dispone cada hospital y es desigual, aunque la media sale a una guardia por semana o incluso dos. Los más jóvenes, por ejemplo, hacen más. En Cataluña, la legislación prevé que los mayores de 50 pueden decidir no hacerlas, aunque muchos profesionales renuncian a este beneficio para no afectar a otros compañeros. La regulación también obliga a la mayoría de los médicos a hacer 490 horas de guardias al año, un umbral que, en estos momentos, se alcanza en solo tres o cuatro meses.
El sistema, comentan los profesionales, no se ha movido al mismo ritmo que la sociedad. La población de referencia del Servei Català de la Salut ha superado los 8,2 millones de personas, lo que supone casi un 10% más que hace una década. El incremento poblacional, derivado de un aumento de la migración y del envejecimiento de la población, ha saturado la atención primaria y de rebote también las urgencias hospitalarias. “Diré algo que es políticamente incorrecto, pero cierto: a menudo vemos casos que no deberían venir a urgencias de un hospital, pero si la primaria no puede darte respuesta, el paciente viene a nosotros”, lamenta Mercè.
En su caso, son dos cirujanas y un médico residente –que está haciendo el MIR– para cubrir las necesidades de medio centenar de pacientes durante las guardias. El caso de Álex, que se encarga de la medicina general de su hospital, aún parece más extremo: solo él y un residente para un volumen próximo a los 300 pacientes. Estas situaciones provocan momentos de estrés, sobre todo cuando se acumulan diferentes casos de riesgo. Mercè, que opera mayoritariamente todas aquellas patologías vinculadas al aparato digestivo, nos recuerda una de las más críticas: “Tenía el abdomen del paciente abierto y entró un politraumatismo [cuando una persona tiene diferentes partes del cuerpo afectadas por golpes o un accidente]– que tenía que entrar en quirófano cagando leches. Necesitábamos más de un médico en cada operación, así que yo ayudé al trauma y a mí me ayudó un ginecólogo. Todos somos médicos, pero, al final, no estás operando tu especialidad”.

“Evidentemente”, añade Álex, “a nadie nos gusta ver a un compañero sufrir”. “Y el paciente, por supuesto, no puede quedar desatendido”, razona. “Así que ayudas donde sea cuando es necesario, pero si pasan estas cosas es que no hay suficiente gente de guardia, es de sentido común”, concluye el médico, que a menudo se pregunta «si se está dando el servicio que se debería dar”. “A las tres de la madrugada, habiendo trabajado todo el día, por mucha adrenalina que rescaten tus glándulas suprarrenales al entrar en quirófano o al atender una urgencia, por mucha buena voluntad que pongas, siempre dudas de si lo estás haciendo bien”, remata con explicación científica incluida. Mercè asiente con la cabeza. “Yo puedo estar operando y recibiendo llamadas de planta”, añade. “Esto no puede ser, debería poder estar concentrada en la operación”, concluye.
Qué debe cambiar
Los médicos reclaman a la consejería de Salud que negocie un convenio propio que ponga hilo a la aguja a toda una serie de reclamaciones que ni la Generalitat, con las competencias delegadas, ni tampoco el Ministerio de Sanidad han conseguido resolver. La ministra Mónica García ha impulsado un nuevo convenio marco –que agrupa a todos los profesionales sanitarios– a pesar del rechazo frontal de los sindicatos de médicos del Estado. El convenio eliminaría las guardias de 24 horas, pero los sindicatos alertan de la letra pequeña: la dedicación diaria es 12 horas máximas para todos los colectivos, a excepción de los médicos, que pueden trabajar hasta 17 horas ininterrumpidas que, además, se pueden prolongar hasta las 24 horas si es por «necesidades de los servicios», cuestiona Metges de Catalunya.
“Se debe ir modelo a modelo. No digo que todos los servicios tengan una tensión continuada que les impide descansar, pero hay casos en que es muy evidente que no podemos estar más de 12 horas al máximo”, comenta Álex. “Esa guardia que no puede ser de 24 horas, para mí, tampoco puede serlo de 17″, apunta sobre la propuesta del ministerio. «Sigue siendo demasiado». Mercè también pide liberar la mañana del día de guardia. “Tienes que estar descansada, no puede ser que comiences la guardia y ya no puedas más”, argumenta.

Sea como sea, ambos insisten en la urgencia de incrementar el personal médico en los hospitales, una cuestión más de fondo que la suma de horas seguidas que trabaja un profesional. Es necesario incrementar los médicos, apuntan, con la idea de recuperar “la idea de una guardia”, en la que no estás activo todo el tiempo y tienes margen “para cenar y descansar”. “Una guardia bien entendida funciona, porque trabajas 12 horas y aquí dentro te entra el descanso, que puede ser de hasta dos o tres horas”, insiste la cirujana. “Pero esto no está pasando”, concluye.

