Doctora Estela Lladó-Carbó, especialista en longevidad y neurociencias; doctora Mireia Illueca Moreno, especialista en neurocirugía; Montse Escobar Prats, especialista en psicología humanista; Daniel Muigg, director financiero. Este es el equipo que, después de años de relaciones personales, decidió hace unos meses concretar un proyecto largamente gestado: la creación de una clínica –Monarka Clinic, de Barcelona– donde toda su experiencia –y la de algunos otros profesionales– se ponga al servicio de hacer vivir mejor a la gente… y de hacerla vivir más.

Detrás aparecieron como financieros de la aventura Pep Guardiola, Jonathan Soriano y Thiago Alcántara, tres anzuelos de lujo, que no buscaban exactamente hacer una buena inversión. “La salud es un sistema integral donde el bienestar emerge como consecuencia de la armonía entre nutrición, descanso, gestión emocional y ejercicio físico”, vienen a decir. Y en eso trabajan y han convertido esta tétrada en la bandera del sueño. Un sueño, sin embargo, que se paga, aunque sus impulsoras dicen que más caras pueden ser unos zapatos que nos han robado el corazón.

Estela, Mireia y Montse parecen ser un todo. Y las tres –una para todas y todas para una– han querido ser entrevistadas juntas…

¿Han visto una película de Frank Capra que se llama Horizontes lejanos?

[Se miran sorprendidas] No.

Por lo tanto, ¿no saben qué es Shangri-La?

[Caras de más sorpresa].

Horizontes lejanos es una película de los años 30. Un clásico. Shangri-La es un valle perdido en el Tíbet, donde la gente no envejecía. En ese valle, por unas condiciones misteriosas que no se aclaran en el film, la gente podía llegar a los 200, a los 300 años. La posibilidad responde a una necesidad que tiene el ser humano de ser eterno. Pero claro, la Biblia, el Antiguo Testamento, no dice eso. Los manuales de biología, tampoco. En el Nuevo, Cristo promete la vida eterna y la resurrección de la carne. La gente llega a una cierta edad, va envejeciendo y después muere. Están respondiendo, ustedes, por lo tanto, a una necesidad. La gente quiere vivir más. Cuanto más, mejor.

Lo que nosotros percibimos es que la gente quiere vivir más, sí, pero mejor, sobre todo. Intentamos trabajar esta última etapa de la vida, que es tan decadente, donde estamos diez, quince, incluso a veces veinte años, a menudo mal. La persona –porque no nos gusta nada llamarlos pacientes, nos gusta llamarlos personas como personas que somos– y todo el contexto familiar sufren una situación muy extrema y con mucho sufrimiento. Tan importante es aprender a vivir bien como aprender a irse de una manera sensata y consciente, y muy coherente con la vida que hemos vivido y con la familia alrededor. Entonces trabajamos todas las etapas de la vida, en realidad. Porque si nosotros no comenzamos a prepararnos y a cuidarnos y a cultivarnos para las décadas futuras, lo tendremos muy complicado. Y esta es un poco la base de nuestra filosofía. Dar las herramientas necesarias para que la gente en el día a día pueda aplicar una serie de hábitos de vida muy saludables y podamos envejecer de forma natural y que vivamos más, pero sobre todo, mejor.

Muy bien, pero cuando incluyen la palabra longevidad en su publicidad ofrecen la posibilidad de vivir más. Quiere decir que entienden que la gente quiere vivir más. No solo quiere vivir con calidad de vida los últimos años, sino que, además, la idea, la esperanza, es vivir más. Eso quiere decir que aquí vendrá gente que lo que quiere es alargar la vida.

De hecho, este concepto es un poco… hay mucha turbulencia aquí en medio, hay muchos grises. La gente quiere vivir más, pero todos, todos, todos, todo el deseo general de la gente con la que estamos, es que quieren vivir mejor. Si les planteas una longevidad que no va acompañada de calidad de vida, la gente no se embarca en este viaje.

Lo que yo puedo decir por experiencia personal es que la gente que conozco que ha tenido mejor vida, que les ha ido muy bien y que tienen más dinero, son los que más pugnan por aguantar aquí y no irse. No sé si están de acuerdo con la experiencia que tienen…

Yo creo que hay una parte muy importante a nivel también espiritual y emocional para gestionar esos momentos, de la gente que está muy aferrada a lo material.

Sí, sí, sin duda. Es decir, aquí la idea es que nosotros miramos a la persona como un todo. Lo que pasa es que yo veo que… sí, hay ese deseo, por mi experiencia, de vivir más años, y eso es aplicable casi a todo el mundo. 

¿Los pobres, también? Los pobres no deben venir a esta clínica, supongo. Pero, en todo caso, la gente que es más humilde, que lo pasa más mal y que sufre más y que, por tanto, llega al final más tocada, ¿también quiere alargar la vida?

Es totalmente inherente a la persona, tratar de estar aquí el máximo tiempo posible para aprovechar la oportunidad que supone estar en la vida. Es una oportunidad para hacer un montón de cosas. Es cierto que hay vidas que terminan antes y es cierto que hay vidas que también, de alguna manera, tú puedes, digamos… A ver, no sé decirlo… Pero tú puedes hacer cosas, puedes programar tu cuerpo, puedes ayudarte de muchos recursos para alargar tu vida al máximo posible. Y pienso que eso lo quiere absolutamente todo el mundo. Pero con un buen estado mental y emocional, que también es una de las ramas que tenemos nosotros.

La gente se cree inmortal, y eso nos permite vivir. Es decir, tú llevas el día a día y aceptas la vida porque piensas que no te morirás. Este olvido sistemático, persistente, nos ayuda. Yo hablo con mucha gente que no piensa en ningún momento que ellos también morirán. Creo que se sienten inmortales hasta que llega el momento en que ya no pueden sentirse así.

Sí y no. Yo, con mi experiencia, tengo en terapia bastantes personas mayores, incluso de 80-85 años, que han hecho las paces con la vida y que de alguna manera tienen necesidad de hacer un proceso de revisión. Como aprovechando los últimos años para revisar cómo he funcionado a nivel familiar, a nivel de relaciones personales, cuáles han sido mis expectativas. He visto también la aceptación, por ejemplo, de una enfermedad. A veces la gente camina de la mano de una enfermedad y trabaja la relación personal con ella para poder irse con el mínimo miedo posible.

Eso en el caso del cáncer ya lo hacen los psicooncólogos, que son los que se encargan, más o menos, de preparar a la gente que soporta estas enfermedades. Pero todo esto tiene más que ver, por tanto, con la psicología que no con la biología, que no con el hecho de querer vivir más y de alargar la vida. Me habla de un confort, de una resignación alegre que ustedes transmiten al que viene aquí, pero no de longevidad…

Es que no sería solo mi parte, que es justamente esta. [Habla Montse Escobar]. Es decir, la ventaja que tenemos aquí es que somos un montón de profesionales que estamos todos orientados a dar salida a todas las necesidades. Habrá gente que quizá necesitará más apoyo psicológico en un momento concreto, pero eso no excluye de ninguna manera que, por ejemplo, después pase a la consulta de Estela y de esta manera pueda trabajar todas las otras vertientes para ver cómo puede alargar su vida al máximo posible. Es decir, somos multidisciplinarios.

Porque Estela aporta todo lo que es la longevidad…

[Habla Estela Lladó] A ver, yo vengo de un background de neurociencias, de una formación de neurofisiología, de procesos celulares muy básicos, cómo funciona una sinapsis entre dos neuronas, cómo funciona el cerebro… Con Mireia trabajamos mucho en quirófano, porque ella es de neurocirugía. Entonces, monitorizamos muchas funciones cerebrales para evitar una lesión neurológica irreversible in situ, en quirófano. Hay una comunicación muy directa. Vamos del micro al macro, un poquito, pero lo conocemos todo. Lo conocemos muy bien a nivel celular, biología, fisiología…

Aplicamos todos esos conocimientos a la práctica habitual y del día a día. Tratamos de mantener todo el organismo. No lo vemos como órganos separados. De hecho, cada órgano envejece a una velocidad diferente. La edad biológica de un hígado es diferente a la edad de un corazón, es diferente a diferentes células del cuerpo.

Nosotros vemos el organismo como un todo en sincronía. Hay unas frecuencias generales. Igual que las hay a nivel de registro de actividad eléctrica cerebral: las alfa, las beta, las theta, las delta, que nos dan un estado de más activación o de reposo. Y todo eso debe ir en sincronía dentro del cuerpo. Como trabajamos un todo de los 180 grados, lo que hacemos es intentar dar todas las herramientas a esos organismos. Para que vivamos con una mejor calidad de vida y podamos trabajar desde nivel celular hasta nivel orgánico, hasta nivel corporal. Y eso incluye, evidentemente, toda la parte emocional, cerebral, la parte nutricional, la parte de ejercicio, la parte de dormir bien, la parte de gestión del estrés, la parte de…

¡Uf! Es muy complicado vivir bien. Quizás es mejor vivir mal para no complicarte tanto la vida…

Es mucho más sencillo de lo que pensamos, pero no tenemos las herramientas y tenemos mucha falta de conocimiento. Y por eso estamos aquí, en definitiva.

Denme tres consejos rápidos para que la gente pueda vivir mejor… Ya sé que es un poco simplista, pero hagámoslo así. O tres errores que cometemos continuamente y que hace que llevemos mala calidad de vida.

El primero de todos –para mí, el más importante– es el descanso.

No descansamos bien.

No descansan bien y no sabemos cómo descansar bien. Entramos como en una rueda, tomamos medicación… Somos una sociedad, y España es una de las que está a nivel mundial a la cabeza, una sociedad que no descansa bien en la noche y que toma medicación para dormir. Tomas medicación para dormir, pero ya te levantas cansado porque esa medicación te da un cansancio. Y entonces tomas otra cosa, sea un café, sea un estimulante, para poder tirar todo el día. Llegas a la noche y ya no tienes sueño porque has tirado de estimulantes. Y estamos en una rueda, aparte el estrés… Si no descansas bien, el cerebro no se limpia bien. Si no se limpia bien, ya comienza a funcionar mal. Las conexiones y el bienestar, la liberación de neurotransmisores que dan este bienestar, ya están alterados. Y aquí comenzamos una rueda también que es muy peligrosa.

El primer error. ¿El segundo?

Es que yo le doy un peso tan, tan, tan fundamental al sueño, porque es verdad… ¿Por qué dormimos un tercio de nuestra vida? Bueno, pues porque, si no dormimos un tercio, no viviríamos los otros dos tercios, sería totalmente inviable. Debemos regenerar, debemos reconstituir, debemos limpiar, debemos crear conexiones, memoria, debemos potenciar el organismo del sueño. Para mí el primero sería el sueño. El segundo, sobre todo, la alimentación. Yo creo que un buen balance nutricional es fundamental. Hidratarnos. Todo lo que es ingesta sólida y líquida. Se debe saber comer de una manera estratégica e hidratarse también de una manera estratégica.

Eso ya lo controlan los dietistas, los nutricionistas, ¿no? Esta es una sociedad marcada por pautas de buena conducta nutricional…

Eso lo hacemos todos los que entendemos y los que queremos cuidarnos, ¿no? Nutricionistas, especialistas en estudios del metabolismo, porque cada persona tiene uno muy diferente, de metabolismo. Y, depende también de la etapa de la vida en que nos encontremos, la misma persona puede tener una manera de hacer funcionar el metabolismo diferente. Y para mí también eso está ligado con una tercera pata a la cual quizás no damos tanta importancia, que es la que trabajamos con Montse aquí: la parte de gestión emocional. La gestión de las emociones nos viene grande. Eso es algo que no nos han enseñado y que culturalmente tenemos bastante bloqueada, al menos en los países más europeos y más occidentalizados.

Más opulentos.

Sí, quizás, sí. Es una parte que está muy bloqueada y que interfiere mucho en cómo vivimos, en cuál es el ritmo que llevamos, cuál es el descanso que tenemos. Aquí está todo ligado, y no es tan sencillo…

Hay una frase que dice que nuestra biografía crea nuestra biología. Tal como vives las diferentes cuestiones que pasan en tu vida, los diferentes factores, o aprendes a gestionarlo correctamente, llegar a un punto en que no haya lucha interna, que puedas aceptar, que puedas solucionar el conflicto que tengas, o si no, el cuerpo físico se encarga, resiente. Ya hay un montón de estudios que lo demuestran.

«Sabemos que hay olas; lo que puedo hacer es comprar una tabla de surf y aprender a surfear» / Anna Munujos

Todo esto me liga con el hinduismo, con el budismo, que se puso tan de moda en los años 60. En aquellos momentos la gente ya repetía estas teorías: alimentación diferente, sueño provechoso, meditación, yoga, tranquilidad espiritual… Pero, claro, quien podía hacer todo eso no tenía que trabajar ni levantarse cada día a las siete para irse de cajero al Mercadona. La vida por sí misma es bastante más dura. No siempre es tan fácil que la gente llegue a estar tranquila, que tenga una buena alimentación y un buen descanso…

Lo que se necesita es una buena gestión. A todos nos pasan cosas. Aquí no buscamos un punto nirvana en el que estemos encerrados en una cajita donde no nos pase nada, sino que aprendamos a surfear las olas de la vida. Ya sabemos que no tendremos un mar plano a lo largo de nuestra vida. Sabemos que hay olas. Por tanto, lo que puedo hacer es comprarme una tabla de surf y aprender a surfear. De esta manera, puedo gestionar mucho mejor las cosas que me pasan y que todo el proceso sea mucho más ecológico.

¿Y el alcohol?

Para nosotros es un reto dar estas herramientas que podemos incorporar a la vida diaria actual. Y esto lo estamos consiguiendo. Es verdad que quizás es un cambio de paradigma, porque no es algo sencillo de hacer y requiere una metodología y un trabajo muy de fondo, desde la evidencia científica hacia arriba, pero yo creo que lo estamos consiguiendo. La gente que viene con intención y con ganas de priorizar estar en el centro de la vida, porque quiere ver crecer a sus nietos, lo hace. Y la gente que sigue nuestras recomendaciones mejora muchísimo.

Creo que es posible, pero debemos darlo a conocer y debemos dar estas herramientas. Y la cuarta pata fundamental es el ejercicio. Totalmente. Es fundamental esto. ¿Y el alcohol? Sin comentarios, pero vaya. No lo recomiendo. 

¿Ni un poquito? Somos una sociedad mediterránea que ha crecido en torno al vino. E incluso en la Biblia la sangre de Cristo es vino. ¿Cómo podemos desprendernos de una herencia cultural tan marcada? Por no decir cómo podemos desprendernos de un sector económico que da trabajo a tanta gente en este país…

Desde la evidencia científica yo sí diría que no podemos recomendar este hábito, no podemos recomendar el alcohol, pero somos una sociedad, la mediterránea, que vive todo lo que es alrededor de la mesa, de la comida, de compartir. Hay una serie de cosas que no tienen que ver con el vino en sí, sino con el hábito de compartir esa comida, de compartir ese momento… Si eso va acompañado de un poco de vino, pues también nos da un poco de vida. No somos profesionales que pretendemos ser rígidas, sobre todo. No encontraremos aquí a nadie que busque la rigidez. Lo que hacemos es hablar mucho con el paciente. Por eso Estela te decía al principio que no tratamos pacientes, son personas. Son personas que vienen buscando unas herramientas, que vienen buscando un aprendizaje, entender cómo podemos hacerlo bien desde una base científica.

Desde aquí nosotros lo que hacemos es poner sobre la mesa todas las cosas que conocemos. El conocimiento que tenemos, la experiencia que tenemos, todo el background a nivel científico. Con la persona que nos viene a buscar, que nos viene a pedir ayuda, establecemos un objetivo. No siempre es suspensión, absolutamente a cero, vamos a cero el alcohol. ¿Qué te aporta a ti? Vamos a buscar un equilibrio, porque la vida al final es eso. No una línea plana, no un encefalograma plano de que estamos muertos. ¿Por qué estamos aquí entonces? Debemos disfrutarla y poder encontrar esos equilibrios y esas subidas y bajadas que no alteren tanto esa homeostasis.

¿No tienen miedo de marcar demasiado la vida de la gente y de convertirse en una especie de secta, que la gente que viene aquí los vea como gurús y los vaya siguiendo y al final no sepan vivir si no es bajo sus directrices? 

No, porque la idea que tenemos es trabajar mucho con la autonomía. Es decir, actuar como personas que acompañamos el proceso, pero dando información para que la persona pueda ser autónoma en su proceso y elegir. En el caso del vino, por ejemplo, es muy importante si tú puedes elegir tomar la copa de vino o no. Si una persona se puede tomar una, disfrutarla, es fantástico, incluso a nivel psicológico, no médico, y yo lo recomendaré para entrar en contacto con el placer, que es muy importante en la vida. Pero es diferente cuando una persona no puede elegir. De cara a la segunda, a la tercera copa, ahí ya tendría una adicción, una compulsión que está llenando un vacío y que es importante poder encontrarlo, ese vacío, para que puedas elegir y con una la puedas disfrutar y que sea la única.

Seguro que les han contado el chiste de la persona que va al médico y le pide qué debe hacer para vivir más. Y entonces el médico le dice: usted debe renunciar al alcohol, debe dejar de fumar, debe dormir más… El paciente acaba pidiéndole: “¿Viviré más?”. Y el médico le contesta: “No, no, pero se le hará muy larga la vida”. Si al final resulta que todo esto va contra la manera que entendemos que es nuestra cultura hasta ahora, y contra dejarnos llevar, y contra los pequeños excesos…, quizás están pidiendo una vida ascética, una vida de sacerdote. Eso los conecta perfectamente con la religión católica…

Yo creo que entre poco y demasiado la medida pasa. Hay otra manera de vivir. Debemos aprender a vivir de otra manera, y, de hecho, nosotros lo estamos consiguiendo. Yo, por ejemplo, he pasado trece veces la covid, lo he pasado muy mal, y con todas estas medidas que nosotros hemos aprendido y hemos aplicado, no es que esté mejor, estoy mucho mejor que antes de la covid. Porque quizás no era consciente, porque estaba con la vorágine de la carrera, de los estudios, de los quirófanos, arriba y abajo, de los hijos, de la familia… Realmente en un momento determinado debes priorizarte. Porque, si tú no estás bien…

Pero ¿no cree que la gente se prioriza ya? Todos somos muy egoístas…

No, egoísmo no es priorizarse, es egoísmo de otra manera, interpretado de otra manera. Yo creo que la gente, cuando se pone en el centro de su vida, cambia todo a su alrededor.

Quizás se pone mal, pero ¿no cree que toda la gente se pone en el centro, no de su vida, sino del universo?

No. Sabemos cómo ponernos en el centro, pero no a nivel de salud. Creo que a nivel de conciencia, de cuidar el organismo, no lo hacemos. Es otro tipo de egocentrismo, pero no es a nivel médico-sanitario de cuidar el cuerpo.

Han creado una empresa, que es Monarka Clinic, con tres grandes accionistas: Pep Guardiola, Thiago Alcántara y Jonathan Soriano. Estos tres nombres pueden dar la sensación de que esto es un capricho de personas que ya lo tienen todo y que lo único que anhelan es vivir más para poder disfrutar de todo eso que ya tienen…

Bueno… parece quizás desde fuera. Aquí hay un trabajo…

Es decir, caprichos de nuevo rico…

Sí, pero no. Estos inversores no son los únicos. Hay muchísimos. Desde gente muy cercana hasta gente a la que hemos explicado en el proceso el proyecto y se han querido sumar. Esto surge de un trabajo de más de seis años. Los cuatro socios principales nos conocemos desde hace muchos años. Venimos de un camino personal e individual de cada uno de nosotros y de ir buscando esta salud, este bienestar, y de cómo encontrar la manera, de encontrar cómo hacerlo. Detrás de todo esto está la intención de poderlo compartir y de poderlo hacer llegar a mucha más gente.

Eso que dice parece como una cooperativa…

Uno de los proyectos que tenemos es hacerlo viable para que sea mucho más accesible a todos, porque hay gente que no tiene tantos recursos. Con la intención de no tener que llegar a usar todo esto, sino que todo sea preventivo, que la gente sepa qué debe hacer con ella misma. En el momento en que nosotros esto lo explicamos a los que ahora son los inversores principales, que son los que has dicho, y que son personas cercanas a nosotros desde hace mucho tiempo, tocamos alguna fibra, no a nivel de un capricho de nuevo rico, sino algo social, porque estas tres personas son bastante… Para mí son personas que tienen…

Son referentes…

Sí, pero, además, son buenas personas. Hemos buscado inversores que no busquen el valor económico del proyecto, sino que busquen hacer algo posible para mejorar la vida de la gente. Y eso, aunque no lo parezca, es lo que hay detrás. Y no todo el mundo… Aunque hemos tenido ofertas de personas que tenían mucho capital y que querían sumarse al proyecto, si no hemos visto eso detrás, no han entrado aquí.

Para nosotros será muy importante esta parte del proyecto, de poder hacer llegar a la gente lo que sabemos, de poder hacer un trabajo social, de poder llegar tanto a niños como a personas mayores, de poder mejorar la vida de la gente, de poder dar todas estas herramientas que a nosotros nos han costado muchos años de poder entender, mucho ensayo y error, y hacerlo fácil para que la gente tenga ya el camino hecho.

«Una visita aquí no es tan cara» / Anna Munujos

Perdone por la franqueza, pero ¿cuánto cuesta una primera visita aquí?

No es tan cara. Con Estela, por ejemplo, son más de dos horas de visita, porque se hace un estudio exhaustivo, absolutamente, de todo. De todo lo que hemos estado hablando. Con test, con muchas pruebas, con inteligencia artificial, que usamos… Hacemos un diagnóstico bastante exhaustivo, después se piden las pruebas, con un informe… Todo incluido.

Eso es la primera visita. Todo incluido. ¿Cuánto?

Trescientos ochenta euros.

No todo el mundo tiene trescientos ochenta euros para hacerse una primera visita, por muchas pruebas e informes que incluya…

Depende. Yo creo que la gente que quiere invertir en salud los tiene. Igual que con la psicología, puedes ir a varios médicos, puedes acceder a varios especialistas y puedes tener varias interpretaciones. La idea que nosotros damos aquí es que, durante dos horas y media, como es el caso de la visita que hace Estela, damos una gran cantidad de información, recopilamos datos, traen analíticas, se miran, se comparan, se hace trabajo interdisciplinario.

Te pondré un ejemplo muy claro. El otro día me vino a la consulta una chica que había tenido un problema de espalda, que tenía una meningitis. Por otro lado, también me comenta unos síntomas físicos que padece. Termina la consulta y le dije que ahora hablaría con dos doctoras para ver de qué manera la podríamos ayudar y cómo priorizamos eso. Esta persona venía de consultar en diferentes hospitales, públicos y privados. La habían desahuciado y le dijeron que padecía una cefalea persistente, tensional. No habían sabido curarla y entonces hablé con Mireia…

Cefalea es un cultismo que significa exactamente en griego dolor de cabeza. Históricamente ustedes han marcado mucho el territorio para deslumbrar y distanciarse de la gente… [Sonrío].

Ella me dijo el nombre técnico y se me quedó así… Es que así queda más chic [sonríe]… Este trabajo es realmente interdisciplinario. Yo me pongo en contacto con las dos. Comenzamos por Mireia con el tema de la meningitis y después ya lo estudiará Estela. Trabajamos para que esta persona ya pueda venir a la primera visita con Mireia con las pruebas hechas, porque así ya lo facilitamos absolutamente todo.

¿Cuál es el precio de eso? Pues no lo sé, es muy relativo… Unos zapatos que me pueda comprar en un momento concreto pueden tener un precio… ¿Cuál es el precio de haber tenido la certeza de que creemos que sabemos lo que tiene y de qué manera la podemos ayudar? Esa persona, cuando la llamé, se puso a llorar por teléfono… Eso para nosotros da respuesta a todo lo que siempre habíamos querido, poder dar respuesta a los problemas que tiene la gente. Esa persona vino a la psicóloga para hacer una consulta sobre un tema personal y se fue con todo eso resuelto. Esa es la idea… El precio, por tanto, para nosotros es bastante relativo.

Siempre que no continúen. Si es solo una primera visita, pero si después continúan viniendo y continúan pidiendo asistencia y continúan haciéndose pruebas, al final eso sí que son dinero.

Pero cuando ven un cambio real en su vida y en su salud, yo creo que es una inversión en salud total y absoluta. Entonces hay una adherencia, una fidelización. Encuentran aquí muchas respuestas que no han encontrado durante mucho tiempo. Y creo que es verdad que es importante la parte financiera, pero pasa a un segundo término totalmente. De todas formas, yo pienso que muchas de las disciplinas en el mundo médico que han sido innovadoras, a nivel tecnológico o ahora con la inteligencia artificial, la mayoría siempre han comenzado en el ámbito primario. Esta, pues, es una primera piedra que ponemos para que haya visibilidad en diferentes técnicas o una práctica de una medicina diferente desde otra mirada. Por ejemplo, la laparoscopia comenzó, sobre todo, en lugares privados, y ahora casi todos los hospitales públicos la tienen. Ayudamos a hacer este salto. Hay este puente, que tarde o temprano dará unos frutos generales.

Parece que ustedes están inventando un poco la sopa de ajo. La prevención es tan antigua como la humanidad. Algunos emperadores japoneses ordenaban matar a sus médicos cuando caían enfermos. Mataban al médico porque decían que no había impedido que llegaran a estar enfermos, porque lo fiaban todo a la prevención. Ustedes dicen eso, que todo debe ser prevención, ¿no? 

No todo. Yo, por ejemplo, me encargo de la parte médica. Intervengo cuando la persona que entra aquí tiene un problema, porque también puede venir ya con un problema… Aquí se trata de que puedas encontrar un trescientos sesenta…

¿Un trescientos sesenta?

Sí, exacto.

¿Trescientos sesenta grados? ¿Volver al punto de partida?

No, no vuelves al punto de partida, puedes hacer un poco de espiral, ¿no? Es decir, al final se trata de que, estés en el momento que estés de salud o de enfermedad, o vital, puedas encontrar las herramientas adecuadas para poder continuar con esa salud, o para poder recuperarla, o para poder hacerlo todo mejor. 

Dejen que insista un poco en las personas que pueden comunicar o explicar bien qué es la empresa, que son esos accionistas tan reconocidos. Pep Guardiola, que evidentemente para la gente de Barcelona es el que tiene más ascendencia, sentenció cuando la inauguraron: “El cerebro lo mueve todo. Antes que inversor seré paciente”. ¿Es paciente de la clínica?

Sí, sí. Pero esas cosas no se pueden explicar…

¡Perdón! ¿Le va bien?

De hecho, vino por eso. Con él hay una relación a nivel personal muy cercana. Vino a buscar algo en un momento muy delicado… No explico nada que no se haya publicado ya… Y luego obtuvo algo mucho más grande de lo que quizás al inicio se podría haber encontrado. A partir de ahí un día hablando le explicamos todo este proyecto que teníamos en mente desde hace mucho tiempo y nos dijo: “Cuando lo hagáis viable contad conmigo porque yo también quiero ayudar”. Es quizás uno de nuestros primeros pacientes…

«La apuesta de Guardiola es totalmente personal, la de alguien que conocíamos y que sabíamos cuánta humanidad tiene detrás» / Anna Munujos

Se ha vendido de una manera –o así lo ha entendido, al menos, la gente que ha oído hablar de ustedes–… más a la manera de decir: “Ah, mira, el capricho de tres exfutbolistas, de tres deportistas de élite que tienen mucho dinero, y que, mira, les ha dado por hacer esto…”. Como una diversificación de inversiones, como cuando la gente rica y famosa se ponía a hacer bodegas de vino en el Priorat durante una época en que eso era la moda… No se ha explicado tan bien como lo están explicando ustedes ahora…

Ha sido una apuesta personal, totalmente personal, en el sentido de querer hacer algo, de querer sumarse a un proyecto por parte de alguien que conocíamos de manera muy cercana y que sabíamos cuánta humanidad tenía detrás…

Siempre a otro nivel, hay esas grandes figuras multimillonarias norteamericanas que gastan lo que sea para alargarse la vida. Jeff Bezos, por ejemplo, creó Altos Labs, una empresa que invierte mucho dinero con la longevidad como único objetivo… ¿Qué les parece todo aquello?

[Ríen]. A nosotros nos parece que hay mucha innovación, tecnología puntera, gente que tiene los recursos para poder investigar….

Bezos ha invertido 270 millones de dólares…

Pues todo eso que nosotros podríamos aprovechar. Es información que, si está bien gestionada, si son estudios y evaluaciones científicas, nos puede beneficiar a todos. Con eso nos podemos enriquecer todos, si luego lo podemos aplicar a la práctica clínica. No veo ningún problema. Hay mucha gente que se dedica a eso, muchas líneas de investigación.

¿Consideran que es útil que haya gente que gaste ese dinero para alargar la vida de la gente, aunque sea pensando solo en ellos mismos?

Las personas que tienen dinero –y que tienen tanto–, al fin y al cabo son amos y señores de poder invertir en lo que quieran. Me parece que quizás es mejor invertir en medicina y en salud que en otras cosas. Esa es mi opinión.

Otro millonario, Bryan Johnson, dice que está buscando la fórmula de la vida eterna. Afirma que en el año 2039 la tendrá. Si le hacemos caso, ¡dentro de quince años seremos inmortales!

[Ríen]. Él será inmortal. Los demás, no. Él está experimentando con muchas técnicas, pero de hecho es una herramienta de uno, que solo le sirve a él. No es extrapolable a nivel médico, pero todo lo que está haciendo lo está documentando hasta el último detalle, y es interesante de ver, de seguirle, de observar qué tipo de tecnología utiliza, solo como conocimiento. Luego debe haber una validación científica, pero es como poner una pequeña semilla en cosas que quizás dentro de diez o quince años tendrán más sentido.

¿Podremos llegar a ser inmortales?

Yo creo que no. ¿Por qué? Me parece que no tiene sentido. Creo que no tiene sentido el hecho de que la vida no sea finita.

Uy, eso es muy fuerte, explíquelo…

¡Ay! ¡En qué jardín me he metido! [Montse Escobar sonríe, pero habla con solemnidad seria]. Yo, Montse Escobar, hablo de mi opinión personal. Yo pienso que la vida aquí en la Tierra tiene un sentido y venimos a hacer una serie de cosas, en función del destino que tenemos, el cual está predeterminado.

¿Y el destino al final debe ser la muerte?

La muerte nos da un punto sobre el cual aprovechar la vida. Si fuéramos inmortales, no habría motivación de ningún tipo. Yo pienso que la vida forma parte del juego, el tema de entrar y salir. Si no, no tendría sentido. Puedes vivir más años, pero mal aprovechados te pueden dar una mala vida. En cambio, puedes vivir 50 años o 40 años muy bien aprovechados y que hayas hecho el trabajo que habías venido a hacer.

Imagínense que con la información que en este momento tienen en el cerebro alguien es capaz de crear un robot humano que sea inalterable. Un robot inmortal que mecánicamente se pueda reparar siempre, pero con toda la información de su cerebro. Ustedes, dentro de ese cuerpo mecánico perfecto, ya serían inmortales. ¿Eso estaría bien? ¿O qué problemas puede plantear éticamente?

Éticamente, muchos, porque yo creo que, de entrada, perderíamos una parte importante nuestra. Quizás pensamos que somos lo que tenemos dentro del cerebro. Y eso es un error total. 

¿No dice Guardiola que el cerebro lo mueve todo? [Sonrío]

[Ríen]. El cerebro mueve muchas cosas, pero no somos solo cerebro. A través del cerebro se pueden hacer muchas cosas que físicamente podrías pensar que es imposible, pero al revés también, a través del cuerpo. Eso lo decía Santiago Ramón y Cajal: “Modela tu cuerpo y modelarás tu cerebro”. Aquí la clave es que somos un todo y que cada una de nuestras partes influye también en lo que somos. ¿Cómo percibimos el exterior, el mundo en que vivimos? A través del cerebro solo, que está aquí encerrado, no lo haremos. En la hipótesis que tú planteas, quedaría en el disco duro una información de un alguien que fuimos nosotros en un momento concreto, en un espacio concreto, pero no seremos nosotros. Sería la Mireia del día aquel en que le traspasaron el cerebro a un disco duro.

Pero ese cerebro podría continuar evolucionando en el otro cuerpo. ¿Quiere decir que ya no evolucionaría igual, ya no sería igual?

No. No sería lo mismo, porque no está percibiendo las cosas igual que lo haría yo, con mi cuerpo, con mi piel, con mi corazón, con mi intestino, teniendo en cuenta lo que yo como, teniendo en cuenta si hago o no hago deporte y cómo gestiono las cosas.

La desintegración de los sentidos no tiene ninguna lógica a nivel fisiológico. Hay muchas maneras de potenciar los sentidos y de trabajar para que el cerebro se haga más resistente, sea neuroprotector. Por ejemplo, comer con los ojos cerrados o vestirnos con la luz apagada, potenciar diferentes sentidos, el tacto, potenciar todo el circuito de las memorias, del hipocampo. Si todo eso no lo conectamos, ¿qué nos queda?

[Sonrío]. Son ustedes quienes responden. Ahora que habla de comer, ¿debemos comer carne?

¿Debemos comer carne? Yo creo que debemos comerla si nos apetece sobre todo comerla. Hay gente que disfruta comiendo carne. Con unas porciones determinadas, yo creo que sí. Hay una parte importante de la carne que es muy importante para mantener los niveles de hierro del organismo. Hay muchos otros alimentos que lo aportan, pero yo no soy nada negacionista en este sentido.

No, es que no somos nada extremistas. Si alguien quiere ser vegetariano, quiere ser vegano, encontraremos la manera de que pueda serlo de manera saludable. Si alguien quiere comer carne, que coma. Pero siempre debemos tratar de evitar los extremos. En el medio está la virtud.

Eso es muy viejo…

Pues, eso. Al final no estamos descubriendo nada tampoco, ¿no? Es ir a un equilibrio.

Muchas de las cosas que sufrimos cuando empezamos a hacernos mayores, las sufrimos porque realmente la máquina humana está preparada para vivir ciertos años y la estamos forzando mucho, o las sufrimos por malos hábitos anteriores?

Nosotros antes vivíamos muchos menos años, ¿no? Fuimos evolucionando como especie en función de todos. Históricamente, si nos vamos atrás…

Nos inventamos las vacunas, los antibióticos, los analgésicos… A medida que la medicina ha intervenido en nuestra vida y hemos dejado de pasar hambre y privaciones, la vida se ha ido alargando… Si comienzo a sufrir taras importantes a los setenta años, ¿es porque ya tengo setenta o porque no he hecho bien todo lo que podía haber hecho bien hasta ese momento?

Es una combinación, hay una parte que heredamos, que es la genética, y una parte que nosotros creamos con el día a día, que es la epigenética, que es cómo dormimos, cómo nos alimentamos, si hacemos ejercicio…

Y eso es lo que ustedes tratan…

Yo vengo con una predisposición genética, pero, si tú incides mucho en la epigenética, que son los hábitos de vida saludables, puedes modificar la expresión de esos genes también. Es decir, cada vez la parte genética es menos importante, la que podemos modificar con los estilos de vida. Y evidentemente estamos potenciando eso.

¿Están satisfechas del trabajo que han hecho en estos meses desde que abrieron la clínica?

Mucho, mucho. Estamos satisfechas, pero vamos cortas. [Ríen].

Por lo que he leído, tienen muchas ganas de expansión, de abrir más clínicas en otras ciudades…

¡Tenemos muchas ganas de que esto llegue a más gente!

Esto de ustedes parece un sacerdocio. No lo ven como un negocio. Parece que piensan: “Es que estamos haciendo bien a la gente. Este no es un modelo de negocio, sino un modelo de virtud para que la gente sea más feliz”…

Es que nosotros nos encargamos de la parte más clínica. La gente que se debe encargar de la parte de negocio es otra…

Y no deben tener la misma idea que tienen ustedes…

Al final para que llegue a mucha gente debe ser viable. Si no es viable, no puedes hacer el camino. Pero si dependiera de nosotras tres, eso no… [Ríen]. La viabilidad económica seguramente no sería nuestro fuerte.

Necesitan a alguien que les vaya corrigiendo. Pero sí que tienen idea, por tanto, de expandir la empresa… Más como idea suya de mejora de calidad de vida que no como empresa. ¿Es eso, no? 

También hay mucha demanda de gente que realmente dice: “¡Ostras!, si os hubiera conocido antes, habría cambiado mucho antes los hábitos y no estaría así”.

Pero eso ya se hacía. Ha habido dietistas, nutricionistas, psicólogos, de todo, que han ido diciendo a la gente cómo debían mejorar los hábitos para vivir mejor.

La diferencia es hacerlo como grupo, que eso esté integrado, que los profesionales se hablen realmente entre ellos, que la persona sea el centro y tenga una serie de asesores alrededor que realmente estén trabajando aquí por su salud y para darle herramientas y para hacerlo autónomo. No, yo no tengo ningún interés en que una persona venga aquí veinte veces. Yo estoy muy feliz si alguien viene una o dos veces y encuentra el camino. Se trata de eso. Eso es lo que te permite llegar cada vez a más gente.

Vale, queda claro. Dejen hacerles una última pregunta que es personal. ¿Ustedes creen en Dios?

[Responden las tres a la vez, como un coro]. Sí, como energía. Como una energía superior. No desde el punto de vista religioso, sino como una energía universal.

Hay gente que dice que nosotros formamos –que somos– una energía también, y que, por tanto, ya somos inmortales, que somos un polvo del universo, que después se vuelve a esparcir…

Sí, en cuanto a la conciencia, pero no el cuerpo físico. Es decir, el cuerpo físico está. La conciencia está dentro de un vehículo, que es el cuerpo físico. El cuerpo físico se queda aquí y la conciencia forma parte, desde este punto de vista, de este todo.

¿Qué es la conciencia? ¿Cómo se evaporará cuando tú pierdas tu cuerpo físico? Es decir, ¿será consciente tu conciencia de que eres tú cuando termine tu cuerpo?

Hay muchos libros escritos sobre experiencias posteriores a la muerte…

Hombre, está el doctor Manuel Sans Segarra, aquí, entre nosotros, que se dedica a fomentar esas visiones. “Supraconsciencia”, lo llama él.

Exacto, pues, justamente en ese sentido hay muchos informes y análisis científicos también donde se ha podido narrar que muchísima gente ha podido describir esa conciencia, que no estaba conectada al cuerpo y después ha podido volver. Es decir, la conciencia no local, no dentro del cuerpo, sino conectada de alguna manera con nosotros, pero independiente. O sea, que la conciencia sigue viva. Sin ninguna duda.

«No es cuestión de leer un libro o creer en un texto; las nuestras son experiencias personales» / Anna Munujos

¿Las tres creen lo mismo? Son como los tres mosqueteros…

Tenemos muchas vivencias personales. Yo creo que no es una cuestión de leer un libro y creer o no en el texto, sino que nos basamos en experiencias personales…

¡Pero ustedes son médicos!

Sí.

¡Los médicos son científicos!

Claro, como debe ser. Y nuestra otra parte es muy humana, más aproximada. La pregunta era “¿creen ustedes?”, no si “saben ustedes”…

De acuerdo. Eso no se puede demostrar científicamente aunque dicen que, según la física cuántica, la energía puede implicar un movimiento de materia, y se puede transformar en materia. No sé mucho, pero me parece que todo eso aún está muy en pañales…

Claro, al final se trata de tener fe o no tenerla en eso que estás diciendo, y lo que hay detrás siempre es una experiencia personal o una serie de vivencias.

O sea, que son personas de fe.

Sí. Yo creo que sí. [Sonríen].

Comparte

Icona de pantalla completa