«Es difícil pensar que no hay nadie detrás». Esta es la premisa con la que trabaja la Comisaría General de Información de los Mossos d’Esquadra en su análisis de los disturbios y saqueo del sábado por la noche en el centro de Barcelona. Si bien desde la Prefectura hacen autocrítica, la centran en el hecho de que no evaluaron bien la dimensión de los disturbios para definir el dispositivo que prepararon para afrontarlo. «Nos encontramos con el efecto perdigonada, es decir, diversos grupúsculos en diferentes zonas de la ciudad, donde digamos que las furgonetas de la Brigada Móvil no son operativas, con una violencia gratuita e inusual», apuntan. Ahora preparan cambios en la obtención de información y en nuevos sistemas más ágiles de neutralización de los disturbios públicos.
Después de los hechos y de la información recogida, llega la hora del análisis de los precedentes y de la prevención de futuros disturbios y sobre todo de la gestión del primer problema grande con el que se encuentra el nuevo director general de la Policía, Ferran López, y la nueva comisaria jefe del cuerpo, Sílvia Catà. «Información había alertado desde el lunes pasado de este movimiento, más allá de la amenaza de Blocus -el término francés que sirve para estimular las protestas puntuales de manera más o menos inmediata- y se preparó un operativo concreto, que tenía en cuenta posibles disturbios y también el saqueo, pero que no fue efectivo», admiten fuentes de la policía en conversación con El Món. De hecho, el dispositivo tenía en cuenta que el encuentro era para «preparar lo que harían el día 31, el día que se suponía que sería el fuerte».
Un equipo especial trabajando las 24 horas hasta el 29-N
De hecho, habían tenido un aviso, aunque de «muy baja intensidad», con una manifestación el martes 21 en Manresa, con «una protesta de estudiantes que terminó con destrozos, lanzamiento de huevos y alguna escena de saqueo». También ven similitudes en la manifestación por la vivienda donde los disturbios se repartieron en acciones rápidas y en varios puntos que reducían eficacia a la acción policial. Ahora el objetivo de los Mossos d’Esquadra es contextualizar esta protesta, si el marco es, por ejemplo, la huelga general del 11-N o bien las elecciones del 29-N, para poder encontrar «quién hay detrás». En este sentido, ya han puesto manos a la obra. De entrada, la CGI preparará un equipo de 24 horas y 365 días hasta nueva orden o al menos hasta las elecciones al Congreso para «patrullar» por las redes y detectar cualquier movimiento que pueda aportar indicios hacia los instigadores de las protestas. También preparan nuevas estrategias de orden público que permitan a la policía tener más movilidad y capacidad de reacción puntual.

Encontrar un patrón común
Uno de los puntos fuertes de la investigación es encontrar patrones comunes de conductas y de manifestantes. Fuentes policiales insisten en que el dispositivo preventivo de la convocatoria supuso la activación de «filtros» en los alrededores de la plaza Cataluña para detectar pirotecnia, aerosoles u objetos susceptibles de ser utilizados en destrozos de mobiliario urbano o de establecimientos. Un dispositivo donde se llegaron a identificar hasta 450 personas. Una cifra casi de récord. «Gracias a este dispositivo la concentración no se llegó a realizar», comentan las mismas fuentes.
Ahora bien, esto hizo que diferentes grupos, como máximo de una veintena de personas cada uno, hicieran «el efecto perdigonada». Es decir, con dispersión en los alrededores de la zona como la calle Canuda, Rambla, o el Portal del Ángel. «Era muy atomizado, disgregado, dispersado», aducen otras fuentes. «Todo ello con un ambiente de mezcla de gamberrismo bestia, como una manera de subir la adrenalina y cierto desfase, de buscar el caos como un entretenimiento, aprovechando el impulso de protestas en otras ciudades europeas», indican las mismas fuentes.
En este sentido, fuentes de Información relatan que el mismo sábado se hicieron convocatorias para Girona, Mataró o Granollers. A la capital gerundense no fue nadie. En Mataró se concentraron entre 15 y 20 jóvenes y en Granollers un centenar largo. De hecho, en la ciudad vallesana identificaron a 130 personas -54 mayores de edad y 76 menores. Teniendo en cuenta que en Barcelona, además de las 450 identificaciones se detuvieron a unas 130 personas, hay suficiente información -procedencia, edad, características individuales- para intentar localizar un «patrón común» que por ahora aún no han perfilado.

Cuál es la intención
En esta línea hay que recordar que el trabajo de la CGI sí que realiza tareas preventivas de investigación, sobre todo, en las comunidades enlazadas a través de las redes sociales. Pero por ahora, las conductas son diferentes de las que pueden realizar movimientos de la extrema derecha, o la extrema izquierda, el yihadismo o el supremacismo blanco, que también han comportado alguna sorpresa a los Mossos. Por ejemplo, veteranos de la CGI recuerdan cómo la policía se vio superada por una convocatoria exprés en la red por parte de movimientos negacionistas de la COVID-19 el 30 de octubre de 2020. En aquella ocasión fue un viernes.
Aun así, la investigación les permitió localizar a los impulsores de la protesta y esclarecer su origen social a raíz del confinamiento y la parada en seco de la actividad económica que generaba un evidente malestar social. En este sentido, sin embargo, ahora diferencian que la capacidad de respuesta policial fue más efectiva porque significados miembros de la protesta estaban fichados como activos miembros de la extrema derecha y fueron denunciados al cabo de pocos días. En esta ocasión, sin embargo, detectan que, de momento, los detenidos de las protestas estaban «como inmersos en la necesidad de un escenario de caos». La principal hipótesis de los Mossos es que detrás de los disturbios del sábado hay algo que respondería a una estrategia global. «No es casual que Trump hable de los disturbios de Barcelona», subrayan las mismas fuentes.

«Violencia urbana»
La idea de los Mossos coincidiría con la recogida por el think tank del Ministerio de Defensa, el Instituto Español de Estudios Estratégicos, el IEEE, que ya en 2020 publicaba advertía de las nuevas formas de violencia urbana, en el dossier Las ciudades: agentes críticos para una transformación sostenible del mundo. Entonces, el analista principal del IEEE y profesor asociado de la Universidad Complutense de Madrid, el coronel Pedro Sánchez Herráez, experto en la evolución de las amenazas a la seguridad, alertaba del posible uso de las ciudades para organizar un conflicto a gran escala o como una estrategia para desmoronar la autoridad del Estado.
«La violencia urbana no tiene que desembocar, necesariamente, en un conflicto armado a gran escala… pero parece que los conflictos armados a gran escala sí que han elegido las ciudades como campos de batalla», argumentaba. Siguiendo este hilo, remarcaba que «en muchas ocasiones la violencia urbana, más allá de los brotes esporádicos y ocasionales, cuando se sostiene, responde a una estrategia establecida de apropiación de las funciones estatales por parte de actores no estatales». Es decir, una tesis que enlaza con el razonamiento de los Mossos de buscar en un país como Cataluña, con muchas ciudades medianas, la sensación de «caos y descontrol».
El papel de las redes
Por otra parte, los Mossos utilizarán sus herramientas, como el Voyager, para poder monitorizar estos movimientos ahora que tienen más datos. De hecho, según las fuentes consultadas, las convocatorias como las del sábado son «más normales que habituales», pero esta vez, aunque veían elementos sustancialmente diferentes, sí que admiten que no se calculó bien la «intensidad». También estaban al tanto de un circuito paralelo de la protesta, como son los manuales o los tutoriales de protección, como, por ejemplo, el diagrama del «kit de protección pasiva vecinal» que ha hecho furor en la red.

De ahí la importancia de recoger toda la información y hacer un estudio con herramientas de inteligencia artificial para poder desenredar el ovillo y llegar al final del asunto. En este sentido, varios estudios en el último año en toda Europa ya utilizan este sistema para poder esclarecer factores y patrones comunes en las nuevas modalidades de protesta. Por ejemplo, la tesis de L.J. Spierenburg titulada Avances en el análisis de la segregación residencial y los disturbios urbanos, de la Universidad Tecnológica de Delft, en los Países Bajos, que dedica un apartado especial al estudio de los disturbios «a través de la lente de las redes sociales».
Es decir, aprovechar la información recogida en las redes, la actividad previa de los detenidos así como su origen y el objetivo físico de las protestas para poder señalar elementos clave de la investigación. Otro estudio reciente es La era del contenido: cómo el contenido alimenta las protestas en las redes sociales visuales, que analiza lo que se cuece en los canales de información por internet para poder «cartografiar el malestar social con una alta resolución espacial-temporal», especialmente interesante para «explosiones repentinas» como las que se vivieron el sábado. Una de las soluciones de la consejera de Interior, Núria Parlon, es que el departamento instará judicialmente el cierre de los grupos de mensajería móvil que se utilizaron para convocar los disturbios del sábado en Barcelona, porque «incitan a la violencia». El juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, ya lo intentó con Telegram, y tuvo que retirar la orden.

