En llena Vila Olímpica, pero muy desconocida, la universidad Harbour Space se define como la
Para conseguir ser la universidad de referencia en este campo, como La Masía lo es en el fútbol, Velikanova ha implementado un método de enseñanza muy alejada de las universidades tradicionales: el sistema de módulos. Los estudiantes de esta universidad se adentran durante tres semanas en una asignatura y una vez lograda cuentan con dos días para elegir el siguiente reto. Además, estudian con leyendas de cada sector tecnológico, por lo cual se sumergen completamente en el que aprenden.

Cada curso en esta universidad –que tiene un precio de 19.500 euros, a pesar de que ofrece becas, y utiliza el inglés como lengua vehicular– se divide en quince módulos que se trabajan de forma intensiva. “Cada día importa”, explica la directora de Harbour Space. La única asignatura que trabajan todos los estudiantes obligatoriamente y que da buena muestra del objetivo de esta universidad es ‘From zero to hero’. Cada estudiante trabaja la creación de una start-up, la meta de muchos de los alumnos de Harbour Space.
Pocos alumnos por clase: una selección de genios
La cantidad de alumnas por clase también es un aspecto a destacar en esta universidad, así como el hecho que Harbour Space los seleccione según sus capacidades. A diferencia de las universidades tradicionales, donde la cantidad de estudiantes se mueve entre ciento y doscientos estudiantes, a Harbour Space hay el límite de 24 personas por aula, “genios en potencia” según Velikanova. Normalmente, hay entre quince y diecinueve estudiantes, que conviven con el profesor durante un total de sesenta horas por cada asignatura. Cada materia requiere cien horas para ser convalidada, de las cuales sesenta son con el profesor y cuarenta son prácticas.
A pesar de que la mayoría de los estudiantes de Harbour Space son extranjeros, la universidad está haciendo pasas porque alumnos catalanes se matriculen. “Estamos en Cataluña y queremos interactuar con catalanes, nos esforzamos para estar conectados con la ciudad”, explica la directora, que concreta que en el caso de los estudiantes catalanes, el precio del curso se reduce en la mitad.

Situada en “la mejor ciudad del planeta”
Velikanova decidió situar esta innovadora universidad en Barcelona porque “es la mejor ciudad del planeta”. “Estudié aquí gracias a la beca que me dio la Universitat Pompeu Fabra y he querido dar a mis estudiantes la oportunidad de vivirlo ellos también”, explica la directora de la universidad. “También volverle en la ciudad parte del que me dio”, añade. La directora cree que Barcelona “te hace pensar diferente” porque es “un lugar especial y creativo”. “Si cualquier estudiante del mundo pudiera venir a vivir en Barcelona unos meses, se transformaría como persona. Hay un antes y un post-Barcelona”, señala.
De la República Dominicana en Barcelona
Uno de los estudiantes extranjeros de esta universidad es Toni Bonet, originario de la República Dominicana. En su caso, no fue Harbour Space quién lo contactó para estudiar en Barcelona, pero la mayoría de sus amigos de la carrera han tenido esta experiencia. El que llevó a Toni a escoger esta universidad es que no fuera nada convencional: “Estaba adaptada a los cambios en el mundo laboral y la forma como estructuran las clases me gritó mucho la atención”.
El cambio entre su país y Cataluña fue “muy grande”. A pesar de conocer la ciudad porque había estado en dos ocasiones de visita -su padre es mallorquín-, en los primeros días sufrió varios “choques culturales”. “Enseguida me di cuenta de que es una ciudad muy acogedora, que cultiva mucho su historia y a la vez es cosmopolita. Muchas ciudades pierden su identidad, pero aquí se continúa percibiendo”, explica Toni.

Profesores que actualmente son “leyendas” en sus campos
Velikanova destaca los profesores como otro punto fuerte de la universidad. “Decimos a los estudiantes que busquen en internet los profesores para entender que aprenderán con leyendas de sus sectores”, explica. Todos los profesores están en activo, trabajan más allá de dar clase y esto los permite aportar a los estudiantes las últimas novedades del mercado. “En el campo de la tecnología estás muerto si no te actualizas día a día y esto es precisamente el que podemos ofrecer a nuestros estudiantes”, explica.
Para Toni también es uno de los factores que lo hizo decidir por esta universidad. “La relación con los profesores es bilateral y hay mucha confianza. La experiencia es muy enriquecedora y los profesores te aportan los conocimientos más actuales”, explica el estudiante, que entre risas añade que “explican más cosas de las que tendrían que explicar”.
Una de las profesoras de esta universidad es Irene Pereyra, una “leyenda” del diseño que destaca la libertad de los docentes de escoger como hacen las clases. “En muchas universidades no hay la libertad de hacer un curso como quieres, pero aquí todos somos profesionales y sabemos qué necesita exactamente el mundo”, explica esta profesora de diseño. “Hay profesores que pasan muchos años impartiendo la misma clase y no están en contacto con el que está pasando fuera, aquí tenemos los pies en el suelo con la realidad”, insiste.

En su caso, sus clases consisten en una parte de explicación -el 30% del tiempo-, una en que muestra a los estudiantes el que tienen que hacer -que ocupa el 20% del tiempo- y una última parte práctica. Esta última es la que más peso tiene. “El diseño no es una cosa que aprendas hablando, sino haciendo”, detalla.
También valora especialmente tener estudiantes de todo el mundo, ya que cada cual aporta su propia perspectiva de las cosas. “Está demostrado que si trabajas en un grupo muy homogéneo el pensamiento se queda pequeño, corto. Pasa el contrario si trabajas con gente diferente y con experiencias diversas”, concluye.

