La décima jornada del juicio contra la familia Pujol Ferrusola ha sido bastante interesante. Aun así, se sigue necesitando un mapa para hacer un cruce entre los testimonios y los negocios concretos de Jordi Pujol Ferrusola que las acusaciones consideran tapaderas para el cobro de comisiones a cambio de adjudicaciones públicas. De hecho, esta mañana desde la sala de la Audiencia Nacional de la sede de Madrid se ha viajado por tres continentes. México, Madrid, Tarragona, Argentina, Croacia y Gabón han sido los escenarios, con un desconcierto que incluso abrumaba al mismo presidente del Tribunal, José Ricardo de Prada, que en más de una ocasión ha tenido que pronunciar «suficiente» o «ya basta» para detener los interrogatorios por la cola de testigos que se acumulaba.

La jornada estaba dedicada al proyecto mexicano de Azul de Cortés, la compra de unos terrenos en Madrid, una adjudicación en Gabón para electrificar el país, una inversión en Croacia que fracasó, la iniciativa en Puerto Rosario y la relación con operadores del Puerto de Tarragona.

Proyectos, inversiones y negocios que la fiscalía cree que eran simulaciones para cobrar, a través de empresas de Jordi Pujol Ferrusola, comisiones de adjudicaciones públicas. Isolux ha sido también una de las protagonistas de la jornada y, por sorpresa, un documento manuscrito que ha generado un debate por la propiedad de la caligrafía. Pero, dado que el documento parecía ir bien para las acusaciones y parecía llevar el sello de la UDEF, el tribunal no ha dado margen para discusiones. Las defensas ya han anunciado que quieren una pericial sobre el documento.

Una de las anécdotas del día ha sido cuando un testigo, un exresponsable de la constructora OHL, Felicísimo Ramos, al ser preguntado si tenía alguna relación con alguno de los acusados, se dirigió al tribunal con un inocente: «¡No lo sé, no sé por qué vengo!». De hecho, recordaba muy poco de lo que le preguntaban, y las acusaciones prefirieron no persistir en un testimonio que, relacionado con el proyecto de México, solo podía enredar aún más la trama porque no sabía ni de qué le hablaban.

Jordi Pujol Ferrusola, a l'arribada a l'Audiència Nacional/Alejandro Martínez Vélez / Europa Press
Jordi Pujol Ferrusola, a la llegada a la Audiencia Nacional/Alejandro Martínez Vélez / Europa Press

Negocios de verdad

Pero la fiscalía, y la abogacía del Estado a su rueda, tampoco han tenido un día muy provechoso. El primer testigo, Julio Bonis, que ha estado casi una hora y media en el estrado, ha desmontado la acusación. Y, de rebote, como quien no quiere la cosa, ha alabado al presidente Jordi Pujol por cómo ayudó a Coalición Canaria, partido que fundó y del que llegó a ser consejero en las islas. Bonis ha relatado cómo se llevó a cabo el proyecto hasta que lo compró Isolux y cómo Jordi Pujol cobró la parte que le correspondía como socio, igual que el resto de inversores. El mismo relato que el de José Gomis, otro de los testigos inversores en el proyecto que ya informó al tribunal que «no tenía por qué regalar nada a Jordi Pujol Ferrusola».

Otro de los testigos clave ha sido José Augusto Anes Ferreira, un hombre mayor portugués -con una curiosa combinación de voz y tono de Mourinho y Johan Cruyff- que costó Dios y ayuda poderle formular preguntas por una evidente sordera, pero que, una vez entendidas, ha detallado cómo funcionó la electrificación de Gabón y el papel que tuvo Jordi Pujol Ferrusola para conseguir el contrato para Isolux. De hecho, esta certeza de la realidad del negocio la ha dado el exdirector general de Energía de Isolux, Javier Riera, que ha detallado que el proyecto se construyó y que se consiguió la financiación de un banco francés. En la misma línea, Antonio Martínez Borrallo, director de Isolux entre 2005 y 2011, ha reconocido con desenvoltura ante el tribunal que «era normal» que se pagaran «importes altos» a los que, como el primogénito del expresidente, cobraban como «comisionistas a éxito».

Por otro lado, el expresidente del Puerto de Tarragona, Lluís Badia, ha explicado las relaciones con Puerto Rosario y cómo los operadores del Puerto de Tarragona que intentaban hacer negocio con el puerto argentino plegaron velas. Todo ello porque los socios argentinos no eran fiables y cambiaban de condiciones continuamente. Badia, que había sido senador de CiU, ha negado que recibiera presiones para instalar una empresa gasística y ha recordado a la Abogacía del Estado que esas decisiones correspondían al consejo de administración del Puerto, donde los letrados de la Moncloa tienen una participación importante. Así, también ha recordado que la inversión que hizo con Jordi Pujol Ferrusola, Javier Suqué y Miquel Huguet en Croacia no salió bien porque no se consiguieron las licencias, y Huguet, impulsor de la iniciativa, devolvió el dinero de la inversión.

Carmen Tejedor, en un moment del seu testimoni/QS
Carmen Tejedor, en un momento de su testimonio/QS

Un terreno en Madrid

La parte final de la jornada, sin embargo, ha traído una pequeña sorpresa. Otro caso que inquietó mucho a la UDEF y, de paso, a la fiscalía. Concretamente, la compra de unos terrenos en la carretera de Andalucía en Madrid para levantar la sede de Isolux en la capital del Estado. La tesis de la fiscalía es que Pujol Ferrusola cobró una comisión, a través de su sociedad, IMISA, cien mil pesetas que facturó a la sociedad Adhoc Estrategia, SL en el año 2001. Un dinero que, a juicio de la fiscalía provenía de comisiones irregulares a cambio de obra pública. Uno de los vendedores y la administradora de la sociedad que vendió la finca no han terminado de cuadrar la tesis de la fiscalía. Si bien Lorenzo Méndez ha asegurado que fue Isolux quien le impuso la comisión a IMISA, Carmen Tejedor, se ha encogido explicando que había aportado un documento manuscrito que las defensas han puesto en duda y no se ha atrevido a hablar de imposición. Una venta sobre la cual las defensas aún no lo han dicho todo.

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