Si algo se sabía del juicio contra los Pujol Ferrusola es que sería una vista larga y, sobre todo, compleja. Lo apuntaban señales como la decena de años de instrucción -con cuatro jueces-, 90,000 folios de causa, una Fiscalía que ha trabajado arduamente, un grupo de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) convenientemente motivada, una operación condenada de la policía patriótica y un grupo de abogados defensores penalistas -casi la selección catalana de letrados- dispuestos a plantar cara con temple, rigurosidad y, sobre todo, con un dominio del sumario hasta la coma.

Para rematarlo, el ministerio fiscal ha inflado la lista de testigos para intentar construir una telaraña de empresas, nombres, sociedades y CiU con Jordi Pujol Ferrusola. De hecho, la sensación es que el fiscal de la vista, Fernando Bermejo, ha desistido –de momento– del resto de la familia para centrarse en el primogénito del presidente Pujol. Además, planea la sensación de que a Bermejo le han endosado un muerto que no tenía ninguna gana de tomar porque, al final, el caso lo llevaba Belén Suárez, la fiscal que había estado adscrita al juzgado que regentaba (y administraba) Pasqual Estivill y que, un vez promocionada al Tribunal Supremo, ha dejado el embrollo a su compañero de toga de la omnipresente Fiscalía Anticorrupción.

El tribunal que presideix José Ricardo de Prada i que jutja el cas Pujol
El tribunal que preside José Ricardo de Prada y que juzga el caso Pujol

La «síndrome del testigo»

En este escenario, esta mañana el fiscal ha sufrido lo que se llama la «síndrome del testigo». Es decir, el principio general del derecho procesal -que admiten los abogados con muchos años de cotización en las estradas- que alerta que los «testigos los carga el diablo». Y más si estos testigos llevan los deberes hechos, o aún peor, están jubilados e incluso salen a declarar con gafas de sol o enseñando las fotografías de sus nietos que tienen en sus despachos.

De ahí que los testigos que supuestamente debían apuntar las acusaciones de supuestas irregularidades de los negocios de Jordi Pujol Ferrusola no solo han normalizado su relación, sino que, además, han demostrado graves errores de la instrucción judicial, confusiones de los escritos de acusación y fallos clamorosos sobre quién es quién y qué relación mercantil tenía con el primogénito del expresidente. Bermejo se ha mostrado inquieto en algún interrogatorio, incómodo incluso, hasta el punto que pedía nombres a los testigos y los apuntaba con una aparente voluntad de convocarlos. La prueba de todo esto ha sido que las defensas, mayoritariamente, se han dedicado a no formular ninguna pregunta, porque ganaban por goleada.

Les defenses dels germans Pujol Ferrusola i de Mercè Gironès, exdona de Jordi Pujol Ferrusola, en un moment del judici
Las defensas de los hermanos Pujol Ferrusola y de Mercè Gironès, exesposa de Jordi Pujol Ferrusola, en un momento del juicio

Copisa, la estrella

Así, por la inmensa sala de vistas de la sede de la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares, esta mañana han pasado ocho testigos relacionados con el grupo Copisa, para el cual Jordi Pujol Ferrusola había trabajado. Si algo ha quedado claro es que el primogénito había cobrado de empresas de este grupo en concepto de «comisiones de éxito». Es decir, que proporcionaba compradores, pero solo cobraba comisión si la operación tenía éxito. Si no, como se ha acreditado en la vista, no percibía ni un euro, o ni una peseta –la mayoría de operaciones que ahora fiscalizan aún fueron en pesetas.

La sesión ha comenzado con la única declaración presencial, la de José Luis Goyeneche, un hombre de 83 años, jubiladísimo, que ha ido a pasar la mañana a San Fernando. De hecho, ni se ha quitado el anorak y ha dibujado una sonrisa en el tribunal cuando, sorprendido por la brevedad de su testimonio, ha preguntado a los magistrados: «¿Ya he terminado?». Y, para rematar, ha admitido que «no tenía mucho que decirles». Y así ha sido, porque, a preguntas del fiscal, ha contestado que no recordaba nada de lo que le preguntaba, que nunca había conocido a Jordi Pujol y que en Copisa hacía de técnico y delegado en Madrid. De hecho, le han preguntado por la compra de unas oficinas para cambiar la sede de la compañía en la capital del estado, en la cual habría participado Jordi Pujol Ferrusola. Pero este señor, amablemente, y con un aire entrañable de Paco Martínez Soria, ha desmontado la tesis acusatoria, con un contundente: «No lo he visto en mi vida».

Francesc Xavier Tauler, el objetivo

Después del señor Goyneche ha sido el turno de Santiago Ballesté, que ha atendido al tribunal desde su casa, como el resto de testigos de la jornada. Un hombre que tenía una empresa de construcciones metálicas y también «de acero inoxidable». Un detalle importante si se conoce el sector, porque una cosa es ser un cerrajero de hierro y, una muy diferente, es trabajar con acero inoxidable. Ballesté ni recordaba facturas que el fiscal se desgañitaba a repetir del año 2000 y que aún se computaban en pesetas.

A pesar del esfuerzo, hurgar en Ballesté y apuntar su resistencia a responder lo que el fiscal quería oír ha sido golpear hierro frío, hasta que Bermejo sacó el comodín de su relación personal con Jordi Pujol Ferrusola y se pilló los dedos. El fiscal le preguntó si había sido diputado en Madrid. Le respondió que sí, y Bermejo se emocionó dando por supuesto que era un premio tener un acta por CiU, dando por hecho que entonces también tenía relación o conocía al padre Pujol. Pero entonces fue Cristóbal Martell, abogado de Jordi Pujol Ferrusola, quien entró en juego. Y, como Romario de Souza haría a diez metros del portero, solo formuló una pregunta: «¿De qué partido fue diputado? «Del PP, por Barcelona», respondió el testigo. El fiscal tuvo que ajustarse bien las gafas.

Francesc Ferrer Taulé, en un moment de la vista en el judici dels Pujol
Francesc Xavier Tauler Ferrer, en un momento de la vista en el juicio de los Pujol

Pero quien venía marcado con fosforescente en la lista de testigos era Francesc Xavier Tauler Ferrer, exconsejero delegado «mancomunado» de Copisa Constructora. El fiscal ha sufrido hasta el punto que el mismo presidente del tribunal, José Ricardo de Prada, ha tenido que aclarar puntos al final de su declaración. Bermejo daba por hecho sus cargos de responsabilidad como administrador de Copisa. Tauler ha levantado las cejas varias veces porque el fiscal le confundía empresas, cargos y encargos. De hecho, ha detenido su testimonio para detallar y corregir cuáles habían sido sus cargos y sus responsabilidades en el grupo, le ha explicado que una cosa es un grupo y otra muy diferente las empresas que lo integran, y más si se tiene presente que trabajan dos mil personas. Así, se ha quitado las pulgas de encima en referencia a algunos tratos comerciales de Pujol Ferrusola con empresas del grupo. «Eso es de Copisa Industrial», «eso es de Thesauro», respondía a cada factura que le pedía, dejando claro que cada empresa tiene sus administradores y sus directivos financieros, técnicos y comerciales. Tauler no ha escondido la relación con Jordi Pujol Ferrusola, incluso personal, y ha reconocido que, a veces, había propuesto compradores, pero las operaciones no habían funcionado y, por tanto, no cobraba.

Aparece el PSC cuando el fiscal no se lo esperaba

El ministerio público ha proseguido con el resto de testigos, porque la otra acusación, la Abogacía del Estado, trabaja a la rueda de la Fiscalía. De hecho, también se han encontrado el caso repentinamente y muestran un desconocimiento profundísimo de la causa, de ahí su escaso protagonismo en la vista. Y la mayoría de testigos han advertido al fiscal que se equivocaba de persona en referencia a las explicaciones de cuestiones como facturas o contratos. «Eso no lo llevaba yo», «nunca hemos trabajado con esa empresa», «yo era un técnico, no un comercial» han sido respuestas que alteraban el guion de la Fiscalía. Tanto ha sido así, que el último testigo, José Luis Prada, un señor con gafas de sol dentro de su casa que ha tenido que conectarse con el móvil porque no sabía encender el micrófono del ordenador, no solo ha negado haber conocido a Jordi Pujol, sino que ha puntualizado que nunca hizo ninguna operación urbanística en Terrassa –con empresas relacionadas con el primogénito del expresidente, como insistía el fiscal–, sino en Ronda (Málaga) y en Hospitalet de Llobregat, y sin ninguna relación con Pujol Ferrusola, que no ha visto «nunca en la vida». Y ha rematado uno de los abogados de la defensa, que le ha hecho recordar quién gobernaba en Hospitalet de Llobregat cuando se hizo la operación urbanística. La respuesta, de manual: «El PSC». No ha sido un buen día para la Fiscalía. Ahora bien, quedan más días que longanizas.

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