Continúa el juicio de la operación Kitchen en la Audiencia Nacional y continúa el torrente de detalles que describen el manual de instrucciones de la policía patriótica. De hecho, es una vista oral extraña, porque la presidenta del tribunal, Teresa Palacios, ha ordenado reproducir las declaraciones grabadas durante la instrucción del comisario Enrique García Castaño, exjefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO, por el acrónimo en castellano). La audición, sin embargo, se realiza a puerta cerrada por razones de seguridad, ya que la magistrada Palacios ha considerado que comprometen las técnicas policiales.
Aun así, El Món ha tenido acceso y ha podido escuchar lo que dijo durante la instrucción de la causa un policía que llevaba la logística de la brigada política en las operaciones más delicadas e importantes y estaba imputado en la macrocause Tándem, aunque fue exonerado por motivos de salud y por eso no está en la vista oral. García Castaño llegó un momento en que decidió colaborar con la investigación judicial en relación con el operativo para robar la documentación que tenía el extesorero del PP, Luis Bárcenas, sobre la financiación de la formación, bautizados como los «papeles de Bárcenas». Sus explicaciones al juez, Manuel García-Castellón, son jugosas y las defensas y el tribunal no han podido evitar escucharlas como una especie de «prueba preconstituida». De hecho, el comisario, con el sobrenombre de El Gordo o Big, fue una especie de arrepentido que colaboró con la investigación que lideraba el juez con los fiscales anticorrupción Ignacio Stampa y Miguel Serrano. De ahí la importancia de sus declaraciones judiciales que, incluso, provocaron sonoras risas en la sala en algunos momentos, como cuando se le escuchaba especificando que los miembros de la policía patriótica hablaban de los fiscales refiriéndose a ellos como «feristeles» o «malas bestias».
La sesión de audios de este miércoles sirvió para volver a sacar del cajón la figura de Dolores de Cospedal, exministra de Defensa y exsecretaria general del PP, para relacionarla con la operación Kitchen, de la que fue exculpada durante la instrucción. Asimismo, la jornada también sirvió para constatar cómo varió la percepción de García Castaño sobre la participación de Francisco Martínez, secretario de Estado de Seguridad de la época, en el operativo para obtener los papeles, porque si bien en un primer momento apuntaba que las órdenes provenían «de instancias superiores», en la grabación escuchada este miércoles matizaba sus explicaciones e involucraba en la trama al exnúmero dos de Jorge Fernández Díaz en el Ministerio del Interior.

María Dolores de Cospedal, otra vez
A pesar de la resistencia del juez instructor para inculpar a Cospedal, a pesar de las peticiones insistentes de la fiscalía, la exlíder del aparato del PP ha vuelto a tener protagonismo en el caso. Según la versión de García Castaño expuesta al juez en 2013, Cospedal manifestó «interés» por los «famosos discos duros» que estaban en posesión de Bárcenas y por la información que pudiera guardar el extesorero. Por otra parte, también estaba interesada en «las relaciones íntimas» que mantenía Bárcenas con miembros del partido. «Eso era lo que sentía», admitió astuto el comisario.
En otra declaración, de 2020, que también se escuchó ayer en la sala de vistas, el Gordo especificó al instructor que había oído hablar de Cospedal a los comisarios Andrés Gómez Gordo –jefe de seguridad de Cospedal cuando presidía Castilla-La Mancha–, José Ángel Fuentes Gago o Bonifacio Díez Sevillano, este último implicado en la trama andorrana de la operación Cataluña. También incluyó dentro del grupo al exdirector adjunto operativo del CNP de la época, el comisario Eugenio Pino, único condenado por la operación Cataluña a raíz del asunto del pendrive de los Pujol. «Había intereses por parte de los políticos, fundamentalmente en todo lo que hacía referencia a la secretaria general del PP, y comentaban que la secretaria general del PP había dicho una cosa u otra», añadió.
Unos comentarios que escuchaba cuando le encargaban trabajos, como para el operativo Kitchen, dentro del cual volcó la información de los dispositivos electrónicos de Bárcenas, entró y registró el estudio de su esposa, Rosalía Iglesias, y aportó los recursos técnicos a los diversos seguimientos. «A mí me pedían ayuda, yo hacía mi trabajo y transmitía la información a quien me la pedía», adujo. «¿Para qué quiero yo la información de Bárcenas o para qué necesito que me explique que si Cospedal, que si el ministro… a mí, todo eso, no me importa», sentenció. Una manera de decir que cumplía órdenes y que espiaba a Bárcenas como podría haber hecho cualquier otra tarea que le hubieran ordenado. Por eso, se pudo escuchar que, cuando los fiscales le pedían datos concretos sobre la participación de los comisarios que le habían ordenado participar en la operación Kitchen, García Castaño se detuvo y exclamó al juez: «¡Olvide lo que he dicho! ¡Olvide lo que he dicho!», con la voluntad de retractarse en la acusación a sus superiores de uniforme.
Reaparecen las referencias a Francisco Martínez
En otra declaración, del 26 de marzo de 2019, volvió a aparecer Francisco Martínez. Si, en un primer momento, García Castaño lo había apartado del organigrama de la operación Kitchen y le había quitado responsabilidad, lo reintrodujo recordando que el ex mano derecha de Fernández Díaz le encomendó un «trabajo paralelo» al ya ordenado por el DAO respecto a Bárcenas, para encontrar su patrimonio y poder identificar a sus testaferros. Según el relato de Castaño, Martínez le expresó su inquietud por el hecho de que Bárcenas había sustraído información delicada del PP de «pagos en A, en B y de donaciones».

De hecho, Castaño no ocultó en la instrucción la relación que tenía con Martínez. En este sentido, reconocía una conversación de WhatsApp del sumario, donde el mismo número dos de Interior le proponía una «estrategia de defensa común» cuando estalló el caso. En el mensaje, Martínez le recriminaba a García Castaño que estaba en la causa a raíz de su declaración. Así, se preguntaba si era una recomendación de su abogado o bien «alguna oferta de esas dos feristeles». Cuando el fiscal, durante la declaración, le pregunta sobre quiénes son las «dos feristeles», Castaño respondió «supongo que ustedes». Al escuchar este pasaje de la grabación ayer, la sala estalló en risas.
Un chófer y Villarejo
En síntesis, las declaraciones describen cómo se fue perfeccionando la operación Kitchen, y los errores que registró por el camino. Según la versión del comisario García Castaño grabada por el juez instructor, la operación comenzó con la figura del conductor, Sergio Ríos. Castaño intentó captarlo, pero no lo logró, y entró en juego Andrés Gómez Gordo, entonces en excedencia del CNP y jefe de seguridad del gobierno de Castilla-La Mancha. Un hecho que le pareció «demencial», porque Gómez Gordo estaba fuera del cuerpo. El DAO Eugenio Pino también le ordenó que indicara al comisario José Manuel Villarejo coordinar la operación.
Pero la información que daba el chófer a Gómez Gordo era diferente que la de Villarejo. De hecho, era de «poco valor» hasta que encontraron un desencadenante, además del sueldo de dos mil euros, y es el hecho de que Gómez Gordo, como persona de máxima confianza de Cospedal, podía ofrecerle un lugar en el Cuerpo Nacional de Policía. Ríos superó, casualmente, un proceso de oposición que el sumario acredita como se arregló con el gabinete del DAO y el Ministerio del Interior.
A partir de aquí, Ríos aportó dispositivos móviles de Bárcenas que Castaño clonó, pero no sirvieron para obtener la información que buscaban sobre la financiación del PP. También facilitó una llave, equivocada, para entrar al taller de Rosalía Iglesias, la esposa de Bárcenas. Aunque la clave no abría, se las ingenió para poder entrar, pero tampoco encontró nada. Después dejó el caso porque constató que se estaba metiendo en un «embrollo».

Los audios de Villarejo
Tras las grabaciones en la instrucción de García Castaño, la sala comenzó a escuchar los audios de Villarejo. Unas grabaciones donde el chófer, Sergio Ríos, aseguraba al comisario que Bárcenas tenía dos grabaciones delicadas. Una, con Mariano Rajoy. Y la otra, con Javier Arenas, exsecretario de organización del PP y eterno candidato de los populares a la Junta de Andalucía. También le explicó que tenía algo de Cospedal guardado. Villarejo le pidió «darle vueltas a la cabeza» para encontrar el pendrive con estas grabaciones.

