Nueva jornada del juicio contra los Pujol Ferrusola. Este lunes ha cambiado el escenario, porque la vista se ha celebrado en la sede de la Audiencia Nacional en Madrid y no en los antiguos almacenes de Galerías Preciados, en San Fernando de Henares. Más allá de este cambio de ambiente, las maneras de proceder no han variado. El caos del listado de testigos, si bien no llega al desastre de Rodalies, sí es manifiestamente mejorable.
En todo momento, el presidente del tribunal, José Ricardo de Prada, ha dado preferencia a los testigos presenciales por delante de los virtuales. Además, los testigos, que lo son de hechos de hace 20 años, presentan constatables problemas de oído y de memoria. Y, como ya es habitual, se sigue cumpliendo la norma de que los testigos los carga el diablo. Tanto es así que, cuando el fiscal Fernando Bermejo –que, de momento, no puede decir que sea el juicio de su vida– creía que podría celebrar una respuesta, la habilidad de Cristóbal Martell, defensor de Jordi Pujol Ferrusola, le ha aguado la fiesta.
Además, la jornada ha comenzado con un bonus track absolutamente inesperado. Un primer testigo, Miguel Rodrigo Doménech Martínez, abogado y mano derecha de Adolfo Suárez, ha sorprendido con un inesperado elogio hacia el presidente Jordi Pujol. Un hombre que ha sido llamado a testificar como presidente de la sociedad de Adara Foton, una empresa de instalaciones fotovoltaicas que tenía con sus hijos y que compró una planta a Copisa con intermediación de Jordi Pujol Ferrusola. Una operación que las acusaciones ven como pantalla para el cobro de comisiones ilegales a cambio de obra pública, por parte de Copisa, a Jordi Pujol júnior.

Un testigo que fue mano derecha de Suárez y representante legal de Dalí
La primera particularidad ha sido que Rodrigo Doménech, a pesar de ser testigo, se ha sentado en el banco de los acusados, con el preaviso al tribunal, por sordera. De hecho, le acompañaba una señora con un abrigo largo en el que llevaba un vistoso broche a la que el presidente del tribunal le ha pedido que hiciera de traductora de las preguntas, es decir, que le repitiera al oído las cuestiones que le formularan las partes. Doménech se ha presentado como abogado y como un «amante de la verdad». Pero el personaje es lo suficientemente especial como para explicar su biografía.
En concreto, su estrechísima relación con Adolfo Suárez, del núcleo del cual formaba parte, tanto en la UCD, el partido que ostentaba el poder ejecutivo y legislativo, como del gobierno. Doménech, además, era vocal del Consejo de RTVE durante el golpe de estado de 1981. Y tiene en su historial haber sido representante del pintor Salvador Dalí y quien se encargó de gestionar el embrollo de su testamento y herencia. También era cuñado de otro expresidente español y sucesor de Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo.
La primera pregunta del fiscal Bermejo ha sido si conocía a Jordi Pujol. Doménech ha entendido que le preguntaba por el expresidente, aún imputado en la causa a pesar de la opinión contraria de los médicos, y no ha dudado en alabar su figura. «Le tengo estima por su capacidad política en defensa de Cataluña y también por su capacidad política en defensa entonces del Estado español que comenzaba desde la gobernabilidad de España que permitió actuar con los últimos gobiernos de centroderecha», ha sentenciado. En cuanto a su testimonio, ha detallado que no conoce al hijo de Jordi Pujol. Cuando la Fiscalía se alegró porque no conocía a Pujol júnior, fueron las defensas las que le quitaron la alegría. Doménech ha asegurado que no tenía contacto con los negocios directos porque no tenía ningún papel en la dirección ejecutiva de la venta de la planta. Al fin y al cabo, eran asuntos que «llevaban sus hijos y los más jóvenes». Y como el negocio de las renovables estaba de moda, los que aportaban negocios eran «agentes libres y espontáneos» que salían «como moscas a la miel». Una definición que repitieron algunos de los testigos posteriores sobre el papel que desempeñaba el primogénito del expresidente.


