Torito ha sido uno de los reporteros más simpáticos y gamberros de la televisión durante varios años, una trayectoria que lo ha llevado a hacer de todo pero no a enriquecerse. Él mismo ha confesado, en una entrevista reciente en la revista Semana, que ha estado mucho tiempo con problemas para llegar a fin de mes. De hecho, suelta un detalle que lo deja claro: «He sido una superestrella que no podía pagarse un taxi». Enamorado de la pequeña pantalla desde muy pequeño, el menorquín se presentó al casting de un programa de Antena 3 y quedó entre los finalistas.
No lo cogieron, pero aquella negativa no fue mala para él: «Después de aquello, me fui a Barcelona a estudiar Bellas Artes y comencé a trabajar haciendo decorados». Volvió a intentar meter un pie en televisión en el casting de Vitamina N y allí sí que lo consiguió: «Cada día había una prueba, me apunté y gané». En aquel programa se creó el personaje que conocemos hoy, incluso las rastas salieron de un reportaje que hizo en una peluquería.
Aquella sería la experiencia que le acabaría cambiando la vida, ya que tuvo muchísimo éxito. Ahora bien, no estaban bien pagados. La suerte quiso que los ejecutivos de Mediaset vieran el programa y los ficharan para TNT. Los reportajes que hacía en aquel programa le acarrearon “muchísimos” problemas, recuerda ahora. Él ha jugado con los límites, reconoce, pero cree que precisamente eso es lo que le ha permitido trabajar en televisión durante más de dos décadas: «Recuerdo un vídeo en el que dábamos 100 € a la primera persona que se desnudara en la Puerta del Sol… Era otra época sin la vergüenza que hay ahora«.

¿Por qué despidieron a Torito de Telecinco?
Torito ha cruzado los límites, dice, y asegura que terminaron despidiéndolo de Telecinco precisamente por eso: «La dirección consideró que había hecho un reportaje de mal gusto, cuando me enviaron a un salón erótico de Galicia. Una chica hacía un espectáculo con una botella de agua y se emitió un reportaje, que yo no había editado, en el que parecía que hacía una cosa… que no gustó. Decidieron despedirme y eso me afectó muchísimo«. La mala suerte quiso que lo despidieran justamente el día que firmaba el contrato de una casa: «Eso me pilló muy joven y sin herramientas… Ahora habría ido directamente al despacho del director general a pedir explicaciones«.
No desapareció del todo de la televisión porque la televisión autonómica balear confió en él. Y, de allí, otra vez a Antena 3, Telecinco y La Sexta. La última etapa la pasó en Zapeando, pero también lo despidieron en un momento en que se deshicieron de nueve colaboradores de golpe: «Creí que volvería a trabajar enseguida, pero cuando dejas de salir en televisión nadie te recuerda y fue duro«. Tuvo la suerte de que le quedaban ahorros, pero se agobió mucho igualmente.

«Me ofrecieron reconvertirme en colaborador de programas del corazón, pero no es mi lugar. Yo vivo en el humor y no quiero perder la esencia del personaje. Ahora me centro en crear formatos y estaré feliz con todo lo que venga», explica. Está trabajando en la radio y hace malabares para llegar a todo, pero confía en que valga la pena para continuar con un lugar en el medio que tanto ama.

