El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha aprovechado el discurso del estado de la unión de esta noche para alabar su gestión política, tanto nacional como internacional, ante el Congreso. Un discurso de más de hora y media -el más largo registrado- donde ha evitado hacer cualquier tipo de autocrítica de su mandato desde el regreso a la Casa Blanca y se ha erigido en un defensor de la paz, atribuyéndose de nuevo haber puesto fin a «ocho guerras». Ante una escalada de tensión con Irán, el presidente estadounidense ha asegurado que quiere resolver el conflicto a través de la vía diplomática, pero también ha querido dejar claro que no le temblará el pulso a la hora de entrar en una guerra con los iraníes, ya que considera que tienen «oscuras ambiciones» con armamento nuclear: «Prefiero resolver este problema por la vía diplomática. Pero una cosa es segura: nunca permitiré que el principal patrocinador del terrorismo del mundo, que lo es con diferencia, posea un arma nuclear. No puede ser«, ha alertado durante su comparecencia ante las dos cámaras del Congreso.
Donald Trump también ha aprovechado la oportunidad para elogiar a su secretario de Estado, Marco Rubio, que ha sido una pieza clave en las negociaciones de paz entre Hamás e Israel para poner fin a la guerra de Gaza. A pesar de que el conflicto bélico aún no ha terminado del todo, y que desde que el magnate republicano ha vuelto a la Casa Blanca ha sido protagonista de políticas internacionales polémicas, Trump ha definido a Rubio como el «mejor secretario de Estado de todos los tiempos». Sin embargo, a pesar de destacar el papel de Rubio, Trump se ha atribuido directamente el acuerdo de paz en Gaza: «Lo negocié yo». El presidente estadounidense también se ha referido a la operación contra Nicolás Maduro y ha vuelto a defender el secuestro del presidente venezolano: «Hubo muchos héroes en esta incursión para capturar a Maduro, verdaderos héroes. Era muy peligroso; sabían que veníamos, estaban listos. Pero las gestas del guerrero de aquella noche vivirán para siempre en las crónicas eternas del valor militar», ha exclamado Trump en un discurso que parece sacado de una película de Hollywood.
De hecho, el presidente estadounidense ha aprovechado el discurso para hacer una performance sobre las bondades -al menos, desde su punto de vista- de los Estados Unidos en Venezuela. Durante su intervención, el mandatario estadounidense ha apelado directamente a la ciudadana venezolana Alejandra Gonzales, presente en el hemiciclo, cuyo tío, el opositor Enrique Márquez, había sido detenido por las autoridades venezolanas. «Alejandra, me complace informarte que tu tío no solo ha sido liberado, sino que está aquí esta noche. Lo hemos traído para celebrar su libertad contigo en persona. Enrique, por favor, baja», ha señalado, ante un tío y sobrina que han respondido abrazándose en medio de los aplausos de los congresistas. Una escena meticulosamente planificada para representar el éxito de su intervención contra Maduro.

Alegato contra la inmigración en plena crisis en Minnesota
El discurso de esta noche no solo se ha centrado en la gestión internacional del presidente, sino también en las políticas nacionales. Trump ha vuelto a atacar a la comunidad somalí en Minnesota, calificando a sus miembros como «piratas que han saqueado» el estado en un nuevo alegato contra la inmigración, particularmente desde «partes del mundo donde el soborno, la corrupción y la anarquía son la norma». «Los piratas somalíes que saquearon Minnesota nos recuerdan que hay grandes partes del mundo donde el soborno, la corrupción y la anarquía son la norma, no la excepción», ha exclamado el líder de la Casa Blanca. En la misma línea, Trump ha pedido a los asistentes que se pusieran en pie si creían que «el primer deber del Gobierno estadounidense es proteger a los ciudadanos estadounidenses, no a los inmigrantes ilegales», indignándose enseguida al comprobar que solo los congresistas y partidarios republicanos se prestaban a su petición. «Deberían avergonzarse de no ponerse de pie», ha lamentado el inquilino de la Casa Blanca en referencia al público demócrata. Unas palabras que ha reiterado en varias ocasiones durante su comparecencia.
Por el contrario, las representantes demócratas Ilhan Omar (Minnesota) y Rashida Tlaib (Michigan) han interrumpido desde sus asientos los reproches del mandatario, exclamando que «debería avergonzarse» y rebatiendo su proclama sobre proteger primero a sus ciudadanos, acusando a la Administración Trump de haber «matado a estadounidenses», en referencia a las muertes a tiros de Alex Pretti y Renée Good a manos de agentes federales desplegados en el marco de las operaciones antiinmigración ordenadas por Washington. Algunos representantes de la bancada demócrata también han abandonado la sala a la mitad de su discurso, una acción de protesta muy criticada por los republicanos, especialmente por el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, uno de los mayores aliados de Trump. El presidente estadounidense, pues, ha esquivado las críticas, ha evitado hacer autocrítica y ha hecho un larguísimo discurso triunfalista sobre su liderazgo de la Casa Blanca.

