No era fácil prever que una recopilación de artículos inéditos de la «persona más antipática del catalanismo» de la segunda mitad del siglo XX tuviera el éxito que ha tenido. En tres meses largos, Prosa de combate (Comanegra, 2025) ha lanzado al mundo literario catalán cuatro ediciones de una confrontación nacional que solo podía salir de las manos del Manuel de Pedrolo «político». El volumen, recopilado por Júlia Ojeda y el director editorial Jordi Puig, concentra y destila las ideas que el segarrense imprimía en todos sus textos -artículos, cuentos, ensayos y novelas-. La voz de Pedrolo ha atraído, en clave nacional, a lectores a través de generaciones -para sorpresa de los editores- que delatan la búsqueda de sentido de todo un movimiento que terminó la que debía ser la década de la victoria con un trauma compartido. En la búsqueda del hilo que los une a todos, Puig recibe a El Món en la sede de la editorial, en la antigua fábrica Lehmann, para tratar el momento político en el que la obra llega a las librerías, sus paralelismos con los análisis de Pedrolo y las perspectivas de futuro de las letras catalanas que son también de combate.
¿Por qué ‘Prosa de Combate’ ahora? ¿Por qué recuperar al Manuel de Pedrolo político cuando el ambiente le es tan poco favorable?
De hecho, ha resultado que políticamente, ¡el ambiente sí que le era favorable! No era obvio, claro. Yo no lo esperaba, no hasta este punto. Todos interpretamos el país tan bien como podemos, y no pudimos prever que había tanta necesidad de este tipo de articulismo. Pero tampoco ha sido nada calculado. Nosotros comenzamos a editar a Pedrolo en 2017 con cuatro novelas que muestran, en ficción, el Pedrolo más político de todos; aquel que ni se atrevió a presentarse a censura. Entonces ya comenzamos a proyectar otros libros suyos, y Prosa de Combate ya aparecía en los planes.
Por lo menos hace tres o cuatro años que tenemos el proyecto en mente, eligiendo artículos, pensándolo… Sin prisa, que es como nos gusta trabajar de vez en cuando. No hay un cálculo de contingencia política en absoluto. Y, de hecho, yo decía: «ya veremos»; porque el sector independentista está más bien deprimido, desinflado. Pero justamente por esta depresión, la sacudida de autoestima nacional que propone Pedrolo ha ido bien a la gente.
¿En 2017 sí que había cálculo político detrás de las ediciones que salieron?
Entonces pensábamos en el año Pedrolo. El centenario era el 18, y el 17 ya empezamos a pensarlo. Fue un año único en este sentido, traumático y a la vez bonito. Cayó el 155 justo el mes que se inauguraba la conmemoración. Recuerdo un acto de inauguración al margen de la oficialidad en la misma editorial, porque no había institución. Y eso, creo yo, también le fue bien. Lo llevamos adelante los militantes literarios, los pedroleanos que nos daba igual si había instituciones o no. ¡Y salieron bastantes libros! Nosotros hicimos La Tierra Prohibida, Infant dels grans; salieron libros en Tigre de Paper, Pagès… Salieron muchas cosas, marcadas por la efeméride y porque todos pensaban reivindicarlo.
De hecho, nunca se ha dejado de editar a Pedrolo, porque es un autor enormemente popular a pesar de la incomodidad de su pensamiento político. Su ficción siempre ha tenido demanda.
Quizás se le ha editado, pero no se le ha tratado como debería a un autor tan difundido. ¿Por qué?
Cuando Edicions 62 celebró el 50 aniversario, hará unos 10 años, hicieron su ranking de ventas. Y en los cinco libros más vendidos, había tres de Pedrolo. El Mecanoscrit del segon origen juega en otra liga, pero Joc Brut o Trajecte Final han sido libros de cifras enormes. Y en los años 80, cuando era un tipo políticamente marginado, sacaba una novela completamente secundaria, o un libro de cuentos, y se colocaba entre los más vendidos. Tenía muchos lectores, ¡y todavía los tiene! Ahora lo hemos vivido, incluso con el ensayo político.
El pensamiento político de Pedrolo se ha reivindicado también como intérprete de su obra de ficción.
Pedrolo es un tipo que viene a desmentir la cantinela de que hay que separar la obra del autor, porque pide justamente lo contrario. No le vengas a separar su proyecto político de su proyecto literario, porque van íntimamente ligados. No tiene mucho sentido leer su ficción sin pensar en el horizonte nacional que tiene detrás. Estos ensayos, estos artículos, nos lo hacen leer de otra manera. Nos hacen retroceder y volver a coger libros de los años 60, leerlos en paralelo al articulismo, y verlos de otra manera. ¡Incluso el Mecanoscrit! Pedrolo no escribía ninguna ficción que no tuviera a su país en mente.
¿Cómo interpretáis la demanda que ha tenido un artefacto como ‘Prosa de combate’?
Hay el momento general de ardor del independentismo, que crea la necesidad de buscar unos referentes diferentes de los que se han tenido en los últimos años. Pedrolo ya fue marginado en los años 80 por gente que acabaron siendo independentistas de última hora, ¡y reivindicándolo! Si estuviera leyendo el momento actual, seguro que guardaría reproches; diría: «hombre, si no me hicisteis caso entonces, ¡ahora no vengáis!».
Algo que ha sido muy gratificante es que el fenómeno editorial alrededor de Prosa de combate no se entiende sin la gente muy joven. Aquí ha habido una ruptura: la gente de 30 para abajo se ha acercado. Es gente que ya no vivió el 2017 como lo vivimos los de 40, no es lo mismo. Han sufrido el desgaste de otra manera. Es muy bonito de ver, la media de edad de las personas que han venido a las presentaciones, o que han comprado el libro, es mucho más baja de lo que se podría esperar. Y esto tampoco lo teníamos previsto.
En una presentación reciente, Júlia Ojeda hablaba de una generación independentista más joven huérfana de referentes. Quizás va por ahí, la cosa.
Seguramente. Encuentran que el movimiento independentista no comenzó con las manifestaciones de 2012. Tienen necesidad de ver que en los años 80, y en los años 60, y en los 50 y 40 ya había independentistas en Cataluña. Y Pedrolo era uno de ellos, y escribió sobre ellos. La misma Terra Prohibida es una novela que trata del movimiento independentista durante el franquismo, cuando parece que no hubiera nada de eso. Esta búsqueda de continuidad ha sido lo que necesitaba mucha gente.
¿La apuesta de Pedrolo por los géneros populares lo mantuvo vivo?
Mantuvo vivos a los lectores. Haber cultivado tantos géneros literarios populares le procuró una legión de seguidores descomunal. Llegado a un punto de su vida, vivió -o malvivió, a menudo- de escribir, y de tener muchos lectores. Si no, no había manera.

Quizás esto da una respuesta a su debate sobre la literatura catalana con Joan Sales, por ejemplo.
No sé si le dio la razón. En todo caso, él siguió su modelo. Y su modelo se hizo viable. Pedrolo tenía un éxito brutal con cualquier libro que hiciera, y a la vez se metía en todos los líos políticos imaginables. Era la persona más antipática que te puedas imaginar dentro del catalanismo. No hizo ningún cálculo político para ganarse la vida. Incluso dentro de las mismas filas independentistas, tuvo problemas con mucha gente.
¿El Pedrolo político vive mejor a la contra?
Sí, porque hay necesidad de escucharlo. Cuando hay rabia, Pedrolo entra mejor. Cuando hay gente necesitada de sacudir las cosas, lo tomarán más. Si hay paz absoluta, es un autor incómodo.
De hecho, en los últimos años se han recuperado referentes culturales antagonistas en su momento de Pedrolo, como Juan Marsé.
Los herederos de Marsé han cambiado menos que los de Pedrolo. El grupo político de los antagonistas de Pedrolo es más estable que el de los pedroleanos, para no personalizar en Marsé. La ventaja que tiene Pedrolo es que su público objetivo se ha ampliado. Los años 80, 90 o principios de los 2000, Pedrolo era un personaje visto con afecto solo por la Esquerra Independentista, que era lo que era. Y ahora, esto ha crecido mucho. Este problema ya no lo tiene tanto. Lo tiene, evidentemente; y sus antagonistas todavía están ahí. Y si el consenso político le va un poco más a favor, su producción literaria debería ganar.
Muchos de los agravios que denuncia el independentismo actual, de hecho, ya aparecen en sus artículos.
Porque los problemas eran los mismos. El análisis social de Pedrolo sirve tal cual hoy. Este es el diferencial de Prosa de combate respecto de otras recopilaciones de ensayo histórico: que parece mentira que sean tan antiguos, siendo tan vigentes. Son artículos que hablaban de situaciones concretas, de disputas concretas del momento con personas que ahora incluso cuesta situar; pero el fondo es el mismo. Puedes apropiarte de las palabras de Pedrolo y llevarlas al presente.
En ‘Entorn d’una expressió’, que tiene la voluntad de conversar con Francisco Candel, ya habla de una cuestión tan grave como la integración de la inmigración. ¿Cómo entra en este debate, en el que la realidad sí que ha cambiado mucho respecto de los años 60?
El país sí que ha cambiado mucho, en este sentido. En este artículo con el que intenta debatir con Candel -digo intenta porque no pasó la censura, el debate lo escamotearon-, Pedrolo habla del 30% de castellanohablantes que había en el país, y los efectos que tenían sobre la lengua. Ahora, este porcentaje lo hemos más bien invertido. Esto hace que la presión sea diferente.
Pedrolo es muy interesante también en este ámbito, y es muy difícil de apropiar, de utilizar, en el debate político actual. Pero nos hace leer aquellos años 60 de otra manera, nos hace ver que el consenso y la unanimidad que nos han hecho llegar no existía. Había debate, y debería haber habido más, en torno a las ideas políticas subyacentes de Els altres catalans y su uso político posterior -no tanto por parte de Candel como de los candelians-. Parte de la gracia del libro, del ejercicio de justicia que hay detrás, es restaurar este debate.

¿Qué os dice la atención que los jóvenes han prestado a ‘Prosa de combate’? ¿Hay más demanda de la que pensamos para otros autores que puedan ofrecer ideas similares?
Es difícil de decir. Hay algunos autores puntuales clásicos que rompen de forma clara la barrera generacional. Maria Mercè Marçal la rompe, Rodoreda la rompe. Montserrat Roig la rompe un poco. Me gustaría que Joan Fuster la rompiera también un poco más de lo que lo hace, y lo digo como fusteriano. Pero cuesta hacerlo. Es responsabilidad de todos hacer más de lo que hemos hecho -con aciertos y algunos azares- con Prosa de combate: sacudir las obras, intentar recuperarlas de manera que puedan entrar otras generaciones con otros ojos. No siempre existen las obras para hacerlo, pero es la responsabilidad de los que nos dedicamos a esto.
¿Por qué el sistema editorial no ha sido capaz de hacer estas sacudidas hasta ahora?
No lo sé. Hacemos lo que podemos (ríe). Pero vaya, es muy complicado. Si el caso de Pedrolo es excepcional es por algo. No es normal que un libro de articulismo político de un autor clásico salga en septiembre y se coloque en diciembre entre los más vendidos. Y tampoco podemos pretender que esto nos pase cuando hacemos una antología de otro autor, porque no pasará. ¡Y esto no nos debe desanimar! Si llega un 10% de la gente que ha llegado a este libro de Pedrolo, ya hemos hecho el trabajo.
¿Salís de esta promoción de ‘Prosa de combate’ más esperanzados por este trabajo?
Sí. Esta en concreto es una colección que ya tiene 15 títulos. Continuaremos al ritmo que teníamos previsto hacer, un par al año. Llevan mucho trabajo, porque son libros de cocina muy lenta. Lo que proyectamos en 2017 y 2018 no se acababa aquí. En febrero reeditaremos La tierra prohibida por tercera vez, ahora en un solo volumen monumental de 1.000 páginas. Hace mucha ilusión. Una obra que durante la Transición no recibió la más mínima atención y que hoy tenemos claro que es una de las dos o tres más importantes de Pedrolo. En La tierra prohibida hacemos el mismo ‘descubrimiento’ que con el ensayo político de Pedrolo: el independentismo no nace con el Proceso; había independentistas en los sesenta, setenta y ochenta, pero es que también los había en los años cuarenta y cincuenta. Cuanto más retrocedemos, la disidencia es más radical, claro, pero esos hombres y mujeres existieron, en la realidad y en algunas ficciones. Con todo, ha sido una de las noticias felices del año. Proyectamos el libro de una manera enriquecedora, pero a medida que encontrábamos más material, todo adquirió aún más vuelo. Cuando planteamos editar al Pedrolo político, no sabíamos la cantidad y calidad de los inéditos que encontraríamos.

