Todo sobre Sixena. Esta sería, posiblemente, la mejor síntesis de uno de los libros destinados a ser de consulta obligada para entender un caso que refleja y concentra la catalanofobia en su globalidad. El título es, claro y directo, Les pintures de Sixena. Con un subtítulo bastante sugerente, Un foc que encara crema. Un volumen editado por Pòrtic y escrito por aquel quien, cuando nadie hablaba de la barbaridad de Sixena, ya alzaba la voz al cielo, el historiador Albert Velasco.
El libro se divide en ocho capítulos y decenas de subcapítulos que permiten entender la magnitud del caso, partiendo de un homenaje a Josep Gudiol, el hombre que salvó los murales del monasterio de Sixena y que sufrió la represión franquista sin ningún atisbo de indulgencia. Un sistema preciso de narración permite captar, con todo detalle y sin ningún enredo, el caso Sixena y del arte de la Franja. De hecho, es un libro necesario, quizás imprescindible, para interpretar el valor de lo que un sistema sociopolítico perverso quiere arrebatar del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) aunque la destrucción sea el precio.

Un hombre que sabe
Velasco sabe lo que hace poniendo negro sobre blanco la historia de los murales de Sixena. Nacido en Lleida en 1976, es doctor en Historia del Arte y Académico de número de la Real Academia Catalana de Bellas Artes y fue el conservador del Museo de Lleida entre 2007 y 2019. Un cargo que le permitió vivir de cerca y con sentimiento la polémica buscada del arte de la Franja, con episodios vergonzosos como la entrada de la Guardia Civil al museo para confiscar las obras aprovechando el período de aplicación del artículo 155 de la Constitución a raíz del 1-O. Una imagen que aún hace frotarse los ojos a los ilusos que se golpeaban el pecho mientras gritaban «¡Europa no lo permitirá!».
A pesar de un brillante currículum, Velasco es sobre todo un profesional. Y un profesional es aquel que tiene oficio porque combina técnica y amor, con el entendido de que sin amor nunca llegas a dominar la técnica. No hace falta decir que cuando un profesional explica su trabajo es magnético. Y si es un profesional como Velasco, puedes quedarte enganchado como un Teletubbie en una fábrica de Velcro. De hecho, ese es el riesgo del libro. El detalle, el tono, la habilidad, el oficio, el estudio, la experiencia del autor se combinan con el valor intrínseco del caso. Una combinación que sumerge dentro de una historia que parece que solo pueda pasar en la realidad, porque ningún novelista sería capaz de imaginar un despropósito semejante.
Una fórmula que permite tanto la lectura pausada, como la consulta rápida, como ir picando por la historia del despropósito como si fuera un bufé libre. Velasco ha logrado un hito hasta ahora inverosímil en el caso Sixena, escribir una especie de Google – va más allá de la insulsa inteligencia artificial- entretenido, rigurosísimo, fácil y, sobre todo, digerible. El oficio le ha permitido explayarse sin ninguna pretensión moral, sino con una radiografía precisa, casi al minuto, sobre las pinturas de Sixena, y con detalles que habían quedado enterrados por la vorágine informativa que ha supuesto el caso.

No era una tarea fácil
Escribir sobre la historia de Sixena, de cómo unas pinturas románicas extraordinarias son la constatación de una batalla política que hace sonrojar, no era una tarea fácil. De hecho, es una historia aún abierta y por terminar. Velasco es consciente y deja las puertas abiertas en unas conclusiones interesantes y bastante necesarias a las que harían bien de prestar atención no solo la Generalitat, el ministerio de Cultura español o cualquier institución política sino la ciudadanía, también responsable de proteger el patrimonio colectivo.
Les pintures de Sixena es, pues, un resumen perfecto, una guía completa del caso. En un formato cómodo, que desglosa la historia de un disparate cultural propulsado por una catalanofobia irreductible, un caso que empieza con el incendio de 1936 del Monasterio de Sixena y con el rescate, heroico, de unos catalanes que evitaron que el desastre fuera aún mayor. Noventa años después, las pinturas rescatadas se han convertido en una batalla política, con una clara desigualdad de armas, entre quienes las salvaron y quienes creen que el arte es suyo y tienen derecho, incluso, a destruirlo para reivindicarlo. El libro enseña una de las vergüenzas más nefastas de la condición humana, yo solo quiero lo que tú tienes para que tú no lo tengas, sobre todo si eres catalán. Velasco levanta acta. Y alguien debería darle las gracias.

