Crims vuelve a ser líder de audiencia y de qué manera, teniendo en cuenta que ha conseguido superar la cuota de pantalla del TN Vespre. Mientras que el informativo ha hecho un buenísimo 25,5%, el programa de Carles Porta triunfa aún más con el 26,5% del share. Más de 466.000 personas han conectado con un capítulo muy bien hecho que trataba un caso que ha gustado mucho. El inesperado asesinato de Jennifer Cot, de 27 años, a manos de su marido deja sorprendida a toda la familia de la víctima. Siempre lo habían considerado un hijo más, por lo que se posicionan con él con firmeza durante mucho tiempo -hasta el punto de visitarlo en prisión cada fin de semana-. Cuando la policía les muestra las pruebas que demuestran que es culpable, todo su mundo se desmorona.
La competencia, a esa hora, no tuvo absolutamente nada que hacer. Ni siquiera el estreno de Masterchef, que siempre es uno de los programas más vistos de TVE, pudo competir mínimamente. De hecho, se tuvieron que contentar con menos de la mitad de la audiencia que había hecho TV3 (un 12,5%). La Revuelta y El Hormiguero han quedado muy igualados, este lunes, con un 7,8% y un 7,5% respectivamente. Y el First dates de Telecinco continúa en caída libre, ya que solo han alcanzado un 5,3% de la cuota de pantalla.

El asesinato de Jennifer Cot, un éxito de audiencia en TV3
En esta temporada de Crims, con los engaños como hilo conductor, el caso ha sido todo un acierto. Todo comienza con la desaparición de esta vecina de Parets del Vallès, quien hace sospechar a las compañeras de trabajo que algo pasa cuando no se presenta a trabajar y tampoco contesta al teléfono. Los Mossos sospechan del marido desde el principio, ya que su actitud les sorprende, pero la familia de ella se posiciona sin dudarlo a su lado. Es totalmente imposible que la haya matado él, decían con toda la inocencia.
El día de su asesinato coincidía con el cumpleaños del marido, que deja al bebé con la cuñada y se va con el cuñado a tomar café después de matarla como si nada hubiera pasado. Después descubrirían que había tenido la sangre fría de arrastrar el cadáver a una zona del aparcamiento donde no se veía y que se había enviado un mensaje a su móvil desde el teléfono de la mujer para intentar disimular. No contaba con que una vecina oiría los gritos durante el asesinato y avisaría a los policías, lo que sitúa perfectamente la hora del crimen.
Verlo muy nervioso, con rasguños en el cuello, una actitud extraña… todo hace sospechar a la policía. Tienen que dejarlo en libertad después de aquel interrogatorio tan extraño porque no tienen pruebas, lo que él aprovecha para ir a casa de los suegros a llorar como si nada. Los investigadores confían en que las cámaras de seguridad del banco que hay frente al aparcamiento pueden ser una pieza clave, pero la muerte coincide con el puente del 11 de septiembre y los trabajadores de la caja tardarían hasta cinco días en ofrecerles esas imágenes. Este detalle ha indignado a los telespectadores, está claro. Que lo mostraran saliendo de ese aparcamiento con su coche demostraba que había mentido y lo acaban deteniendo, once días después del crimen.

El marido continuaría con su versión, asegurando que era inocente. La familia de la víctima le cree y lo visita en prisión cada fin de semana, hasta que el secreto de sumario se levanta y tienen acceso a toda la documentación de la investigación. Era más que evidente que había sido él, un momento en que acabarían recordando que sí discutían y que él era «muy controlador«. De hecho, no se entiende cómo no habían tenido en cuenta que Jennifer les pidiera que cuidaran de la hija «si le pasaba algo». Ella ya lo sospechaba, pero ellos…
Dos años después, cuando llegó el juicio, él confesó haberla matado «accidentalmente» durante una discusión. Lo condenan a 20 años, pero ya está en la calle y tiene un negocio propio. ¿La vida de una persona vale 20 años? La estranguló con el cable de un cargador que tenía a mano, a sangre fría y mirándola a los ojos. Se ha podido leer muchísima rabia en las redes sociales, de la misma manera que se ha destacado que prácticamente todos los testigos hablaran castellano menos el juez y el fiscal; algo que suele ser al revés.

