Pocos recuerdan que Dani Mateo comenzó presentando el tráfico en catalán con Josep Cuní, cuando colaba chistes a las seis de la mañana, un trabajo que precedería muchísimos más que lo han convertido en uno de los presentadores más exitosos de la televisión y la radio españolas. Ahora ha vuelto a su lengua materna en una entrevista con Roger Escapa en L’eclipsi que presenta en 3Cat, la que permite conocer algunos detalles de su vida. ¿Entre ellos? Titulares sobre su adolescencia, una afición escatológica, un humor caducado o su placer culpable.
El locutor reconoce que sufrió acoso escolar porque era gordito y poco hábil en los deportes, problemas que se contraponían a la protección y estima que sentía en casa: «La infancia siempre es terrible cuando sales de tu burbuja de vida familiar guay en casa, ya que te encuentras un mundo que te asusta. No supe moverme tan bien fuera de la protección de la familia… Se reían de mí porque era muy inocente y los 80 eran Vietnam». «Vivía en un pueblo pequeño donde mi madre era la directora de la escuela, así que cuando había exámenes había colas para pelearse conmigo«, recuerda.

La relación de Dani Mateo con el humor
Él era feliz cuando se encerraba en el baño a leer Mortadelo y Filemón en Superhumor, unos números que le compraba su abuela por Sant Jordi: «Yo pasaba mucho tiempo en el váter y recuerdo que tenían que venir a sacarme de allí porque cuando terminaba de hacer caca seguía leyendo el número». Siempre le ha gustado el humor y hacer reír, aunque es consciente de que a medida que se hace mayor se queda con un humor cada vez más caducado: «Ahora ya me está pasando, eso de vivir un momento horroroso en conversaciones donde te das cuenta de que eres tú el cuñado. Lo que tienes que hacer es pedir perdón y reconocer que estás fuera, que probablemente todo lo que digas será delito«.
Le gusta reír y, por este motivo, reconoce que terminó siendo adicto al Twitter de los inicios cuando lo convirtieron en una especie de bar donde podías encontrarte con gente que no ves habitualmente: «Allí podías hablar, hacer bromas y enviar memes; pero se abrieron las compuertas de Mordor, entraron los malos y ahora es horroroso… por eso me he ido».

Dani Mateo también ha reconocido que ha tomado muy malas decisiones en la vida, sobre todo por la noche: «Recomiendo a todos no cometer errores de noche porque son peores los de noche que los de día y sobre todo cuando no estás del todo sobrio». Y eso que confiesa que ha sido poco de beber y que ha conseguido no tener ningún problema ni con alcohol ni drogas. ¿Cómo? Gracias a su adicción al trabajo: «Yo hace 20 años que trabajo cada día, no he parado nunca ni he tenido un año parado. Si quieres mantener eso, no puedes pasarte aunque salgas una noche porque al día siguiente tienes que estar presentable«.
«El trabajo me ha salvado, pero probablemente me ha hecho renunciar a mi personalidad íntima», añade. Y comparte una imagen que hace gracia: «Yo podría ser feliz leyendo Superhumor hasta que muera con un fuet al lado del fuego. No necesito mucho más. Lo que pasa es que la sensación de hacer reír es incomparable y es adictiva«.
El placer culpable del presentador
En este sentido, reconoce cuál es uno de sus placeres culpables: ver el programa de Karlos Arguiñano. Lo ha descrito como el cómico «más bestia» de este país: «Se ha pasado la pantalla, está haciendo gore al mediodía mientras hace un bacalao. Dice unas putas barbaridades que me hacen mucha gracia. Él se ríe de su personaje y es entrañable».
Dani Mateo también se ha puesto una especie de máscara, en estos años de tanta expectación mediática, ya que confiesa que nunca le ha gustado que lo vieran como es realmente por dentro: «Soy muy payaso y no me gusta excesivamente que me vean como soy, pero después de tanto tiempo se te acaba viendo».

