Damián Hecht y Federico Sotelo nacieron en Argentina y eligieron Barcelona para vivir y trabajar. Entraron en el negocio inmobiliario y poco a poco, con un tercer socio, Esteban García, fueron tomando posiciones en la venta y alquiler de propiedades de lujo. Su empresa, Walter Haus, marca prestigio en un sector en el que el prestigio es un muro. Walter Haus ha crecido y ahora cuenta, además de la de Barcelona, con tres oficinas en Madrid y una en la Costa Brava. La empresa mueve a más de sesenta trabajadores y gestiona una cartera de 900 inmuebles. En cuanto a la venta, los precios de un piso oscilan entre los 700.000 euros y los cuatro millones. Los de una casa pueden llegar a los diez. ¿Quién compra propiedades como estas? ¿Extranjeros? ¿Catalanes? ¿Todavía hay ricos en Cataluña? ¿O hay más que nunca?

Federico y Damián se sienten seguros en su dominio, como el duque Marlon Brando frente a Capote. Y defienden a capa y espada ganarse la vida en un ámbito, “que solo representa el 5 % del pastel”. Sin mala conciencia, porque “la escasez de vivienda afecta a todos los sectores”. Y porque la responsabilidad de un defecto social que se está cronificando “empieza y termina en las administraciones. En la voluntad política”. Ellos ofrecen soluciones. Resolver Argentina parece mucho más complicado…

Me gustaría hablar de sus orígenes…

Yo soy Federico Sotelo. Nací en Buenos Aires. Durante la época de la universidad vine en reiteradas ocasiones a España. Sobre todo, a Barcelona. De vacaciones. Cuando terminé la universidad pensé que era momento de pasar una temporada aquí. Vine a conocer la ciudad en profundidad. Conocí gente… Vengo del mundo universitario. Mi familia es inmobiliaria, trabaja en el sector. Apenas llegué comencé a trabajar en promotoras inmobiliarias de la ciudad, familias catalanas, patrimonialistas. Así comencé mi actividad laboral en Barcelona. Después de pasar por algunas empresas, trabajé con Damián, juntos, en una inmobiliaria de inversiones. Después montamos Water Haus como una inmobiliaria pequeña. Comenzamos con coworking, haciendo, sobre todo, alquileres. A medida que fuimos creciendo empezamos con las ventas y después nos fuimos perfilando hacia el ámbito en el que nos movemos hoy, que es una inmobiliaria de medio-alto standing.

Más alto que medio.

Alto, alto, sí. [Ríe].

Yo soy Damián Hecht. También soy argentino. Este mes hace veinticuatro años que vivo en Barcelona. En Argentina comencé mi actividad empresarial, que no tenía nada que ver con las inmobiliarias. Mi primera empresa fue de limpieza. La tuve diez años. Aquella era una época muy complicada en Argentina y con aquella edad me di cuenta de que, si continuaba así, mi vida estaría definida por unas reglas del juego que no me hacían sentir a gusto a nivel macro…

¿Qué quiere decir macro?

Argentina vivía un momento muy complicado y quizás yo, que aún no tenía treinta años, no quería que mi vida quedara definida de crisis en crisis. Abandoné la vida que llevaba, dejé mi empresa en manos de mi familia y vine a intentar en Barcelona, que era una ciudad que siempre me había llamado mucho la atención. Siempre había sentido que quería vivir aquí. Aquí sí que me dediqué a lo que siempre me había gustado y que nunca había hecho en Argentina, que era la actividad inmobiliaria. Entonces comencé con Federico. Nuestro trayecto juntos arrancó trabajando en una empresa multinacional, donde hacíamos inmobiliaria de inversión. Era la época anterior al crash del 2008. Vendíamos suelo para promotores inmobiliarios y operaciones de inversiones. No tenía tanto que ver con el residencial como hoy. Siempre nos entendimos muy bien trabajando juntos. Federico no te ha contado que, además de socios, hemos sido amigos siempre. Era una relación muy fácil. Confiamos mucho el uno en el otro. Era una relación personal muy profunda. Por otro lado, nos entendíamos bien trabajando. Era lógico que cuando quisimos hacer un trayecto en solitario lo emprendiéramos juntos. Entonces comenzamos Walter Haus. Con una estructura muy pequeña, un coworking codo a codo. Al final ahora somos empresarios. Dimos a todo esto un sentido.

En Cataluña hay mucho interés por Argentina. Desde su punto de vista, ¿qué pasa allí?

Creo que Argentina es un país que tiene muchísima capacidad. Es un país con gente con un nivel de profesionalidad increíble en cualquier aspecto. Podemos hacernos una idea mirando la publicidad. La publicidad argentina es muy buena. Hay muchos buenos profesionales. Pero ha habido una sucesión de demasiados gobiernos populistas, uno tras otro. Han hecho, indefectiblemente, un daño, tanto económico como social, que ahora es muy difícil de reparar.

Históricamente, al margen de los gobiernos populistas, creo que también fue cosa de una mala gestión. Ha habido otros que no eran tanto, de populistas, como los de Alfonsín, que también generaron una hiperinflación. Y eso hizo que mucha gente se fuera del país. Aquí llegaron durante los años setenta y ochenta una gran cantidad de odontólogos argentinos. Hubo diferentes migraciones en los ochenta, los noventa, los dos mil…

¿Esto es consecuencia del peronismo, de los sucesivos golpes de estado, de la dictadura? ¿O todos estos vaivenes políticos son consecuencia de la esencia de la misma sociedad?

Hay una Argentina antes de Perón y otra Argentina después de Perón. Todo esto deriva en situaciones muy emotivas. Cuando alguien habla de Perón en Argentina encontrarás gente que lo quiere y gente que lo odia. Pero es evidente que Argentina tomó un rumbo totalmente diferente desde el momento de Perón. Nadie nunca viró ese rumbo. Algunos gobiernos lo intentaron, pero el peronismo se quedó. El peronismo es un fenómeno que ha sido de derechas, ha sido de izquierdas, ha sido de centro… Es un partido muy camaleónico, que realmente solo queda unido por la figura de Perón. Ha habido gobiernos peronistas de todas las visiones posibles. Es indiscutible, sin embargo, que hay una Argentina antes y una Argentina después.

Con tantos buenos profesionales, ¿por qué es tan difícil encauzar el país hacia soluciones más plausibles?

También es muy difícil retener el talento. La educación es excelente, la universidad de Buenos Aires, por ejemplo, es muy reconocida a nivel mundial. Incluso es una educación gratuita. Siempre ha habido una educación en Argentina muy importante. Aunque es verdad que desde los años noventa ha decaído mucho. Creo que, con un gobierno u otro, siempre ha habido mala gestión de la administración. También está la corrupción. El sistema se sitúa por encima de las voluntades. Recuerdo algunos políticos muy honorables que fueron expulsados por el mismo sistema. Es un país muy particular. La verdad es que nos sabe muy mal, porque es un país donde hay muchas oportunidades, muchos recursos. Han salido muy buenos deportistas, muy buenos profesionales, médicos reconocidos mundialmente… Es muy triste. Es una tierra con muchas posibilidades, muy mal gestionada.

Yo creo que la corrupción explica muchas cosas. Y esto ha pasado con todos los gobiernos. En los últimos cuarenta años no ha habido ningún gobierno que se escapara. Todo esto está muy metido dentro del tejido social. Y al final quien más sufre es el pueblo. Por suerte, aunque es cierto que ahora está muy tocado, el nivel educativo aún es bueno. La universidad de Buenos Aires es muy reconocida y los alumnos salen con un buen nivel académico.

En una situación así, la universidad prepara buenos profesionales que solo aspiran a irse a trabajar fuera…

No todos se van. Tampoco es eso. Argentina es un país maravilloso. El problema es que cuando la gente habla se centra en la situación política. Pero Argentina es un país muy difícil de replicar, por ejemplo, en lo social. Es una maravilla vivir allí en el ámbito social. Si uno no tiene grandes penurias económicas –no te digo que sea rico, pero si tiene la capacidad de llegar a fin de mes y de vivir tranquilo–, vivir en Argentina es maravilloso. La calidez humana, la amistad, cómo son de abiertos… Es el pueblo que creo que mejor recibe a los extranjeros de todo el mundo. Quizás no soy tan objetivo cuando lo digo, pero tú vienes y les dices que eres valenciano y te vendrán encima y te preguntarán: “¿Cómo es Valencia? ¡Cuéntame! Tengo un tío en Valencia y fui hace dos años!”. Todo el mundo querrá hablar contigo, todo el mundo quiere interactuar con el que viene de fuera. Al contrario de las culturas que se cierran, Argentina tiene una cultura que da una bienvenida muy cálida al que viene de fuera. Es muy difícil encontrar esto. No es que todos se vayan. Porque tampoco es que todos digan: “¡Quiero dejar esto!”.

La gente no estudia para recibir el título e irse. Me refería a que es muy complicado retener el talento.

«Hay la inseguridad del calle, que no es ni de lejos la que dicen fuera, pero también hay la jurídica»/ Anna Munujos

También es muy complicado retenerlo en Cataluña o en Barcelona. Antes, sí. Hoy en día una persona con un buen nivel en cualquier especialidad y, además, sabiendo inglés, se va a buscar buenas oportunidades fuera…

Creo que todo el mundo busca una mejor calidad de vida, sí. Quizás el que trabaja en una multinacional en Argentina, si hay el mismo puesto en Barcelona –en el 22@, por ejemplo–, aquí tendrá muchísimas más posibilidades. Si añadimos que en los últimos años ha llegado mucho allí el poder adquisitivo muy alto, aquí entra también la cuestión de la seguridad y la tranquilidad.

Eso quería decir. Afirman ustedes que es una sociedad maravillosa, pero la imagen que tenemos nosotros es de una fuerte inseguridad, de mucha delincuencia…

En la calle, sí, es cierto, pero después hay también la inseguridad jurídica. Familias con hijos jóvenes, que no se sienten tranquilos si están en la calle… Antes era un país que, si salías por cualquier lugar, no tenías ningún problema…

¿La situación aún es tan dura o ha mejorado?

Ha mejorado, con el gobierno de Milei, sobre todo en la capital federal. En la provincia de Buenos Aires, no tanto, porque allí hay otro gobierno. Pero sí, los índices han bajado bastante.

¿Qué opinan del gobierno de Milei?

[Suspiran]. Es complicado. Ha habido un cambio de ciclo, le hemos puesto mucha expectativa, pero también sorprende, con algunas actitudes o cosas que van pasando, de manera negativa. La gente tenía mucha esperanza con el cambio, y al final tenemos miedo de llegar a más de lo mismo…

¿Lo consideran ustedes un populista?

Milei era un contertulio superextremo de la televisión, disruptivo, era un tipo como gracioso de verlo. No encuentro ninguna analogía válida aquí. Era un tipo que iba a los platós de televisión y montaba una del tamaño de un campanario. De repente te decían que aquel tipo quizás sería presidente y pensabas: “¡Es imposible!”. Aquello no tenía ningún sentido. Había unos partidos más establecidos. Y de repente aquel tipo era el presidente. Cuando me preguntaron sobre la cuestión yo dije: “Mira, esto, al final es la vida de la gente. Esto no es un partido de fútbol… Soy peronista, soy radical, soy esto o aquello, o soy del PSOE o del PP… Esto es la vida de la gente. Y por todo lo que nos jugamos todos los argentinos, aunque yo no vivo en Argentina desde hace muchos años, esta historia tiene que salir bien”. Tenemos que hacer todo lo posible para que este tipo, nos caiga bien o nos caiga mal, salga adelante. Nos jugamos el futuro del país. Al principio es eso que decía Fede. Lo vivimos con esperanza porque cuando él comienza –me refiero a los primeros meses o el primer año en el gobierno– aplica políticas muy duras en el ámbito social, pero aquello era lo que la teoría económica pedía hacer. Enfriar el mercado, por ejemplo. Él dijo a la gente: “Tendremos que sufrir”. Y la gente le dijo que sí, que si tiraba el país adelante, estaban dispuestos a hacerlo. Entonces hizo cosas que había que ser muy valiente para hacerlas. Eso yo se lo reconocí mucho. Pero ¿qué pasa? Que con el paso de los meses la gente no puede vivir tan constreñida tanto tiempo. Y ahora han empezado a aparecer casos de corrupción y te dices: “¡No, tú también, no!”.

No es para entrar en política. Te hablo como un argentino que lo mira desde fuera en una situación cómoda. No se trata de si Milei sí o si Milei no. Yo creo que todos los que somos argentinos esperamos que a Milei le vaya bien, pero no porque a Milei le vaya bien como político, sino porque, si a Milei le va bien, le irá bien a Argentina. Lo peor que podría pasar en este momento es que Milei fracase, porque Argentina tendría un colapso. Hay que rezar para que le vaya bien a este hombre.

¿Por qué vinieron a Barcelona y fueron a Madrid?

¿Y tú?

Porque soy valenciano.

Pues, porque nosotros venimos de una ciudad que no tiene mar, que tiene un río, y porque Barcelona es maravillosa. Tiene mar, tiene montaña, tienes clima, tienes…

Pero el dinero y el poder están en Madrid. Han hablado antes de gente que venía de Argentina a Madrid. Esa gente que viene del continente, de cualquier país latinoamericano, que tiene dinero acaban en Madrid…

Pero ¿sabes qué pasa? Piensa que la Barcelona de hace veinticuatro años económicamente y en un montón de sentidos estaba por encima de Madrid. Después la cosa fue diferente… Y, escucha, al final, ¿por qué la gente viene a Barcelona? Porque lo tienes todo. Barcelona es una ciudad que lo tiene todo. Di cualquier cosa y la tenemos. ¿Quieres comer bien? ¡Barcelona! ¿Quieres ir al mar? ¡Barcelona! ¿Quieres ir a la montaña, te gusta esquiar? ¿Te gusta la arquitectura? Barcelona es una ciudad supercompleta, que lo tiene todo, que tiene una cultura…

Además, Barcelona es multilingüe. No es un tema menor que sea una sociedad bilingüe, porque eso ya te dice cómo es una sociedad… El catalán naturalmente es bilingüe, pero, además, tú te mueves por Barcelona y quizás estás hablando cinco idiomas. Te encuentras con el de la esquina y habla inglés, el otro habla francés… Sales a cenar por la noche y en la mesa de al lado hay unos tipos hablando francés, otros hablan italiano… Todo esto es muy rico. No es que nosotros vinimos por esto, es que creo que es por esto que todo el mundo viene a Barcelona.

«No porque lo diga yo. Lo dice un californiano, un sueco, un irlandés… Aquí hay calidad de vida»/Barcelona/ Anna Munujos

Pero los sueldos son bajos. Pueden ser más altos en Madrid y no hace falta decir que son muchísimo más altos en Londres, en París o en cualquier ciudad de Estados Unidos. Un ingeniero, un informático, un médico, obviamente se ganarán mejor la vida en cualquiera de estas ciudades.

No sé si únicamente la función de valor es ganarse bien la vida. La calidad de vida se encuentra en otros aspectos. Los que nos hemos dedicado al alquiler toda la vida… Por mi trabajo, yo tengo amigos californianos, suecos, irlandeses… Miras aquí un call center y ya lo verás. Y te cuentan: “gano menos dinero aquí, pero salgo a la calle, voy a la playa y hablo con gente”. No porque lo diga un argentino, lo dice un sueco, un irlandés, un noruego… Es calidad de vida. Puedo tener una terraza en la casa, puedo tener un balcón…

Mucha de esa gente son expats. Gente que viene a trabajar a Barcelona con una buena empresa detrás y hace teletrabajo. Los barceloneses –sobre todo, los jóvenes– se quejan de que tienen una alta capacidad adquisitiva, hacen subir los precios de los alquileres o de las propiedades y los expulsan de la ciudad…

Te hago una pregunta…

Veamos.

¿Te parece eso sensato?

No sé si es sensato o insensato. Es cuestión de percepciones. Graves, si generan malestar social.

Veo que ahora entras en la crisis de la vivienda…

Sí. Del todo.

Vamos por partes y digamos las cosas por su nombre. La crisis de la vivienda no es porque vengan extranjeros o no vengan. Tampoco es un problema de vivienda de lujo, sí o vivienda de lujo, no. La crisis de la vivienda es un problema económico básico. Es un problema de oferta y demanda. España, como conjunto, y esto afecta a Cataluña, Madrid o Valencia, hoy tiene un déficit entre 700.000 y 800.000 viviendas. Hay una necesidad anual de 200.000 viviendas y solo se construyen 100.000. Esto es en el conjunto del Estado. Por tanto, a las 800.000 viviendas que tenemos de déficit hay que sumarles cada año 100.000 más. No es el problema de si aquel extranjero alquila un piso o no. Y mira qué pasa. Desde que tú tomas un campo de patatas y puedes pedir una licencia de obras pasarán entre diez y quince años. ¿De acuerdo? Entre el campo de patatas y el piso donde ese señor podrá ir a vivir hay una distancia al menos de quince años. Si no empezamos a acortar estos plazos, nunca cubriremos la demanda que tenemos con la oferta que tenemos. Cuando la demanda presiona demasiado la oferta, es inevitable que suban los precios. Esto es economía de primero. Y esto pasa en este mercado.

¿Y qué pasa entonces? Para cualquier político es mucho más fácil señalar a un culpable y decir: “Esto es la culpa de los suecos, de los inmigrantes, de los ricos, de los pobres…”. ¡No! Esto es la culpa de políticas deficientes. De su incapacidad para ponerse de acuerdo para resolver el problema. Porque este es un problema de un millón de viviendas. No es un problema de si vienen unos extranjeros y alquilan cuatro pisos o si el 5 % del mercado inmobiliario es de lujo. Es un problema estructural que solo se arregla en el Congreso de los Diputados. Cambiando leyes muy estructurales y haciendo políticas que permitan la dinamización de la construcción de viviendas.

La izquierda más autoproclamada dice que, si se hace esto, se favorece la especulación.

Este es un eslogan muy fácil de decir. Es un eslogan muy simple. El problema es que faltan viviendas. Y hay un montón de maneras de hacerlas sin favorecer la especulación. De ecuaciones, hay un montón. Participaciones público-privadas… VPO, VPP… Básicamente, si queremos que las administraciones públicas construyan un millón de viviendas, no lo lograremos, porque las administraciones no son constructoras, no son promotoras. Pero si las administraciones ceden el suelo durante x años, cuarenta años o lo que sea, para que una colaboración público-privada lo ejecute de manera eficiente… esos pisos, aunque fueran gestionados por entidades privadas, serían de las administraciones públicas. El Estado se enriquecería y saldrían muchas viviendas públicas al mercado. Pero hace falta una voluntad política. Pero esto es a largo plazo. Los beneficios quizás se los llevará el partido político contrario. Nadie lo empieza porque saben que favorecerán al otro. El problema es que nadie piensa a veinte años, a diez años vista, nadie piensa más allá de cuatro. Entonces es más fácil buscar un chivo expiatorio.

Ayer vi en la portada de un diario que Barcelona en los próximos diez años será un Silicon Valley. Se fomenta muchísimo traer la empresa multinacional. ¿Es el promotor inmobiliario o cómo se genera la especulación? ¿Lo hace la llegada de estos perfiles? Tenemos en Torre Agbar no sé cuántas plantas de Facebook, por ejemplo. En el 22@ está Amazon. Tenemos toda esta clase de empresas que llegan a la ciudad. Barcelona es un polo de atracción. Y es obvio que llegarán todos estos perfiles buscando viviendas. La cosa es mucho más profunda, no es nada superficial.

Y tal como dicen, las diferentes administraciones no entran a fondo en el problema porque los beneficios de una acción estructural tardarían y sería otro quien sacaría provecho? ¿Esto lo explica todo? ¿O lo explica también una visión política contraria a trabajar con la iniciativa privada?

También hay que leer cuál es el público de cada partido político. La ley de regulación de alquileres en Cataluña es un fracaso. Esto no es una cuestión ideológica. Uno mira los números y ve que ha disminuido la oferta. Han querido generar un efecto y han generado otro. Pero esto ha pasado en cada mercado donde se han aplicado decretos similares. He vivido los tres decretos. Uno duró tres días, el otro, un año y pico y después está el actual. Si tú lo miras, en el momento en que entró en vigor el primer decreto en Barcelona en los portales había unos 5.000 inmuebles para alquilar. Y de repente solo hubo 2.000. Efecto estampida. Hay que sumar otros factores. No solo el de la regulación. Está la inseguridad jurídica, los grandes tenedores, mucha asfixia…

Volviendo a la cuestión ideológica. Es imposible que no lo sepan. Ya aplicaron una vez la regulación y fracasó. En lugar de decir que esto no funciona y quitarla, de volver a dejar que el mercado haga, lo constriñen más. Esto solo se entiende desde la ideología, porque es imposible que, si nosotros, que no llevamos ningún ayuntamiento al hombro, sabemos qué está pasando, porque solo hay que leer el diario para saberlo y mirar las estadísticas, es imposible no saber que estás aplicando una normativa que ha fracasado en todos los lugares del mundo donde se ha aplicado, que ya fracasó en tu ciudad y que volverá a fracasar. Esto es ideológico, es propagandístico. Empapan ideológicamente al tipo de público que es más permeable. ¡Los fondos buitre! Realmente, no es eso. Al final, la mayoría de los pisos que se ponen en alquiler no son eso.

«En nuestra cartera no tenemos ningún piso propiedad de un fondo» /15-05-2026/Barcelona/ Anna Munujos

¿Cuál es el porcentaje entre pisos que controlan los fondos de inversión y los de los particulares?

Nosotros en nuestra cartera no tenemos ningún piso de fondos de inversión. Generalmente, son de particulares o de alguna patrimonial. Pero la patrimonial no deja de ser una familia catalana o algún extranjero que no usa el inmueble durante todo el año. Generalmente, sin embargo, son particulares de aquí.

¿La gente del sector han comentado alguna vez todas estas inquietudes con el Ayuntamiento de Barcelona o la Generalitat? Jaume Collboni dijo que retiraría la regulación de ceder el 30 % para uso social en cada nueva promoción y no lo ha hecho. El resultado es que en Barcelona hay muy poca obra nueva de viviendas y mucha de oficinas…

¡Muchísimas veces! Pero pasa igual con este 30 % que con la regulación del precio del alquiler. Claramente ha sido un fracaso. Ha sido un fracaso estrepitoso. No se puede fracasar más. Simplemente, se ha dejado de construir. ¿Y qué ha generado? Escasez de vivienda. Y más aún en Barcelona, con todo poco espacio entre el mar y la montaña. Entró el gobierno municipal actual prometiendo que retiraría esta imposición y no lo ha hecho, porque perdería los votos de los Comunes, que ideológicamente no se mueven de aquí. ¿Por qué? Porque su público vota esto. Todo es tan cortoplacista… Y quienes podrían apoyar un cambio en este sentido no lo hacen porque políticamente no les conviene que el ayuntamiento actual salga adelante. Vivimos este inmovilismo y quien resulta perjudicada es la gente. Es mucho más fácil, pues, para cualquier partido político decir que esto es culpa de los ricos, de los inmigrantes o de los que hablan sueco, antes de decir que lo están haciendo mal. Y que sus políticas nos afectan de manera muy negativa y que no se pueden poner de acuerdo por el bien común.

Mientras tanto, paradójicamente, el precio de los pisos y de los alquileres en Barcelona continúan aumentando, a pesar de tanta ley y tanta normativa. No se entiende. ¿La ley de regulación se cumple?

Sí, se cumple, pero el problema es que cuando el agua sube siempre encuentra por dónde filtrarse. Si eres una empresa patrimonial o tú, que quizás tienes uno o dos pisos con los que te has arreglado la jubilación o lo que sea y de repente te encuentras trabas por todas partes, ¿qué haces? Que alquilas temporalmente. Los que alquilaban a largo plazo deben cumplir la regulación, pero los otros se decantan por el alquiler temporal.

Y no es solo el tope del precio. Hay muchas regulaciones. Está esto de la ocupación. El propietario se encuentra absolutamente indefenso. Son gente que piensa que un tipo que solo tiene un piso adquirido con sus ahorros es un especulador, que te lucras con la pobreza de los demás. Si estás pagando la hipoteca de un inmueble y tienes un inquilino que no paga desde hace dos años, no lo puedes echar. Tú tienes que pagar la hipoteca y él no te paga a ti. ¿Qué harás? Retirarás el piso cuando puedas. “Mira, esto es mío y paro”. Eso es lo que ha pasado con el mercado de alquiler. “Cierro con llave y ya veremos con el próximo gobierno”.

Dice Salvador Illa que su gobierno construirá 50.000 pisos. Parece que está dispuesto a cambiar de política en este sentido, a fomentar la colaboración público-privada…

¡Ojalá! Esto es lo que hace falta. Ojalá. Comparado con las grandes ciudades europeas, el parque de vivienda pública que hay en Barcelona, en todo el Estado, es muy inferior.

También es verdad que ha habido otras prioridades. Estas otras ciudades a menudo no tienen, ni de lejos, la cobertura sanitaria que hay en Cataluña… No se puede cubrir todo. Ahora los maestros están en lucha. Al final, el dinero lo dedicas a una cosa o a otra. No son infinitos. Si quieres acortar las colas de los hospitales y que los docentes cobren un sueldo digno, quizás no puedes construir vivienda pública…

Sí que puedes. Quien es zapatero, que haga zapatos. Yo estoy muy a favor de la colaboración público-privada. Que cada uno aporte lo que sabe hacer mejor. ¿Qué es lo que podemos aportar a este pastel para salir adelante y que al final los beneficiados no seamos ni tú ni yo, que sea la sociedad? Los ayuntamientos, las administraciones públicas, pueden aportar suelo y regulación. Y los privados pueden aportar financiación y know how. La titularidad puede quedar a nombre de las administraciones. Esto aligeraría mucho el problema, pero no lo hacen.

Ni lo harán. ¿Y a ustedes no se les cae la cara de vergüenza vendiendo o alquilando pisos de lujo con la crisis que hay y los problemas que sufre tanta y tanta gente?

Es una pregunta rara.

Quizás sí o quizás no.

Creo que aquí mezclamos manzanas con peras. El mercado de lujo es una parte del mercado inmobiliario y, sinceramente, es un trozo muy pequeño dentro del problema estructural que sufrimos. No hay una vara de medir que te diga qué es lujo y qué no. Unos te dirán que el lujo empieza en el millón de euros y otros dirán que empieza en un millón y medio, y aún otros te dirán que empieza en dos. Cualquier inmueble que haya aquí, en el Eixample de Barcelona, costará 500.000 o 600.000 euros. Son barrios enteros, en teoría de lujo…

El Eixample, sí, ya es un barrio de lujo para el poder adquisitivo medio, evidentemente.

Depende de qué lectura tomes, se estima, más o menos, que el mercado de lujo representa entre el 5 y el 6 por ciento del parque inmobiliario. Es imposible que un 5 o un 6 % del pastel te afecte la realidad de todo esto. Siempre han convivido. La escasez de viviendas afecta tanto al lujo, como al piso medio como al piso de VPO. No hay y punto. Esto es como decir que tú puedes vender ropa de Zara o ropa de Hugo Boss. No se te cae la cara de vergüenza por vender una cosa o la otra. Con esta lectura cerramos el paseo de Gràcia. ¿Dejamos de fabricar ropa de alta calidad para determinado público que la puede pagar y que genera un movimiento económico? ¿O coches?

El tipo que te compra un piso de lujo, no es solo el piso, es que generalmente lo rehabilitará. Pone en marcha al arquitecto, a la constructora, a la casa de muebles… La empresa de limpieza que limpiará ese piso cuando termine la obra. Pone en marcha la empresa de cocinas. Toda la dinamización económica que genera un piso de lujo es enorme. Y además, si tenemos la suerte de que ese señor venga de fuera, ese señor invertirá en Cataluña. Ese señor irá al supermercado en Cataluña, al shopping de Cataluña. Posiblemente traerá su empresa a Cataluña. Dará empleo en Cataluña. ¡Cuidado con según qué lecturas! Es un mercado que, bien entendido y bien tratado, es muy dinamizador.

Pero lo que te dirá una persona con un sueldo medio, que ahora son bajos, es que esa persona vendrá a Cataluña como bwana…

¿Cómo?

Como señor, como el amo.

No.

¿No es esta una actitud colonial, que venga el rico a mover negocio para que tú vivas como un pobre?

Hablas con un emigrante.

¿Y qué? Ya hace muchos años que usted llegó…

Yo creo que Barcelona es una ciudad de mundo. Es una marca. Puede venir el rico. Y analicemos con qué porcentaje de toda la inmigración que tenemos. No es únicamente que lleguen ricos a quitarles el trabajo. ¿Cuántos habitantes tiene Cataluña en comparación con hace diez años? ¿Cuántas viviendas se han construido para este crecimiento? Y no hablo de ricos. ¿En qué proporciones se mueve este mercado de lujo? Es lo que comentábamos. Un 5 %.

¿Cómo son las personas que vienen aquí a buscar un piso de lujo?

Hay una proporción de nacionales y otra de extranjeros, evidentemente. Y esto está muy separado por zonas. El comprador de la zona alta de Barcelona será más catalán, de toda la vida, aunque empezamos a notar que extranjeros, que cada vez se adaptan más, empiezan a buscar allí también. Hace poco vimos una pareja que no tenía nada que ver con la cultura catalana, no importa el país, pero enviaban a los niños a un colegio internacional y buscaban un piso en la Bonanova. En general, tendremos extranjeros y tendremos nacionales.

¿Los extranjeros con dinero qué barrios buscan?

Depende del perfil. Los traslados de empresas multinacionales, en el caso de una familia, históricamente, sí, buscan la zona alta por todos los colegios. Otra zona que ha brotado desde hace unos años es la de Diagonal Mar. Curiosamente, con el paso de los años, encontramos catalanes que se han mudado también allí. Hace veinte años esto era mucho más difícil, porque era una zona de la ciudad que no interesaba a la gente de la zona alta, con gran poder adquisitivo. Y ahora han cambiado de parecer. Sin hijos, Poblenou ahora es una zona que destaca. Y el Maresme, –Alella, Teià, por ejemplo– ahora está muy demandada, por la proximidad a Barcelona.

Y siempre está el Eixample. Nos encontramos el otro día a Ronnie Wood, de los Rolling Stones, cruzando la calle. Hace muchos años que tiene un piso aquí, muchísimos años. Estábamos parados en el semáforo y ¡nadie se daba cuenta! Y eso es riqueza. Eso es Barcelona. ¿Quién puede quejarse de que Ronnie Wood viva aquí al lado? Nadie lo aborda, te lo encuentras caminando por la calle…

Quizás por eso vive aquí, porque no lo conoce nadie…

[Ríen]. ¡Es un Rolling, eh!

La gente en Cataluña es muy discreta, tiene un carácter muy contenido…

Sí. Somos muy conscientes. Mira, el catalán tiene algo que siempre me ha gustado. No le gusta la ostentación. La ve como algo de mal gusto. El catalán, en general, no es ostentoso. Es muy raro que ande por el mundo mostrando todo lo que tiene. Al contrario, son gente muy discreta. Esto es un valor maravilloso de Cataluña. Este rechazo a la ostentación. Es un rasgo cultural de aquí que me parece magnífico.

«Nosotros conocemos aquí gente de muchísimos dinero que ves cómo visten y no darías un duro por ellos» / Anna Munujos

La ostentación es interior. En los pisos ricos del Eixample a menudo te encuentras una cierta ostentación resuelta con buen gusto. Interior, eso sí.

De puertas adentro. Pero puertas afuera no lo dirías. Nosotros conocemos gente de muchísimos dinero que ves cómo visten y no darías un duro por ellos. Es una conducta. Es cultural. Hay el caso de aquella familia catalana con varios hoteles y el hombre con quien hablábamos en nombre de ellos venía en Bicing y con bermudas y alpargatas.

Y podría ser votante de la CUP…

[Ríen]. No lo sé. Aquí no llego.

Hace poco he leído que el total de expats en Poblenou son más de 15.000…

Pero, en primer lugar, no todos tienen un poder adquisitivo altísimo. No todos viven en pisos de lujo, porque simplemente no tienes 20.000, de esos pisos, en ese barrio. Cualquier expat no es millonario, ni tiene un poder adquisitivo superior a la media. Te encuentras de todo tipo. Nosotros en nuestras oficinas tenemos muchos. Y no son millonarios. Vas a la cafetería de enfrente y quizás te atenderá un expat. No por ser un expat son millonarios. Hay millonarios, pero te diría que la mayoría son gente que viene aquí a trabajar y a ganarse la vida.

Creo que hay que tener mucho cuidado con esta propaganda que dice que el expat viene a quitarles los puestos de trabajo. España, con la tasa de natalidad que tiene –y te hablo del conjunto del Estado español– en treinta años no paga las pensiones. Necesita estos expats y estos expats necesitan un lugar digno para vivir. Como cualquier otra persona. Entonces o los invitan porque aportan lo que tienen a la economía o te lo haces tú y a ver qué pasa de aquí a treinta años. Si la decisión es invitarlos, esa gente necesita vivienda, porque, si no, el expat que viene a trabajar –no digo el millonario, sino el que viene a trabajar– competirá por el mismo piso con el catalán de toda la vida, y eso generará xenofobia. Y hay partidos políticos que se aprovecharán. Y volvemos al principio: hablemos de políticas de vivienda efectivas a largo plazo.

Mira otro dato para que veas cómo atrae la ciudad. Hace tiempo Barcelona fue durante años el primer o el segundo lugar de solicitud para estudiantes en Erasmus…

¿Aún se mantiene esta atracción? ¿O Barcelona ha perdido atracción en este sentido?

En general, sí. Atrae a mucha gente, pero menos que antes.

¿Por qué?

La inseguridad, entre otros factores. Y es una sensación creada de manera interesada. Sí que ha habido, de justificada, en determinados lugares, como ahora la Rambla. Yo no he tenido problemas en veinticinco años. Nunca he sufrido un robo. Y pongo el móvil en la mesa. Pero sí que ha habido casos. Y ha habido alguna administración municipal que no ha estado por el trabajo y no ha hecho lo que debería haber hecho. Eso afectó y se notó. Y luego está la inseguridad jurídica de determinadas políticas, sobre todo respecto a la vivienda, que es lo que nos concierne a nosotros.

Creo que ha habido una propaganda desmesurada respecto a la inseguridad de Barcelona. Si bien ha aumentado, no ha aumentado hasta estos niveles ni de lejos. Ahora, en cuanto a lo judicial, el decreto, que lo ponen, que lo quitan… todo esto ha generado una inseguridad jurídica que no gusta al inversor extranjero. El dinero busca la tranquilidad.

¿Cuál es el piso más caro que han vendido ustedes?

[Lo piensan y lo repiensan, un poco incómodos]. ¿El piso más caro que hemos vendido, el piso más caro que hemos vendido… Aquí en Barcelona?

Sí.

¿Cuatro millones? ¿Cuatro millones y pico?

[Sonrío con ironía] ¡Uy! Hay empresas mucho más potentes que la de ustedes…

Eeeeeeh. La semana pasada estuvimos en un piso de dieciocho millones…

¡Ahora! ¿Pero lo han vendido?

Lo estamos comercializando todavía.

¿En qué zona?

Bueno, a ver. Los inmuebles más caros que hemos comercializado están en Diagonal Mar, en un edificio muy conocido, el último que se ha construido allí. Allí todavía hay bastante producto para vender.

¿Y casas?

¡Ah! Casas, sí. Hemos vendido más caras de cuatro millones. También en el edificio aquel famoso de paseo de Gràcia con Diagonal se han hecho operaciones de cuarenta millones. El ático.

Pero esa operación, no la hicieron ustedes…

No. Pero estuvieron muy cerca.

Haces una pregunta muy incómoda de responder y te explicaré por qué. Porque, si te contestamos: “Sí, mira, hemos vendido una casa de diez millones y pico”, nos dirán: “Ah, mira, ¡esta empresa solo vende casas de diez millones y pico!”. Y no es así. Esa no es la realidad. No es así. La pregunta es un poco capciosa, porque al final nos podemos encontrar con que la gente piense que solo vendemos casas de diez millones en la avenida de Pearson. Hemos hecho muchas operaciones a ese nivel, de cuatro millones y de más de cuatro millones, no te mentiré, pero también tenemos pisos en nuestra cartera de 700.000 euros. No vivimos, pues, solo de la casa de diez millones.

¿Y explican que también hay escasez de productos de esta gama?

Claro. Hay en todos los niveles. Tenemos un problema de escasez de vivienda. Cara, barata, media… En este país falta un plan de la vivienda.

Nosotros vamos a notarías de manera constante. Los notarios nos dicen que el tramo que registra más firmas en Barcelona y área metropolitana oscila entre los 250.000 y los 400.000 euros. Estos notarios te dirán también que es muy reducido el porcentaje de vivienda de lujo.

Sí, sí. El problema y la pregunta es cómo puede pagar una persona que cobra 1.500 euros al mes una hipoteca de 300.000 o 400.000 euros.

Le saldrá por 1.200 euros al mes. Por tanto, esa persona debería tener acceso a una vivienda de VPO.

Son muchas personas…

¿Y cuál es el porcentaje de viviendas de protección oficial en este país?

«Puedes aumentar mucho la cantidad de vivienda protegida, pero no hay la voluntad política de hacerlo»/ Anna Munujos

Antes era del 2 %. Ahora me parece que ha subido…

Hasta el 4, al 5, al 6 %. ¿Qué quieres, pues? ¿Cuál es ese porcentaje en Francia? Podrías aumentar mucho esa cantidad, pero no hay la voluntad política. Y el problema es que ese mileurista es el perjudicado.

Hay otra cosa. Porque después también es cierto que el Ayuntamiento de Barcelona ha comprado muchísimos edificios…

¿Muchísimos? No creo. Unos cuantos…

Alguno en Balmes con Gran Vía.

¿Los compra el ayuntamiento?

Sí.

Supongo que para destinarlos a alquiler social.

¿En esa zona? ¿Apartamentos de 200 metros? Si quieres invertir, ¿por qué lo haces en pisos de 200 metros en la calle Balmes? ¿Por qué no compras edificios en un barrio donde, en lugar de quedarte con diez viviendas, te quedas con cuarenta que, en lugar de 200 metros, tengan 100? Incluso te saldría más barato. Y darías mucho más acceso a la vivienda.

Eso se lo deberían decir al alcalde…

Hay un tema de gestión que no… El problema del acceso a la vivienda en Cataluña y en el conjunto español empieza y termina en las administraciones Y en las voluntades políticas. Y luego podemos señalar a quien queramos. Cualquier actor. Pero esos actores siempre han estado y no teníamos estos problemas…

Vamos a la otra zona donde ustedes trabajan, la Costa Brava…

¡Maravillosa!

Sí, eso ya lo sabemos.

Uno de los mejores lugares del mundo con diferencia. ¡Por eso allí hay una oficina de Walter Haus! [Ríe].

Seguro. Allí sí que hay casas caras de verdad. Y no pocas, en porcentaje. ¿La demanda es extranjera, sobre todo?

Extranjera y catalana.

¿Todavía? ¿Todavía hay ricos en Cataluña?

Todavía hay en Cataluña. ¡Y tanto!

¿Ustedes, personalmente, tienen una casa allí?

No.

Es demasiado cara incluso para ustedes…

Yo no tengo hijos, no estoy casado… Por tanto, no tendría sentido para mí tener una casa allí para pasar los fines de semana. Porque quizás los disfruto más en Barcelona. Yo voy mucho a la Costa Brava. Este fin de semana, por ejemplo. Pero, entre tener una casa allí y tener que mantenerla cuando no tengo esta dinámica o poder ir de vez en cuando a un hotel, prefiero esta segunda opción. La primera no tendría ningún sentido.

¿Los rusos todavía compran allí?

Empiezan a volver, pero ahora vienen más que compran.

Yo trabajo mucho en la Costa Brava. Mi experiencia, hecha a base de visitas, es que ahora en muchas operaciones constato que los propietarios son rusos.

¿Y cómo es que dicen que ahora vuelven también?

Hemos comenzado a ver que hay rusos que vuelven a comprar, sí. Quizás tienen la nacionalidad en otro país. Hace muchísimo que no vendemos a rusos, pero sí que comienzas a oír hablar de ellos. Con nacionalidades aquí o allá y que ya hace muchos años que viven fuera de Rusia…

Ustedes tienen tres oficinas en Madrid… ¿Y en Barcelona?

Esta.

¿Por qué tres y solo una? ¿Allí hay más negocio?

No. Nuestro modelo en las dos ciudades es diferente. Allí son oficinas más pequeñas y de barrio. Trabajamos más por distrito. En Barcelona tenemos un equipo más grande y cubrimos toda la ciudad desde aquí.

¿Pero no es porque allí haya más negocio?

No. Esto varía, pero siempre la cosa ha estado igualada…

Si ahora alguien montara una empresa como la de ustedes, ¿qué le aconsejarían, centrarla en Barcelona o en Madrid?

Le preguntaría cuáles son sus necesidades. ¿Qué tipo de negocio quieres montar? ¿Solo quieres vender por cantidad? El otro día hablaba con un empresario que tiene una empresa que da servicios a yates y a barcos. A él no le importa nada dónde estar. Buscaba una sede administrativa. Vivía en una isla y quería trasladarse a la península. Se fue a Madrid, pero, por sus circunstancias, tenía más sentido que lo hiciera en Barcelona. Depende de cada circunstancia… Ahora, yo creo que no debemos caer en la trampa de empezar a competir entre ciudades. Hay que entender qué ofrece una y qué la otra, y tomar la mejor parte de cada una. Creo que la competencia entre Madrid y Barcelona no beneficia a nadie.

[Sonrío]. La competencia es sana, activa el ingenio y el mercado. Siempre ha sido igual.

Correcto. Nosotros trabajamos en tres mercados en los que creemos mucho. Son tres mercados diferentes y con públicos diferentes del todo. Son mercados muy dinámicos en distintos sentidos. Cada uno tiene unas necesidades diferentes.

Si tuvieran dinero, ¿dónde comprarían un piso de lujo en Barcelona?

[Ambos coinciden] En Diagonal Mar. En la zona de Poblenou.

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