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Decir cosas que no son ciertas en un atestado, llevarlo al juzgado, que el denunciado tenga que personarse con abogado y procurador, que tenga que declarar y aportar pruebas exculpatorias para finalmente cerrar el caso –y obligar a la consejera de Interior, Núria Parlon, a pedir disculpas– no tendrá ninguna consecuencia disciplinaria para el cabo de la Brigada Móvil que firmaba el informe y se presentaba como víctima. Así lo certifica una respuesta parlamentaria firmada por la consejera respecto al caso de Albert Forcades, el activista acusado de agredir a un agente durante la visita de los reyes españoles al monasterio de Montserrat el 23 de junio del año pasado, que finalmente fue exonerado.

La respuesta, a la que ha tenido acceso El Món, es a raíz de una pregunta del diputado de la CUP por la demarcación de Girona, Dani Cornellà, sobre «si piensan abrir un expediente sancionador contra el agente que redactó un falso atestado» que implicó no solo a Forcades, sino también a la Asamblea Nacional Catalana. «En relación con los hechos sucedidos el 23 de junio de 2025 durante la visita del rey a Montserrat y sobre la actuación policial y las eventuales responsabilidades disciplinarias, la Dirección General de la Policía informa que no se ha incoado ningún expediente disciplinario, dado que de los hechos analizados no se desprende ningún indicio de infracción o actuación irregular», sentencia Parlon.

Albert en el momento de ser detenido por los Mossos d'Esquadra en la protesta de Montserrat/Quico Sallés
Albert en el momento de ser detenido por los Mossos d’Esquadra en la protesta de Montserrat/Quico Sallés

Un caso que trajo cola

El caso Forcades y la denuncia paralela a la ANC generó una profunda crisis de confianza en la dirección del Departamento de Interior. En dos ocasiones, la consejera Parlon en sede parlamentaria acusó a Forcades de haber agredido a un cabo de la Brimo con «una [defensa, es decir, porra] extensible». Un relato abonado con entusiasmo por el director general de la Policía, Josep Lluís Trapero. Los vídeos aportados por la defensa convencieron desde el inicio al juez instructor de Manresa de que la narración de los Mossos no tenía ni pies ni cabeza, y que la supuesta agresión fue, en realidad, un leve golpe que recibió con el final de la caña de pescar donde había atada una estelada cuando otro agente que la estiró para requisar la bandera independentista, se le escapó y en el rebote tocó fortuitamente la oreja del cabo denunciante.

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