Ocurre poquísimas veces que los policías se muestren indulgentes con los infractores de tráfico. Tanto es así, que la justicia ha decidido sentar en el banquillo de los acusados a un policía local por haber perdonado una denuncia a un conductor que estaba tan borracho que no podía ver ni sus manos. El juicio está previsto que se celebre el martes en la sección 21 de la Audiencia de Barcelona con una acusación por parte del ministerio fiscal que reclama al uniformado dos años de inhabilitación por la comisión de un delito de omisión de cumplimiento del deber. Una clemencia poco habitual entre policías que la fiscalía quiere corregir.

El caso, que fue investigado por el Juzgado de Instrucción número 3 de Cerdanyola del Vallès, se remonta al mediodía del 15 de enero de 2021 en Badia del Vallès. Y, en cierta manera, fue fruto de cierta casualidad, porque la alerta la dieron dos mossos d’esquadra que se dirigían a la comisaría para iniciar su turno de trabajo. Los mossos detectaron un coche Hyundai que iba de lado y llamaron al 112 para alertar de un posible delito contra la seguridad vial, en la modalidad de conducción bajo los efectos de bebidas alcohólicas. De hecho, indicaron a la telefonista del 112 que el autor del posible delito había aparcado en la calle Santander del municipio.

Prueba de alcoholemia a un conductor
Prueba de alcoholemia a un conductor

La policía local, avisada

El acusado, que en aquel momento estaba como jefe de servicio de la patrulla, se dirigió al lugar que le habían indicado desde el 112. Observó que el conductor estaba adormilado y que olía a alcohol. Además, cuando el policía le requirió la documentación, todos los papeles cayeron al suelo, y al salir del coche cayó de bruces al suelo. En estas circunstancias, bastante caóticas, el policía no le hizo la prueba de alcoholemia.

Así que decidieron trasladar al conductor a las dependencias policiales municipales, no hizo ningún atestado policial, ni le hizo ninguna prueba de alcoholemia. De hecho, el ministerio fiscal en su escrito de acusación remarca que no consta en el sumario ningún elemento que hiciera pensar que el etilómetro no funcionaba, o no estaba bien calibrado. En el mismo sentido, el fiscal reprende al acusado por no pedir ayuda a los compañeros de la policía para hacerle la prueba ni llevar al conductor a un centro médico para hacerle una prueba de alcohol en sangre.

Finalmente, el policía, una vez el conductor hubo dormido la mona, lo dejó marchar y no se hizo ningún atestado, aunque se habían abierto diligencias. Al día siguiente, el jefe de la Policía Local levantó un atestado que se remitió al juzgado, pero sin ninguna prueba realizada de alcoholemia. La fiscalía considera que el acusado fue demasiado condescendiente con el conductor presumiblemente ebrio. Fue tan indulgente que el ministerio público considera que actuó de manera «deliberada y consciente para obviar los mandatos de la Ley 2/1986 de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de la ley de la Policía Local». Además, insiste en que aunque trasladó al conductor a la comisaría no cumplió «con la responsabilidad que se le encomendó cuando tomó posesión».

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