Agentes de la poderosa Comisaría General de Información de los Mossos d’Esquadra explicando a un tribunal que escuchan programas de radio para constatar si se cometen delitos; un partido político como Vox actuando como Fiscalía en la sombra; una fiscal de odio, Marta López Gloria, preguntándose qué hacía esa mañana en la sección tercera de la Audiencia de Barcelona porque ya había solicitado sobreseer la causa; y un humorista histriónico como Jair Domínguez en el banquillo de los acusados por haber hecho su trabajo, un chiste sobre cómo detener el fascismo.
Este es el escenario del juicio que ha tenido que presidir, con oficio y un punto de incomodidad, el magistrado Josep Antoni Rodríguez Saéz, por una querella de la formación de Santiago Abascal contra un monólogo brevísimo del 16 de febrero de 2021, en el que se hacía sátira del resultado electoral de Vox en las elecciones de 2021. Fue una colaboración de Jair Domínguez en el espacio Un bon dia de merda, en el programa El Matí de Catalunya Ràdio, en la etapa con Laura Rosel como conductora. La Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA), que estaba como responsable civil, ha sido apartada de la causa en la audiencia previa de la vista.

Mossos escuchando la radio
El primero en subir al estrado ha sido un agente de la Comisaría General de los Mossos d’Esquadra, con serias dificultades para responder en castellano, cuando no tenía ninguna necesidad. En todo caso, ha ratificado el contenido de su informe en el sentido de que la breve intervención humorística de Domínguez no generó ninguna situación de riesgo ni de conflicto. De hecho, el policía -que ha asegurado que normalmente no escucha Catalunya Ràdio- analizó varios programas para comprobar «si dentro de la subjetividad se podía considerar que objetivamente las opiniones podían generar actos de odio o violencia». Es decir, un policía analizando la opinión de un humorista. Una situación que haría frotarse los ojos a los arquitectos jurídicos del estado de derecho.
En todo caso, a preguntas del abogado de Domínguez, el catedrático de derecho procesal Jaume Alonso-Cuevillas, y de la fiscal -el acusado no ha respondido al representante del partido de Abascal-, Domínguez ha asegurado que «no hablaba de Vox». «No tenía ninguna intención de incitar a la violencia, de ninguna manera», ha alegado. De hecho, ha diferenciado dos partes en su intervención: una primera de crítica por los resultados de Vox y una segunda, sobre el desastre que supuso el nazismo y el fascismo. Las palabras «un golpe en la boca» tenían, para el humorista, un sentido metafórico de contundencia. Además, Domínguez y los Mossos han remarcado que el monólogo –que estaba grabado– no implicaba «interacciones» con los oyentes, «no hay ningún debate o comentarios ni siquiera de los tertulianos que participaban en el programa».
Vox: «Es materialmente violento»
El abogado de Vox, Juan Cremades, ha pedido la condena porque el chiste «no es una opinión política ni una expresión hiriente, sino materialmente violento». Además, ha querido hacer pasar gato por liebre al asegurar que la Audiencia reabrió el caso una vez archivado. Cuevillas ha recordado al tribunal que lo reabrió por simples cuestiones procesales, no por indicios de criminalidad. Cremades también ha aprovechado para intentar dar a Vox una pátina de personalidad de colectivo vulnerable, susceptible de ser víctima de un delito de odio.
El ministerio fiscal, en un informe rotundamente técnico, ha insistido en que los hechos no son subsumibles en el artículo 510 del Código Penal. Es decir, que no configuran ningún delito. Y ha descrito el entramado doctrinal, legal y jurisprudencial que protege el humor y la libertad de expresión. Cuevillas ha recomendado al tribunal preguntar al ChatGPT qué significa «un golpe en la boca» y la respuesta es hacer «callar a alguien con contundencia», y lo ha diferenciado de un golpe en la cara. Asimismo, ha remarcado que Vox no es un «colectivo diana». Fiscalía y Cuevillas han pedido la libre absolución, y en caso de condenas, aplicar dilaciones indebidas por los años y años que se arrastra el caso sin ninguna explicación. Visto para sentencia.

