En medio de las tensiones internas congresuales en ERC, otro partido independentista del Parlamento -el que tiene más escaños- también intenta poner orden. En concreto, Junts per Catalunya se prepara para celebrar su congreso los próximos los días 25, 26 y 27 de octubre de 2024, coincidiendo con el aniversario de la Declaración de Independencia de 2017, que se aprobó pero no se llegó a implementar. La cita será en Calella (Maresme) y la maquinaria se ha puesto en marcha. El proceso congresual de la formación de Carles Puigdemont coincide de pleno en el cónclave que tiene que decidir si Oriol Junqueras continúa al frente de ERC. Es decir, los dos liderazgos institucionales principales del gobierno del Primero de Octubre todavía están, siete años después, determinando el futuro de sus partidos.
El congreso de Junts tiene un doble objetivo. Por un lado, estratégico. Lo que sus dirigentes denominan «poner orden». Es decir, aprovechar que son el segundo partido del Parlamento y el hecho de que ERC haya investido al socialista Salvador Illa como presidente de la Generalitat, para elevarse como el tótem institucional del independentismo con regusto de primero de octubre. El encargado de plantear toda esta renovación discursiva será el historiador Agustí Colomines, conocido a la formación como el
Pero el congreso también tendrá otra tarea clave: el relevo de Laura Borràs en la presidencia de la formación. Borràs, condenada por prevaricación, pendiente de un recurso y de la aplicación de un indulto reclamado por los mismos magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), ha mantenido una posición discreta en los últimos dos años. Los juntaires han fortalecido el aparato con el binomio Jordi Turull y David Saldoni, –en dura batalla con el borrasista David Torrents, secretario de organización y que quiere mantener el alma más independentista– y han dejado a la presidencia un papel más institucional, una función que califican de «reina madre». Pero la posibilidad de que Carles Puigdemont sea de nuevo el líder formal y no solo material de Junts –ahora no tiene ningún cargo orgánico– acelera este relevo, que no se tenía que llevar a cabo hasta el año 2026, dado que el último cónclave se celebró el 2022 a Argelers, la Cataluña Norte.

«Reordenarse estratégicamente»
Técnicamente, la voluntad del adelanto congresual tiene como objetivo, además del relevo de Borràs, el hecho de «reordenarse estratégicamente» y construir una «gran alternativa». Es decir, hacer una especie de OPA al independentismo que deambula buscando una alternativa factible al gobierno socialista y a la coalición de facto articulada entre el PSC, Comunes y ERC y a un eventual frente españolista de PSC, PP y Vox. Por otro lado, quiere evitar también una fuga de votos hacia formaciones como Alianza Catalana, de extrema derecha y con un discurso de carácter xenófobo. Y, en último lugar, aspiran a recuperar la confianza de los votantes independentistas que han engordado las filas del
«Tenemos que abrirnos al espectro independentista y definir un modelo de país frente al tripartito unionista», apuntan desde Junts. Es decir, la voluntad es reconvertir Junts en un

Evitar el enfrentamiento
A pesar de que las familias de Junts ya han empezado a mover sus tropas para lograr cotas de poder, –
De hecho, el mismo reglamento del congreso ya apunta maneras en este sentido. Así, en el cónclave podrán participar tres delegados de cada partido que ha hecho coalición con Junts en todo el ciclo electoral. «También podrán participar con voz y sin voto personas independientes, no afiliadas, de relevancia a escala nacional, territorial o sectorial, siguiendo la voluntad de apertura del partido para devenir el pal de paller del independentismo«, remarcan desde la formación. Incluso, destacan que en el redactado de las tres ponencias que tiene que avalar la formación -estrategia, modelo de país y organización- participarán «personas independientes».
Al final, y así se esbozará en la ponencia más política, el objetivo es definir una nueva estrategia a partir del «nuevo contexto para un claro y potente relanzamiento del independentismo que lo vuelva a hacer mayoritario para poder culminar democráticamente» lo que denominan «mandato del primero de octubre». Con esta masa, el resto del pastel implica preparar una «alternativa clara al nuevo gobierno de base tripartita a partir de la defensa de un país basado en aquellos principios, valores y actitudes que han hecho tan grande esta nación». Una apuesta que supone crear propuestas de actuación concretas y definir un modelo de país. Y aquí es donde posiblemente habrá la batalla más dura entre las diferentes alas de la formación y las obediencias de cada parte. El aprendizaje de Junts de cómo no se tienen que hacer las cosas lo tienen en el ejemplo del fiasco de la Crida Nacional, una formación que tenía también el objetivo de aglutinar el independentismo y murió en el intento.


