Sorpresa demoscópica en la Francia republicana. El estado jacobino por antonomasia, bastante ahogado por una situación macroeconómica muy dura y tensa, tiene otra piedra en el zapato. En concreto, el crecimiento identitario de lo que en política francesa se define como «regionalismo». Así se desprende de un interesante y denso estudio demoscópico de uno de los centros estadísticos más importantes de Francia, IFOP –Institut Français d’Opinion Publique, la empresa decana de los estudios de opinión y de mercado en Francia, fundada en 1938–, que muestra el crecimiento de la reivindicación «regionalista», tanto desde el punto de vista político, como local y cultural, la demanda del refuerzo de las lenguas propias, como el catalán, el vasco, el bretón y el corso.

La encuesta, realizada entre el 12 y 25 de julio con dos mil entrevistas, ha centrado el trabajo de campo en la Catalunya Nord, Occitania, Bretaña, Alsacia, Córcega y el Iparralde, el País Vasco bajo administración francesa. Un trabajo encargado por Regiones y Pueblos Solidarios, una formación que agrupa partidos de regiones con identidad, que tiene representación en la Asamblea Nacional y de la cual forman parte Unitat Catalana, Sí al País Català y Esquerra de la Catalunya Nord. El estudio muestra cómo se ha multiplicado en los últimos años el sentimiento de reivindicación «regionalista» tras las reformas de las administraciones de Emmanuel Macron y François Hollande, que reorganizaron el mapa administrativo del Estado para, supuestamente, mejorar su eficacia.

El cartel de la entrada de Perpiñán, en catalán y francés/Quico Sallés
El cartel de la entrada de Perpiñán, en catalán y francés/Quico Sallés

La Catalunya Nord se reivindica

La Catalunya Nord es una de las «regiones» donde más ha crecido este sentimiento, y pide que se refuerce su poder. De hecho, un 79% de los encuestados en la Catalunya Nord reclaman «reforzar significativamente el poder regional». Un número que supera la cifra del 68% de los franceses que creen que las autoridades locales no tienen suficiente poder en comparación con el Estado. De hecho, es un dato que supone un aumento de 18 puntos desde 2012 -año de la última encuesta similar-, en que el porcentaje de los que hacían esta demanda era del 50%. Además, el 24% de los encuestados se consideran más norte-catalanes que franceses y el 90% se quejan de una alta centralización del poder del Estado.

Especialmente significativo es que el 90% de los encuestados en la Catalunya Nord defienden que se facilite enseñar catalán en la escuela y un 87%, la historia concreta de la «región». En el mismo sentido, un 77% de los encuestados apuestan por la cooficialidad del catalán y un 64% quieren que se utilice en las asambleas locales y regionales. Un dato interesante después del revuelo político, social, cultural y mediático por la persecución de cinco ayuntamientos, entre los cuales está el de Elna, por hablar en catalán en los plenos. Una cifra en línea con la expresada en el resto de regiones francesas que es del 77%, cuando en 2015 era del 72%. Por otro lado, el 64% de los encuestados pide que la enseñanza del catalán se haga en horario lectivo y como asignatura. Una cifra que en Córcega es del 76% y en el País Vasco del Norte, del 66%. El 22% responde que entiende el catalán, pero solo un 6%, asegura conocerlo bien.

Una imagen gráfica de la encuesta sobre la identidad francesa/QS
Una imagen gráfica de la encuesta sobre la identidad francesa/QS

«Piquemos piedra»

Jordi Vera, un veterano activista y político que forma parte de la coalición electoral que ha encargado el estudio considera, asegura en declaraciones a El Món que los resultados muestran que hace «mucho tiempo que pican piedra». De hecho, razona que si el 71% de los ciudadanos del estado francés creen que es necesario reforzar el poder de las «regiones» es porque «en una situación de crisis global y de crisis del estado o de la pertenencia del estado, los valores profundos de los territorios, de la identidad, de las costumbres, de la lengua, de la cultura, vuelven a surgir, porque son valores refugio». En este sentido, Vera cree que este sentimiento «irá a más», porque la imagen de un «estado omnipresente que daba solución a todo, que intervenía en todo, se ha ido desvaneciendo, y la gente tiene una percepción mucho más importante del espacio propio y de la capacidad que tiene el espacio propio para poder avanzar en muchas cosas».

El activista independentista reflexiona, alrededor de la encuesta, que Francia entra en un «conflicto de identidades». Como ejemplo, expone los ayuntamientos que han sido represaliados por el Estado por utilizar el catalán en los plenos. «Cuando yo era concejal en Perpiñán, ya lo hacíamos y se traducía sin problema», recuerda. «La respuesta de no poder hacerlo vino por el hecho de que estamos entrando en un conflicto de identidades, también, entre la gente que aquí se siente muy francesa, que no quieren de ninguna manera que tengamos identidad, que son los que lo han denunciado», dice en referencia a concejales de Reagrupación Nacional, el partido de Marine Le Pen. «Pero hay una realidad», añade Vera, «y es que hay una demanda muy grande de la gente de volver y de conservar y recuperar la lengua catalana, y una respuesta del Estado muy pasiva y muy fría, desde el punto de vista institucional, y una agresividad de una pequeña fracción de la población, seguramente muy anticatalana, y muy anticorsa y muy antivasca, en todas partes, que hace que, como las leyes del Estado no han evolucionado, no estamos protegidos«. La mayoría de los encuestados se definen como votantes de derechas o centro-derecha o «moderadamente republicanos».

Jordi Vera, en un momento de la conversación con El Món/Josep Maria Montaner/UCE
Jordi Vera, en un momento de la conversación con El Món/Josep Maria Montaner/UCE

Identidades: ser catalán «está de moda»

«Lo que es seguro es que la gente tiene más ganas que nunca de manifestar su identidad, y los jóvenes también», aduce. Aunque admite que, a pesar de que muchos jóvenes han podido estudiar catalán, no tienen ocasión social de utilizarlo. «No puedes comprar el pan cada día en catalán», detalla como ejemplo. «Pero la certeza es que, cada vez que hay la posibilidad para alguien de hablar en catalán, lo hacemos, y algunos lo descubren», añade. En este sentido, Vera cree que ser catalán «está de moda» como un elemento distintivo.

«Yo creo que los que no son catalanes querrían serlo de alguna manera», apunta. Vera se refiere a la gente que vive en la Catalunya Nord que ha llegado desde otras regiones y que «tienen dificultades de tener una identidad profunda y arraigada». «Tenemos muchos, de estos que se interesan por lo que hacemos y que se aferran, sin tener, por ejemplo, una tradición familiar», aclara. Vera ve un buen augurio en la encuesta de cara a las municipales de 2026, de las cuales cree que pueden surgir ayuntamientos con concejales catalanistas.

La metáfora, para Vera, es que «París ha apretado mucho». «Francia, en un momento dado, era un estado muy eficaz, muy presente, muy fuerte, y París se ha ido debilitando año tras año, y su presencia en el territorio ha desaparecido», destaca. «Hace muchos años, ¿qué era Francia en un pueblo de aquí? Francia era el correo, la gendarmería y la escuela. En muchos pueblos estas tres cosas ya no existen, en la inmensa mayoría no existen. Lo que era el símbolo de la república ahora es el abandono», concluye. «Esta encuesta dice muy bien cómo los catalanes de aquí se sienten abandonados por el Estado, un hecho bastante pertinente e interesante para el futuro, porque quiere decir que la gente ya ha entendido que eso de París no volverá más y que hay que encontrar otras cosas», sentencia.

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