Josep Vila (la Cellera de Ter,1959) ha tomado el relevo de Lluís Llach al frente de la Asamblea Nacional Catalana. Con una trayectoria desde la base en el seno de la entidad independentista, el pedagogo, docente y activista quiere dar continuidad al trabajo iniciado por Llach y, en esta entrevista a El Món, defiende que al independentismo le conviene pasar página de un post-Proceso «caínita», cargado de reproches entre compañeros de viaje y de represión por parte del Estado. Considera que es la única manera de reactivar el movimiento independentista y reconstruir la mayoría social a favor del estado propio, y señala que se debe empezar desde abajo. Por ello, destaca la importancia de las asambleas territoriales y sectoriales para ayudar a tejer una red que se extienda por todo el territorio. «Estaríamos dando un paso básico y fundamental para sentar las bases de un nuevo embate», manifiesta. Y añade que es el momento ideal para levantarse del sofá y volver a salir a la calle. Además de esto, también habla del relevo generacional dentro de la Asamblea, de la relación que debe tener la ANC con el resto de entidades independentistas y los partidos políticos, y cree que, si vuelve a haber una sociedad civil fuerte y decidida, a las formaciones políticas no les quedará más remedio que volver a poner la independencia en el centro.
Toma el relevo de Lluís Llach, una figura con un liderazgo muy mediático. ¿Es un relevo pactado?
Es un relevo decidido en el seno del Secretariado Nacional. Un relevo que pide, en primera vuelta, tal como fue, el apoyo de más de dos tercios de los secretarios nacionales. En el momento de decidir presentarme por segunda vez consecutiva al Secretariado Nacional, no me estaba planteando asumir la presidencia. A medida que se fue acercando la fecha del plenario constituyente, Lluís Llach fue planteando que prefería dar un paso al lado y asumir un papel que no fuera el de la presidencia. Es a partir de este momento que empiezo a planteármelo y, de hecho, la decisión definitiva, animado por los compañeros y por el mismo Lluís Llach, la acabo tomando muy cerca del plenario constituyente.
¿Y qué le ha llevado a dar el paso?
A ver, yo he ido dando pasos en la ANC. Primero de todo, era un militante de Girona. Más adelante entré a formar parte del secretariado territorial de Girona. Después asumí la coordinación de la Asamblea Territorial de Girona. Y, posteriormente, entré como secretario nacional, en este último mandato, donde he coordinado la Comisión de Incidencia Política. Esta es mi trayectoria. Es evidente que es una sorpresa para mucha gente, porque no soy una cara conocida. Aún más después de Lluís Llach. Pero para mí sigue siendo un paso más dentro de mi trayectoria en la ANC. Lo hago con mucho respeto y con la máxima responsabilidad.
Tal vez no es conocido, pero por su trayectoria conoce la casa a la perfección.
Exactamente, porque la he experimentado desde todos los rincones.

¿Cuál es el sello personal que quiere dar a su presidencia?
Esto es una asamblea. Por tanto, seguramente debo evitar impregnarla de posicionamientos personales. Los acuerdos se construyen colectivamente y a mí, como presidente, me tocará defender el fruto del trabajo y los acuerdos de la asamblea. Dicho esto, comparto una visión de toda una serie de temas con los compañeros. Comparto, por ejemplo, que al independentismo le conviene pasar página de una etapa muy caínita, muy caracterizada por reproches dentro de las mismas filas independentistas. Al independentismo nos conviene ir tejiendo consensos. No me atrevería, en estos momentos de tanta división, a hablar de unidad, porque todavía vemos, políticamente, divisiones muy importantes en el seno del independentismo. Hablar de unidad ahora sería vender humo, pero nos conviene ser capaces de avanzar con consensos pequeños, parciales, con proyectos más grandes, pero hay que volver a sumar y pasar página de toda esta etapa, que es fruto de una frustración muy importante que hemos vivido desde 2017. Y no solo es de una frustración, sino de los efectos de una represión, que también han desmovilizado y desanimado mucho a las bases independentistas. Por tanto, de entrada, lo primero que debemos aportar son elementos de unidad.
Lluís Llach continúa como vicepresidente. ¿Qué papel tendrá a partir de ahora?
Primero de todo, hay que hacerle un enorme agradecimiento por su dedicación al país y por su dedicación a la ANC, que la continúa y quiere que sea activa. Él, desde el lugar de vicepresidente, debe continuar teniendo un papel en la ANC, un papel de proyección de su carisma. Es una persona con un carisma como pocos, y eso es positivo para vertebrar todo el movimiento independentista del país, porque aporta cosas, nos aconseja y está presente.
Antes ha mencionado el carácter asambleario de la ANC, pero un presidente debe liderar, ¿no?
Sí, pero el presidente debe liderar aquellas líneas que la misma entidad va definiendo. Esto me parece que es un principio de respeto fundamental por el sentido asambleario de la entidad. Aportaré mi punto de vista en las discusiones y las propuestas, solo faltaría, pero aquí está la construcción de acuerdos colectivamente y, como presidente, me debo a la defensa y la representación de esos posicionamientos colectivamente adoptados.
En su elección ha obtenido un amplio consenso, 39 de 58 votos. ¿Hay cohesión interna dentro del Secretariado Nacional?
Sí, clarísimo. No solo hay más cohesión interna, sino que hay una voluntad de pasar página de la etapa de los reproches. Más allá de las virtudes que nos hayan podido ver a los que nos hemos presentado como para ser merecedores de confianza, pienso que también hay una voluntad de sumar. Aquí habrá que tener mucho cuidado de acoger todas las sensibilidades y de ir tejiendo esta unidad en la que nacemos.
¿Y hacer pedagogía dentro del mundo independentista?
Por supuesto, pero debemos empezar por casa. Nosotros no tenemos ninguna autoridad para reclamar a los otros agentes del independentismo que tejan complicidad si nosotros somos incapaces de hacerlo en casa. Debemos empezar por casa y luego extenderlo. Lo que nos interesa es ir tejiendo una red independentista por todo el país, con nosotros y con muchos más otros agentes y otras entidades.
¿Esa red es la construcción de la mayoría social a la que hizo referencia en su primer discurso?
Sí. Nosotros nos dirigimos a la gente. Hay el frente social y hay el frente político-institucional, que lo conforman los partidos. Nuestro terreno de juego es el de la gente y el de las entidades, y el primer objetivo es conseguir esta mayoría social favorable a la independencia. Si esta mayoría, además, se puede articular, y, por otro lado, se puede repartir y vertebrar por todo el territorio, estaríamos dando un paso básico y fundamental para sentar las bases de un nuevo embate. El elemento más importante de un país que aspire a la independencia es la gente. La principal herramienta que hay es que la gente tenga voluntad de ser libre, y se movilice y se organice. No es suficiente, y habrá que dar una serie de otros pasos, pero el inicial es este.

Pero esto se plantea en un momento en que el movimiento está desmovilizado.
Lo planteamos en un momento muy singular, un momento en el que vemos que el país se cae a pedazos en muchos aspectos: transportes, ferrocarriles, sanidad, educación, agricultores… El país se nos deshace en las manos. Evidentemente, debemos analizar qué está pasando. Y el análisis nos dice que, después de tantos años de expolio y colonización por parte del Estado español, el país no tiene ni herramientas ni recursos para garantizar un estado de bienestar proporcional a la riqueza que el mismo país genera. Por tanto, ya sabemos la causa de todo este deterioro. Y, si señalamos la causa, también debemos señalar la salida. La única salida que nos queda es poder construir un estado propio y libre. Este es el planteamiento. La gente debe plantearse si aceptamos este retroceso, este expolio constante y este deterioro de nuestras condiciones de vida, o volvemos a empujar para conseguir este país que queremos. Este es nuestro planteamiento, y pensamos que tiene todo el sentido del mundo plantearlo ahora, a pesar de que venimos de un momento de desmovilización y desconcierto.
Está dibujando una encrucijada.
Es una encrucijada, seguro. Nos parece que estamos en un punto de inflexión, porque este falso relato de la normalidad no se sostiene. Se va deshaciendo a pedazos por todos lados. Por tanto, habrá que hacer un diagnóstico y una salida. Sabemos que el Estado español no nos ayudará, al contrario. En consecuencia, debemos abordar cómo salimos de esta situación y cómo construimos este país que deseamos.
Usted ha hablado del ámbito social, pero llega al cargo como coordinador de la Comisión de Incidencia Política, desde donde ha impulsado la relación con las entidades del movimiento independentista y también ha mantenido contactos con los partidos políticos independentistas. ¿Qué les pide?
Quiero dejar clarísimo que nuestro terreno de juego por excelencia es el frente social. Evidentemente, que debemos mantener relaciones con todos los agentes del independentismo. Y a los partidos les estamos pidiendo dos cosas. Primero, que vuelvan a poner en el centro de los programas electorales la independencia, que vuelvan a poner la independencia en el centro del debate político y que dejen de renunciar a ese objetivo. Una renuncia que a menudo es a cambio de promesas que nunca llegan a ninguna parte.
¿Y qué más?
También les pedimos que sean capaces de regenerarse y que puedan establecer una relación con la ciudadanía para revertir la enorme distancia que hay entre la población y los partidos políticos. Para llegar aquí, es necesario que los partidos políticos sean mucho más transparentes, mucho más consecuentes con sus planteamientos y mucho más creíbles. Cada uno debe hacer el trabajo de regenerarse para poder plantear unas propuestas que puedan tener credibilidad y que puedan generar confianza.
¿Esa regeneración incluye los liderazgos?
Puedes incluir los liderazgos. Cada partido debe asumir y tomar las decisiones que más les convengan. No solo hablamos de regeneración democrática, hablamos de cómo se eligen los candidatos, de si se rinde cuentas o no a los electores de aquellas promesas electorales que se habían hecho. También hablamos del contacto frecuente con los electores, de democracia más participativa y transparente. Si no la adoptan, pueden ir consolidando esta distancia entre ellos y la ciudadanía.
En los últimos años, a la Asamblea se la ha visto como una entidad próxima a Junts.
Nosotros optamos por un movimiento transversal, y la Asamblea debe ser transversal. La Asamblea tiene militantes de Junts, de Esquerra y de otros partidos. Tiene militantes dentro, y sobre todo mucha gente que no milita en ningún lado. Pero debe ser transversal y, por tanto, nosotros no deberíamos proyectar una visión de decir que la Asamblea juega un papel absolutamente vinculado o absolutamente relacionado con una fuerza política o con otra. Más allá del hecho de que, en función de las circunstancias, puede haber acuerdos o desacuerdos. Pero nosotros rechazamos que se nos etiquete como satélites de ningún partido. Ni lo queremos ser, ni lo somos.

Durante su discurso también habló de ejercer la «presión sobre los partidos». ¿Cómo piensa hacerlo?
El día que existan esas ganas de convertirse en país y el frente social esté bien vertebrado, los partidos tendrán que espabilar. Si es que no se han espabilado antes. Es decir, si la sociedad civil es fuerte y decidida y volvemos a levantar el deseo y las ganas de ir hacia un país independiente, seguro que lograremos presionar a los partidos. Mientras la sensación del mundo independentista esté presidida por un sentimiento de desmoralización, donde no hay nada que hacer, poco presionaremos. Lo que ocurre es que ahora es un momento idóneo para levantarse del sofá. Porque, si cuando todo se está deshaciendo no reaccionamos, estaríamos firmando nuestra propia inviabilidad como colectividad.
¿Es volver a aquel momento protagonizado por Carme Forcadell cuando dijo «president, posi les urnes»?
La ANC debe tener la fuerza como para poder presionar. Debe tenerla. Por eso, nuestro primer objetivo es construir esta mayoría y vertebrar el territorio con grupos activos por todas partes, con capacidad de incidencia política por todas partes, con iniciativa. Eso es lo que nos dará fuerza.
Por otro lado, la Asamblea en un momento dado debatió la posibilidad de impulsar un proyecto electoral. ¿Eso debe continuar guardado en un cajón?
¿Hablas de la propuesta de la lista cívica?
Sí.
En la última reforma de estatutos, los socios avalaron ampliamente que el papel de la ANC no debía ser transformarse en una plataforma electoral, sino que debe tener el papel de tejer toda esta mayoría social fuerte, capaz de presionar y capaz de levantar un nuevo embate.
Con esa idea, ¿las territoriales deben ser el pulmón de la entidad?
¿Cómo construimos la independencia? Por ejemplo, la construimos cuando, en una comarca donde no hay articulado ningún grupo, nace un grupo activo con ganas de hacer y de compartir sus planteamientos. Esto debemos irlo extendiendo. Por tanto, la revitalización de las asambleas de base es primordial. También es muy importante volver a contar con las sectoriales de la Asamblea. Debemos volver a activar aquellos órganos que nos van dotando de esta red potente por todo el territorio. Debemos ir tejiendo una red por todo el país, y debemos hacernos fuertes.
¿Y se pueden reactivar?
Las estamos reactivando. Observamos que este punto tan bajo, de este país que se nos está deshaciendo en las manos, vuelve a movilizar a la gente. Estamos muy lejos de la movilización como la que nosotros deseamos. No estoy haciendo ningún canto de sirena, pero eso lo notamos. Estamos reactivando asambleas territoriales que estaban apagadas. Estamos creando donde no había. Todo eso requiere su tiempo, requiere su constancia. En este mandato debe ser una carta importantísima.
¿Y las sectoriales? La sectorial de jóvenes es muy importante?
Sí, muy importante. Importantísima. Porque lo que podría poner rápidamente en tela de juicio la continuidad de la Asamblea sería no tener relevo generacional. La gente que protagoniza el día a día de la Asamblea es gente mayor, y tenemos el reto del relevo generacional de jóvenes y de gente de mediana edad. Durante el anterior mandato comenzamos a abordar cómo podíamos trabajar la incorporación de jóvenes. En estos momentos tenemos un grupo de jóvenes potente, decidido y numeroso por todo el país que está tocando la puerta de la ANC para incorporarse. De hecho, ya está trabajando con nosotros. Lo que ocurre es que, con muy buen criterio, las formas o reglamentos que a día de hoy tiene la Asamblea no son los estilos ni las formas con los que la gente joven se siente más cómoda.

¿Y qué están haciendo?
Estamos redibujando, y lo están haciendo mucho ellos mismos, qué encaje exacto querría tener la Asamblea de Jóvenes dentro de la ANC. Estamos en este punto, y es un aspecto positivo en el que tenemos mucha esperanza. Sabemos que día a día van creciendo. Ya son un número importante de gente joven y durante este mandato se producirá la integración de este grupo.
¿Este grupo tiene un nombre?
En estos momentos utilizan el nombre de Asamblea de Jóvenes de Cataluña, y están dando un primer paso que es adoptar una personalidad jurídica propia. Es decir, se están registrando en Justicia con la intención de firmar un convenio de colaboración con la ANC como paso previo a su incorporación total.
¿El objetivo final es que se incorporen a la ANC?
Son ellos quienes deben incorporarse. Finalmente, deben acabar incorporándose a las asambleas territoriales, deben acabar asumiendo responsabilidades, ser partícipes del día a día de la Asamblea y que en un plazo de tiempo breve la lideren.
¿Qué podemos esperar de la Diada bajo su presidencia?
Hay un grupo de trabajo interno que está elaborando la propuesta y que aún no la tenemos ni discutida ni aprobada. Por tanto, haría un mal servicio si dijera mi opinión personal, porque debemos concretarlo colectivamente. Nosotros siempre esperamos lo máximo del 11 de septiembre. El 11 de septiembre siempre debe ser una revolución. No estamos en momentos de sacar a la calle un millón de personas. No estamos, pero nuestro objetivo es poder sacar más gente de la que salió el año pasado.
Mientras se teje la red, ¿la defensa del catalán debe ser uno de los principales ejes de la Asamblea?
Nosotros no somos una entidad especializada en la lengua, pero colaboramos con todas las entidades especializadas en la lengua. Aun así, acabamos de lanzar un proyecto para garantizar que a ningún usuario de la sanidad se le pisen los derechos lingüísticos. Pero, más allá de eso, las territoriales están haciendo acciones propias a favor del catalán. Por ejemplo, hay asambleas territoriales que están haciendo un trabajo ingente con la rotulación. Trasladan a la administración que es una vergüenza que nadie se preocupe de hacer cumplir las leyes que tenemos, que defienden el catalán. Pero no solo eso, también van a ver comerciantes para explicarles que están incumpliendo la ley y que están negando unos derechos a una parte de la población. También les ofrecen ayuda, por si les conviene. El tema del catalán es un tema importantísimo y evidentemente que será un tema fuerte de este mandato, entendiendo que aquí debemos hacer piña con muchas entidades que están mucho más especializadas que nosotros.
Hablaba de tejer complicidades con otras entidades. Con Òmnium, por ejemplo, ¿ha hablado ya?
Durante este último mandato, la ANC ya tenía, y continuamos teniendo, el objetivo de tejer tantas complicidades como sea posible con el resto de entidades que conformamos el movimiento independentista. Òmnium, AMI, Consell de la República… Debemos entender que somos entidades diferentes, pero que compartimos el objetivo final. Tenemos estrategias o metodologías diferentes, y debemos entender que a veces estaremos todas de acuerdo colaborando en un proyecto y otras solo será compartido por dos o tres. Me parece que eso es absolutamente saludable y lógico, pero debemos tejer mucha más complicidad con las entidades. Las entidades saben que este es nuestro objetivo y que nos encontraremos, y que haremos todos los esfuerzos posibles para colaborar en la vertebración del territorio.

¿Esta colaboración de las entidades, a pesar de las diferencias, es el ejemplo que se quiere dar a los partidos?
Hablar de unidad sería iluso. Debemos comenzar a compartir consensos pequeños y medianos. Porque, si no, no pasaremos página de esta etapa caínita. Nos hará fuertes y nos animará una red de complicidades. Estamos convencidos de que el momento actual es un momento para volver a empezar a encarar un nuevo embate. Nosotros estamos decididos y animados, y ahora notamos una respuesta superior a la que notábamos hace un año, dos años o tres años. No es la respuesta que queremos, la queremos mucho más fuerte, pero la comenzamos a notar. A nosotros evidentemente que nos toca vertebrar nuestras asambleas de base, pero contentísimos de que en el territorio haya muchas más otras entidades que también vayan vertebrando el independentismo por todas partes.

