Cristina de Borbón y Iñaki Urdangarin han sido padres de cuatro hijos, quienes han vivido una auténtica montaña rusa en los últimos años. Privilegiados y aristócratas, los han tenido entre algodones toda la vida. Sin embargo, el encarcelamiento del padre lo cambió todo porque convirtió a la madre en la oveja negra de la familia y ellos han terminado sufriendo las consecuencias de todo esto. Ahora, una psicóloga y psicoanalista ha detallado qué hay detrás del comportamiento de los jóvenes en una entrevista muy interesante que publica la revista Lecturas.
El divorcio de los padres impactó directamente en sus vidas, según han confesado ellos mismos. De los cuatro, Pablo Urdangarin ha sido el más sincero en las entrevistas con la prensa. ¿Cómo ha visto Helena Trujillo, esta psicóloga experta en psicoanálisis, la actitud que ha mantenido el segundo de los hijos? Porque no tiene nada que ver con el perfil bajo que han adoptado los otros: “Pablo está habituado a afrontar situaciones competitivas, estrés y decepciones como deportista de alto nivel. No siente el peso de los reproches y eso le ha permitido desarrollar un aire conciliador, no ha escogido entre la madre y el padre”.
Siempre se ha dicho que Pablo es, precisamente, el bisagra de la familia. Esto puede tener implicaciones psicológicas, advierte la profesional: “No es conveniente que lo encasillemos por sus actitudes en un momento determinado, porque que haya llevado mejor las diferencias entre los padres no significa que en un futuro lo haga igual”.

“Que haya escogido el amor y centrarse en su vida es un signo de buena salud mental y equilibrio. La actitud conciliadora de Pablo es un signo de equilibrio y afrontamiento de las situaciones difíciles” añade. De hecho, deja caer que podría acabar enfrentándose a los hermanos: “Las tensiones entre hermanos pueden aparecer por cuestiones económicas cuando cada uno forma su familia y vela por sus intereses”.
Los cuatro hermanos Urdangarin vivieron de una manera muy diferente el divorcio de los padres
Los cuatro hermanos vivieron de manera muy diferente el divorcio de los padres, pero esto también tiene que ver con la edad que tenían cuando ocurrió. Cabe recordar que, en su momento, se dijo que Irene Urdangarin se había posicionado claramente del lado de la madre y que había llegado a no hablarse con el padre. Esta es una actitud habitual, en muchos casos, tal como apunta la experta.
Pablo tenía 21 años cuando todo pasó, así que era más maduro -aparentemente- que la pequeña que era Irene con solo 16 años y aún estaba “bajo el ala” de los padres. Siempre cuesta más vivirlo cuando eres adolescente porque esto puede desencadenar en algunos jóvenes conductas hostiles o rebeldes.
La madurez emocional genuina es un ideal, que puedas afrontar una situación difícil no garantiza que podamos hacerlo en otro momento ideal: “Siempre habrá un día que uno se rompa y él no es una excepción”. Si Pablo no se dejó vencer por la dura situación familiar puede ser porque, en ese momento, estaba “muy centrado”. Un caso similar es el del mayor de los hermanos, Miguel, que lo habría pasado “muy mal” porque es “el más sensible” de los cuatro. En su caso, no tardó en marcharse lejos para huir de la presión de la prensa y ha montado su vida en Londres. Esto tendría mucho que ver con su carácter, más reservado que el de los otros.

Los hijos no deberían escoger entre un padre y otro, pero hay casos complicados en los que esto ocurre. Se ha publicado que ellos han pedido ayuda psicológica para poder superar esta situación familiar tan tensa, lo que la experta considera que es “clave” para poder superarlo: “Ayuda a poder gestionar las emociones difíciles, restablecer pactos y redimensionar la situación”.

