La incógnita sobre las negociaciones entre Estados Unidos e Irán sigue sobrevolando a la comunidad internacional. La administración Trump habría enviado un plan de paz de quince puntos a través de sus mediadores, pero, al mismo tiempo, el Departamento de Defensa quiere desplegar cerca de 3000 efectivos en Oriente Medio. En un primer momento, estos contactos habrían sido desmentidos por las autoridades iraníes; sin embargo, más tarde, la propuesta habría sido denegada. Según el presidente del país norteamericano, Donald Trump, el régimen iraní «tiene muchas ganas» de llegar a un acuerdo satisfactorio, que incluiría una de sus grandes reclamaciones: el fin de las sanciones económicas que asfixian su economía.

«Están negociando y tienen muchas ganas de llegar a un acuerdo, pero tienen miedo de decirlo porque creen que su pueblo los matará», ha reconocido el dirigente en una cena de recaudación de fondos para la campaña de los miembros del Partido Republicano en la Cámara de Representantes, en unas declaraciones recogidas por Europa Press. Ha afirmado, además, que desde Irán se le ha solicitado que se convierta en el próximo líder supremo de Irán: «No, gracias, no lo quiero», ha manifestado sobre su posición, y ha considerado que «nunca ha existido un jefe de Estado que deseara menos este cargo que el del jefe de Estado de Irán», en referencia a Mojtaba Khamenei, que ha sucedido como líder a su padre, el ayatolá Alí Khamenei, asesinado el primer día de la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel.

El Washington Post cita dos funcionarios estadounidenses que confirman el envío del plan, con el objetivo de poner fin al programa nuclear, acabar con la capacidad balística del país islámico y cortar el financiamiento a los grupos radicales islamistas de la región, una propuesta «excesiva» para los intereses iraníes, según ha declarado una fuente oficial a la cadena estatal Press TV.

El magnate ha sacado pecho del papel que está jugando su país en la guerra: «Nadie ha visto nunca algo semejante a lo que estamos haciendo en Oriente Medio». Ha acusado a los anteriores presidentes de no haber movido ficha durante 47 años en el país persa y se ha referido a la ofensiva como una «excursión al infierno», que «se está ganando en grande». Además, ha señalado que «lo que teníamos que hacer era deshacernos del cáncer», en este caso «Irán con un arma nuclear». Sobre el impacto económico de la guerra, el presidente pensaba que «sería mucho peor» y que los precios de la energía y el petróleo subirían, a pesar de amenazar al país persa con bombardear sus instalaciones energéticas si no reabrían el estrecho de Ormuz.

La diplomacia iraní niega contactos con Washington

Estas declaraciones de Trump llegan unas horas después de que el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, haya afirmado que «no hay conversaciones ni negociaciones» con Estados Unidos para acabar con el conflicto, si bien es cierto ha reconocido mensajes que no forman parte de ningún diálogo. Según el jefe de la diplomacia islámica, las declaraciones de Trump sobre las negociaciones son «una admisión de derrota», tras haber pedido una «rendición incondicional», según ha manifestado a la cadena estatal IRNA. Los mensajes se habrían transmitido a través de los países que son aliados del régimen iraní, como Pakistán. La política iraní es «continuar con la resistencia y defensa del país»: «Queremos que la guerra finalice bajo nuestros términos», al tiempo que ha reclamado «la indemnización al pueblo iraní por los daños sufridos».

Las bases estadounidenses, que debían garantizar la seguridad de los países de la zona, «no solo no han cumplido su cometido, sino que se han convertido en factores de riesgo para la región», alegando que «si estas bases no existieran, estos países no habrían estado expuestos a tales amenazas». Lamenta que ninguno de los países de la región haya condenado la agresión a Irán, además del hecho de haber prestado servicios a las fuerzas de Estados Unidos, también exteriores a estos espacios militares. Con estas declaraciones, Araghchi alude a las promesas de los gobiernos regionales que, antes de la ofensiva, reiteraron que no permitirían el uso de su territorio para atacar a Irán. «Para Estados Unidos, el último objetivo es mantener la seguridad del régimen sionista», ha aseverado el responsable de las relaciones exteriores iraní, que ha continuado defendiendo que Israel ha «arrastrado» a Washington a las hostilidades.

El ministre iranià d'Afers exteriors, Abbas Araghchi, parla durant la seva conferència de premsa setmanal a Teheran. Foad Ashtari / SOPA Images via ZUM / DPA
El ministro iraní de Asuntos exteriores, Abbas Araghchi, habla durante su conferencia de prensa semanal en Teherán. Foad Ashtari / SOPA Images via ZUM / DPA

Cierre de Ormuz solo para los «enemigos»

El ministro de Exteriores también se ha referido al tránsito marítimo por Ormuz, un enclave estratégico para el comercio global, que llevó a Trump a amenazar con la destrucción de las centrales eléctricas en 48 horas — después pospuesto cinco días — si Teherán no reabría este paso. Araghchi ha defendido que «no está completamente cerrado», sino que solo lo está para los enemigos. Los barcos intentan evitar Ormuz porque, según señala, algunos no tienen las coberturas necesarias en un conflicto bélico con las aseguradoras. Los propietarios de los barcos que se encuentran bloqueados se han puesto en contacto con las autoridades iraníes, especialmente de la Guardia Revolucionaria, para que les proporcionen un acceso seguro por el estrecho. «La realidad es que se encuentra (el estrecho) en aguas territoriales de Irán y Omán, y tenemos soberanía internacional», ha argumentado, y ha anunciado que se están considerando «nuevos acuerdos» para garantizar el paso seguro por la zona.

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