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Una maternidad condicionada por el estado y otra instrumental, al servicio del estado. Son el punto de partida de dos novelas distópicas que mastican la inquietud por el futuro de la humanidad para digerirla sin enfermar. El preu de néixer (Proa), de Laura Gost, y L’antropòloga (Edicions 62), de Ada Castells, acaban de llegar a las librerías en la rentrée literaria, uno de los momentos más importantes del calendario editorial que, en Cataluña, queda subrayado por la Semana del Libro en catalán, que se alargará hasta el domingo 27 de septiembre. Las dos autoras hablarán de qué nos espera y de sus obras este sábado por la tarde, en una charla en La Setmana, junto con Irene Rubio (Seràs la vall, L’Altra Editorial).

‘El preu de néixer’, el dilema que arrasa con siete traducciones

La cuarta novela de Laura Gost (Sa Pobla, 1993) ya se está traduciendo a siete lenguas –de hecho, la compra de los derechos se realizó incluso meses antes de que saliera publicada la versión original– y, además del mérito de la agencia Pontas, el propio editor de Proa, Josep Lluch, atribuye el éxito internacional al hecho de que plantea «dilemas de hoy». Traducido, significa que recoge una inquietud del presente sobre la vida del futuro. Para la autora, la clave de El preu de néixer es que aborda «temas como el cambio climático, los recursos limitados, la superpoblación o el debate sobre cuánta gente puede vivir en un territorio con la mirada hiperbólica que da la distopía». La novela cuenta la historia de una pareja que quiere tener un hijo en una sociedad en la que, para tener un hijo, debe morir alguien más. Es lo que en este futuro imaginario se llama «un relevo»: el compromiso de una persona del entorno (o no) de los padres que acepte morir –si es necesario, con una eutanasia, si no es por causas naturales– para ceder su espacio al recién nacido. Una ley regula el mecanismo y los protagonistas son de la primera generación que nació bajo esta norma: la de sus padres fue la primera que tuvo que buscar un relevo para que ellos nacieran y ahora ellos necesitan un voluntario, porque la lista de espera pública, la de los que mueren sin dejar la plaza a nadie, es demasiado larga.

La coberta d''El preu de néixer', de Laura Gost (Proa)
La portada de ‘El preu de néixer’, de Laura Gost (Proa)

La norma provoca un mercado negro de relevos, pero, sobre todo, provoca dilemas. Y la pareja protagonista tendrá que enfrentarlos: ¿hasta dónde están dispuestos a llegar por su deseo de ser padres? ¿Comparten el anhelo con la misma intensidad? ¿Qué información compartirán y cuál ocultarán? Gost escribió la novela mientras estaba embarazada de su hijo. «No es que yo me quedara embarazada y pensara en esta historia. Se me podría haber ocurrido igualmente, pero quizás sí hay parte de mi vivencia, se nota en el punto de intensidad. Quizás me sentía cercana a los protagonistas, pensaba qué pasaría si para tener a mi hijo hubiera tenido que hacer que alguien muriera», admitía en un encuentro reciente con la prensa en Barcelona.

Asegura la autora que, precisamente por la dureza del dilema, ha procurado depurar el texto al máximo, ahorrarse todo lo que pudiera ser innecesario –de hecho, tiene solo 200 páginas– y que la distopía, que permite «exagerar temas que nos interpelan», no se desbocara, que acabara pareciendo «fantasía». Quería tomar los miedos que recoge y magnificarlos, «pero de una manera que los hechos parecieran posibles». La otra gran preocupación de Gost era «no hacer una tesis sobre cómo está el mundo, sino generar un escenario donde nazcan preguntas». Pero, aunque su voluntad sea evitar posicionarse abiertamente, y aunque la autora no lo diga, quien lea la novela encontrará un personaje que verbaliza la rebeldía contra la ley que lleva a decidir cuándo alguien ya ha vivido suficiente para dejar espacio a una vida nueva, aunque esté bien de salud y tenga ganas de continuar viviendo. «Hay un punto de deshumanización», admite Gost. Y, en medio de una masa resignada, aparece la crítica. Queda al criterio del lector evaluar si hay suficiente rebeldía, o si debe haberla en la realidad para evitar llegar a un escenario como el que narra la historia.

‘L’antropòloga’, una madre subversiva que se sorprende de serlo

Si la necesidad de rebelarse planea de manera sutil a lo largo de la novela de Laura Gost, en el caso de L’antropòloga la revuelta es un in crescendo. La protagonista de Ada Castells es una investigadora inicialmente obediente en un mundo imaginario donde, tras el colapso por ataque nuclear, los humanos viven en un búnker que, aunque sea gigante, tiene un espacio limitado: solo pueden ser 300. Por eso, desde que son capaces de entenderlo les dicen que, cuando lleguen a los 40 años, deberán morir con una eutanasia, si no mueren antes porque los fulminan –literalmente– por alguna razón. Tienen asumido que la vida dura 40 años, que viven en habitáculos individuales y que se reproducen a través de un sistema en el que, después del parto, la criatura se entrega a la colectividad y la madre nunca más la vuelve a ver ni sabe nada de ella. Los niños son educados por los profesionales que se encargan de ello y a los 19 años cada uno se va a vivir al piso que le adjudican. De hecho, tienen la vida resuelta y perfectamente organizada, bajo la dirección de Codi, una gran IA que los gobierna. Solo hay un problema: hay una plaga de tristeza, y no saben de dónde viene.

Aquí entra en juego la antropóloga que ha creado la autora, que convive con una familia de humanoides que, supuestamente, reproduce a los humanos «de antes». El objetivo es estudiarlos para encontrar el remedio a la tristeza de los de ahora, nacidos dentro del búnker y criados con Codi. Y, para investigar más a fondo, comete la primera ilegalidad: da a luz a una niña y se las ingenia para quedársela. A partir de aquí, la espiral de la revuelta no se detiene.

La coberta de L'antropòloga, d'Ada Castells (Edicions 62) / Grup 62
La portada de ‘L’antropòloga’, de Ada Castells (Edicions 62) / Grup 62

La IA y la capacidad de sentir

«Mi antropóloga planta la semilla de la revuelta, hace algo que no se puede hacer, y comienza a descubrir sentimientos como la piedad», explicaba Castells en su presentación a la prensa. De hecho, para la autora se trata de una rebeldía que debe proporcionar esperanza. «Esta novela quiere romper el relato fatalista que se está imponiendo», anuncia. Y le ha dado muchas vueltas. Confiesa que el primer documento de trabajo para comenzarla es de 2016. En estos años, ha hecho muchas otras cosas –entre ellas, las novelas Mare y Solastàlgia–, pero nunca dejó de lado lo que ha acabado titulándose L’antropòloga. «Yo tengo tendencia al fatalismo, pero me curo escribiendo», admite. Le da mucho miedo el cambio climático, por ejemplo. Y la IA, aunque sea el monstruo de su nueva obra, no tanto: «No me la acabo de creer, porque la veo como un negocio». En todo caso, lo que sí le preocupa es «si los humanos pierden la capacidad de sentir». «Una cosa es la IA, y cada vez soy más consciente de que la tecnología nos transforma, pero aún nos queda la capacidad de sentir, y la reivindico en esta novela», confirma.

Y si elige una maternidad rebelde como motor de la trama es porque representa de manera clara «la capacidad humana de pensar en los demás». Su personaje, «al principio ve a la niña como algo que no entiende, pero después va descubriendo que tiene el impulso de cuidarla, de alimentarla, y descubre la piedad a través de la maternidad». «Es su experimento más radical, se la juega para plantar la semilla de la revuelta», añade parafraseando el eslogan acuñado por su editora en Edicions 62, Pilar Beltran, para promocionar la novela y que la autora ha acogido con entusiasmo.

Aparte del descubrimiento emocional, el experimento la llevará por caminos inesperados en una aventura que le permitirá descubrir una verdad que hará saltar por los aires todo lo que semanas antes consideraba hechos incontrovertibles. El final de L’antropòloga es subversivo, igual, en cierta manera, que el final feliz-triste de El preu de néixer. Dos libros que son dos bombas contra la obediencia. Para leerlos y reflexionar sobre ellos.

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